martes, 30 de diciembre de 2014

Feliz año


A lo largo de este año que finaliza seguro que todos hemos tenido nuevas experiencias, buenas o malas, pero que han ayudado a enriquecer nuestras vidas. Porque pienso que todo nos hace crecer como personas y que tanto de lo bueno como de lo malo se aprende. No voy a volver a repetir lo mismo que en años anteriores; todo aquello sobre la navidad, etc... Sólo deseo que en medio de todas las lágrimas que se puedan derramar surjan esas risas que, por un momento, hacen olvidar los malos momentos. No puedo evitar sonreír cuando a mi memoria llegan algunos recuerdos. La pintura no es lo mio pero me animé a hacerlo y... madre de Dios lo que pudo salir de ahí, sin embargo, hubo quien me lanzó una buena crítica (pobre como me quería animar a seguir con el pincel). La música no es lo mio pero cuando lancé mi primer tema a la radio (las críticas igual fueron buenas), no obstante, pienso que con tres temas para romper los oídos y hacer llover basta. He viajado, no mucho, pero ese poco, lo he disfrutado al máximo y nadie sabe cuánto. He visto el mar... en fin.. que este año se han cumplido algunos de los deseos que tenía y espero que para el próximo que estamos a punto de comenzar se terminen de cumplir. Al igual deseo que todos vuestros sueños se hagan realidad. 

martes, 16 de diciembre de 2014

Pesadillas en la noche

Quién no ha tenido en algún momento una pesadilla. Ha despertado en mitad de la noche sobresaltado, con miedo... Al dormir podemos entrar en un dulce y reconfortante sueño, sin embargo, a veces no es así.

Quiero compartir éste micro relato leído en La voz silenciosa por José Francisco Diaz-Salado. Gracias José a ti, la suerte es mía. 



domingo, 14 de diciembre de 2014

Pesadilla

Un nudo en la garganta evitaba normalizar su respiración; su pecho se movía agitado causándole dificultad para respirar, sentía una fuerte opresión. Su corazón latía aceleradamente. Se ahogaba. Finalmente sus ojos no pudieron seguir aprisionando sus lágrimas que escaparon para surcar por su rostro. Su cuerpo temblaba. Su respiración cada vez más agitada y su resuello, retumbaba en la habitación... así despertó esa noche en medio de la oscuridad. Asustada... desorientada... temblorosa... Observaba a su alrededor, pálida, y no lograba reconocer nada de lo que veía. Aún parecía permanecer sumida en la terrible pesadilla de la que acababa de despertar. Todavía sentía miedo. Cerró un instante los ojos para tratar de calmarse y acurrucándose bajo las sábanas intentó conciliar el sueño.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Alegría

Uno tiene derecho a la alegría. A veces es humo o es niebla o es celaje. Pero detrás de esas demoras ella está, esperando. Siempre hay una hendija del alma por donde la alegría asoma sus despabiladas pupilas. Entonces el corazón se vuelve más vivaz, se extrae de su quietud y es casi pájaro.

La alegría sobreviene después de las ausencias, al fin de las nostalgias. Si uno se reencuentra con lo amado y su revelación unánime, es lógico que el gozo nos abrace y a uno le vienen las ganas de cantar. Aunque no tenga voz, aunque esté ronco de pasadas angustias.

Después de todo la alegría es un préstamo, no nos pertenece. Es una locurita, un premio pasajero, pero la disfrutamos como si fuera propia, como un lucro, como  una primavera de la vida. Ella se aferra al tiempo, arrastra un poquito de la infancia y se mete soplando en la vejez. Semana tras semana, año tras año, la alegría va llenando vacíos. Hasta que no puede más y se vuelve tristeza.

                                                                      Mario Benedetti - Vivir adrede




domingo, 23 de noviembre de 2014

Corazón Coraza

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza

porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro

porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.

                                             Mario Benedetti





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miércoles, 19 de noviembre de 2014

El sol, la lluvia...

El verano es esa época del año en que parece que se disfruta más el día a día. Éstos son más largos y puedes salir a pasear tranquilamente, sentarte en cualquier lugar a charlar o simplemente a descansar. A veces, aunque la piscina no es algo que me entusiasme, ir un día o dos para "relajarme" no está nada mal, siempre es bueno elegir el día en que irá poca gente y, en esa ocasión acertamos. Sin embargo, ahora que llega el frío, con lo friolera que soy, echo de menos ese sol abrasador que quemaba mi piel.


El invierno es más triste, provoca melancolía... hace frío, llueve... aunque me gustan esos días de lluvia intensa en los que puedes ver a través del cristal como el agua cae y apreciar el frío que hace en el exterior mientras cobijada en el calor disfrutas de la lectura de un buen libro, o escribes, o simplemente te dejas llevar por los recuerdos. Y, por qué no, pasear bajo la lluvia.








