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jueves, 13 de septiembre de 2018

La llamada

Andaba distraída, como siempre en lo suyo, cuando sonó el teléfono y lo cogió rápidamente. Le costaba reconocer la voz que, desde el otro lado del aparato alcanzaba a escuchar. Una voz que notaba temblorosa y que, entre sollozos y lamentos, intentaba comunicarle algo que no lograba entender pero presentía que no era nada bueno. Nada más logró escuchar "ha tenido un accidente y se ha matado, ha sido en el acto". ¿Cómo? preguntó estupefacta pues jamás pensó que podría recibir una noticia así, ¿quién? preguntó totalmente desconcertada para que volviese a repetir el nombre que no alcanzó a reconocer. Soltó el teléfono y con un grito desgarrador que se escuchó en todos los rincones  de la vivienda acudieron todos pero ya no podía repetir las palabras, no podía. Han pasado dieciocho años de aquella llamada pero hoy, continúa retumbando en su interior aquella voz temblorosa, la peor noticia que podía recibir una hermosa mañana de invierno, aquél sábado que quedó grabado para la eternidad.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Siempre conmigo

"Y sin nada más que decir me despido hasta otra..." no sé porqué en este mismo momento me vino esa frase a la cabeza y el instante en que ella siempre la decía. Sentadas junto a su mesa camilla, refugiadas en invierno, al calor del brasero de picón mientras una leve sonrisa, que jamás olvidaré, afloraba en su rostro que dejaba ver el paso de los años e iluminaba sus bonitos ojos. Creo que, por su sonrisa, era conocedora de la simpatía que me provocaba esa despedida. Ahora parece que la veo, sentada junto a mí, mirándome fijamente, como siempre hacía. Y en el silencio de sus palabras me dice tantas cosas que no puedo evitar dejar escapar una pequeña lágrima que ella seca dulcemente con la yema de sus dedos y parece que siento su caricia, el tacto de su piel, la ternura con que lo hace... su sonrisa siempre la llevaré conmigo. Ella siempre está conmigo. Los seres que queremos nunca terminan de partir mientras sigan en nuestros recuerdos y estén vivos en nuestro corazón.

martes, 6 de octubre de 2015

Delicada paz

"Lo leo y tengo la sensación de flotar, de moverme por otra dimensión por otros mundos por otros espacios, emociona, subyuga y convierte en angustia una delicada paz". Así ha presentado el micro relato, Al viento, José Francisco Díaz-Salado en su programa La voz silenciosa. Siempre me da las gracias por dejar que lea mis relatos pero la agradecida soy yo por leerlos él, una gran voz.


domingo, 4 de octubre de 2015

Al viento

Dame tu mano, le dijo con un pequeño hilo de voz, y cuando la sostuvo entre las suyas la acarició suavemente. Pasaba la yema sus dedos lentamente por su piel mientras cerraba los ojos como si quisiera adivinar que expresaban las líneas que recorrían su palma. De repente, la soltó despacio mientras la miraba a los ojos y tras dedicarle una leve sonrisa, ella se lanzó al vacío. Su cuerpo se balanceaba como una pluma al viento. En ese breve instante multitud de recuerdos aparecieron y justo antes de llegar al final del camino una voz le susurró al oído: estaré abajo. Y su cuerpo quedó tendido boca arriba con sus brazos abiertos mirando el inmenso cielo mientras unas lágrimas se deprendían de sus ojos y una sonrisa quedaba dibujada en sus labios. 

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Los sueños

Hacía tiempo que no publicaba nada, por lo que, hace mucho que no escucho un relato mío en la voz de José Francisco Díaz-Salado en su programa, La voz silenciosa. Ya casi se me olvidaba cómo él da vida a un relato mío, escucharlo de su voz, la música que él mismo escoge... como siempre gracias por todo. Cuantos sueños tenemos en nuestra vida y que tristeza cuando al ir cumpliendo años casi todos se van rompiendo unos tras otros... así presenta, en esta ocasión, Sueños rotos.


