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viernes, 5 de julio de 2019

Siempre Sé Tú


Este relato es lo que podría ser una historia real, algo que puede ocurrir frecuentemente. Lo escribí para los niños del colegio y del instituto, espero que más de uno lo entendiera. 

Yo era una niña feliz. Tenía mi grupo de amigos con los que me encantaba salir, reía, me divertía hacerme selfies y era muy activa en las redes sociales. En mi instituto había un chico, poco mayor que yo, me resultaba muy guapo y super simpático, tenía una mirada qué me derretía,  coqueteaba con él y este, que en un principio se hacía el desinteresado, cada vez que podía se acercaba a hablarme con cualquier excusa. Un día, sin darme cuenta, salía con él.

Era atento conmigo, cariñoso ¡siempre pendiente de mí! era la niña más feliz del instituto puesto que el chico más guapo era ¡MI NOVIO! formábamos una pareja envidiable y muy enamorada: me recogía en la puerta de casa y volvía a dejarme allí para que no caminara sola por la calle, si iba al baño me acompañaba para que no fuese sola ¡siempre miraba por mí! me protegía, me preguntaba quién era éste o aquél porque temía por si algo me ocurría…

Un día, sin más, me comentó la posibilidad de dejar de salir con mi grupo de amigos pues se había dado cuenta que casi todos me tenían envidia y, algunas veces, hasta le pareció que se reían de mí a mis espaldas, además quería pasar más tiempo conmigo ¡cuánto me ama que quiere estar todo su tiempo a mi lado¡ sin darme cuenta me había distanciado de ellos.

“Esa falda no te queda muy bien es demasiado corta y estás más rellenita, normal que te miren” me dijo en otra ocasión y yo, inocente le respondí: ¡pero si es del año pasado y me está igual¡ total… que me cambié para que no estuviera enfadado  y no, yo no quería que mi novio se enfadara conmigo y menos aún por una falda.

“¿Quién te ha comentado esa foto qué has subido a Instagram? no lo conozco, además ¡no te da vergüenza poner ese tipo de fotos! no me gusta que nadie te vea así, me avergüenzas ¡te quiero demasiado y no me gusta que otros te vean así!” me dijo con voz apacible mientras tiraba suave de mi pelo hacia atrás y me besaba. “Me haces daño en la cabeza ¡qué le pasa a la foto, sólo estoy con un top y un pantalón corto!” le respondí mientras una tímida lágrima brotaba de mis ojos. “NO-ME-GUSTA” me dijo subiendo el tono y tajante. “Bueno me la quitaré” dije sumisa entre tanto me decía para mis adentros “lo que ocurre es que… ¡me quiere tanto!”.

“Me dejas un momento mirar una cosa desde tu móvil que el mío no sé que le ocurre ¡ah! déjame un segundo la contraseña de tu Facebook quiero entrar en una página y el mío se ha bloqueado” lo miraba asombrada pero en fin… sólo es un móvil y una contraseña, no tengo nada que ocultar.
Un día mi mejor amiga a la que no veía desde hacía tres meses, ese era el tiempo que llevaba con él, me llamó para tomar un café. Cuando me escuchó quedar con ella me miró de un modo que me dio miedo, temblé, su mirada era fría, vacía, casi de odio… cuando terminé de hablar se dirigió a mí y, sin mediar palabra, me dio un tortazo que caí al suelo. Lloré y lloré. Pensé que yo era la culpable por quedar con una amiga que a él no le gustaba pero… esa situación se repetía cada vez más a menudo: por un pantalón ajustado, unos labios pintados, una foto, un adiós a un amigo... sus insultos eran continuos: estás engordando, pareces una guarra, eres mi novia y no puedes hablar con ese, por qué vas a salir con ella, borra lo que has escrito…

Un día mientras me dormía pensé: estoy sin amigos porque a él no le gusta, no visto como me gusta porque a él no le gusta, controla mis redes sociales, tiene mis contraseñas porque me quiere proteger, borra estados porque a él no le gustan, no me deja salir sin él porque me protege y me quiere y mil cosas más que no hago porque a él no le gusta, me insulta sin más ¡por mi bien dice!. Me di cuenta que ya no era feliz con él, que ya no me derretía con su mirada sino que tenía miedo de él, que no me protege sino que es mi amo, que me ha apartado de todos y de todo y que ya no soy la misma. Me castiga por nada sin salir y si le viene bien me pega ¿porqué me pega?. Y cuando me levanté, me decidí a ser fuerte y denuncié cada golpe, cada grito… primero a lo que más cerca tenía, mi familia y mis amigos que volvieron a acogerme como si no hubiera ocurrido, fueron mi gran apoyo.

El amor no es castigar, no es prohibir, no es quitar… el amor es dar libertad, complementar, dar sin esperar nada a cambio, regalar. El amor no es tristeza sino alegría. Nadie me va a prohibir jamás que haga lo que me gusta y no me van a quitar lo más bonito que tengo: mi sonrisa. Nunca  debes dejar que otra persona esté por encima de ti, que mande en tú vida porque tú eres la dueña de tu persona y de tu vida. Siempre SÉ TÚ.


miércoles, 3 de julio de 2019

Basado en un hecho real


La historia que voy a narrar podría ser ficticia pero no, no lo es, es real. Puede ser una experiencia que puede haber vivido tu hermana, tu amiga, tu hija, tu prima, tu madre…, e incluso, sin embargo, una experiencia que podría vivir yo. Una historia que me transmitieron y que yo quise plasmar.

