Me encanta sentarme en un banco de esa plaza que tanto me gusta y tantos recuerdos me trae. Hace años, muchos años que la visito tantos que, los más atrevidos, por llamarlos de algún modo, osan a preguntar si ese banco lo tengo en propiedad; después de todo diría que llevo media vida visitándola. (Mis primeras visitas comenzaron cuando, siendo casi una niña, me reunía para hablar sobre la que entonces era la única banda de cornetas y tambores que había en el pueblo... Recuerdo cuando allí pusimos por primer vez la Oficina de Turismo, sí, en mitad de aquella plaza, tanto si hacía frío como calor, daba igual, allí recibíamos a nuestros primeros visitantes... Después, durante unos años más, mi trabajo como autónomo en la que pasó a ser la Oficina de Turismo me hizo seguir pasando allí buenos momentos. Continúe trabajando en correos por lo que no dejé de visitarla...) Algunas veces sola, otras acompañada me gusta sentarme allí y charlar con alguna amiga, pensar, soñar, leer... si ese u otro banco de aquella plaza hablara, seguramente, podría contar mil y una historia de lo que allí ha podido ocurrir. Si ese banco contara todos y cada uno de los pensamientos de quienes se han sentado allí, incluidos los míos, no terminaría jamás de hacerlo y, posiblemente, habría más de una sorpresa. "Ya estamos todos, ya está aquí la nena" me dice algunas veces algún señor de los que habitualmente allí me encuentro.

Acompañada, sobre todo con esa chica que casi siempre suele llevar una sonrisa dibujada, Ana Belén, he pasado muy buenos momentos, risas, nos hemos contado muchas confidencias, hasta hemos llorado...
De noche, cuando permanece casi desierta, sobre todo en las noches de verano se puede disfrutar de ese silencio que sólo es roto por el sonido del agua al caer en la fuente. Es relajante.
Al sol, en la tranquilidad, cuando a penas hay gente e incluso se encuentra vacía es un buen lugar para leer...
Para soltar la creatividad y dibujar...
Lo mismo nos da que sea fiesta, fin de semana, o cualquier día entre la misma para sentarnos allí. Y cómo nosotras mismo nos decimos: "a quién no le guste que no mire". Que sabemos que son muchos quienes, de reojo nos mira, al vernos un día cualquiera allí sentadas pensará cualquier cosa... en los pueblos...
Para tomar un refresco mientras compartimos los momentos.
Ya tenemos una nueva compañera a la que hemos acostumbrado, porque lo ha hecho pronto, a estar con nosotras allí y con a penas diez meses de vida ya va por su segundo verano.
"Refrescarse", por decir algo, en verano con el agua de la fuente.
Fumar un cigarro.
Mientras el pensamiento se va a no sé dónde, o sí?
Charlar también, por qué no, con los amigos que están al otro lado.
Poder admirar la monumental fortaleza que abandera el pueblo.
A veces, los pensamientos son profundos y, como se suele decir, el santo se va al cielo.
Su primera visita a la plaza con unos días de vida. Lo que se puede llegar a querer a una cosita tan pequeña.
Ponernos morenitas... que otro sol no nos va a dar.


Y cuando nos marchamos. Allí, solo, se queda nuestro banco. A la espera de la llegada de otro día para volver a escuchar nuestras cosas, adivinar nuestros sueños, nuestros deseos...