Aunque pienso que cada estación del año tiene su encanto y siempre hay un buen momento para recordar, echar de menos, leer, escribir... disfrutar. Y da igual la estación en la que estemos para que así sea.













sábado, 8 de noviembre de 2014

Lluvia

La Lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.

         Fragmento del poema "Lluvia" de Federico García Lorca

Un día de lluvia nos puede producir calma y ésta, a la vez, nos puede llevar a sentir cierta nostalgia y melancolía. En un día de lluvia se puede evocar recuerdos (desconozco el autor de esta cita: la lluvia atrapa los recuerdos, los hace nuestros hasta el fin. al verla caer no ves agua, sólo momentos que viviste y que quieres que vuelvan a ser), disfrutar de una buena lectura, escribir... Quiero compartir mi relato "El sonido de la lluvia" en la voz de José Francisco Díaz-Salado en su programa La Voz Silenciosa. Me ha fascinado escuchar el sonido de la lluvia y los truenos como efectos especiales mientras daba lectura al mismo. Como también me ha sorprendido la llamada de José para comunicarme que éste relato ha sido seleccionado para leerlo en la emisora FM de Valencia "Radio Manises". En fin... gracias, como siempre.


jueves, 6 de noviembre de 2014

El sonido de la lluvia


Paseaba tranquilamente cuando observó que el cielo estaba ennegreciéndose y, de repente, un fuerte aguacero comenzó a caer. El viento soplaba tanto que hasta su paraguas lo tenía que mantener cerrado para que el aire no se lo llevara. Se dirigió hacia su casa. Las calles estaban desiertas y tan sólo se cruzaba de vez en cuando con alguien que corría para resguardarse del agua. Llegó a casa empapada. La noche iba a caer y se preveía una larga tormenta. Tras secarse y ponerse cómoda se sirvió una copa de vino y se sentó junto al balcón para observar la lluvia y cómo el agua se perdía en los arroyos que recorrían las largas calles y, embelesada, contemplaba como pequeñas piedras que había en el asfalto parecían jugar con ésta mientras eran arrastradas.


El agua golpeaba con fuerza el cristal de su ventana que lo recorría en pequeñas gotas que resbalaban por él y se perdían en el suelo del balcón formando un charco. Una sonrisa afloró en sus labios mientras imaginaba ser una de esas gotas. Su vista quedaba fija en ese viejo árbol que parecía triste al perder sus hojas con la llegada del otoño y que había dejado sus ramas desnudas. Se encendió un cigarrillo y se dejó caer sobre el frío cristal entretanto escuchaba el sonido de la lluvia que, mezclado con el viento, era una música relajante para sus oídos. Ya había anochecido y como esperaba el agua continuaba cayendo copiosamente. Su mirada se perdió en el oscuro cielo que, en ese momento, lo cubría un espeso manto de agua y era iluminado por los continuados rayos que eran la señal del inicio de los grandes truenos que ofrecía la tormenta. Me encanta una tormenta cuando los rayos iluminan así el oscuro cielo y esperar que un fuerte trueno interrumpa el silencio pensó mientras sonreía pero, de repente, una lágrima afloró de sus ojos que resbalaba por sus mejillas y se posaba en la comisura de sus labios. Notaba su sabor salado. Suspiró. Cerró los ojos en el mismo instante en que una multitud de sensaciones y recuerdos, intensos, muy intensos le llegaban pues deseaba retenerlos y revivirlos. Llenó sus pulmones lentamente de aire y dejó escapar otro fuerte suspiro. Su cuerpo temblaba. Abrió sus ojos despacio para inmediatamente volverlos a cerrar pues en medio de aquél diluvio deseaba volver a sentir el calor que todos aquellos recuerdos le provocaba. 

domingo, 2 de noviembre de 2014

Otro día

Un relato más leído por José Francisco Díaz-Salado en su programa La voz silenciosa. Los días van pasando así qué, un día más vivido o, un día menos para vivir.