Yo era una mujer muy feliz a la que le gustaba salir y divertirme, siempre con una sonrisa en mi rostro y muy dicharachera. Un día, no viene al caso como fue, conocí a un hombre maravilloso, era perfecto para mí. Juntos éramos muy felices, hasta el punto de irnos a vivir juntos para compartir el resto de nuestras vidas. En ese tiempo tuve dos embarazos fallidos pero, aún así, nada cambió entre nosotros y continuábamos siendo felices; en ese momento cumbre de nuestra felicidad me pidió casarnos, en un principio, dudé pero finalmente no pude resistirme a ello y nos casamos.

El primer año fue el más bonito que pasé junto a él pues todo eran mimos, atenciones y cariños hacia mí. Pero no sé qué fue lo que desencadenó, justo al año de casados, el martirio en el que mi matrimonio se convirtió. Discutíamos por nada, simples tonterías sin importancia las cuales parecían que iban a ser el fin del mundo. No olvidaré que en una de esas discusiones y estando su hija con nosotros en el piso, por respeto a ella me retiré al dormitorio y él, me siguió. Sin mediar palabra comenzó a darme golpes que yo sentía en todo el cuerpo y en la cara, intentaba protegerme con mis manos  pero no lo conseguía ya que, en ese momento, parecía un loco, nunca lo había visto así. En medio de todos esos golpes sólo atinaba a decirle “no, no, tú no, tú no, por favor déjame, tu hija” pero él siguió hasta que se cansó dejándome en la habitación con la cara amoratada por los golpe y una costilla rota. Me quedé allí, tumbada en la cama llena de dolor físico y mental. Había pasado poco tiempo cuando escuché su voz que me llamaba para que fuese al salón, allí estaba con su hija y se dirigió a ella mientras me miraba “ves, esto no se hace pero es que ella me ha provocado y me ha sacado de mis casillas”.

Días después, recuerdo que era domingo, estaba tumbada en el sofá viendo la televisión mientras él montaba a caballo con su hija, al llegar ambos, empezamos a discutir y como siempre el  motivo era económico, como de costumbre llegaba con unas copas de más por lo que comenzó a pegarme hasta que quedó agotado. Todo mi cuerpo parecía un mapa de los moratones sin apenas poder moverme. Una vez más me pidió perdón y otra vez volví a perdonarlo, lo quería y estaba muy enamorada de él.
Tras esa paliza llamaron a mi puerta y mi sorpresa fue que al abrir, con mil esfuerzos hasta que llegué a la puerta por el dolor que tenía en el cuerpo, eran los municipales. Me comentaron que un vecino había llamado al escuchar lo que parecía una paliza en mi domicilio a una mujer, es decir, a mí. Lo negué. Les comenté que no era totalmente cierto pues sólo habíamos discutido, uno de ellos se dirigió a mí y me dijo “señora estoy casado y discuto con mi mujer pero no la tiro contra el sofá, tiene que denunciar” no podía hacerlo, no quería que se lo llevaran, antes de irse se volvió hacia mí y me dijo “usted sabrá lo que hace señora, pero así no se puede solucionar nada” y se marcharon.

No pasó mucho tiempo cuando una noche que él estaba fuera con sus amigos, al volver a casa acompañado de su hija comenzó a insultarme pero en esa ocasión no me pude callar, diciéndole todo lo que pensaba mientras me dirigía al dormitorio para preparar mi maleta, me cansé de las palizas. Antes de marcharme recibí mi última paliza y mientras lo hacía me decía que todo era por mi culpa que yo no lo provocara.

Tuve suerte después de todo, salí con vida de allí. Por ello todos los que estáis sufriendo en este momento algo parecido, no lo dudéis, denunciad.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Entre la niebla

Como siempre mi agradecimiento a Jose, la Voz silenciosa. Por todo, ya lo sabe él, y sobre todo por leer éstos, mis sencillos escritos. Gracias a ti, siempre. Aquí dejo y comparto lo último escrito  por mi "Vagando entre la niebla" leído por José Francisco Díaz Salado en su programa La Voz Silenciosa. 




