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domingo, 7 de junio de 2015

Misterio y realidad

A veces los sueños parecen tan auténticos que los llegamos a vivir como si verdaderamente ocurrieran. A través de los mismos nos pueden llegar multitud de sensaciones que las percibimos como si realmente sucedieran. Distinguimos aromas, escuchamos los sonidos, vemos las imágenes... en ocasiones son sueños bonitos y en otras se llegan a transformar en las peores pesadillas. Quién alguna vez no ha despertado en mitad de un sueño con una amplia sonrisa o, por el contrario, con sus ojos enrasados en lágrimas, sudoroso, agitado... Éste podría ser un bonito sueño o una pesadilla, quizá, no sea nada de eso y es real ¿por qué no?. A mí, por si acaso, no me gustaría que me ocurriese porque tan sólo escuchar ésta historia el vello se me ha erizado. De la voz de José Francisco Díaz-Salado en su programa La voz silenciosa. Lo comparto.






martes, 2 de junio de 2015

Extrañas historias

Aún no ha amanecido y una espesa niebla cubre cada rincón de las solitarias calles. Parecía un pueblo fantasma, abandonado... las viejas paredes encaladas de las viejas casas dejaban ver, tras el blanco sucio y detrás de los enormes desconchones, la piedra con los restos de lo que podían haber sido grandes casas señoriales de la época y que, posiblemente, tras los duros enfrentamientos de años pasados habían sido abandonadas por miedo a los tristes acontecimientos sucedidos en algunas. Ella se encontraba alojada por unos días en una de esas casas en la que su historia, como en la mayoría de las que había en la villa, estaba bañada en sangre. Permanecía tumbada sobre la cama, una noche más no podía dormir pues aquél olor a rancio no le proporcionaba la comodidad suficiente para su descanso. Aquella habitación, como casi todas las de la casa, estaba llena de muebles antiguos, cortinas anticuadas y era presidida por un gran cuadro que representaba la imagen de un santo que sostenía en sus brazos un niño, que parecía ser el Niño Jesús, rodeado de ángeles y que por la noche parecía que todos la observaba. Todas las estancias eran muy semejantes y aquella, a pesar de todo, le pareció de las más acogedoras. Sólo se escucha el silencio que era roto, de vez en cuando, por el ruido del viento y el suave tintineo del agua al caer y chocar contra los cristales. Dirigió su vista hacia el cristal y entre las gotas de agua que resbalan por él pudo ver el oscuro cielo. Se levantó de un pequeño brinco de la cama y al posar sus pies desnudos sobre el suelo el frío de éste le recorrió todo el cuerpo. Agarró su cabello con una pinza y se frotó suavemente los ojos. Intentó prender la luz pero ésta no funcionaba, posiblemente la tormenta era la culpable, así que en la oscuridad buscó algo con lo que cubrir su cuerpo pero no lo encontró. Tímidamente se asoma a la ventana y observa, a través de la luz de la farola, como un suave manto de agua cae; dejada caer en el frío cristal ve como la noche da sus últimas coletadas. "Qué extraño, cómo hay luz en la calle y no en casa" piensa mientras se sonroja. El silencio se ha apropiado de todo y la luz del día asoma tímidamente mientras la vida parece que le cuesta comenzar. Mientras tanto su pensamiento se aleja por un momento de aquella habitación y aún parece que está medio dormida cuando escucha un extraño ruido que hace que vuelva otra vez. Tras la puerta parece que hubiera alguien y se queda paralizada un instante. Agudiza sus oídos y le parece escuchar el lamento de alguien y un fuerte grito que hace que su corazón lata tan fuerte que se puede escuchar en toda la habitación y su respiración, agitada, delata que está muy asustada. Avanza despacio hacia la puerta y con la respiración cortada agarra la manivela para abrirla lentamente y un suave chirrido se escucha. Tímidamente se asoma, no hay nadie, todo está oscuro y un rotundo silencio invade el largo pasillo pero aún así su corazón late rápido. De repente observa como una leve niebla se levanta del suelo y descalza se adentra entre ella. La misma sube por sus piernas y rodea su cuerpo, ésta se torna espesa. Un escalofrío recorre todo su cuerpo. Al final del pasillo visualiza una pequeña luz. Por un momento lo duda pero al fin se decide ir hacia ella. Cuando por fin parece que va a llegar un voz ronca y cansada, pronuncia su nombre y al volver su mirada, tras ella, se encuentra con una silueta que la dejó paralizada por la impresión, la misma en un instante desaparece al igual que aquella niebla que había invadido el pasillo. Temblorosa se dirigió hacia la cocina y mientras aspiraba el aroma del café recién preparado y hacía humear un cigarro no podía retirar de su cabeza la brillante luz y aquella imagen que le recordaba a alguien. En ese momento se levantó y corrió hacia una de las habitaciones en la que había un gigantesco cuadro en el que detuvo su mirada, sí, era la misma imagen que había visto. El señor mayor del cuadro era el que estaba frente a ella, era quién la había llamado... según la fecha del mismo ese retrato era del año 1914. A la mañana siguiente preguntó a algunas de las señoras mayores que por allí vivían quién habitó aquella casa y la historia de la misma. Sólo alcanzaron a decirle que el caballero que allí vivió había fallecido en trágicas circunstancias pero que algunas noches, según contaban algunos de los inquilinos que por allí habían pasado y los vecinos más cercanos, se escuchaban ruidos, sollozos, lamentos... y se podía observar la figura de alguien vagar por la casa. 

