viernes, 20 de abril de 2012

La vida

Cuando por cualquier motivo las fuerzas te fallen reflexiona, respira hondo, camina para que el viento y el sol acaricie tu cuerpo, siente como la suave brisa penetra en cada poro de tu piel y disfruta de las pequeñas cosas que la vida te ofrece porque, como dice una amiga: "la vida es muy bonita".


La vida es como una carretera con curvas, baches pero... al fin y al cabo una carretera que lleva a un destino y, el mismo, no puede ser otro que el placer de disfrutar de lo que tenemos y podemos conseguir, sin embargo, hay ocasiones que te hallas frente a un gran precipicio el cual tienes que bordear para no caer en él; estira tus brazos y aferrate a la vida. Grita si hace falta para escuchar tu voz, llora para saber que sientes, ríe...  comprobarás que existes y no puedes dejar de hacerlo.



Cuando en tu vida se presente algún motivo que te haga llorar tienes que darle otro más grande para que te produzca una gran sonrisa. Porque aunque hoy todo lo veas oscuro, nefasto... mañana lo verás totalmente diferente pero, para ello, tienes que pasar por inmensos socavones, curvas interminables... y,  al fondo de esa oscuridad hallarás siempre un rayo de luz.






En una ocasión escuché unas frases que decían: "La vida no es un pasillo recto y fácil que recorremos libres y sin obstáculos, si no un laberinto lleno de pasadizos".


Y la otra decía así: "Aunque no quieras ¡vive la vida! que para eso está, y sino te gusta ¡síguela viviendo! que ya vendrán tiempos mejores".




En la vida no hay que dejarse vencer por el desánimo sino luchar contra él y salir invicto.

martes, 3 de abril de 2012

A pie de paso

Llega Semana Santa y con ella multitud de recuerdos. Aparece de repente en mi cabeza un breve instante vivido, hace quizá 22 ó 23 años, y que después de revivir se desvanece de igual modo que surgió:  Al son de un tambor la madrugada de viernes santo subido en el balcón del Ayuntamiento, entre lágrimas, cantó: "Por allí viene San Juan con el dedo señalando, va en busca de su Maestro que lo están crucificando"... vagamente recuerdo esa letra que, por otro lado, no sé si será correcta; las lágrimas invadieron su rostro mientras intentaba, entre sollozos, finalizar aquella saeta.

Bajo el manto de estrellas que cubría la fría plaza repleta de gente me hallaba sorprendida escuchándolo cantar y, a pesar de su melopea, me emocionó aquella voz lejana, entrecortada...; nunca lo volví a escuchar cantar una saeta llego e incluso a creer que aquella fue la primera y última vez que entonó una.


Juanito Mariano y Paco.  Foto de la Web
de la Cofradía de Cristo. Año 2006
Si por algo me gusta la Semana Santa es por, como comenté en una entrada anterior, el retumbar de cornetas y tambores y, además, los dúos a pie de paso; el eco de las cornetas sigue llenando las calles al igual que el cantar de una buena saeta, sin embargo, echo en falta aquellas voces que tantas veces llegaron a emocionarme. Entre ellas la de una persona que vivía de un modo particular su Semana Santa; por los años que estuve presente en cada procesión lo he visto cantar en multitud de ocasiones y, bien es cierto que, por su modo de sentirla y vivirla tan exclusiva me ha llegado a emocionar.





Viernes Santo por la mañana.  Foto de la web de la Cofradía
de Cristo. Año 2006






En estos días tan cercanos a las procesiones me invade la memoria, entre otros, recuerdos sobre marchas de la banda, saetas y cómo no los dúos a pie de paso.











Jesús en un dúo. Año 2009.



Ahora de igual forma me emociona escuchar las nuevas promesas de este arte más aún, si cabe, oír al que para mi continúa siendo un niño; escuchar un dúo a pie de paso o una saeta cantada por él hace que, como la primera vez que lo sentí, se me ponga el vello de punta y, porqué negar lo evidente, haga que de mis ojos brote alguna lágrima de emoción por ello.