domingo, 29 de mayo de 2011

Optimismo

Cada nuevo amanecer me levanto pensando como será el nuevo día; no suele variar demasiado en sus hechos, la rutina se hace presente a diario eso sí, hay días que son mucho mejores que otros, la realidad es… al menos por mi parte, que con cualquier cosa por más asequible que ésta sea, cualquier semejante se puede sentir feliz. No se debe pedir demasiado a la hora de conseguir la felicidad, las cosas por más simples que nos parezca son las que puede darla, al menos a mí, no obstante, todo el mundo no es o piensa igual, gracias a Dios; Pero… a mi parecer existen dos alternativas de vivir el día: sobrellevarlo con pesimismo o por el contrario vivirlo siempre todo con optimismo.

Soy de la opinión de que a las cosas siempre se le ha de buscar su lado positivo, por supuesto siempre que se pueda claro está, nunca se debe ver el vaso medio vacío sino más bien medio lleno.

Cada cual posee en su mano la clave, para pasar un buen día, lamentarse por todo o por el contrario (como suele decirse) dar la vuelta a la tortilla y hacerlo más bonito.

Navegando por Internet me he topado con algo, en lo que cualquier persona que posea un mínimo de positividad se vería reflejada en éstas frases, no las voy a mencionar todas porque se haría demasiado extenso, pero he escogido quizá las que más me han gustado:

Hoy puedo llorar porque las rosas tienen espinas, o puedo celebrar que las espinas tienen rosas.

Hoy puedo quejarme porque tengo que ir a trabajar o puedo gritar de alegría porque tengo un trabajo.

Hoy me puedo sentir triste porque no tengo más dinero, o puedo estar contento porque mis finanzas me empujan a planear mis compras con inteligencia.

Si éstas frases tan sencillas, las leemos detenidamente y las analizamos, llegaremos a la conclusión de que todo lo que sucede cualquier día, nosotros lo podemos escoger, nadie nos puede echar a perder un bonito día. Podemos transformar todo lo negativo en positivo.

Que todos disfrutéis de unos agradables días, que nada y mucho menos nadie nos haga amargo un dulce.

En una ocasión leí una frase, ahora no recuerdo donde, que decía: La vida es un combate que hay que convertir en fiesta.

jueves, 19 de mayo de 2011

Su primera comunión

Por fin llegó el día, había quien no confiaba en que todo saliera acertadamente, por la ligereza con la que organizé todo; no obstante, aun cuando tan solo conté con menos de una semana para ello, dentro de lo cabe fue un día bonito. No entiendo porqué hay quién necesita tantos meses de preparativos, cuando las cosas si se hacen sin meditarlas tanto, en ocasiones salen mejor, y ésta ha sido una de ellas.

Recuerdo allá por el mes de enero que me preguntaban: ¿Todavía no has comprado el vestido? No, aun no, queda mucho tiempo todavía; ¿Todavía no le has mirado los pendientes, el reloj...? No, aun no, queda mucho tiempo todavía. A primeros de mayo me cuestionaban: ¿Qué no te has comprado tu traje todavía? No, aun no, todavía hay tiempo; ¿Todavía no le has hecho las pruebas del peinado a la niña? No, aun no, eso se hace en un ratito. Y… ¿El reportaje de fotos? Eso ya veremos como se hace; todas éstas y otras muchas cuestiones las he venido escuchando durante mucho tiempo quizá sentía más opresión por las mismas que por todo lo que aun tenía que realizar. 

¡Que pachorra tienes! me decían entre otras cosas, pero… las circunstancias hay que vivirlas para posteriormente cuestionarlas; ésta no ha sido una de las mejores pero cuando la situación viene torcida hay que saber enderezarlas; a mi parecer he estado a la altura de la misma y correcta en todo.

Llegó el día, la niña iba con su vestido, sus pendientes, su reloj, su peinado... ha tenido su tarta… por supuesto que yo iba también con mi vestido; el reportaje de fotos ha salido estupendo.


Unos estuvimos presentes físicamente, otros en corazón y alma. Faltó alguien, sólo en presencia física, porque de alma y corazón sabemos que sí estuvo.

Y aunque no se hizo como en principio se había proyectado el cambio de planes de última hora no alteró el objetivo final. Que la niña tuviera un día inolvidable.

martes, 17 de mayo de 2011

Al calor de la chimenea

Era una fría noche de invierno, estaban reunidos todos los amigos, disfrutando de una dulce velada, reían, charlaban, contaban historias de todo lo que les había sucedido aquel verano; ella sentada junto a la chimenea, escuchaba cuidadosamente todas las correrías de ellos, así mismo, participaba en aquel parloteo contando las suyas propias. En un breve instante comenzó a advertir algo extraño, como si alguien la estuviera reclamando.