martes, 8 de noviembre de 2016

Vagando entre la niebla

Caminaba lentamente cuando una espesa niebla comenzó a cubrir las calles que en un instante quedaron desiertas; un fino manto de agua empapaba su cuerpo. Respiró hondo para llenarse de aquél olor que se desprendía del ambiente. Le encantaba el aroma a tierra mojada mezclado con las distintas fragancias que a esa hora de la noche se desprendían, como el olor a café recién hecho, la chimenea que humeaba demasiado, seguramente, al estar cargada de leña para combatir el frío, el humo de su cigarro el cual observaba como se desvanecía rápidamente... Observó a lo lejos la silueta de alguien que se aproximaba a ella con paso firme y por un instante retuvo su respiración. Parecía un espectro que vagaba en medio de aquél lugar en busca de una presa a quién atemorizar, eso le dio miedo. Al pasar junto a él palideció. Llevaba sus manos escondidas en los bolsillos de su chaquetón y de su rostro apenas se podía advertir el frío de sus ojos pues llevaba la capucha echada sobre su cabeza. Su cuerpo tembló cuando la miró fijamente y sacó las manos de sus bolsillos para dirigirse a ella y, sin mediar palabra, le empujó fuerte hasta la pared de piedra; sentía como sus dedos apretaban fuerte su cuello, casi no podía respirar, acercó tanto su rostro al de ella que podía sentir su aliento cuando le susurró unas palabras que ella no supo distinguir. Y, en ese momento, cuando ya creía que dejaría de respirar, sintió como el frío del acero atravesaba la carne de su costado. Era un frío muy intenso, sin dolor, pero notaba que su vida se iba al sentir como su sangre brotaba entre el acero y su cuerpo. Sólo atinó a preguntarle "porqué" mientras se desvanecía para dejar su cuerpo desplomado en el suelo. Temblaba, se encontraba helada, notaba como su cuerpo perdía fuerza y cada vez pesaba más y más. Unas lágrimas se desprendieron de sus ojos que permanecían de par en par entre tanto daba su último aliento, se le escapaba la vida y no podía hacer nada. Comenzó a sentir un dolor profundo que deseaba que finalizara y, mientras su agonía terminaba, escuchaba alejarse con paso firme, igual que llegó, a quién le había quitado su vida sin mediar palabra y sin saber porqué; acertó a pensar que era alguien que vagaba entre la niebla para ejecutar sus más crueles impulsos. La encontraron horas más tarde inconsciente, ensangrentada, con apenas un hilo de vida. Al intentar reanimarla, abrió sus ojos un breve instante y se percató de la presencia de él allí; se encontraba parado frente a ella contemplando como intentaban volverla a la vida, con su mirada fría e incluso una leve sonrisa dibujada en sus labios; atinó en su pensamiento. Cerró sus ojos abandonando la vida, deseaba terminar con esa angustia.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Los sueños

Hacía tiempo que no publicaba nada, por lo que, hace mucho que no escucho un relato mío en la voz de José Francisco Díaz-Salado en su programa, La voz silenciosa. Ya casi se me olvidaba cómo él da vida a un relato mío, escucharlo de su voz, la música que él mismo escoge... como siempre gracias por todo. Cuantos sueños tenemos en nuestra vida y que tristeza cuando al ir cumpliendo años casi todos se van rompiendo unos tras otros... así presenta, en esta ocasión, Sueños rotos.


lunes, 28 de septiembre de 2015

Sueños rotos

A pesar de todo conservaba sus sueños, sus deseos, sus anhelos... Aún creía, como cuando era aquella pequeña niña de melena larga a la que su mamá siempre le hacía dos grandes coletas mientras le decía "para que se vea tu bonita sonrisa y esos ojos preciosos", que los sueños con el tiempo se podían cumplir. Cuando miraba al cielo y veía como una estrella fugaz lo recorría de un extremo a otro cerraba los ojos y pedía un deseo pues creía que, como una vez le dijeron, éste se cumpliría. Creía que, si cerraba los ojos, al apagar todas las velas de su tarta de cumpleaños a la vez mientras pedía un deseo éste también se cumpliría. Si acertaba en que mejilla estaba posada su pestaña caída el deseo que había pedido sería cumplido... Creía en todo aquello aunque no pudiese verlo ni tocarlo por más misterio que ello encerrara. Cerró los ojos tímidamente, con miedo, despacio... y, mientras lo hacía, elevó sus manos como si con ellas quisiera alcanzar el cielo para tocarlo y parecía que con sus dedos lo rozaba, era como si por fin alcanzara todos sus sueños, todos sus deseos y se fuesen a cumplir. Suspiró hondo. Abrió los ojos lentamente y unas lágrimas caían ligeras por su rostro hasta llegar a la comisura de sus labios y, mientras tanto, dejó su cuerpo resbalar por la pared hasta quedarse sentada y apoyada en ella. Escondió la cabeza entre sus rodillas, como si quisiera ocultarse de todo, de todos, como si deseara desaparecer y perderse del mundo. Pensó entonces que los sueños no siempre se hacen realidad; que todo aquello que alguna vez le habían contando no era cierto. ¿Por qué hay sueños rotos? se preguntó ahogada en una profunda pena. Y en su cabeza retumbaba una pregunta: ¿por qué se rompen los sueños?,sin embargo, al elevar su vista un instante vio como en el oscuro cielo relucía intensamente una estrella y pensó que, quizá, alguna vez sus sueños si podrían hacerse realidad al igual que aquella estrella lucía con fuerza en la más profunda oscuridad. Y continuó allí, sentada en el suelo mientras apoyaba su cabeza en la pared para observar el brillo intenso de aquella estrella y que parecía tan diminuta en el inmenso cielo, entretanto, sus lágrimas recorrían su rostro y se sintió como ella, pequeña, muy pequeña pero con fuerza.

