viernes, 5 de julio de 2019

Siempre Sé Tú


Este relato es lo que podría ser una historia real, algo que puede ocurrir frecuentemente. Lo escribí para los niños del colegio y del instituto, espero que más de uno lo entendiera. 

Yo era una niña feliz. Tenía mi grupo de amigos con los que me encantaba salir, reía, me divertía hacerme selfies y era muy activa en las redes sociales. En mi instituto había un chico, poco mayor que yo, me resultaba muy guapo y super simpático, tenía una mirada qué me derretía,  coqueteaba con él y este, que en un principio se hacía el desinteresado, cada vez que podía se acercaba a hablarme con cualquier excusa. Un día, sin darme cuenta, salía con él.

Era atento conmigo, cariñoso ¡siempre pendiente de mí! era la niña más feliz del instituto puesto que el chico más guapo era ¡MI NOVIO! formábamos una pareja envidiable y muy enamorada: me recogía en la puerta de casa y volvía a dejarme allí para que no caminara sola por la calle, si iba al baño me acompañaba para que no fuese sola ¡siempre miraba por mí! me protegía, me preguntaba quién era éste o aquél porque temía por si algo me ocurría…

Un día, sin más, me comentó la posibilidad de dejar de salir con mi grupo de amigos pues se había dado cuenta que casi todos me tenían envidia y, algunas veces, hasta le pareció que se reían de mí a mis espaldas, además quería pasar más tiempo conmigo ¡cuánto me ama que quiere estar todo su tiempo a mi lado¡ sin darme cuenta me había distanciado de ellos.

“Esa falda no te queda muy bien es demasiado corta y estás más rellenita, normal que te miren” me dijo en otra ocasión y yo, inocente le respondí: ¡pero si es del año pasado y me está igual¡ total… que me cambié para que no estuviera enfadado  y no, yo no quería que mi novio se enfadara conmigo y menos aún por una falda.

“¿Quién te ha comentado esa foto qué has subido a Instagram? no lo conozco, además ¡no te da vergüenza poner ese tipo de fotos! no me gusta que nadie te vea así, me avergüenzas ¡te quiero demasiado y no me gusta que otros te vean así!” me dijo con voz apacible mientras tiraba suave de mi pelo hacia atrás y me besaba. “Me haces daño en la cabeza ¡qué le pasa a la foto, sólo estoy con un top y un pantalón corto!” le respondí mientras una tímida lágrima brotaba de mis ojos. “NO-ME-GUSTA” me dijo subiendo el tono y tajante. “Bueno me la quitaré” dije sumisa entre tanto me decía para mis adentros “lo que ocurre es que… ¡me quiere tanto!”.

“Me dejas un momento mirar una cosa desde tu móvil que el mío no sé que le ocurre ¡ah! déjame un segundo la contraseña de tu Facebook quiero entrar en una página y el mío se ha bloqueado” lo miraba asombrada pero en fin… sólo es un móvil y una contraseña, no tengo nada que ocultar.
Un día mi mejor amiga a la que no veía desde hacía tres meses, ese era el tiempo que llevaba con él, me llamó para tomar un café. Cuando me escuchó quedar con ella me miró de un modo que me dio miedo, temblé, su mirada era fría, vacía, casi de odio… cuando terminé de hablar se dirigió a mí y, sin mediar palabra, me dio un tortazo que caí al suelo. Lloré y lloré. Pensé que yo era la culpable por quedar con una amiga que a él no le gustaba pero… esa situación se repetía cada vez más a menudo: por un pantalón ajustado, unos labios pintados, una foto, un adiós a un amigo... sus insultos eran continuos: estás engordando, pareces una guarra, eres mi novia y no puedes hablar con ese, por qué vas a salir con ella, borra lo que has escrito…

Un día mientras me dormía pensé: estoy sin amigos porque a él no le gusta, no visto como me gusta porque a él no le gusta, controla mis redes sociales, tiene mis contraseñas porque me quiere proteger, borra estados porque a él no le gustan, no me deja salir sin él porque me protege y me quiere y mil cosas más que no hago porque a él no le gusta, me insulta sin más ¡por mi bien dice!. Me di cuenta que ya no era feliz con él, que ya no me derretía con su mirada sino que tenía miedo de él, que no me protege sino que es mi amo, que me ha apartado de todos y de todo y que ya no soy la misma. Me castiga por nada sin salir y si le viene bien me pega ¿porqué me pega?. Y cuando me levanté, me decidí a ser fuerte y denuncié cada golpe, cada grito… primero a lo que más cerca tenía, mi familia y mis amigos que volvieron a acogerme como si no hubiera ocurrido, fueron mi gran apoyo.

El amor no es castigar, no es prohibir, no es quitar… el amor es dar libertad, complementar, dar sin esperar nada a cambio, regalar. El amor no es tristeza sino alegría. Nadie me va a prohibir jamás que haga lo que me gusta y no me van a quitar lo más bonito que tengo: mi sonrisa. Nunca  debes dejar que otra persona esté por encima de ti, que mande en tú vida porque tú eres la dueña de tu persona y de tu vida. Siempre SÉ TÚ.


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