Al cabo de un rato decidió salir a comprar tabaco, tal vez quería pasear por aquella noche de niebla o quizá realmente ansiaba encontrarse con aquel extraño presentimiento que no se le quitaba de la cabeza… Se dirigió hábilmente hacia un bar cercano, al entrar apreció como alguien, a quien no reconoció, le clavó su mirada; ella sin reparar demasiado en él compró tabaco y se marchó, aunque esos ojos le hizo sentir algo y esa mirada le inquietó por un momento.

Al salir una intensa niebla ocultaba las calles, encaminó despacio hacia la casa de sus amigos, pensando que éstos la estarían echando en falta; en su camino de regreso no podía evitar dejar de recordar aquél hombre que había visto en el bar. Este recuerdo le llevaba a la memoria aquella inolvidable noche bajo el manto de estrellas y luna llena, quizá sea él pensó; un cúmulo de sentimientos comenzó a embriagarle.

Metida en sus pensamientos comenzó a caminar más ligeramente; de pronto escuchó unos pasos tras ella, algo asustada aligeró discretamente, pero sin darse cuenta justo detrás de ella, notó un susurro: ¿Dónde vas? ¿Tienes prisa? Un escalofrío recorrió todo su cuerpo al notar el calor que desprendía el aliento de su boca, sin tan siquiera contestar continuó su paso, temblando, y la voz le volvió decir: ¿Ya no te acuerdas de mí? ¿Me has olvidado? En aquel momento volvió su cara despacio y lo miró, no podía creerlo, era él, con aquellos ojos penetrantes, su sonrisa picara, pasó su mano dulcemente por su rostro recordando así la suavidad de ellas y sus caricias, con una voz entrecortada y un brillo especial en sus ojos le dijo: cómo poder olvidarte.

Él con la misma dulzura que ella recordaba, le dijo: llevo tiempo buscándote a lo que ella contestó: yo llevo tiempo esperándote. Los dos se fundieron en un tierno beso, lleno de caricias y deseo. La invitó a beber algo y ella olvidándose por completo de la velada con sus amigos aceptó encantada; conversaron largo tiempo, las agujas del reloj no parecían correr cuando estaban juntos. Decidieron ir a un lugar más entrañable.

Al llegar él encendió la chimenea, junto a ella sentados tomando una copa, continuaron hablando, tenían tantas y tantas cosas que contarse. Junto a él sentía una paz que no había experimentado jamás; de pronto se torno alrededor de ellos el silencio; sentados junto al calor de la chimenea sus miradas se encontraron llenas de deseo, con una ingenua sonrisa se fundieron en un desenfrenado beso que les llevaría poco a poco a descubrir sus cuerpos; los dos se rindieron a la pasión que entre ellos existía, entregados por completo y dejando al descubierto los secretos de sus cuerpos.

Los besos, las caricias, los susurros al oído se iban añadiendo, los sentimientos estaban a flor de piel; sus cuerpos unidos parecían sólo uno, entrelazaban sus manos apretando uno contra el otro, la luz que desprendía la chimenea y el calor de la misma los hacía ajenos al frío que en ese momento se hacía sentir en calle; las horas pasaban y ellos no agotaban las caricias. no cesaban de mirarse, besarse y sonreír.

Tumbado junto a ella, despojados de ropa alguna, la acariciaba con la misma ternura de siempre, jugaba con su pelo, besaba su rostro,la abrazaba tan intensamente que parecía que no lo había hecho jamás. Volvían a besarse para llegar así una vez más a unir sus cuerpos en uno sólo; la luz comenzaba a entrar por la ventana, pero los besos continuaban no quería separarse y que todo aquello retornara a un sueño.

Tenía que ser diferente, en esta ocasión él vivía en la misma ciudad que ella, se verían más a menudo quedarían seguramente para continuar conociéndose, conversar y seguir descubriendo todos y cada uno de los secretos de sus cuerpos, sin más preguntas ni más obligaciones que la de amarse….

martes, 3 de mayo de 2011

Resplandecer

Se extinguió su luz y su destello dejó de alumbrarnos; ahora resplandece en el cielo, en toda su magnitud, un nuevo lucero. Le observaremos y advertiremos su brillantez; pues lo hará con toda la fuerza, la misma que ha demostrado poseer en este infortunado y detestable mal.