domingo, 7 de junio de 2015

Misterio y realidad

A veces los sueños parecen tan auténticos que los llegamos a vivir como si verdaderamente ocurrieran. A través de los mismos nos pueden llegar multitud de sensaciones que las percibimos como si realmente sucedieran. Distinguimos aromas, escuchamos los sonidos, vemos las imágenes... en ocasiones son sueños bonitos y en otras se llegan a transformar en las peores pesadillas. Quién alguna vez no ha despertado en mitad de un sueño con una amplia sonrisa o, por el contrario, con sus ojos enrasados en lágrimas, sudoroso, agitado... Éste podría ser un bonito sueño o una pesadilla, quizá, no sea nada de eso y es real ¿por qué no?. A mí, por si acaso, no me gustaría que me ocurriese porque tan sólo escuchar ésta historia el vello se me ha erizado. De la voz de José Francisco Díaz-Salado en su programa La voz silenciosa. Lo comparto.






martes, 2 de junio de 2015

Extrañas historias

Aún no ha amanecido y una espesa niebla cubre cada rincón de las solitarias calles. Parecía un pueblo fantasma, abandonado... las viejas paredes encaladas de las viejas casas dejaban ver, tras el blanco sucio y detrás de los enormes desconchones, la piedra con los restos de lo que podían haber sido grandes casas señoriales de la época y que, posiblemente, tras los duros enfrentamientos de años pasados habían sido abandonadas por miedo a los tristes acontecimientos sucedidos en algunas. Ella se encontraba alojada por unos días en una de esas casas en la que su historia, como en la mayoría de las que había en la villa, estaba bañada en sangre. Permanecía tumbada sobre la cama, una noche más no podía dormir pues aquél olor a rancio no le proporcionaba la comodidad suficiente para su descanso. Aquella habitación, como casi todas las de la casa, estaba llena de muebles antiguos, cortinas anticuadas y era presidida por un gran cuadro que representaba la imagen de un santo que sostenía en sus brazos un niño, que parecía ser el Niño Jesús, rodeado de ángeles y que por la noche parecía que todos la observaba. Todas las estancias eran muy semejantes y aquella, a pesar de todo, le pareció de las más acogedoras. Sólo se escucha el silencio que era roto, de vez en cuando, por el ruido del viento y el suave tintineo del agua al caer y chocar contra los cristales. Dirigió su vista hacia el cristal y entre las gotas de agua que resbalan por él pudo ver el oscuro cielo. Se levantó de un pequeño brinco de la cama y al posar sus pies desnudos sobre el suelo el frío de éste le recorrió todo el cuerpo. Agarró su cabello con una pinza y se frotó suavemente los ojos. Intentó prender la luz pero ésta no funcionaba, posiblemente la tormenta era la culpable, así que en la oscuridad buscó algo con lo que cubrir su cuerpo pero no lo encontró. Tímidamente se asoma a la ventana y observa, a través de la luz de la farola, como un suave manto de agua cae; dejada caer en el frío cristal ve como la noche da sus últimas coletadas. "Qué extraño, cómo hay luz en la calle y no en casa" piensa mientras se sonroja. El silencio se ha apropiado de todo y la luz del día asoma tímidamente mientras la vida parece que le cuesta comenzar. Mientras tanto su pensamiento se aleja por un momento de aquella habitación y aún parece que está medio dormida cuando escucha un extraño ruido que hace que vuelva otra vez. Tras la puerta parece que hubiera alguien y se queda paralizada un instante. Agudiza sus oídos y le parece escuchar el lamento de alguien y un fuerte grito que hace que su corazón lata tan fuerte que se puede escuchar en toda la habitación y su respiración, agitada, delata que está muy asustada. Avanza despacio hacia la puerta y con la respiración cortada agarra la manivela para abrirla lentamente y un suave chirrido se escucha. Tímidamente se asoma, no hay nadie, todo está oscuro y un rotundo silencio invade el largo pasillo pero aún así su corazón late rápido. De repente observa como una leve niebla se levanta del suelo y descalza se adentra entre ella. La misma sube por sus piernas y rodea su cuerpo, ésta se torna espesa. Un escalofrío recorre todo su cuerpo. Al final del pasillo visualiza una pequeña luz. Por un momento lo duda pero al fin se decide ir hacia ella. Cuando por fin parece que va a llegar un voz ronca y cansada, pronuncia su nombre y al volver su mirada, tras ella, se encuentra con una silueta que la dejó paralizada por la impresión, la misma en un instante desaparece al igual que aquella niebla que había invadido el pasillo. Temblorosa se dirigió hacia la cocina y mientras aspiraba el aroma del café recién preparado y hacía humear un cigarro no podía retirar de su cabeza la brillante luz y aquella imagen que le recordaba a alguien. En ese momento se levantó y corrió hacia una de las habitaciones en la que había un gigantesco cuadro en el que detuvo su mirada, sí, era la misma imagen que había visto. El señor mayor del cuadro era el que estaba frente a ella, era quién la había llamado... según la fecha del mismo ese retrato era del año 1914. A la mañana siguiente preguntó a algunas de las señoras mayores que por allí vivían quién habitó aquella casa y la historia de la misma. Sólo alcanzaron a decirle que el caballero que allí vivió había fallecido en trágicas circunstancias pero que algunas noches, según contaban algunos de los inquilinos que por allí habían pasado y los vecinos más cercanos, se escuchaban ruidos, sollozos, lamentos... y se podía observar la figura de alguien vagar por la casa. 