jueves, 30 de octubre de 2014

Un día cualquiera

Se hallaba sumida en un dulce y profundo sueño cuando de un pequeño brinco saltó de la cama pensando que se había dormido y se le había hecho tarde. Al posar sus pies desnudos sobre el frío suelo un escalofrío recorrió su cuerpo. Caminó de puntillas hasta el balcón y al deslizar el visillo para contemplar el día que hacía vio que aún no había amanecido; el cielo continuaba estrellado y un silencio absoluto llenaba cada rincón de las calles. Aprovechó la soledad que le brindaba el momento para salir fuera y dejarse caer sobre la baranda del balcón; aspiró hondo hasta llenar sus pulmones al máximo de aire que soltaba lentamente en un profundo suspiro. Una mezcla de aromas le llegaban, de los cuales algunos reconocía, como ese olor a tierra mojada que tanto le gustaba. Encendió su primer cigarro que hacía humear, casi jugando, mientras observa el vacío del que parecía ser un pueblo fantasma. Examina cada detalle buscando algún cambio, sin embargo, todo aquello parecía un cuadro, nada se movía, nada se escuchaba... Sólo un suave viento parecía acariciar su rostro. Cerraba los ojos para sentirlo más. Se hallaba sumida en su pensamiento cuando, de repente, el ruido de una moto lo irrumpió, un portazo de alguien que sale con prisa, el vendedor de hortalizas que se acomoda en su lugar de siempre, la voz de una señora que se despide del tendero al salir... Miró al cielo y vio que estaba amaneciendo, los pájaros parados en uno de los cables que cruzan la fachada, el tejado mojado por la humedad de la noche, el señor que barre chiflando la misma melodía de cada día, mujeres que van a comprar el pan y se detienen a hablar... el día acaba de comenzar. Y ella que todavía continua embelesada en lo suyo acaba el que posiblemente será su segundo cigarro. Antes de irse miró al cielo y lo vio azul, diferente, lleno de caminos blancos, aviones que lo cruzan como, seguramente, harían cada día... vuelve a coger aire desde lo más profundo de ella para soltarlo poco a poco en un suspiro que llena el pequeño espacio mientras dice con un fino hilo de voz: un día más o, un día menos. 

martes, 28 de octubre de 2014

Con los más pequeños

Hoy he estado con los niños de infantil del colegio. Me comentó mi hermana si podría ir a explicar a los peques de 5 años cómo surge la tradicional fiesta de los Santos en Baños. Una mañana entretenida con ellos. Ellos me han escuchado a mi y, por supuesto, yo he escuchado las aventuras de éstos peques en lo que para ellos son los santos.

Ellos me escuchan
Atentos escuchaban las historias que les he contado y mis respuestas a sus preguntas, que no eran pocas. Algunos con cara de sorpresa por lo que escuchan.

Yo les escucho







Los niños rebaten cualquier cosa que les dices. Siempre suelen decir: "¡No, porque yo....! y lo malo no es que lo diga uno sino cuando son todos a la vez.

Y no queda otra que reírte con ellos

Con todo el grupo



En fin... como he dicho anteriormente una mañana entretenida. Un niño nunca deja de sorprender y, creo, que todos deberíamos de conservar dentro de nosotros un poco de ese niño que fuimos. Yo, a veces, creo que guardo demasiado de esa niña que fui...







Diploma hecho por mi sobrino en el colegio para mi.

lunes, 20 de octubre de 2014

Calidez

Dejar plasmado lo que en un instante pude sentir y que, a la vez, otras personas te digan que han percibido ese calor, la paz y la tranquilidad... quizá, en cierto modo haber transmitido un sentimiento, me puede llegar a emocionar. ¿Exagerada? sí, posiblemente. Pero también es cierto que hay momentos en los que tal vez cualquier palabra te anima. La calidez en la que, a veces, recibes  un comentario a mi, al menos, me arranca una sonrisa.

Gracias, como siempre, a José Francisco Díaz-Salado por leer mi comentario en su programa La Voz Silenciosa.  






viernes, 17 de octubre de 2014

El sol


Los rayos del sol bañaban mi cuerpo entre tanto disfrutaba de tan majestuosa puesta de sol en un paraje, casi desconocido para mi. Me sentí como una pequeña mota de polvo o, una resbaladiza gota de agua o, quizá, como uno de esos rayos que se desvanece cuando el sol se pierde en el inmeso cielo... El suave viento mecía las hojas de las ramas, diferentes aromas inundaban  el lugar y el sol, mientras brindaba sus últimos rayos, se perdía tras los montes ajeno a que en algún rincón de aquél lugar, alguien, se hallaba cautivada por la belleza del momento en el más absoluto silencio de ese atardecer. 

martes, 14 de octubre de 2014

Hagamos un trato

Siempre habrá ocasiones en las que necesitaremos contar con alguien. Saber que si algo va bien lo tenemos ahí para poder contarlo y que si, por el contrario, va mal estará también. Que por poco se preocupa. Nos escucha. Que si no tenemos ganas de hablar está a nuestro lado en silencio, si lloramos lo hace con nosotros e intenta sacarnos una sonrisa y si reímos está ahí... alguien, al fin y al cabo, que nos entienda. Sin más preguntas, sin más interés que el de hacernos sentir bien. Porque no hay nada mejor que una persona que sepa sacarte una sonrisa en el momento que más lo necesitas. Aunque en ocasiones sea difícil encontrarla.



Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo


si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo


si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo


pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.