lunes, 28 de septiembre de 2015

Sueños rotos

A pesar de todo conservaba sus sueños, sus deseos, sus anhelos... Aún creía, como cuando era aquella pequeña niña de melena larga a la que su mamá siempre le hacía dos grandes coletas mientras le decía "para que se vea tu bonita sonrisa y esos ojos preciosos", que los sueños con el tiempo se podían cumplir. Cuando miraba al cielo y veía como una estrella fugaz lo recorría de un extremo a otro cerraba los ojos y pedía un deseo pues creía que, como una vez le dijeron, éste se cumpliría. Creía que, si cerraba los ojos, al apagar todas las velas de su tarta de cumpleaños a la vez mientras pedía un deseo éste también se cumpliría. Si acertaba en que mejilla estaba posada su pestaña caída el deseo que había pedido sería cumplido... Creía en todo aquello aunque no pudiese verlo ni tocarlo por más misterio que ello encerrara. Cerró los ojos tímidamente, con miedo, despacio... y, mientras lo hacía, elevó sus manos como si con ellas quisiera alcanzar el cielo para tocarlo y parecía que con sus dedos lo rozaba, era como si por fin alcanzara todos sus sueños, todos sus deseos y se fuesen a cumplir. Suspiró hondo. Abrió los ojos lentamente y unas lágrimas caían ligeras por su rostro hasta llegar a la comisura de sus labios y, mientras tanto, dejó su cuerpo resbalar por la pared hasta quedarse sentada y apoyada en ella. Escondió la cabeza entre sus rodillas, como si quisiera ocultarse de todo, de todos, como si deseara desaparecer y perderse del mundo. Pensó entonces que los sueños no siempre se hacen realidad; que todo aquello que alguna vez le habían contando no era cierto. ¿Por qué hay sueños rotos? se preguntó ahogada en una profunda pena. Y en su cabeza retumbaba una pregunta: ¿por qué se rompen los sueños?,sin embargo, al elevar su vista un instante vio como en el oscuro cielo relucía intensamente una estrella y pensó que, quizá, alguna vez sus sueños si podrían hacerse realidad al igual que aquella estrella lucía con fuerza en la más profunda oscuridad. Y continuó allí, sentada en el suelo mientras apoyaba su cabeza en la pared para observar el brillo intenso de aquella estrella y que parecía tan diminuta en el inmenso cielo, entretanto, sus lágrimas recorrían su rostro y se sintió como ella, pequeña, muy pequeña pero con fuerza.

domingo, 7 de junio de 2015

Misterio y realidad

A veces los sueños parecen tan auténticos que los llegamos a vivir como si verdaderamente ocurrieran. A través de los mismos nos pueden llegar multitud de sensaciones que las percibimos como si realmente sucedieran. Distinguimos aromas, escuchamos los sonidos, vemos las imágenes... en ocasiones son sueños bonitos y en otras se llegan a transformar en las peores pesadillas. Quién alguna vez no ha despertado en mitad de un sueño con una amplia sonrisa o, por el contrario, con sus ojos enrasados en lágrimas, sudoroso, agitado... Éste podría ser un bonito sueño o una pesadilla, quizá, no sea nada de eso y es real ¿por qué no?. A mí, por si acaso, no me gustaría que me ocurriese porque tan sólo escuchar ésta historia el vello se me ha erizado. De la voz de José Francisco Díaz-Salado en su programa La voz silenciosa. Lo comparto.






