Sumergida en un profundo y agradable sueño despertó sobresaltada, sudorosa y temblando y de su boca escapaba un quejido entretanto intentaba retirar la escasa cobija que cubría su cuerpo para salir de la cama; se sentía atrapada entre las finas sábanas y el esfuerzo que realizaba para apartarlas parecía ser en vano. Cuando por fin lo consigue se incorpora aprisa y deja caer los pies descalzos sobre el frío suelo cuando, en ese instante, un escalofrío recorrió todo su cuerpo hasta llegar a la cabeza; advirtió como el cabello parecía estar electrificado y la piel erizada. Sintió miedo, mucho miedo ante la negra oscuridad que invadía el dormitorio. Se mantuvo durante un rato sentada sobre el borde de la cama con las manos apoyadas sobre la misma mientras que con los puños apretaba fuertemente las sábanas y la mirada quedaba fija en el exterior a través de una pequeña ventana. Desde la gélida habitación observaba y pretendía adivinar que sucedía fuera. Una extraordinaria luz comenzó a relucir intermitente y atravesaba el cristal que iluminó la habitación varios segundos lo que permitió ver su rostro demacrado y asustado en el espejo que había junto a la cama. Inesperadamente la oscuridad se volvió a apropiar de las calles y en el dormitorio, sin embargo, aún parecía quedar retenida su imagen en el cristal. Sus ojos se nublaron y dejaron escapar unas tímidas lágrimas que, poco a poco, comenzaron a recorrer sus mejillas en exceso. Un atronador ruido la deja por un momento aturdida e incluso le pareció que el suelo que pisaba vibraba y, sin lograr descubrir de dónde provenía ese fuerte temblor, el miedo se volvió a apoderar de ella. Se acurrucó en un rincón, sentada con las rodillas flexionadas sujeta su cabeza entre las piernas mientras con sus manos presiona sus oídos para evitar escuchar los ruidos. Intentaba cambiar el rumbo de sus pensamientos, le da pánico aquella oscuridad y el ruido le aterraba. Su pecho se movía agitadamente, el sudor se confundía con las lágrimas y un llanto ahogado que no podía reprimir se escuchaba. Apretó los ojos firmemente y le pareció escuchar el chirriar de una puerta y percibía como ésta se abría lentamente; repentinamente sentía una agradable calidez. Paralizada no se atrevía a levantar su cabeza. Continuaba asustada y su desasosiego se acentuaba aún más cuando creía escuchar una voz.
Temblorosa levantó la vista y de sus ojos rebosaban lágrimas mientras que su corazón parecía que iba a salir de su pecho. Una luz cegadora reapareció en la habitación y a continuación, cuando volvió la oscuridad, un ruido atronador ocupó el silencio pero, en un segundo, éste volvió y se hizo ensordecedor. Rápidamente se metió en la cama y tapada por completo cerró los ojos y quería pensar que sólo había sido una pesadilla e intentó volver a conciliar el sueño. No lograba hacerlo. Sentía miedo. De repente le pareció como si de un fuerte tirón le arracaran las sábanas que cubría su cuerpo y un grito desgarrador se escucho en el silencio. Miró a su alrededor y no había nada, no había nadie. Sólo truenos y relámpagos, luz y oscuridad; su respiración que inundaba la habitación y el sonido del latir de su corazón que bombeaba la sangre por todo su cuerpo con una fuerza impresionante.