viernes, 27 de marzo de 2015

Infinitos recuerdos

Es increíble como un aroma puede atraer infinitos de recuerdos. Éste olor del que hablo en mi relato no lo podría describir; es el aroma de una comida que cada vez que ella la cocinaba inundaba la casa de él y que a pesar de hacer más de veinte años que no está aquí, con nosotros, hay instantes que lo percibo. Con su receta he intentado conseguirlo y no lo he logrado ni en sabor ni en olor. Jamás he vuelto a probar una comida así. Para  mi resulta asombroso que me llegue tan intensamente y no me valdría la escusa de que alguien puede estar cocinando porque aparece en cualquier momento, lugar y hora. Hoy quiero compartir éste relato "Un olor especial" en la voz de José Francisco Díaz-Salado en su programa de "La voz silenciosa". Gracias José por tu bienvenida. 



martes, 24 de marzo de 2015

Un olor especial

No sé si, quizá, sea porque hay momentos en los que estoy más sensible. Instantes en los que los sentimientos están más a flor de piel y que, posiblemente, no sea capaz de expresar lo que siento o, simplemente no pueda a ojos de los demás. Momentos en los que sólo se necesita de una palabra, un gesto... pero mientras caminaba rápidamente, observé de pasada a una señora que me recordó a ella y, al llegar a casa un aroma llegó a mi... me he detenido por un momento y he aspirado hondo, muy hondo para percibirlo más intensamente si cabe y sí, era el mismo. Ese olor tan especial que no podría describir y que, a pesar de los años, jamás podré olvidar y que llega a mi, siempre, en los momentos que, posiblemente, más necesito de su presencia. Por extraño que parezca cuando percibo ese olor mis recuerdos se llenan de ella y revivo instantes que estaban guardados en lo más profundo de mi, detalles que por pequeños que parezcan deben de ser importantes cuando vuelven a florecer. Me sonrío mientras escribo estas letras porque recuerdo cuando, desde pequeña, iba a su casa para escribir esas extensas cartas que ella me dictaba y que jamás olvidaré, siempre comenzaba igual: "Querido hermano, espero que a la llegada de ésta te encuentres bien...." y siempre finalizaban de igual modo: "...y sin nada más que decirte se despide de ti, tu hermana que te quiere y nunca te olvida..." claro que no me olvidaba jamás poner el lugar y la fecha; entre el saludo y la despedida siempre había por medio un par de hojas de las que se vendían junto al sobre y que eran de una raya, me gusta escribir en hojas así quizá sea por ese recuerdo. Ella, es como si la estuviera viendo ahora mismo sentada junto a la puerta dictándome cada palabra, cada sentimiento... contaba cómo se encontraba y cómo estábamos todos, es como si la viera mirarme y sonreírme mientras escribía y con esa media sonrisa me pregunta si se le ha pasado algo por contar. Qué alegría le daba cuando días después recibía respuesta a su carta y yo se la leía sentada en el tranco de la puerta mientras ella escuchaba atentamente cada palabra mía. Todo se llena de recuerdos que me hacen sonreír porque los otros, los que hacen que los ojos se enrasen en lágrimas intento apartarlos en cuanto comienzan a llegar. Quizá, en esos momentos, cuando estoy entristecida por cualquier motivo y no tengo una palabra, ni un gesto, ni un abrazo... es cuando ese aroma, por tonto que parezca es como si alguien desde ese otro lugar estuviera a mi lado, envuelve mi cuerpo en un fuerte y cálido abrazo.

martes, 3 de marzo de 2015

Con intensidad

Como dice José Francisco aquí estoy de nuevo, en ésta ocasión sin fotos pero con la misma intensidad de siempre. Gracias José por la narración de mis relatos y por todo, ya sabes. Siempre es agradable saber que hay quien te tiene cariño y se preocupa. Hoy quiero compartir mi relato Miedo, leído por José Francisco Díaz-Salado en su programa La voz silenciosa. 