martes, 2 de junio de 2015

Extrañas historias

Aún no ha amanecido y una espesa niebla cubre cada rincón de las solitarias calles. Parecía un pueblo fantasma, abandonado... las viejas paredes encaladas de las viejas casas dejaban ver, tras el blanco sucio y detrás de los enormes desconchones, la piedra con los restos de lo que podían haber sido grandes casas señoriales de la época y que, posiblemente, tras los duros enfrentamientos de años pasados habían sido abandonadas por miedo a los tristes acontecimientos sucedidos en algunas. Ella se encontraba alojada por unos días en una de esas casas en la que su historia, como en la mayoría de las que había en la villa, estaba bañada en sangre. Permanecía tumbada sobre la cama, una noche más no podía dormir pues aquél olor a rancio no le proporcionaba la comodidad suficiente para su descanso. Aquella habitación, como casi todas las de la casa, estaba llena de muebles antiguos, cortinas anticuadas y era presidida por un gran cuadro que representaba la imagen de un santo que sostenía en sus brazos un niño, que parecía ser el Niño Jesús, rodeado de ángeles y que por la noche parecía que todos la observaba. Todas las estancias eran muy semejantes y aquella, a pesar de todo, le pareció de las más acogedoras. Sólo se escucha el silencio que era roto, de vez en cuando, por el ruido del viento y el suave tintineo del agua al caer y chocar contra los cristales. Dirigió su vista hacia el cristal y entre las gotas de agua que resbalan por él pudo ver el oscuro cielo. Se levantó de un pequeño brinco de la cama y al posar sus pies desnudos sobre el suelo el frío de éste le recorrió todo el cuerpo. Agarró su cabello con una pinza y se frotó suavemente los ojos. Intentó prender la luz pero ésta no funcionaba, posiblemente la tormenta era la culpable, así que en la oscuridad buscó algo con lo que cubrir su cuerpo pero no lo encontró. Tímidamente se asoma a la ventana y observa, a través de la luz de la farola, como un suave manto de agua cae; dejada caer en el frío cristal ve como la noche da sus últimas coletadas. "Qué extraño, cómo hay luz en la calle y no en casa" piensa mientras se sonroja. El silencio se ha apropiado de todo y la luz del día asoma tímidamente mientras la vida parece que le cuesta comenzar. Mientras tanto su pensamiento se aleja por un momento de aquella habitación y aún parece que está medio dormida cuando escucha un extraño ruido que hace que vuelva otra vez. Tras la puerta parece que hubiera alguien y se queda paralizada un instante. Agudiza sus oídos y le parece escuchar el lamento de alguien y un fuerte grito que hace que su corazón lata tan fuerte que se puede escuchar en toda la habitación y su respiración, agitada, delata que está muy asustada. Avanza despacio hacia la puerta y con la respiración cortada agarra la manivela para abrirla lentamente y un suave chirrido se escucha. Tímidamente se asoma, no hay nadie, todo está oscuro y un rotundo silencio invade el largo pasillo pero aún así su corazón late rápido. De repente observa como una leve niebla se levanta del suelo y descalza se adentra entre ella. La misma sube por sus piernas y rodea su cuerpo, ésta se torna espesa. Un escalofrío recorre todo su cuerpo. Al final del pasillo visualiza una pequeña luz. Por un momento lo duda pero al fin se decide ir hacia ella. Cuando por fin parece que va a llegar un voz ronca y cansada, pronuncia su nombre y al volver su mirada, tras ella, se encuentra con una silueta que la dejó paralizada por la impresión, la misma en un instante desaparece al igual que aquella niebla que había invadido el pasillo. Temblorosa se dirigió hacia la cocina y mientras aspiraba el aroma del café recién preparado y hacía humear un cigarro no podía retirar de su cabeza la brillante luz y aquella imagen que le recordaba a alguien. En ese momento se levantó y corrió hacia una de las habitaciones en la que había un gigantesco cuadro en el que detuvo su mirada, sí, era la misma imagen que había visto. El señor mayor del cuadro era el que estaba frente a ella, era quién la había llamado... según la fecha del mismo ese retrato era del año 1914. A la mañana siguiente preguntó a algunas de las señoras mayores que por allí vivían quién habitó aquella casa y la historia de la misma. Sólo alcanzaron a decirle que el caballero que allí vivió había fallecido en trágicas circunstancias pero que algunas noches, según contaban algunos de los inquilinos que por allí habían pasado y los vecinos más cercanos, se escuchaban ruidos, sollozos, lamentos... y se podía observar la figura de alguien vagar por la casa. 