martes, 3 de marzo de 2015

Con intensidad

Como dice José Francisco aquí estoy de nuevo, en ésta ocasión sin fotos pero con la misma intensidad de siempre. Gracias José por la narración de mis relatos y por todo, ya sabes. Siempre es agradable saber que hay quien te tiene cariño y se preocupa. Hoy quiero compartir mi relato Miedo, leído por José Francisco Díaz-Salado en su programa La voz silenciosa. 


domingo, 1 de marzo de 2015

Miedo

En el mismo instante que cruzó el umbral de la puerta sintió que era observada y, aunque la oscuridad no le permitía ver nada, así lo presentía sin poder evitar sentir un ahogo en su pecho que hacía que su respiración se alterara más de lo habitual; estaba asustada y eso hacía, quizá, que en medio de aquella penumbra percibiera como sombras corrían a su alrededor rápidamente que le hacía sentir como si un suave viento la envolviera. Su corazón, que latía aceleradamente, parecía que de un momento a otro se iba detener. Tenía miedo. En el silencio escuchaba su resuello y todavía más cuando un soplo de aire acarició su rostro aún cuando en aquella habitación no había ninguna ventana abierta. Tenía mucho frío. Su miedo se iba acentuando cada vez más y de sus ojos comenzaron a brotar unas lágrimas que resbalaban por sus mejillas que ardían, de repente, la tenue luz desapareció y aquella habitación quedó en una profunda oscuridad. Un chillido desgarrador salió de su garganta y mientras daba un paso atrás para salir escuchó un fuerte portazo. Agarró firmemente la manivela de la misma pero le resultaba imposible abrirla. Golpeaba con fuerza la puerta una y otra vez mientras que un grito ahogado y apenas sin fuerza surgía de lo más profundo de ella. Había  quedado atrapada y no le quedaba otra que quedarse allí, sola, ante la más absoluta oscuridad. El viento comenzó a soplar más y más fuerte. Sintió como alguien se situó tras ella y el pánico hizo que quedara paralizada; casi rozaba su cuerpo, percibía como su aliento parecía quemar su piel al resoplar en su nuca, su respiración la tenía muy próxima... toda aquella situación hacía que estuviera a punto de desmayarse pues no podía soportar más el desconcierto que sentía. De repente notó como la sujetaba desde atrás y rozaba con su mano su cuerpo, siguiendo las curvas del mismo. Cuando apretó su cuerpo al de él sintió como la fuerza de sus brazos la ahogaba, la quemaban. La agarró de la frente y la echó hacia atrás para dejarla caer sobre su pecho y mientras, con su otra mano, acariciaba su vientre y subía por su costado, su cuello y cuando llegó a éste notó un fuerte pinchazo y un intenso frío que la dejó entumecida. Desfallecida cayó al suelo. Inesperadamente despertó sobresaltada, todo aquello había sido un mal sueño que la hizo despertar impregnada en sudor y con los ojos rebosantes de lágrimas. Tras soltar un fuerte suspiro intentó prender la luz de la habitación pero ésta no funcionaba y al posar sus pies desnudos sobre el suelo volvió a sentir ese frío que recorría todo su cuerpo. El mismo que instantes antes había sentido. Al levantarse, temblorosa, observó que un suave viento entraba por la ventana y hacía  que el visillo se moviera lentamente; se asomó tras él y vio el inmenso cielo estrellado y una luna radiante que por un momento la hizo sonreír. Sólo por un momento. Pues el miedo volvió ha apoderarse de ella al escuchar, a lo lejos, un estruendo que la sobresaltó y el suave chirrido de una puerta. De repente pensó que, posiblemente, no había sido un sueño o, quizá, aún estaba soñando. Al volverse una fuerte luz la deslumbró, no conocía aquél lugar y tan sólo pudo distinguir la silueta de alguien antes de volver a caer desmayada por el miedo.

viernes, 13 de febrero de 2015

La casa del miedo

Cuando vemos una imagen, una foto, a cada uno le transmite algo diferente. Una fotografía puede transmitir diferentes emociones y, o sentimientos. Yo, reconozco, en ocasiones, al ver una fotografía cualquiera, ya sea personal, paisaje... suele despertar en mi diferentes emociones que, a veces, deja volar mi imaginación. Éste relato lo escribí a raíz de unas fotografías que una amiga, Naty, me hizo llegar y que, al verlas, saltó la chispa y surgió "El fantasma de los sueños" una historia ficticia que transcurre en un lugar real conocido como "la casa del miedo". Gracias Naty. El relato, leído por José Francisco Díaz-Salado en su programa La voz silenciosa, realmente ha quedado magnifico con la música y su narración. Como siempre, gracias José. Lo comparto.


lunes, 9 de febrero de 2015

El fantasma de los sueños

Corría por un camino oscuro y tenebroso. Las ramas de los árboles que lo bordeaban eran zarandeadas por el fuerte viento que soplaba y las hojas caídas crujían al pisarlas. Comenzó a llover copiosamente lo que hizo que su cuerpo se empapara en escasos segundos. Aquél individuo continuaba persiguiéndola cuando se agazapó tras una gran piedra, aunque, su desasosegada respiración delató su posición. Podía escuchar el crepitar de las ramas a cada paso que éste daba y el sonido de su respiración excitada; cada vez estaba más cerca. Ella, asustada, permanecía en silencio. Cerró los ojos y lo hizo tan fuerte que sus parpados le dolían y, a la vez, tapó sus oídos con las manos como si con esos gestos él ya no la fuese encontrar.