domingo, 1 de marzo de 2015

Miedo

En el mismo instante que cruzó el umbral de la puerta sintió que era observada y, aunque la oscuridad no le permitía ver nada, así lo presentía sin poder evitar sentir un ahogo en su pecho que hacía que su respiración se alterara más de lo habitual; estaba asustada y eso hacía, quizá, que en medio de aquella penumbra percibiera como sombras corrían a su alrededor rápidamente que le hacía sentir como si un suave viento la envolviera. Su corazón, que latía aceleradamente, parecía que de un momento a otro se iba detener. Tenía miedo. En el silencio escuchaba su resuello y todavía más cuando un soplo de aire acarició su rostro aún cuando en aquella habitación no había ninguna ventana abierta. Tenía mucho frío. Su miedo se iba acentuando cada vez más y de sus ojos comenzaron a brotar unas lágrimas que resbalaban por sus mejillas que ardían, de repente, la tenue luz desapareció y aquella habitación quedó en una profunda oscuridad. Un chillido desgarrador salió de su garganta y mientras daba un paso atrás para salir escuchó un fuerte portazo. Agarró firmemente la manivela de la misma pero le resultaba imposible abrirla. Golpeaba con fuerza la puerta una y otra vez mientras que un grito ahogado y apenas sin fuerza surgía de lo más profundo de ella. Había  quedado atrapada y no le quedaba otra que quedarse allí, sola, ante la más absoluta oscuridad. El viento comenzó a soplar más y más fuerte. Sintió como alguien se situó tras ella y el pánico hizo que quedara paralizada; casi rozaba su cuerpo, percibía como su aliento parecía quemar su piel al resoplar en su nuca, su respiración la tenía muy próxima... toda aquella situación hacía que estuviera a punto de desmayarse pues no podía soportar más el desconcierto que sentía. De repente notó como la sujetaba desde atrás y rozaba con su mano su cuerpo, siguiendo las curvas del mismo. Cuando apretó su cuerpo al de él sintió como la fuerza de sus brazos la ahogaba, la quemaban. La agarró de la frente y la echó hacia atrás para dejarla caer sobre su pecho y mientras, con su otra mano, acariciaba su vientre y subía por su costado, su cuello y cuando llegó a éste notó un fuerte pinchazo y un intenso frío que la dejó entumecida. Desfallecida cayó al suelo. Inesperadamente despertó sobresaltada, todo aquello había sido un mal sueño que la hizo despertar impregnada en sudor y con los ojos rebosantes de lágrimas. Tras soltar un fuerte suspiro intentó prender la luz de la habitación pero ésta no funcionaba y al posar sus pies desnudos sobre el suelo volvió a sentir ese frío que recorría todo su cuerpo. El mismo que instantes antes había sentido. Al levantarse, temblorosa, observó que un suave viento entraba por la ventana y hacía  que el visillo se moviera lentamente; se asomó tras él y vio el inmenso cielo estrellado y una luna radiante que por un momento la hizo sonreír. Sólo por un momento. Pues el miedo volvió ha apoderarse de ella al escuchar, a lo lejos, un estruendo que la sobresaltó y el suave chirrido de una puerta. De repente pensó que, posiblemente, no había sido un sueño o, quizá, aún estaba soñando. Al volverse una fuerte luz la deslumbró, no conocía aquél lugar y tan sólo pudo distinguir la silueta de alguien antes de volver a caer desmayada por el miedo.

martes, 10 de febrero de 2015

Amén

Cuando una persona muere no se lleva nada material, ya que, nacemos sin nada y nos vamos igual que hemos venido. Soló nos llevamos las historias vividas, lo que hemos compartido... "Un momento, tan sólo un momento y todo aparece a la vista. Tantos años vividos en una fracción de segundos, somos tan poco en el universo". Así presenta el micro relato El final José Francisco Díaz-Salado en su programa La voz silenciosa. Lo comparto.


lunes, 9 de febrero de 2015

El fantasma de los sueños

Corría por un camino oscuro y tenebroso. Las ramas de los árboles que lo bordeaban eran zarandeadas por el fuerte viento que soplaba y las hojas caídas crujían al pisarlas. Comenzó a llover copiosamente lo que hizo que su cuerpo se empapara en escasos segundos. Aquél individuo continuaba persiguiéndola cuando se agazapó tras una gran piedra, aunque, su desasosegada respiración delató su posición. Podía escuchar el crepitar de las ramas a cada paso que éste daba y el sonido de su respiración excitada; cada vez estaba más cerca. Ella, asustada, permanecía en silencio. Cerró los ojos y lo hizo tan fuerte que sus parpados le dolían y, a la vez, tapó sus oídos con las manos como si con esos gestos él ya no la fuese encontrar.


De repente notó el peso de una mano sobre su hombro y una ronca voz que le decía "por qué corres, pensabas que no te alcanzaría". Se levantó y volvió a correr, sin embargo, tropezó y cayó de bruces sobre la tierra mojada del camino y ya, ya no podía levantarse. Sintió cómo la suela de una bota aprisionaba su cuerpo contra el suelo. Su intento por escapar era en vano, así que, se dejó vencer y cuando éste la agarró fuerte del brazo para levantarla del suelo y agarraba su cuello para ahogarla ella, decidida, traspasó su costado con lo primero que tenía a su alcancé y que había cogido del suelo antes de levantarse, una rama afilada. Notaba el calor de la sangre al mojar su mano.Volvió a correr adentrándose en un espeso manto de olivos y entre dos luces y ya casi entrado el día llegó hasta una casa derruida.

Al entrar tuvo una aterradora sensación. El tejado había desaparecido y la naturaleza se había apoderado de su interior. Pequeños roedores acampaban  a sus anchas, lagartijas paseaban por los viejos palos de madera tirados en el suelo, las arañas habían tejido sus telas por cada rincón de la misma... pero iba tan agotada y asustada que se cobijó en una esquina y se quedó dormida. Entre sueños le parecía escuchar el lejano sonido del viento que soplaba cada vez más fuerte y que al entrar entre aquellas cuatro paredes provocaba algo semejante a voces de ultratumba, sentía como si alguien la observara y pasos acercándose a ella. Se hizo un ovillo y cerró los ojos más fuerte, no quería abrirlos. Sentía mucho miedo. Un fuerte estruendo la hizo abrir los ojos de par en par. Su respiración agitada delataba su terror. Cubría su cabeza con sus manos ensangrentadas, las miró y lloraba. Cómo he podido hacer eso. Escuchó un ruido y se sobresaltó. Miraba por cada uno de los huecos de las ventanas y alzaba su vista hacia el derruido tejado por el que veía un espléndido cielo azul. Se levantó despacio y fue hacia una de las habitaciones en ruinas. Observaba como la hierba se había apoderado de ella, los viejos palos de madera estaban esparcidos por el suelo, quizá, eran los mismos que años atrás cubrían el tejado.