martes, 24 de marzo de 2015

Un olor especial

No sé si, quizá, sea porque hay momentos en los que estoy más sensible. Instantes en los que los sentimientos están más a flor de piel y que, posiblemente, no sea capaz de expresar lo que siento o, simplemente no pueda a ojos de los demás. Momentos en los que sólo se necesita de una palabra, un gesto... pero mientras caminaba rápidamente, observé de pasada a una señora que me recordó a ella y, al llegar a casa un aroma llegó a mi... me he detenido por un momento y he aspirado hondo, muy hondo para percibirlo más intensamente si cabe y sí, era el mismo. Ese olor tan especial que no podría describir y que, a pesar de los años, jamás podré olvidar y que llega a mi, siempre, en los momentos que, posiblemente, más necesito de su presencia. Por extraño que parezca cuando percibo ese olor mis recuerdos se llenan de ella y revivo instantes que estaban guardados en lo más profundo de mi, detalles que por pequeños que parezcan deben de ser importantes cuando vuelven a florecer. Me sonrío mientras escribo estas letras porque recuerdo cuando, desde pequeña, iba a su casa para escribir esas extensas cartas que ella me dictaba y que jamás olvidaré, siempre comenzaba igual: "Querido hermano, espero que a la llegada de ésta te encuentres bien...." y siempre finalizaban de igual modo: "...y sin nada más que decirte se despide de ti, tu hermana que te quiere y nunca te olvida..." claro que no me olvidaba jamás poner el lugar y la fecha; entre el saludo y la despedida siempre había por medio un par de hojas de las que se vendían junto al sobre y que eran de una raya, me gusta escribir en hojas así quizá sea por ese recuerdo. Ella, es como si la estuviera viendo ahora mismo sentada junto a la puerta dictándome cada palabra, cada sentimiento... contaba cómo se encontraba y cómo estábamos todos, es como si la viera mirarme y sonreírme mientras escribía y con esa media sonrisa me pregunta si se le ha pasado algo por contar. Qué alegría le daba cuando días después recibía respuesta a su carta y yo se la leía sentada en el tranco de la puerta mientras ella escuchaba atentamente cada palabra mía. Todo se llena de recuerdos que me hacen sonreír porque los otros, los que hacen que los ojos se enrasen en lágrimas intento apartarlos en cuanto comienzan a llegar. Quizá, en esos momentos, cuando estoy entristecida por cualquier motivo y no tengo una palabra, ni un gesto, ni un abrazo... es cuando ese aroma, por tonto que parezca es como si alguien desde ese otro lugar estuviera a mi lado, envuelve mi cuerpo en un fuerte y cálido abrazo.

martes, 3 de marzo de 2015

Con intensidad

Como dice José Francisco aquí estoy de nuevo, en ésta ocasión sin fotos pero con la misma intensidad de siempre. Gracias José por la narración de mis relatos y por todo, ya sabes. Siempre es agradable saber que hay quien te tiene cariño y se preocupa. Hoy quiero compartir mi relato Miedo, leído por José Francisco Díaz-Salado en su programa La voz silenciosa. 


viernes, 13 de febrero de 2015

La casa del miedo

Cuando vemos una imagen, una foto, a cada uno le transmite algo diferente. Una fotografía puede transmitir diferentes emociones y, o sentimientos. Yo, reconozco, en ocasiones, al ver una fotografía cualquiera, ya sea personal, paisaje... suele despertar en mi diferentes emociones que, a veces, deja volar mi imaginación. Éste relato lo escribí a raíz de unas fotografías que una amiga, Naty, me hizo llegar y que, al verlas, saltó la chispa y surgió "El fantasma de los sueños" una historia ficticia que transcurre en un lugar real conocido como "la casa del miedo". Gracias Naty. El relato, leído por José Francisco Díaz-Salado en su programa La voz silenciosa, realmente ha quedado magnifico con la música y su narración. Como siempre, gracias José. Lo comparto.


martes, 10 de febrero de 2015

Amén

Cuando una persona muere no se lleva nada material, ya que, nacemos sin nada y nos vamos igual que hemos venido. Soló nos llevamos las historias vividas, lo que hemos compartido... "Un momento, tan sólo un momento y todo aparece a la vista. Tantos años vividos en una fracción de segundos, somos tan poco en el universo". Así presenta el micro relato El final José Francisco Díaz-Salado en su programa La voz silenciosa. Lo comparto.


lunes, 9 de febrero de 2015

El fantasma de los sueños

Corría por un camino oscuro y tenebroso. Las ramas de los árboles que lo bordeaban eran zarandeadas por el fuerte viento que soplaba y las hojas caídas crujían al pisarlas. Comenzó a llover copiosamente lo que hizo que su cuerpo se empapara en escasos segundos. Aquél individuo continuaba persiguiéndola cuando se agazapó tras una gran piedra, aunque, su desasosegada respiración delató su posición. Podía escuchar el crepitar de las ramas a cada paso que éste daba y el sonido de su respiración excitada; cada vez estaba más cerca. Ella, asustada, permanecía en silencio. Cerró los ojos y lo hizo tan fuerte que sus parpados le dolían y, a la vez, tapó sus oídos con las manos como si con esos gestos él ya no la fuese encontrar.