De repente notó el peso de una mano sobre su hombro y una ronca voz que le decía "por qué corres, pensabas que no te alcanzaría". Se levantó y volvió a correr, sin embargo, tropezó y cayó de bruces sobre la tierra mojada del camino y ya, ya no podía levantarse. Sintió cómo la suela de una bota aprisionaba su cuerpo contra el suelo. Su intento por escapar era en vano, así que, se dejó vencer y cuando éste la agarró fuerte del brazo para levantarla del suelo y agarraba su cuello para ahogarla ella, decidida, traspasó su costado con lo primero que tenía a su alcancé y que había cogido del suelo antes de levantarse, una rama afilada. Notaba el calor de la sangre al mojar su mano.Volvió a correr adentrándose en un espeso manto de olivos y entre dos luces y ya casi entrado el día llegó hasta una casa derruida.

Al entrar tuvo una aterradora sensación. El tejado había desaparecido y la naturaleza se había apoderado de su interior. Pequeños roedores acampaban  a sus anchas, lagartijas paseaban por los viejos palos de madera tirados en el suelo, las arañas habían tejido sus telas por cada rincón de la misma... pero iba tan agotada y asustada que se cobijó en una esquina y se quedó dormida. Entre sueños le parecía escuchar el lejano sonido del viento que soplaba cada vez más fuerte y que al entrar entre aquellas cuatro paredes provocaba algo semejante a voces de ultratumba, sentía como si alguien la observara y pasos acercándose a ella. Se hizo un ovillo y cerró los ojos más fuerte, no quería abrirlos. Sentía mucho miedo. Un fuerte estruendo la hizo abrir los ojos de par en par. Su respiración agitada delataba su terror. Cubría su cabeza con sus manos ensangrentadas, las miró y lloraba. Cómo he podido hacer eso. Escuchó un ruido y se sobresaltó. Miraba por cada uno de los huecos de las ventanas y alzaba su vista hacia el derruido tejado por el que veía un espléndido cielo azul. Se levantó despacio y fue hacia una de las habitaciones en ruinas. Observaba como la hierba se había apoderado de ella, los viejos palos de madera estaban esparcidos por el suelo, quizá, eran los mismos que años atrás cubrían el tejado.

Contemplaba las paredes casi hundidas, viejas, sucias y entonces se dio cuenta que en una de ellas había algo escrito, sonrío, pensó que posiblemente serían mensajes de algunos visitantes que se habían topado con aquél lugar y se acercó sigilosa. Su rostro empalideció, quería leer en voz alta pero las palabras no pasaban más allá de su garganta. En apenas un susurro y casi tartamudeando pudo leer: "también tu perecerás". El vello de su cuerpo se le erizó cuando al terminar de leer aquella frase escuchó los pasos de alguien que se situó tras ella y con su voz ronca le dijo: "pensabas que escaparías". Y fue entonces, ahí, en ese momento, cuando se dio cuenta que todo ese tiempo había estado vigilando su sueño y no podría escapar. Él era el fantasma de los sueños 

martes, 3 de febrero de 2015

Sensual, delicado...

"Relato erótico suave y dulce" así define José Francico Díaz-Salado mi relato, Ante el mar, en su programa La voz silenciosa. "Sensual, insinuante, delicado, cálido, lleno de bellas sensaciones..." han sido otros de los comentarios que han hecho sobre él. Lo cierto es que acompañado de la música y la voz resulta más interesante. José me ha comunicado hace un instante que, una vez más, se han puesto en contacto con él desde Radio Manises FM de Valencia para mostrarle su interés en leer el relato y entrevistarme para hablar sobre el mismo. Pues bien... ahí estaré acompañada, eso sí, por La voz silenciosa. Lo comparto.







Mi relato leído en Gente corriente por José Francisco Díaz-Salado y mi entrevista en dicho programa.