Contemplaba las paredes casi hundidas, viejas, sucias y entonces se dio cuenta que en una de ellas había algo escrito, sonrío, pensó que posiblemente serían mensajes de algunos visitantes que se habían topado con aquél lugar y se acercó sigilosa. Su rostro empalideció, quería leer en voz alta pero las palabras no pasaban más allá de su garganta. En apenas un susurro y casi tartamudeando pudo leer: "también tu perecerás". El vello de su cuerpo se le erizó cuando al terminar de leer aquella frase escuchó los pasos de alguien que se situó tras ella y con su voz ronca le dijo: "pensabas que escaparías". Y fue entonces, ahí, en ese momento, cuando se dio cuenta que todo ese tiempo había estado vigilando su sueño y no podría escapar. Él era el fantasma de los sueños 

miércoles, 21 de enero de 2015

De entre la niebla


Aunque a mucha gente le parecía macabro era algo que le gustaba hacer. Visitar el cementerio y pasear entre las tumbas. Mirar los nombres y la fecha que en cada una de ellas estaba inscrita. Pensaba que detrás de cada una había una historia. Miles de historias vividas. Tumbas abandonadas y, posiblemente, historias olvidadas por aquellos que algún día estuvieron a su lado o, quizá también, ya no tendrían a nadie que, de vez en cuando, fuese allí a ponerle una flor, sentarse a su lado... Mientras paseaba llegó hasta la tumba que, cada vez que iba, siempre visitaba. Se sentó a los pies de ella y pasaba sus manos acariciándola mientras leía el nombre que tenía grabado: María. Un suspiró escapó desde lo más profundo de ella mientras una lágrima recorría ligera por sus mejillas. Su memoria se llenó de recuerdos. Ella era una niña cuando visitaba a María y aún parecía verla sentada al calor del brasero de picón que removía rápidamente al escuchar el chirriar de la puerta y su voz preguntando si estaba. En seguida, al llegar al salón, María le preparaba una silla para que se sentará a su lado y con su leve sonrisa y su mirada a veces triste le daba un beso en sus heladas mejillas "siéntate aquí anda a ver dónde vas con el frío que hace" le decía señalando para que se sentara a su lado mientras la tapaba con las senagüillas. Le parecía escuchar su voz cuando se dirigía a ella. Por su memoria pasó todos los recuerdos vividos junto a María sus risas, sus conversaciones, le llegaba el aroma de sus comidas, sus regaños... e incluso aún queriendo olvidar sus últimos años de vida, los más duros, éstos, los tenía presente y aún recordaba, a pesar de tantos años, cómo se enteró de su marcha. Continuaba sentada sobre la tumba y cerró los ojos en la claridad de aquél cementerio y le llegó la imagen de María cuando parecía dormir dentro de aquél ataúd, con su leve sonrisa que, sin embargo, reflejaba todo lo que había sufrido en el último año. Parecía dormir plácidamente. Y se veía a ella allí apoyada en el viejo marco de madera de la puerta de la habitación mientras observaba el cuerpo inerte de María esperando, quizá, ver algún resquicio de respiración, esperaba que abriera sus ojos, escucharla... sin poder controlar su llanto y deseando con todas sus fuerzas que aquello no estuviese sucediendo.


Abrió los ojos y de repente observó que una espesa niebla se había levantado. No había nadie, o al menos nadie que respirara porque en mitad de aquel lugar sintió que alguien la observaba. Volvió su rostro hacia la tumba y acarició el mármol helado, dibujo con sus dedos la fecha grabada en la que dio su último aliento: 19 de agosto de 1993. Pensó entonces en los 22 años que llevaba sin ella y en lo mucho que le hubiera gustado verla crecer. Volvió a dibujar con sus dedos temblorosos la silueta de su nombre y lo pronuncio en voz alta: "Ay María, mira parece que salen para disfrutar del día". Y tras dejar escapar otro hondo suspiro se levantó silenciosamente y se marchó introduciéndose en la espesa niebla. 



lunes, 2 de septiembre de 2013

Terror en la habitación

Antes de llegar hasta ella la mujer se desvaneció en un santiamén aumentando, en ese instante, su asombro así como su curiosidad por averiguar quién era; pese a estar inquieta por lo que terminaba de suceder, poco a poco, se fue sumergiendo en un profundo sueño ideando cómo, al día siguiente, continuaría investigando sobre la historia de esa casa, la habitación y la dama misteriosa.

En sus sueños aparecía la imagen de una mujer apenada sentada en la penumbra de la habitación mientras que con su pluma dejaba plasmado sobre el papel todo aquello que sentía, su amor, sus miedos, sus temores... fantaseaba con mil y una historia alrededor de ella, le parecía tan real. Apenas había amanecido cuando comenzó a escuchar el dulce canturreo de los pájaros, como el viento soplaba suavemente casi susurrándole y el agua parecía acariciar el cristal de su ventana resbalando por él, todo aquello la invitaba a permanecer acostada dándole pereza levantarse, sin embargo, no tardó en decidirse a hacerlo pues ansiaba proseguir explorando la habitación así que lo primero que hizo fue dirigirse hacia la puerta de la misma; no entró, no se atrevía, sólo apoyó sus manos sobre ella arrimando su rostro despacio, como si quisiera escuchar lo que sucedía tras ella; se retiró de allí para prepararse el desayuno y tras servirse una taza de chocolate calentito se sentó en el sofá sin apartar la mirada de la puerta y, en ese instante, algo le empujó a entrar y sin pensarlo se levantó agarró el pomo de la puerta y la abrió. Todo estaba tal y como lo había dejado la noche anterior. A pesar de la claridad del día no dejaba de ser una habitación siniestra volviendo a recorrerla admirando cada rincón de la misma, cada libro, cada mueble, cada cuadro... las cortinas que tapaban las ventanas desprendían un extraño olor y parecían que estaban mojadas por la humedad.