De repente notó el peso de una mano sobre su hombro y una ronca voz que le decía "por qué corres, pensabas que no te alcanzaría". Se levantó y volvió a correr, sin embargo, tropezó y cayó de bruces sobre la tierra mojada del camino y ya, ya no podía levantarse. Sintió cómo la suela de una bota aprisionaba su cuerpo contra el suelo. Su intento por escapar era en vano, así que, se dejó vencer y cuando éste la agarró fuerte del brazo para levantarla del suelo y agarraba su cuello para ahogarla ella, decidida, traspasó su costado con lo primero que tenía a su alcancé y que había cogido del suelo antes de levantarse, una rama afilada. Notaba el calor de la sangre al mojar su mano.Volvió a correr adentrándose en un espeso manto de olivos y entre dos luces y ya casi entrado el día llegó hasta una casa derruida.

Al entrar tuvo una aterradora sensación. El tejado había desaparecido y la naturaleza se había apoderado de su interior. Pequeños roedores acampaban  a sus anchas, lagartijas paseaban por los viejos palos de madera tirados en el suelo, las arañas habían tejido sus telas por cada rincón de la misma... pero iba tan agotada y asustada que se cobijó en una esquina y se quedó dormida. Entre sueños le parecía escuchar el lejano sonido del viento que soplaba cada vez más fuerte y que al entrar entre aquellas cuatro paredes provocaba algo semejante a voces de ultratumba, sentía como si alguien la observara y pasos acercándose a ella. Se hizo un ovillo y cerró los ojos más fuerte, no quería abrirlos. Sentía mucho miedo. Un fuerte estruendo la hizo abrir los ojos de par en par. Su respiración agitada delataba su terror. Cubría su cabeza con sus manos ensangrentadas, las miró y lloraba. Cómo he podido hacer eso. Escuchó un ruido y se sobresaltó. Miraba por cada uno de los huecos de las ventanas y alzaba su vista hacia el derruido tejado por el que veía un espléndido cielo azul. Se levantó despacio y fue hacia una de las habitaciones en ruinas. Observaba como la hierba se había apoderado de ella, los viejos palos de madera estaban esparcidos por el suelo, quizá, eran los mismos que años atrás cubrían el tejado.

Contemplaba las paredes casi hundidas, viejas, sucias y entonces se dio cuenta que en una de ellas había algo escrito, sonrío, pensó que posiblemente serían mensajes de algunos visitantes que se habían topado con aquél lugar y se acercó sigilosa. Su rostro empalideció, quería leer en voz alta pero las palabras no pasaban más allá de su garganta. En apenas un susurro y casi tartamudeando pudo leer: "también tu perecerás". El vello de su cuerpo se le erizó cuando al terminar de leer aquella frase escuchó los pasos de alguien que se situó tras ella y con su voz ronca le dijo: "pensabas que escaparías". Y fue entonces, ahí, en ese momento, cuando se dio cuenta que todo ese tiempo había estado vigilando su sueño y no podría escapar. Él era el fantasma de los sueños 

domingo, 8 de febrero de 2015

El final

Paseaba por un camino largo, largo, largo... no le veía el fin. Ya casi agotada, allá a lo lejos, parecía distinguir unos arboles pequeños pero que, conforme iba avanzando, éstos se iban haciendo más y más grandes. Por fin vio una brillante luz que parecía ser el presagio del final del camino, y al fin llegó. Había unos grandes muros de piedra calada y los arboles que parecían pequeños eran grandes, muy grandes, tan grandes que daban cobijo a las tumbas que allí había. Ese era el final del camino. Miró sus manos vacías y echó la vista atrás y entonces se dio cuenta que sólo llevaba consigo las experiencias que había vivido.