domingo, 1 de febrero de 2015

Ante el mar

Se dejó caer sobre la baranda que rodeaba el mirador. El vestido que cubría su cuerpo se pegaba a él y dejaba marcada su silueta que aún, a pesar de los años, conservaba. Su mirada, estaba perdida en aquel abismal cielo que se unía en una fina línea al horizonte que delimitaba el mar. La luna se reflejaba intensamente en el agua y el cielo relucía radiante, lleno de estrellas. Respiró hondo, cerró los ojos mientras escuchaba el vaivén de las olas que chocaban contra las rocas y soltó el aire a través de un fuerte suspiró que llenó aquél lugar. Sentía como unos brazos rodeaban su cuerpo por la cintura y acariciaba su vientre, mientras, lo apretaba al cuerpo de él haciéndole sentir el calor que desprendía. Él acarició su cabello suavemente y lo retiró para dejar su cuello libre y pasar sus humedecidos labios. Ella se estremeció y un escalofrío recorrió todo su cuerpo al sentir el cálido aliento y la suavidad de su boca en su piel. Volvió la cara y unieron sus bocas en un profundo beso. Allí estaban los dos, solos, para dejarse llevar por ese impulso que sus cuerpos tenían de cumplir todos y cada uno de sus deseos y así revelar cada secreto de los mismos. Rompieron en caricias para dejar que sus dedos recorrieran cada milímetro de ellos. Querían detener el tiempo en ese mismo momento en que se estaban amando, allí, en mitad de aquél océano. El cuerpo de ella comenzó a temblar y, de repente, al abrir los ojos estaba sola. Una tímida lágrima recorrió su mejilla. Se había estremecido al sentir unas caricias que tan sólo habían sido un espejismo, o no. Por que en ese momento apareció él con dos copas de vino y una amplia sonrisa dibujada en los labios mientras que en sus ojos se reflejaba el deseo que sentía por hacerla suya. Dejó las copas sobre la mesa que había junto a la baranda y se acercó a ella, despacio, acarició suavemente su cara y mientras acercaba el cuerpo de ella al de él y sus labios a los de ella le susurró "te apetece tomar un vino o seguimos dónde lo dejamos". Se fundieron en un intenso beso que les llevó a explorar sus cuerpos con un deseo y una pasión irrefrenable ante la inmensidad del mar. Ahora era la silueta de sus cuerpos unidos la que se contemplaba ante el mar.

viernes, 23 de enero de 2015

Dulce sensación

Los recuerdos son eso, recuerdos. Alguien me dijo una vez, más o menos, que no podemos recordar todo lo vivido porque si así fuese nos volveríamos locos. Hay quien, a veces, recuerda todo con tanta exactitud que sí, es cierto, parece como si se fuese a volver loco y es que, en ocasiones, basta con cerrar un instante los ojos para que todo aquello que parecía olvidado vuelva a la memoria. "Este relato me ha dejado al leerlo una dulce sensación, muy dulce, muy tierna..." así presenta José Francisco Díaz-Salado en su programa La voz silenciosa mi relato De entre la niebla. Decir que al escribirlo, o más bien al leerlo después de hacerlo a mí me dejó igualmente una dulce sensación. Lo comparto.




miércoles, 21 de enero de 2015

De entre la niebla


Aunque a mucha gente le parecía macabro era algo que le gustaba hacer. Visitar el cementerio y pasear entre las tumbas. Mirar los nombres y la fecha que en cada una de ellas estaba inscrita. Pensaba que detrás de cada una había una historia. Miles de historias vividas. Tumbas abandonadas y, posiblemente, historias olvidadas por aquellos que algún día estuvieron a su lado o, quizá también, ya no tendrían a nadie que, de vez en cuando, fuese allí a ponerle una flor, sentarse a su lado... Mientras paseaba llegó hasta la tumba que, cada vez que iba, siempre visitaba. Se sentó a los pies de ella y pasaba sus manos acariciándola mientras leía el nombre que tenía grabado: María. Un suspiró escapó desde lo más profundo de ella mientras una lágrima recorría ligera por sus mejillas. Su memoria se llenó de recuerdos. Ella era una niña cuando visitaba a María y aún parecía verla sentada al calor del brasero de picón que removía rápidamente al escuchar el chirriar de la puerta y su voz preguntando si estaba. En seguida, al llegar al salón, María le preparaba una silla para que se sentará a su lado y con su leve sonrisa y su mirada a veces triste le daba un beso en sus heladas mejillas "siéntate aquí anda a ver dónde vas con el frío que hace" le decía señalando para que se sentara a su lado mientras la tapaba con las senagüillas. Le parecía escuchar su voz cuando se dirigía a ella. Por su memoria pasó todos los recuerdos vividos junto a María sus risas, sus conversaciones, le llegaba el aroma de sus comidas, sus regaños... e incluso aún queriendo olvidar sus últimos años de vida, los más duros, éstos, los tenía presente y aún recordaba, a pesar de tantos años, cómo se enteró de su marcha. Continuaba sentada sobre la tumba y cerró los ojos en la claridad de aquél cementerio y le llegó la imagen de María cuando parecía dormir dentro de aquél ataúd, con su leve sonrisa que, sin embargo, reflejaba todo lo que había sufrido en el último año. Parecía dormir plácidamente. Y se veía a ella allí apoyada en el viejo marco de madera de la puerta de la habitación mientras observaba el cuerpo inerte de María esperando, quizá, ver algún resquicio de respiración, esperaba que abriera sus ojos, escucharla... sin poder controlar su llanto y deseando con todas sus fuerzas que aquello no estuviese sucediendo.