                                                                        Mario Benedetti




Mario Benedetti

jueves, 4 de septiembre de 2014

Mi último viaje

Todos viajamos hacia diferentes lugares. Lugares de los que disfrutamos haciéndonos sentir que estamos vivos y que, con cada instante que pasamos, nos hace gozar de momentos inolvidables que jamás desaparecerán de nuestra memoria pues quedarán ahí siempre y nada ni nadie podrá borrarlos de nuestros recuerdos. Todos, alguna vez, realizaremos el que será nuestro último viaje. Quizá, por qué no, alguien que en algún momento nos acompañó por el camino de la vida nos recoja para conducirnos por ese otro y que, cuando crucemos ese túnel, nos guíe posiblemente hasta aquellos otros compañeros de viaje por la vida. Un viaje tal vez realizado en un sueño, quizá real, quizá... la vida nos depare una segunda oportunidad. A veces los sueños son tan reales y la realidad la vivimos como un sueño. La angustia que en ese viaje se puede experimentar tan sólo la pueden describir aquellos que, en un momento de sus vidas, estuvieron a medio camino entre la vida y la muerte ya sea en un sueño o en la realidad. Todo es un misterio...

Gracias a José Francisco Díaz-Salado por leer en su programa La Voz Silenciosa éste relato que escribí hace un tiempo y que ha hecho que en mi memoria aparezca todo tipo de recuerdos. A veces me sorprende cómo puedo llegar a recordar tan intensamente situaciones, conversaciones... detalles mínimos.


jueves, 21 de agosto de 2014

Credo

Los ojos son el espejo del alma y a través de ellos se expresa toda clase de sentimientos produciéndose un dialogo fácil de entender; en ocasiones quizá, más que con palabras.




De pronto uno se aleja
de las imágenes queridas
amiga
quedás frágil en el horizonte
te he dejado pensando en muchas cosas
pero ojalá pienses un poco en mí

vos sabés
en esta excursión a la muerte
que es la vida
me siento bien acompañado
me siento casi con respuestas
cuando puedo imaginar que allá lejos
quizá creas en mi credo antes de dormirte
o te cruces conmigo en los pasillos del sueño

está demás decirte que a esta altura
no creo en predicadores ni en generales
ni en las nalgas de miss universo
ni en el arrepentimiento de los verdugos
ni en el catecismo del confort
ni en el flaco perdón de dios

a esta altura del partido
creo en los ojos y las manos del pueblo
en general
y en tus ojos y tus manos
en particular.

                                                                     Mario Benedetti



martes, 5 de agosto de 2014

Despertar sobresaltado

"Eva María Duque. Baños de la Encina, Jaén. Hamma, amiga silenciosa, la cueva... gracias por permitirme compartir tus escritos en éste momento comentario. Tú inicias el séptimo año de La Voz Silenciosa". Así presenta José Francisco Díaz-Salado en su programa La Voz Silenciosa mi relato "Desvelo en la noche". Como siempre doy las gracias a él por leerlos y, cómo no podría ser de otra manera, es un placer haber iniciado el séptimo año junto a él en el programa, por supuesto, deseo que éstos sean sólo el principio de otros muchos.