domingo, 1 de febrero de 2015

Ante el mar

Se dejó caer sobre la baranda que rodeaba el mirador. El vestido que cubría su cuerpo se pegaba a él y dejaba marcada su silueta que aún, a pesar de los años, conservaba. Su mirada, estaba perdida en aquel abismal cielo que se unía en una fina línea al horizonte que delimitaba el mar. La luna se reflejaba intensamente en el agua y el cielo relucía radiante, lleno de estrellas. Respiró hondo, cerró los ojos mientras escuchaba el vaivén de las olas que chocaban contra las rocas y soltó el aire a través de un fuerte suspiró que llenó aquél lugar. Sentía como unos brazos rodeaban su cuerpo por la cintura y acariciaba su vientre, mientras, lo apretaba al cuerpo de él haciéndole sentir el calor que desprendía. Él acarició su cabello suavemente y lo retiró para dejar su cuello libre y pasar sus humedecidos labios. Ella se estremeció y un escalofrío recorrió todo su cuerpo al sentir el cálido aliento y la suavidad de su boca en su piel. Volvió la cara y unieron sus bocas en un profundo beso. Allí estaban los dos, solos, para dejarse llevar por ese impulso que sus cuerpos tenían de cumplir todos y cada uno de sus deseos y así revelar cada secreto de los mismos. Rompieron en caricias para dejar que sus dedos recorrieran cada milímetro de ellos. Querían detener el tiempo en ese mismo momento en que se estaban amando, allí, en mitad de aquél océano. El cuerpo de ella comenzó a temblar y, de repente, al abrir los ojos estaba sola. Una tímida lágrima recorrió su mejilla. Se había estremecido al sentir unas caricias que tan sólo habían sido un espejismo, o no. Por que en ese momento apareció él con dos copas de vino y una amplia sonrisa dibujada en los labios mientras que en sus ojos se reflejaba el deseo que sentía por hacerla suya. Dejó las copas sobre la mesa que había junto a la baranda y se acercó a ella, despacio, acarició suavemente su cara y mientras acercaba el cuerpo de ella al de él y sus labios a los de ella le susurró "te apetece tomar un vino o seguimos dónde lo dejamos". Se fundieron en un intenso beso que les llevó a explorar sus cuerpos con un deseo y una pasión irrefrenable ante la inmensidad del mar. Ahora era la silueta de sus cuerpos unidos la que se contemplaba ante el mar.

miércoles, 21 de enero de 2015

De entre la niebla


Aunque a mucha gente le parecía macabro era algo que le gustaba hacer. Visitar el cementerio y pasear entre las tumbas. Mirar los nombres y la fecha que en cada una de ellas estaba inscrita. Pensaba que detrás de cada una había una historia. Miles de historias vividas. Tumbas abandonadas y, posiblemente, historias olvidadas por aquellos que algún día estuvieron a su lado o, quizá también, ya no tendrían a nadie que, de vez en cuando, fuese allí a ponerle una flor, sentarse a su lado... Mientras paseaba llegó hasta la tumba que, cada vez que iba, siempre visitaba. Se sentó a los pies de ella y pasaba sus manos acariciándola mientras leía el nombre que tenía grabado: María. Un suspiró escapó desde lo más profundo de ella mientras una lágrima recorría ligera por sus mejillas. Su memoria se llenó de recuerdos. Ella era una niña cuando visitaba a María y aún parecía verla sentada al calor del brasero de picón que removía rápidamente al escuchar el chirriar de la puerta y su voz preguntando si estaba. En seguida, al llegar al salón, María le preparaba una silla para que se sentará a su lado y con su leve sonrisa y su mirada a veces triste le daba un beso en sus heladas mejillas "siéntate aquí anda a ver dónde vas con el frío que hace" le decía señalando para que se sentara a su lado mientras la tapaba con las senagüillas. Le parecía escuchar su voz cuando se dirigía a ella. Por su memoria pasó todos los recuerdos vividos junto a María sus risas, sus conversaciones, le llegaba el aroma de sus comidas, sus regaños... e incluso aún queriendo olvidar sus últimos años de vida, los más duros, éstos, los tenía presente y aún recordaba, a pesar de tantos años, cómo se enteró de su marcha. Continuaba sentada sobre la tumba y cerró los ojos en la claridad de aquél cementerio y le llegó la imagen de María cuando parecía dormir dentro de aquél ataúd, con su leve sonrisa que, sin embargo, reflejaba todo lo que había sufrido en el último año. Parecía dormir plácidamente. Y se veía a ella allí apoyada en el viejo marco de madera de la puerta de la habitación mientras observaba el cuerpo inerte de María esperando, quizá, ver algún resquicio de respiración, esperaba que abriera sus ojos, escucharla... sin poder controlar su llanto y deseando con todas sus fuerzas que aquello no estuviese sucediendo.