Abrió los ojos y de repente observó que una espesa niebla se había levantado. No había nadie, o al menos nadie que respirara porque en mitad de aquel lugar sintió que alguien la observaba. Volvió su rostro hacia la tumba y acarició el mármol helado, dibujo con sus dedos la fecha grabada en la que dio su último aliento: 19 de agosto de 1993. Pensó entonces en los 22 años que llevaba sin ella y en lo mucho que le hubiera gustado verla crecer. Volvió a dibujar con sus dedos temblorosos la silueta de su nombre y lo pronuncio en voz alta: "Ay María, mira parece que salen para disfrutar del día". Y tras dejar escapar otro hondo suspiro se levantó silenciosamente y se marchó introduciéndose en la espesa niebla. 



martes, 16 de diciembre de 2014

Pesadillas en la noche

Quién no ha tenido en algún momento una pesadilla. Ha despertado en mitad de la noche sobresaltado, con miedo... Al dormir podemos entrar en un dulce y reconfortante sueño, sin embargo, a veces no es así.

Quiero compartir éste micro relato leído en La voz silenciosa por José Francisco Diaz-Salado. Gracias José a ti, la suerte es mía. 



domingo, 14 de diciembre de 2014

Pesadilla

Un nudo en la garganta evitaba normalizar su respiración; su pecho se movía agitado causándole dificultad para respirar, sentía una fuerte opresión. Su corazón latía aceleradamente. Se ahogaba. Finalmente sus ojos no pudieron seguir aprisionando sus lágrimas que escaparon para surcar por su rostro. Su cuerpo temblaba. Su respiración cada vez más agitada y su resuello, retumbaba en la habitación... así despertó esa noche en medio de la oscuridad. Asustada... desorientada... temblorosa... Observaba a su alrededor, pálida, y no lograba reconocer nada de lo que veía. Aún parecía permanecer sumida en la terrible pesadilla de la que acababa de despertar. Todavía sentía miedo. Cerró un instante los ojos para tratar de calmarse y acurrucándose bajo las sábanas intentó conciliar el sueño.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Lluvia

La Lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.

         Fragmento del poema "Lluvia" de Federico García Lorca

Un día de lluvia nos puede producir calma y ésta, a la vez, nos puede llevar a sentir cierta nostalgia y melancolía. En un día de lluvia se puede evocar recuerdos (desconozco el autor de esta cita: la lluvia atrapa los recuerdos, los hace nuestros hasta el fin. al verla caer no ves agua, sólo momentos que viviste y que quieres que vuelvan a ser), disfrutar de una buena lectura, escribir... Quiero compartir mi relato "El sonido de la lluvia" en la voz de José Francisco Díaz-Salado en su programa La Voz Silenciosa. Me ha fascinado escuchar el sonido de la lluvia y los truenos como efectos especiales mientras daba lectura al mismo. Como también me ha sorprendido la llamada de José para comunicarme que éste relato ha sido seleccionado para leerlo en la emisora FM de Valencia "Radio Manises". En fin... gracias, como siempre.


jueves, 6 de noviembre de 2014

El sonido de la lluvia


Paseaba tranquilamente cuando observó que el cielo estaba ennegreciéndose y, de repente, un fuerte aguacero comenzó a caer. El viento soplaba tanto que hasta su paraguas lo tenía que mantener cerrado para que el aire no se lo llevara. Se dirigió hacia su casa. Las calles estaban desiertas y tan sólo se cruzaba de vez en cuando con alguien que corría para resguardarse del agua. Llegó a casa empapada. La noche iba a caer y se preveía una larga tormenta. Tras secarse y ponerse cómoda se sirvió una copa de vino y se sentó junto al balcón para observar la lluvia y cómo el agua se perdía en los arroyos que recorrían las largas calles y, embelesada, contemplaba como pequeñas piedras que había en el asfalto parecían jugar con ésta mientras eran arrastradas.


El agua golpeaba con fuerza el cristal de su ventana que lo recorría en pequeñas gotas que resbalaban por él y se perdían en el suelo del balcón formando un charco. Una sonrisa afloró en sus labios mientras imaginaba ser una de esas gotas. Su vista quedaba fija en ese viejo árbol que parecía triste al perder sus hojas con la llegada del otoño y que había dejado sus ramas desnudas. Se encendió un cigarrillo y se dejó caer sobre el frío cristal entretanto escuchaba el sonido de la lluvia que, mezclado con el viento, era una música relajante para sus oídos. Ya había anochecido y como esperaba el agua continuaba cayendo copiosamente. Su mirada se perdió en el oscuro cielo que, en ese momento, lo cubría un espeso manto de agua y era iluminado por los continuados rayos que eran la señal del inicio de los grandes truenos que ofrecía la tormenta. Me encanta una tormenta cuando los rayos iluminan así el oscuro cielo y esperar que un fuerte trueno interrumpa el silencio pensó mientras sonreía pero, de repente, una lágrima afloró de sus ojos que resbalaba por sus mejillas y se posaba en la comisura de sus labios. Notaba su sabor salado. Suspiró. Cerró los ojos en el mismo instante en que una multitud de sensaciones y recuerdos, intensos, muy intensos le llegaban pues deseaba retenerlos y revivirlos. Llenó sus pulmones lentamente de aire y dejó escapar otro fuerte suspiro. Su cuerpo temblaba. Abrió sus ojos despacio para inmediatamente volverlos a cerrar pues en medio de aquél diluvio deseaba volver a sentir el calor que todos aquellos recuerdos le provocaba.