domingo, 3 de agosto de 2014

Desvelo en la noche

Tras un agotador día y una relajante ducha se tumbó sobre la cama. Abrió el balcón de par en par y el resplandor de la luna y un dulce aroma a flores invadió el dormitorio. Un suave viento, que parecía acariciar su cuerpo desnudo cada vez que entraba por el ventanal, le ayudaba a paliar el calor de la  noche así que decidió aprovechar para leer un rato antes de dormir. Lentamente comenzó a sumergirse en un dulce e intenso sueño en el que las sensaciones hacía que se acalorara mientras una leve sonrisa se dibujaba en su rostro, sin embargo, el mismo fue cambiando y, de repente, despertó sobresaltada y sudorosa; su corazón latía a mil por hora con la percepción de haber caído de golpe sobre la cama desde muy alto. Silenciosa y desconcertada se levantó. Al posar sus pies desnudos sobre el suelo sintió escalofríos, sintió miedo. Se sirvió un vaso de leche caliente que tomaba mientras intentaba recordar que fue lo que había interrumpido su agradable sueño. Su vista se perdía a través de la ventana en el cielo estrellado y tras fumar un cigarro se encaminó hacia su dormitorio pero el corto trayecto que la separaba de él lo realizó acelerada pues tenía la impresión de que alguien la perseguía de manera que quisiera agarrarla. Temblorosa se recostó y cubrió su cuerpo completamente con la sábana, el miedo se apoderó de ella. Si bien le costaba volver a conciliar el sueño, después de removerse una y otra vez, cayó vencida al cansancio adentrándose una vez más en el mismo profundo sueño: caminaba tranquilamente por un lugar que no reconocía. Era un largo paseo y al final del mismo se distinguían dos torres blancas de enormes dimensiones y que, desde la lejanía, parecían ser idénticas, se detuvo un instante para contemplarlas. El paseo permanecía lleno de gente que caminaba, niños que jugaban, terrazas en las que pequeños grupos tomaban unas cervezas mientras charlaban... Observaba como el suave viento que soplaba mecía las hojas de los arboles que bordeaban el paseo. Se podía escuchar el sonido del agua de las fuentes, el griterío de los niños, el murmullo de las conversaciones, las risas... Ella, titubeante, giró hacía una de las estrechas calles que salía a un lado de la gran avenida y caminó durante un largo rato hasta llegar a una pequeña callejuela. La calles estaban desiertas. Se hallaba agotada, no obstante, antes de tomar un descanso decidió continuar un poco más. Al final de la estrecha calle se distinguía un gran arco que parecía dar acceso a unas escaleras para subir a una torre de piedra. Tomó un breve descanso para tomar fuerza antes de continuar pues preveía un largo recorrido. En ese instante un tipo que pasó por allí se detuvo frente a ella y tras mantener una corta conversación, el hombre se acercó un poco más y sin más quiso agarrarla. Su reacción no fue otra que correr asustada hacia la torre pero él la seguía; la agarraba de raspilón y, aunque ella conseguía zafarse de él, la volvía a sujetar e intentaba inmovilizarla una y otra vez hasta que llegó al final de la torre. Asustada se arrinconó en una de las esquinas de la terraza. No había salida. Él, que permanecía sonriente frente a ella, deslizaba una de sus manos hacia su bolsillo para sacar un objeto, la agarró fuerte, apretaba su brazo, le hacía daño, le estaba haciendo daño y ella intentaba sin resultado escapar. Él la agarró del cuello, intentaba ahogarla, le faltaba el aire. En los ojos de ella se advertía el miedo que sentía y en el rostro de él permanecía la enorme sonrisa. Logró soltarse y en un tropiezo cayó al vació. Se veía en el aire y, en ese instante, antes de chocar contra el suelo volvió a despertar como si hubiese caído de golpe desde lo más alto hasta la cama, con su corazón agitado y con unas lágrimas que recorrían sus mejillas. Miró sus manos que permanecían con los puños cerrados. No podía volver a conciliar el sueño. Miró hacia la ventana y vio como el aire agitaba suavemente las cortinas, se levantó, deslizó la cortina para asomarse al exterior que permanecía oscuro y en total silencio, se sentó en el suelo entretanto admiraba el brillo intenso de la luna llena y hacia humear un cigarro; temblorosa aún por ese sueño que por segunda vez la había desvelado.

martes, 29 de julio de 2014

Triste N1

Cierto es que siempre cuando estamos alegres tenemos un punto de tristeza por algún motivo y, por el contrario, en los peores días algo puede ocurrir en algún instante que, aunque sea por un segundo, nos hace sonreír. Hoy, mientras leía y paseaba por la red, encontré ésto de Mario Benedetti que me gustó.



"No sé si soy una persona triste con vocación de alegre, o viceversa, o al revés. Lo que sí sé es que siempre hay algo de tristeza en todas mis momentos más felices, al igual que siempre hay un poco de alegría en mis peores días"





Por la memoria vagamos descalzos

seguimos el garabato de la lluvia
hasta la tristeza que es el hogar destino
la tristeza almacena los desastres del alma
o sea lo mejorcito de nosotros mismos
digamos esperanzas sacrificios amores.


A la tristeza no hay quien la despoje

es trasparente como un rayo de luna
fiel a determinadas alegrías.


Nacemos tristes y morimos tristes

pero en el entretiempo amamos cuerpos
cuya triste belleza es un milagro.


Vamos descalzos en peregrinación

triste tristeza llena eres de gracia
tu savia dulce nos acepta tristes.


El garabato de la lluvia nos conduce

hasta el hogar destino que siempre has sido
tristeza enamorada y clandestina


Y allí rodeaba de tus frágiles dogmas

de tus lágrimas secas / de tu siglo de sueños
nos abrazas como anticipo del placer.


                                                                        Mario Benedetti

miércoles, 23 de julio de 2014

El mar

El mar que cuando te marchas de él deja impregnado en ti su aroma; te deja el recuerdo de las caricias del agua, mientras te adentras en él, y ésta balancea tu cuerpo que se deja llevar por ella; el murmullo de las olas mecidas por el suave viento, el mismo, que te roza y hace que tu piel se erize... todo ello parece embriagador. Desde luego es una maravilla sentirlo, contemplarlo... poder mirar más allá, más lejos, donde el horizonte se pierde en una fina línea que lo separa del cielo y con él, tú mirada. Disfrutar de unas horas de ese mar que a veces se muestra bravío y otras, sin embargo, en calma. Es relajante escuchar el sonido de las olas, recibir los rayos del sol calentando la piel... pasear con los pies desnudos por la arena mojada... Alguna vez, espero poder disfrutar de un atardecer y un amanecer junto al mar porque tiene que ser mágico.