Abrió los ojos y de repente observó que una espesa niebla se había levantado. No había nadie, o al menos nadie que respirara porque en mitad de aquel lugar sintió que alguien la observaba. Volvió su rostro hacia la tumba y acarició el mármol helado, dibujo con sus dedos la fecha grabada en la que dio su último aliento: 19 de agosto de 1993. Pensó entonces en los 22 años que llevaba sin ella y en lo mucho que le hubiera gustado verla crecer. Volvió a dibujar con sus dedos temblorosos la silueta de su nombre y lo pronuncio en voz alta: "Ay María, mira parece que salen para disfrutar del día". Y tras dejar escapar otro hondo suspiro se levantó silenciosamente y se marchó introduciéndose en la espesa niebla. 



martes, 16 de diciembre de 2014

Pesadillas en la noche

Quién no ha tenido en algún momento una pesadilla. Ha despertado en mitad de la noche sobresaltado, con miedo... Al dormir podemos entrar en un dulce y reconfortante sueño, sin embargo, a veces no es así.

Quiero compartir éste micro relato leído en La voz silenciosa por José Francisco Diaz-Salado. Gracias José a ti, la suerte es mía. 



domingo, 14 de diciembre de 2014

Pesadilla

Un nudo en la garganta evitaba normalizar su respiración; su pecho se movía agitado causándole dificultad para respirar, sentía una fuerte opresión. Su corazón latía aceleradamente. Se ahogaba. Finalmente sus ojos no pudieron seguir aprisionando sus lágrimas que escaparon para surcar por su rostro. Su cuerpo temblaba. Su respiración cada vez más agitada y su resuello, retumbaba en la habitación... así despertó esa noche en medio de la oscuridad. Asustada... desorientada... temblorosa... Observaba a su alrededor, pálida, y no lograba reconocer nada de lo que veía. Aún parecía permanecer sumida en la terrible pesadilla de la que acababa de despertar. Todavía sentía miedo. Cerró un instante los ojos para tratar de calmarse y acurrucándose bajo las sábanas intentó conciliar el sueño.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Mi último viaje

Todos viajamos hacia diferentes lugares. Lugares de los que disfrutamos haciéndonos sentir que estamos vivos y que, con cada instante que pasamos, nos hace gozar de momentos inolvidables que jamás desaparecerán de nuestra memoria pues quedarán ahí siempre y nada ni nadie podrá borrarlos de nuestros recuerdos. Todos, alguna vez, realizaremos el que será nuestro último viaje. Quizá, por qué no, alguien que en algún momento nos acompañó por el camino de la vida nos recoja para conducirnos por ese otro y que, cuando crucemos ese túnel, nos guíe posiblemente hasta aquellos otros compañeros de viaje por la vida. Un viaje tal vez realizado en un sueño, quizá real, quizá... la vida nos depare una segunda oportunidad. A veces los sueños son tan reales y la realidad la vivimos como un sueño. La angustia que en ese viaje se puede experimentar tan sólo la pueden describir aquellos que, en un momento de sus vidas, estuvieron a medio camino entre la vida y la muerte ya sea en un sueño o en la realidad. Todo es un misterio...

Gracias a José Francisco Díaz-Salado por leer en su programa La Voz Silenciosa éste relato que escribí hace un tiempo y que ha hecho que en mi memoria aparezca todo tipo de recuerdos. A veces me sorprende cómo puedo llegar a recordar tan intensamente situaciones, conversaciones... detalles mínimos.


lunes, 29 de abril de 2013

Los sueños

Y los sueños... sueños son. Aunque, eso sí, a veces son tan reales que pareciera que está sucediendo. Cuando se sueña puedes reír, llorar... y despertar sobresaltada como si verdaderamente hubiese sucedido. A mí me ha ocurrido en muchas ocasiones.

Comparto un audio de La Voz Silenciosa.