Volvió a acercarse a la mesa pasando levemente su mano por ella agarrando entre sus manos una de esas viejas libretas que soltó rápidamente, como si alguien le hubiese dado una manotada, para dirigir su mirada en esta ocasión hacia otra que le fascinó llamando su atención, una vez más, era como si alguien la guiara hasta ella. No dudó en agarrarla y tras pasar su mano por ella, acariciándola, la abrió; en un primer momento se sorprendió pues parecía como si sus hojas pasaran solas hasta detenerse en una que estaba separada de la otra por una antigua foto, casi desgastada, en la que se apreciaba una pareja abrazada en un lugar que le parecía reconocer pero que en ese momento no lograba situarlo, se acomodó en la silla y comenzó a leer:

"Te escribo esta carta después de tanto tiempo sin mantener contacto contigo para decirte todo aquello que siento. Sé que ya es tarde, que no hay marcha atrás, que jamás volverás a mi lado y eso, eso me quema por dentro, me está devorando, a pesar de los años de espera no puedo apartar de mi memoria tu risa, tu voz, tu mirada... No sé si tendrás ocasión de leerla, no lo creo, pues antes de comenzar a redactarla ya está predestinada a no ser enviada al igual que nuestros corazones siempre estuvieron predestinados a no estar juntos, no obstante, si por un capricho del azar algún día llegara a tus manos quiero que recuerdes y que jamás olvides el cariño que siempre te he tenido, te tengo y te tendré e incluso después de mi muerte. Contigo he compartido risas, lágrimas, confidencias... así como instantes juntos que para mi son inolvidables; no imaginas como algo se rompía dentro de mi cada vez que coqueteabas con alguna chica, ahora sospecho que era tan sólo para hacerme enojar; no tienes idea de lo que sufría cuando tenías algún problema por insignificante que éste fuese; como tampoco puedes imaginar como me alegraba cuando todos esos problemas eran solucionados; el dolor que sentí cuando tuviste que marcharte...".


Se detuvo un momento para coger aire pues parecía que junto a ella permanecía esa mujer sentada transcribiendo todo lo que su corazón le dictaba sabiendo que jamás él podría leer sus letras, advirtiendo en su pálido rostro unas lágrimas que lo quemaban, la veía desmoralizada, sin apenas ganas de seguir viviendo e incluso hubo un instante que le pareció escuchar su voz mientras escribía; era una voz dulce, suave, entrecortada por el dolor, llena de sufrimiento...; no podía evitar crear sus propias hipótesis sobre su historia; de sus ojos brotaban unas tímidas lágrimas que tras secarlas con la yema de sus dedos, respiró hondo y continuó leyendo:

"Recuerdo cuando comentabas que sabías qué me unía a ti, que conocías qué sentía por ti además de la amistad pero siempre pensé que lo decías para bromear conmigo, sin embargo, tu insistencia en ello me llevó a pensar en todo aquello que decías. Había veces que me daba miedo mirarte a los ojos pues no quería que en mi mirada notaras el deseo que sentía por ti. Sí, ansiaba más de ti, quería que envolvieras mi cuerpo con tus caricias, jugar contigo entre tus sábanas, sentir tus caricias... 

Finalmente lo descubrí, sí, y no voy a negar que me sorprendí por ello. Tuviste que marcharte lejos para que me diese cuenta de mi cariño hacia ti, he tenido que perderte para reconocer que para mi eres como el aire que respiro, que tengo ganas de ti, que te recuerdo más que nunca. Lo sé, ya es tarde, sin embargo, sé cómo podemos estar juntos, sé que volverás, sé que lo harás y espero ansiosa compartir contigo más momentos...".

Ahí terminaban las letras y quedó desconcertada al seguir pasando las hojas y no encontrar nada; no había nada más, las demás libretas estaban vacías, rebuscaba sobre la mesa sin hallar ni tan siquiera más fotos ¿sería esa su última carta? ¿ a qué se refería cuándo decía que sabía cómo podían estar juntos? tenía rabia porque se había quedado con muchas incógnitas sin resolver; qué fue de ella, porqué todo aquello estaba abandonado, por qué...

