Este relato es lo que
podría ser una historia real, algo que puede ocurrir frecuentemente. Lo escribí para los niños del colegio y del instituto, espero que más de uno lo entendiera.
Yo era una niña feliz. Tenía mi grupo de amigos con los que
me encantaba salir, reía, me divertía hacerme selfies y era muy activa en las
redes sociales. En mi instituto había un chico, poco mayor que yo, me resultaba
muy guapo y super simpático, tenía una mirada qué me derretía, coqueteaba con él y este, que en un principio
se hacía el desinteresado, cada vez que podía se acercaba a hablarme con
cualquier excusa. Un día, sin darme cuenta, salía con él.
Era atento conmigo, cariñoso ¡siempre pendiente de mí! era la
niña más feliz del instituto puesto que el chico más guapo era ¡MI NOVIO! formábamos
una pareja envidiable y muy enamorada: me recogía en la puerta de casa y volvía
a dejarme allí para que no caminara sola por la calle, si iba al baño me
acompañaba para que no fuese sola ¡siempre miraba por mí! me protegía, me
preguntaba quién era éste o aquél porque temía por si algo me ocurría…
Un día, sin más, me comentó la posibilidad de dejar de salir
con mi grupo de amigos pues se había dado cuenta que casi todos me tenían
envidia y, algunas veces, hasta le pareció que se reían de mí a mis espaldas,
además quería pasar más tiempo conmigo ¡cuánto me ama que quiere estar todo su
tiempo a mi lado¡ sin darme cuenta me había distanciado de ellos.
“Esa falda no te queda muy bien es demasiado corta y estás
más rellenita, normal que te miren” me dijo en otra ocasión y yo, inocente le respondí:
¡pero si es del año pasado y me está igual¡ total… que me cambié para que no
estuviera enfadado y no, yo no quería que
mi novio se enfadara conmigo y menos aún por una falda.
“¿Quién te ha comentado esa foto qué has subido a Instagram? no
lo conozco, además ¡no te da vergüenza poner ese tipo de fotos! no me gusta que
nadie te vea así, me avergüenzas ¡te quiero demasiado y no me gusta que otros
te vean así!” me dijo con voz apacible mientras tiraba suave de mi pelo hacia
atrás y me besaba. “Me haces daño en la cabeza ¡qué le pasa a la foto, sólo
estoy con un top y un pantalón corto!” le respondí mientras una tímida lágrima
brotaba de mis ojos. “NO-ME-GUSTA” me dijo subiendo el tono y tajante. “Bueno
me la quitaré” dije sumisa entre tanto me decía para mis adentros “lo que
ocurre es que… ¡me quiere tanto!”.
“Me dejas un momento mirar una cosa desde tu móvil que el mío
no sé que le ocurre ¡ah! déjame un segundo la contraseña de tu Facebook quiero
entrar en una página y el mío se ha bloqueado” lo miraba asombrada pero en fin…
sólo es un móvil y una contraseña, no tengo nada que ocultar.
Un día mi mejor amiga a la que no veía desde hacía tres meses,
ese era el tiempo que llevaba con él, me llamó para tomar un café. Cuando me
escuchó quedar con ella me miró de un modo que me dio miedo, temblé, su mirada
era fría, vacía, casi de odio… cuando terminé de hablar se dirigió a mí y, sin
mediar palabra, me dio un tortazo que caí al suelo. Lloré y lloré. Pensé que yo
era la culpable por quedar con una amiga que a él no le gustaba pero… esa
situación se repetía cada vez más a menudo: por un pantalón ajustado, unos
labios pintados, una foto, un adiós a un amigo... sus insultos eran continuos:
estás engordando, pareces una guarra, eres mi novia y no puedes hablar con ese,
por qué vas a salir con ella, borra lo que has escrito…
Un día mientras me dormía pensé: estoy sin amigos porque a él
no le gusta, no visto como me gusta porque a él no le gusta, controla mis redes
sociales, tiene mis contraseñas porque me quiere proteger, borra estados porque
a él no le gustan, no me deja salir sin él porque me protege y me quiere y mil
cosas más que no hago porque a él no le gusta, me insulta sin más ¡por mi bien
dice!. Me di cuenta que ya no era feliz con él, que ya no me derretía con su
mirada sino que tenía miedo de él, que no me protege sino que es mi amo, que me
ha apartado de todos y de todo y que ya no soy la misma. Me castiga por nada
sin salir y si le viene bien me pega ¿porqué me pega?. Y cuando me levanté, me
decidí a ser fuerte y denuncié cada golpe, cada grito… primero a lo que más
cerca tenía, mi familia y mis amigos que volvieron a acogerme como si no
hubiera ocurrido, fueron mi gran apoyo.
El amor no es castigar, no es prohibir, no es quitar… el amor
es dar libertad, complementar, dar sin esperar nada a cambio, regalar. El amor
no es tristeza sino alegría. Nadie me va a prohibir jamás que haga lo que me
gusta y no me van a quitar lo más bonito que tengo: mi sonrisa. Nunca debes dejar que otra persona esté por encima
de ti, que mande en tú vida porque tú eres la dueña de tu persona y de tu vida.
Siempre SÉ TÚ.
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