martes, 15 de julio de 2014

Entre nubes

Se tumbó bajo la gran arboleda para admirar el cielo azul. Por un instante cerró los ojos. Se sumergió en un sueño en el que se hallaba allí, entre nubes blancas de algodón; caminaba por ellas, sentía su aroma, su suavidad... como un ligero viento envolvía su cuerpo a la vez que pequeños rayos de sol lo acariciaba dulcemente. Se sumergió tan profundamente que las sensaciones le llegaban de tal modo que pareciera que las estaba viviendo realmente. En ocasiones los sueños son tan reales que los puedes tocar y sentir. En ese instante podía rozar el cielo con sus manos pero aquello fue sólo eso, un sueño, el cielo estaba demasiado alto para poder ni tan siquiera rozarlo. Abrió los ojos y, en ese momento, se sintió insignificante.

miércoles, 9 de julio de 2014

La noche y su magia


"La noche y su magia. La noche y su encanto. La noche... ¿os parece poco?". Así da paso José Francisco Díaz-Salado a mi relato "Recuerdos en la noche" en su programa La Voz Silenciosa. Un relato que al escucharlo de su voz y con la música de fondo me ha parecido fantástico. Merece la pena escucharlo. Te invito a cerrar los ojos y escuchar. 




lunes, 7 de julio de 2014

Recuerdos en la noche

Caminaba solitaria por rincones perdidos de estrechas callejuelas y suelos empedrados ya desgastados por el pasar de los años. Callejas en las que sólo una antigua farola que pendía del gran muro de piedra gastada de la vieja casona y otras que se suspendían levemente en las viejas paredes encaladas, sucias y derruidas apenas daban la luz suficiente para distinguir la figura de algún caminante, como ella, despistado. Un perro atado a una vieja y desgastada reja ladraba a su paso y una anciana, al escuchar el alboroto formado por éste, se asomaba tras el visillo de la ventana y con una leve sonrisa forzada la saluda con un gesto de cabeza para a continuación volver adentro y seguir con sus quehaceres. Un aroma a viandas recién hechas en el fuego de la chimenea invadía la noche y el humo, que salía en exceso, impregnaba cada rincón. El cielo estaba negro y en él relucía como pequeñas bombillas cientos de estrellas de las que algunas brillaban tan intensamente que resaltaban sobre las demás. La luna resplandecía bella.




Un golpe seco sobre la madera de una puerta se escuchó de repente y tras dar un respingo hacia atrás, quizá asustada, se volteó y allá, a lo lejos, vio la sombra de una figura a la espera de que alguien le abriera. Continuó caminando hasta la pequeña plazuela donde se sentó en un banco y mientras hacia humear un cigarro su mirada quedó perdida en el insondable cielo entretanto le llegaban recuerdos de instantes vividos con tanta intensidad que, aún después del tiempo, hacia que su piel se erizara. Observó a su alrededor. No había nada ni nadie y tan sólo se podía apreciar una tenue luz en algunas de las ventanas. Y allí, sentada en la tranquilidad de aquella noche, escuchaba el silencio ensimismada en sus recuerdos, admiraba el cielo estrellado y la belleza que la luna llena le brindaba esa noche.  





sábado, 5 de julio de 2014

El cielo


La belleza que presenta el cielo en cualquier momento, a veces, me sorprende. Con sol, nublado, en un atardecer, estrellado... Si te tumbas sobre el césped de cualquier parque, en la arena de una playa... todos, cuando nos detenemos por un instante, observamos el mismo cielo aunque cada cual recibe una diferente percepción; hay, sin embargo, quien ni siquiera se para un segundo para admirar esos pequeños detalles. Nos cubre la misma bóveda celeste, vemos la misma  luna, nos calienta el mismo sol... aún en distintas zonas cuando salimos y miramos hacia arriba sabemos que vemos lo mismo. Cierro los ojos e imagino estar en otros lugares y la calma y tranquilidad que puede ofrecer; con la belleza que muestra, sinceramente, no me molesta que en algún momento me digan que ando en la nubes.





