Repentinamente el frío se apoderó de ella queriendo salir de allí pero no podía pues la puerta parecía estar cerrada con llave ¡qué extraño, ésta puerta jamás ha tenido pestillo! pensó comenzando a asustarse mientras tiraba fuerte del pomo, sin embargo, le era imposible abrirla; escuchó un ruido tras ella y se quedó inmóvil, se volvió pausadamente, sintió como su cuerpo se paralizaba quedándose atónita, su piel se le erizó frotándose sus ojos fuertemente para ver si así desaparecía lo que estaba viendo; en el suelo junto a la mesa aparecieron unas gotas que parecían ser de sangre, antes no las había visto, cerró los ojos y al abrirlos le llegaron una sucesión de imágenes que hicieron que su corazón se agitara aún más y de sus ojos brotaran lágrimas llenas de angustia; observó como la mujer colocó tranquilamente la pluma en un tintero y antes de cerrar la libreta abría el cajón que había a la derecha de la mesa, ella apoyada en la puerta contemplaba boquiabierta cada movimiento, sacaba una foto que besó dulcemente antes de introducirla entre las hojas para a continuación agarrar un objeto que se hallaba junto a unos libros y que parecía un abrecartas, en ese momento quería gritar para detenerla pues estaba sintiendo una opresión en el pecho, pero la señora sin mediar palabra alguna lo clavó firmemente en su pecho cayendo desplomada sobre la alfombra que cubría el suelo, su cuerpo convulsionaba obteniendo sus ojos un brillo a causa de las lágrimas que comenzaron a emerger abundantemente de ellos; acaba de quitarse la vida y de sus labios pudo escuchar las que fuesen sus últimas palabras: "Ahora estaré contigo eternamente".


No podía evitar estar sobresaltada pero lo hizo aún más cuando observó que junto a la mujer había alguien más y aunque no lo distinguía bien le parecía al caballero que momentos antes había visto en la foto, perpleja vio como él le dirigía su miraba sonriendo entretanto abrazaba a la dama; ambos se miraron a los ojos y tras sonreírse unieron sus labios; sin poder articular palabra alguna observaba atenta junto a la puerta cuando la señora dirigió la mirada hacia ella mientras le decía: "Te hice venir para que transmitas que lo hice por él, sólo por él, para estar con él, lo hice porque lo quiero, le arrebataron la vida en una absurda lucha y yo me la quité para vivir siempre juntos... sé que defraudé a mi familia pero no fue esa mi intención sólo quería finalizar la agonía que llevaba tiempo soportando y ahora soy feliz; deseo que mi habitación quede abierta pues no queremos continuar encerrados, que nadie se sienta culpable por lo ocurrido".


Ella miró a la pareja y tras una leve sonrisa salió de aquella habitación agotada. No terminaba de entender todo aquello que acababa de ocurrir, sin embargo, sí percibió que tras aquello al volver a entrar a aquella habitación no era tan siniestra como antes; si bien todo en ella permanecía intacto cada libro, cada libreta, cada mueble...  ahora era diferente pues se respiraba tranquilidad y sosiego. Ya no sentía miedo al entrar a esa estancia de la casa, olvidó el terror que pasó ese día, por lo que la escogió para pasar sus horas de recogimiento y, desde la que a veces, le parecía contemplar a la pareja deambular por la casa, reír y charlar en el sofá junto a la chimenea, el mismo desde el que un día ella sintió la inquietud de averiguar qué había tras la puerta de la habitación misteriosa. 

jueves, 29 de agosto de 2013

La habitación misteriosa

Tras un relajante baño se sirvió una taza de café caliente sentándose en el sofá que había junto a la chimenea mientras leía un libro, inesperadamente, un estruendo ensordecedor debido a la fuerte tormenta que se había desatado le hizo encogerse; el salón se iluminaba completamente con cada relámpago haciendo que, una vez más, se acurrucara en un rincón del sofá hasta que el trueno rompiera. Su mirada, en ocasiones desprevenida, no conseguía apartarla de la puerta que había justo al lado de la estantería que permanecía repleta de libros. Jamás, a pesar de su curiosidad, había traspasado el umbral de la misma desde que vivía allí ya que sus familiares, propietarios de la vivienda, le habían prohibido entrar, por lo que imaginaba cómo podría estar la habitación después de tanto tiempo de abandono. Su cuerpo sentía el impulso de levantarse para penetrar en ese habitáculo teniendo la sensación de que algo más fuerte que ella le empujaba hacía allí, sin embargo, un extraño miedo siempre la retenía pues en su interior algo le decía que no debía entrar.

Se tumbó cerrando los ojos para intentar conciliar el sueño pretendiendo así evitar que su curiosidad le hiciese entrar en la misteriosa habitación; de repente todo se iluminó y sonó un estrepitoso ruido que la hizo despertar en la más profunda oscuridad, temblorosa, sudorosa, con lágrimas en los ojos por la visión que, por un momento, le había parecido ver y que no lograba por más que lo intentaba apartar su memoria. Por un instante se armó de valentía y pensó enfrentar su miedo para conseguir eliminarlo.

Meditó durante un largo rato hasta que por fin decidió levantarse dirigiéndose muy despacio hasta la puerta; posó su mano temblorosa sobre el pomo de la misma y tras soltar un profundo suspiro cerró los ojos y lentamente comenzó a girarlo; empujó suavemente y el chirrido de la puerta hizo que su miedo se acentuara aún más, la habitación desprendía un fuerte olor a humedad estando totalmente a oscuras, tanteó con su mano la pared hasta que encontró la llave de la luz. Los balcones estaban cerrados a cal y canto y la poca luz que daba la lampara hacía de la habitación una estancia tenebrosa. Por fin se decidió a entrar dirigiéndose hacia los balcones para abrirlos; la luz que penetraba a través de ellos era escasa aunque sí la suficiente para poder advertir todo lo que allí había. Lo primero que llamó su atención fue una mesa que permanecía desordenada con una gran cantidad de papeles, libros, archivadores... viejas libretas de papel amarillento listas para desempolvar y continuar escribiendo pero que se hallaban abandonadas y olvidadas.