martes, 10 de junio de 2014

Necesidad de escribir

Parece ser que hoy me ha dado deseo de escribir. Sí. Tenía encendida la chispa que, supongo, hace falta para expresar todo aquello que queremos, o lo que suelen denominar musa, inspiración... Me preparo para hacerlo y, cuando por fin hallo el momento y el lugar adecuado y ya en la tranquilidad de la noche, descubro que tengo tantas y tantas cosas en mi cabeza para dejar plasmadas que no soy capaz de hacerlo. O más bien pudiera ser que me haya dado cuenta que, simplemente, en éste momento no sé hacerlo. No sé, no, no sé lo que ocurre sólo sé que un cúmulo de sentimientos, ideas, pensamientos, sensaciones, sueños, pesadillas... y mi imaginación, vuela de manera que todo se ha amontonado de un modo terrible y no he sido capaz de dejarlo expresado. Intento que mi mente se despeje leyendo un rato y me encuentro con un fragmento del escritor Eduardo Galeano. Me gusta. Supongo que en la mayoría de las ocasiones cuando alguien escribe, o escribo, es porque siente la necesidad de un modo u otro de dar a conocer, o expresar, mostrar... lo que en un momento dado ha surgido de la imaginación, como te sientes en ese instante, o compartir con el resto tus fantasías, sueños, reflexiones, sentimientos... Porque a veces, pienso, uno siente la necesidad de escribir.

"Uno escribe a partir de la necesidad de comunicación y de comunicación con los demás, para denunciar lo que duele, y compartir lo que da alegría. Uno escribe para combatir la propia soledad y la soledad de los otros.

"Para escribir tenía que mojarme la oreja. Yo sabía desafiarme, provocarme, decirme: "No podés, a que no". Y también sabía que para que nacieran las palabras yo tenía que cerrar los ojos y pensar intensamente en una mujer"."

                                                                                                    Eduardo Galeano

domingo, 18 de mayo de 2014

Mundo de ensueños

En ocasiones una simple tormenta nos puede despertar y convertir el más bonito de los sueños en una terrible pesadilla. Al desvelarnos, el miedo y el desasosiego, puede impedir que conciliemos y recuperaremos ese agradable sueño que teníamos. Pesadillas que, al despertar, hacen dudar si lo que ocurre es real o imaginario.

Así presenta José Francisco Díaz-Salado en su programa La Voz Silencia mi relato "La tormenta": "Hamma nos sumerge de nuevo en un mundo de ensueños y de mundos entre reales e imaginarios. Es un mundo en el que se descubre tantas cosas...".


jueves, 8 de mayo de 2014

La tormenta

Sumergida en un profundo y agradable sueño despertó sobresaltada, sudorosa y temblando y de su boca escapaba un quejido entretanto intentaba retirar la escasa cobija que cubría su cuerpo para salir de la cama; se sentía atrapada entre las finas sábanas y el esfuerzo que realizaba para apartarlas parecía ser en vano. Cuando por fin lo consigue se incorpora aprisa y deja caer los pies descalzos sobre el frío suelo cuando, en ese instante, un escalofrío recorrió todo su cuerpo hasta llegar a la cabeza; advirtió como el cabello parecía estar electrificado y la piel erizada. Sintió miedo, mucho miedo ante la negra oscuridad que invadía el dormitorio. Se mantuvo durante un rato sentada sobre el borde de la cama con las manos apoyadas sobre la misma mientras que con los puños apretaba fuertemente las sábanas y la mirada quedaba fija en el exterior a través de una pequeña ventana. Desde la gélida habitación observaba y pretendía adivinar que sucedía fuera. Una extraordinaria luz comenzó a relucir intermitente y atravesaba el cristal que iluminó la habitación varios segundos lo que permitió ver su rostro demacrado y asustado en el espejo que había junto a la cama. Inesperadamente la oscuridad se volvió a apropiar de las calles y en el dormitorio, sin embargo, aún parecía quedar retenida su imagen en el cristal. Sus ojos se nublaron y dejaron escapar unas tímidas lágrimas que, poco a poco, comenzaron a recorrer sus mejillas en exceso. Un atronador ruido la deja por un momento aturdida e incluso le pareció que el suelo que pisaba vibraba y, sin lograr descubrir de dónde provenía ese fuerte temblor, el miedo se volvió a apoderar de ella. Se acurrucó en un rincón, sentada con las rodillas flexionadas sujeta su cabeza entre las piernas mientras con sus manos presiona sus oídos para evitar escuchar los ruidos. Intentaba cambiar el rumbo de sus pensamientos, le da pánico aquella oscuridad y el ruido le aterraba. Su pecho se movía agitadamente, el sudor se confundía con las lágrimas y un llanto ahogado que no podía reprimir se escuchaba. Apretó los ojos firmemente y le pareció escuchar el chirriar de una puerta y percibía como ésta se abría lentamente; repentinamente sentía una agradable calidez. Paralizada no se atrevía a levantar su cabeza. Continuaba asustada y su desasosiego se acentuaba aún más cuando creía escuchar una voz.

Temblorosa levantó la vista y de sus ojos rebosaban lágrimas mientras que su corazón parecía que iba a salir de su pecho. Una luz cegadora reapareció en la habitación y a continuación, cuando volvió la oscuridad, un ruido atronador ocupó el silencio pero, en un segundo, éste volvió y se hizo ensordecedor. Rápidamente se metió en la cama y tapada por completo cerró los ojos y quería pensar que sólo había sido una pesadilla e intentó volver a conciliar el sueño. No lograba hacerlo. Sentía miedo. De repente le pareció como si de un fuerte tirón le arracaran las sábanas que cubría su cuerpo y un grito desgarrador se escucho en el silencio. Miró a su alrededor y no había nada, no había nadie. Sólo truenos y relámpagos, luz y oscuridad; su respiración que inundaba la habitación y el sonido del latir de su corazón que bombeaba la sangre por todo su cuerpo con una fuerza impresionante. 

jueves, 1 de mayo de 2014

Y nació... Andrea


Ana Belén




Una chica preciosa. Siempre digo lo guapa que es; la sonrisa tan bonita que tiene y sus ojazos, así como otros muchos atributos. Después de pasar un embarazo estupendo, por fin, ha llegado el esperado nacimiento de su niña Andrea. Enhorabuena y muchas felicidades. 












Andrea. Instantes después de nacer.

Se ha hecho de rogar hasta el último momento y después de un pequeño susto, ya casi olvidado, le pudimos ver su carita a las dos de la mañana y, aunque hasta casi las cuatro de la madrugada no pudimos ver a la linda mamá, suspiramos de tranquilidad al comprobar que ella también estaba bien. Noche de lágrimas y sonrisas. Sensaciones dispares.

A la espera de ver a la mamá.



Esta mañana con apenas horas de vida.

miércoles, 23 de abril de 2014

En mi pequeño rincón

Hoy, al acceder a mi blog, he pensado que éste es un insignificante lugar en el que expreso, escribo... y publico casi todo lo que en un momento dado aflora desde lo más profundo de mi. Mi blog, interesante para algunos e indiferente para otros muchos y a pesar de pensar en algún momento dejar de escribir en él, es mi pequeño rincón que, porque no decirlo, me sirve para en cualquier instante exteriorizar aquello que siento, mis reflexiones... y mis relatos modestamente. Algunas veces he pensado que, igual que mi blog, soy una minúscula mota de polvo dentro de éste mundo; miro las estrellas, las nubes, el sol, la luna... en ocasiones observo a mi alrededor el deambular de la gente de un lado hacia otro con sus conversaciones, sus risas... cada cual ocupado con sus tareas y me siento así, pequeña e indiferente, en medio de toda esa inmensidad. Mas pienso que soy una parte de todo aquello, una pieza más de todo aquél barullo, del silencio, del cielo, de la tierra... un minúsculo fragmento de esa inmensidad al igual que, mi pequeño rincón, mi blog, lo es de la red.

La vida está compuesta de insignificancias; el año de instantes y las montañas de granos de arena. Por lo tanto no subestimes nada, por pequeño que te parezca. Lin Yutang

sábado, 12 de abril de 2014

La tregua

Hay quien nos atrae aunque, a veces, ignoremos la causa exacta; cualquier cualidad, por insignificante que ésta sea nos puede llamar la atención y esa misma, que a nosotros nos despierta el interés, para otros podría pasar inadvertida. Un gesto, una palabra, una mirada... cualquier cosa, o todo unido. No todo el mundo ve las mismas cualidades en las personas, por ese motivo, no a todos nos atraen las mismas. Y siempre habrá quien sólo vea un defecto donde hay algo bueno; a veces hay que mirar un poco más allá, más profundamente. En nosotros mismos, con excepciones, no vemos atributo alguno que resulte interesante para los demás y, sin embargo, seguramente lo habrá. Además, siempre hallaremos quien busque el defecto más insignificante donde, quizá, resalte más lo bueno que cualquier otra cosa.


"Bueno, ¿y qué era? Todavía no lo sé. Me atraían sus ojos, su voz, su cintura, su boca, sus manos, su risa, su cansancio, su timidez, su llanto, su franqueza, su pena, su confianza, su ternura, su sueño, su paso, sus suspiros. Pero ninguno de estos rasgos bastaba para atraerme compulsiva, totalmente. Cada atractivo se apoyaba en otro. Ella me atraía como un todo, como una suma insustituible de atractivos, acaso sustituibles.”

                                                                                             

                                                                                                      Mario Benedetti

lunes, 7 de abril de 2014

Erótico, romántico... da igual

"El erotismo es bello, es acariciador y bonito, es la dulzura de lo sublime del amor que lleva a la expresión más apasionada por un bello camino" así presenta José Francisco Díaz-Salado (La Voz), en su programa "La Voz silenciosa" mi relato "El erotismo de un sueño". Lo he escrito, sin embargo más que erótico, quien lo ha leído y escuchado y me ha comentado sobre él lo considera romántico y muy tierno. Para mi sí tiene un toque de erotismo. En fin... dije que sería sutil y lo más delicada posible... aunque igualmente pienso que aún si fuera más erótico, más carnal... continuaría siendo delicada y tierna.