Asustada recorrió cada rincón mientras que pasaba sus dedos por cada uno de aquellos muebles que desprendían un olor a madera embriagador,  como si quisiera que éstos le contaran la historia vivida allí y porqué en todo ese tiempo habían permanecido encerrados. Cuando llegó a la silla que había junto a la mesa se sentó y, como si alguien guiara su mano, agarró una de esas viejas libretas de papel amarillento para ojearla; parecían ser pequeños diarios clasificados por fechas así que agarró una cualquiera y tras quitar el polvo que lo cubría con su mano la abrió y comenzó a leer una hoja que parecía haber sido arrancada, al comenzar se dio cuenta que era una carta que nunca llegó a su destinatario:

"Sentada en el más estricto silencio de estas cuatro paredes me decido un día más a escribirte; me resulta extraño no recibir respuesta alguna a mis cartas por lo que ya comienzo a preocuparme; de vez en cuando me llegan noticias a través de familiares de compañeros tuyos, las cuales, no son muy alentadoras pero aún así mi deseo de volver a verte no decae, sin embargo, no puedo negar que hay días que al no obtener respuesta quedo sumida en el dolor, la angustia y la desesperación; es como sentir que el mundo se derrumba a mis pies. Por aquí todo continúa igual, los pocos amigos que han quedado en el pueblo no se atreven a salir y las amigas, al igual que yo, permanecen enclaustradas en sus casas pues lo mejor en éstos días es no dejarse ver mucho pero en ocasiones es inevitable tener que ir a algún lugar".

Las palabras cada vez se le hacían más difíciles de leer pues era como si la mano que un día sujetó la pluma para escribir estuviese temblando, además la tinta parecía que se había desprendido por un momento del papel, como si unas lágrimas hubiesen impregnado aquella hoja pero, aún así, su empeño en continuar leyendo le hizo esforzar la vista y prosiguió:

"No sabes cuánto te extraño, anhelo los paseos al atardecer, tu sonrisa... recuerdo las intensas conversaciones contigo... no puedo evitar dejar escapar unas lágrimas al recordarte más aún, si cabe, al no tener noticias tuyas... deseo que ésta despreciable lucha finalice lo antes posible para que vuelvas...".

No pudo seguir leyendo pues un velo de aire recorrió la habitación, la luz comenzó a parpadear y una voz pareció susurrarle algo al oído y, en ese momento, la oscuridad se volvió a apropiar de la estancia. Su cuerpo comenzó a temblar saliendo despavorida de allí cerrando la puerta. Volvió a sentarse en el sofá con el corazón agitado mientras que advertía al otro lado la figura de una mujer empalidecida que la miraba entretanto permanecía inmóvil.

Con su voz temblorosa murmuró en voz baja: ¿Qué quieres de mí? eres tú quién me ha guiado hasta esa habitación. No esperaba respuesta alguna pues imaginaba que era el propio miedo quién la llevaba a ver alucinaciones pero de repente percibió como esa figura se acercaba a ella, lentamente, sin tan siquiera posar sus pies en el suelo.

jueves, 7 de febrero de 2013

Lágrimas contenidas

Sus palabras fueron simples y concisas: ..."no puedo me rompo"... y se volvió frágil como el cristal de Bohemia quebrándose algo en mi interior al escucharlas de sus labios sin poder dejar de pensar en la tristeza que está sintiendo. Observo como sus ojos se enrasan en lágrimas y una mezcla de sentimientos, entre los que se hallan la impotencia y la decepción, me anulan al no poder impedir lo inevitable; con seguridad los mismos que él lleva sintiendo hace tiempo. Y antes de que mis ojos liberen alguna lágrima aprisionada ambos cruzamos una mirada cambiando la conversación... Ellos que aparentemente se ven fuertes sólo hay que mirarlos a los ojos para ver la realidad, sin duda, sus ojos reflejan pena, dolor, sufrimiento... con seguridad esas lágrimas contenidas terminaran saliendo en su soledad.

domingo, 3 de febrero de 2013

... mañana?

De qué nos puede servir pensar en el futuro cuándo ni tan siquiera sabemos si mañana despertaremos. Quién sabe si hoy es nuestro último día, o mi último día pues lo único cierto que tenemos en la vida es la muerte.

Una vez leí, escuché, o quizá pensé ya que no lo recuerdo que la vida es como un viaje, para algunos más largo que para otros, en el que el mundo es nuestro alojamiento y la muerte es el final del mismo.

Y cuando mi viaje finalice quisiera abonar el peaje para poder surcar el viento como un ave, surcar el mar... Las nubes blancas como el algodón continuaran deslizándose sobre el cielo azul y habrá momentos en que éste se entristezca y llore. El mar se enfurecerá para después llegar a la calma. Y la vida... qué es la vida si no aquello qué transcurre desde qué nacemos hasta qué morimos.
















lunes, 6 de agosto de 2012

La tormenta

El sonido ensordecedor de un trueno anunciaba una noche oscura, tenebrosa y cerrada en agua; los relámpagos parecían fracturar el cielo que permanecía en una total negrura invitando al recogimiento en casa. Tras el cristal de su ventana observaba el aterrador espectáculo que la naturaleza estaba ofreciendo apoderándose de ella el miedo en el mismo instante en que la luz se fue, entretanto quedaba inmóvil advirtiéndose en su rostro un gesto de terror, se apresuró a contestar el teléfono que estaba sonando y guiada por el destello que desprendía se acercó hacia él; al otro lado escuchó una voz susurrante, misteriosa, desconocida... que hizo su cuerpo temblar al escuchar el mensaje que le transmitió: "ten cuidado esta noche"; sin apenas poder articular palabra preguntó: "¿quién eres?" y tras una portentosa carcajada, le volvió a decir: "¿crees qué estás sola?".

Temblorosa cerró la puerta con llave y todas las ventanas, no obstante, continuaba aterrada al no poder desprender de su cabeza aquella enigmática llamada por lo que, al estar aún sin luz, decidió acurrucarse en su cama. El viento soplaba huracanado, los relámpagos se producían cada vez más intensos, el agua de la lluvia golpeaba tan fuerte los cristales que éstos parecían que se iban a desquebrajar de un momento a otro y los truenos eran cada vez más penetrantes.


La habitación que estaba totalmente a oscuras de vez en cuando, debido a los rayos, quedaba iluminada completamente y en una de esas ocasiones advirtió la figura de alguien junto a la cama, sin embargo, tras un grito desgarrador se marchó del mismo modo que había aparecido. Pretendía relajarse pensando que esa imagen era sólo producto de su imaginación e intentaba, en vano, dormirse; tumbada sobre la cama se cubrió con una fina sábana mientras miraba tras los cristales la tormenta, sujetaba fuertemente el teléfono a la vez que lo miraba como si estuviese esperando otra llamada que tardaba en llegar; con la mano en el pecho notaba como su corazón estaba cada vez más agitado pudiendo escuchar su palpitar y en su cabeza retumbaba una y otra vez la misma frase: "ten cuidado esta noche, no estás sola" así fue como, lentamente, el sueño le fue venciendo hasta caer profundamente dormida.

Una ligera sonrisa se dibujaba en su cara cuando inesperadamente su cuerpo retembló como si cayera de golpe en algún lugar y cuando abrió los ojos quedó sorprendida al hallarse en un sitio desconocido. Un río donde el agua corría cristalina observando en él piedras esparcidas por doquier que se dejaban acariciar suavemente, se agachó sumergiendo sus pies desnudos notando así la suavidad de las piedras y la frescura del agua; se sentó en la orilla notando como ésta recorría su cuerpo refrescandolo cuando de repente algo llamó su atención desde la otra orilla y, levantándose sobresaltada, miró hacía allá divisando la figura de alguien que la contemplaba pensativo. Sus miradas se cruzaron y él sonrió a lo que ella sonrojada le correspondió con otra sonrisa pero al ver que éste se disponía a cruzar el riachuelo se levantó y salió corriendo. 


En su huida tropezó con una roca, sin embargo, al levantarse se dio cuenta que se hallaba en la habitación temblorosa, helada y mojada; la ventana estaba de par en par por lo que el agua entraba plácidamente a la habitación; sobre el suelo había unos enormes granizos que habían irrumpido igualmente en la misma y cuando se dio la vuelta para buscar una toalla y secarse descubrió la misma figura acercándose y, mientras lo hacía, le dijo: "no estás sola, te lo dije, yo estoy aquí"; comenzó a retroceder pues su mirada le producía desasosiego, parecía apenada y fría mirándola fijamente, sus ojos tenían un brillo intenso que le impresionaba y continuó retrocediendo hasta topar con el ventanal.


Tiritando lo miró otra vez pero la oscuridad le impedía reconocerlo y, mientras una lágrima recorría sus mejillas, le dijo: "¿quién eres y qué quieres?" fue cuando reparó que en una de sus manos llevaba algo que en ese momento de confusión no lograba identificar; su rostro aparecía empapado por el agua, con una leve sonrisa y esa mirada que tanto le había impresionado. Ella permanecía totalmente mojada y las gotas de agua recorrían su cuerpo tembloroso confundiéndose con el sudor que le estaba provocando la situación. Él se acercó muy despacio hacia ella extendiendo su mano hasta su cintura, subió lentamente rozando su piel mojada con la yema de los dedos hasta su cuello, deteniéndose en él mientras que lo rodeaba. Ella no apartaba sus ojos de los de él y su respiración se agitaba cada vez más pareciendo que de un momento a otro iba a desvanecerse.


Soltó el objeto que llevaba en la mano y al caer sonó como si fuese un metal; sin mediar palabra se acercó más a ella pasando su mano por el brazo, sin quitar la otra de su cuello, comenzó a acariciar su rostro y fue cuando le dijo: ¿me reconoces? y acercándose más le susurro algo oído que en ese instante le hizo agitarse. 

jueves, 31 de mayo de 2012

El espejo

No le apetecía salir debido al frío insoportable que estaba haciendo ese día, no obstante, tras charlar con una amiga decidió hacerlo para tomar unas copas por lo que nada más colgar el teléfono se dirigió a prepararse un relajante baño; abrió el grifo y, mientras se iba despojando de la ropa aunque no le gustaba ver su imagen desnuda, se situó frente al espejo observando una imagen desagradable para ella; con la mirada agachada y triste se sentó para terminar de desvestirse cuando algo le llevó a examinar sus manos observando como estaban temblorosas; volvió a levantarse contemplando como el espejo se iba empañando cada vez más y, antes de conectar la música para relajarse, escribió con su dedo algo en él; en medio de todo ese vapor que estaba produciendo el agua caliente percibió una extraña sensación haciendo que un escalofrío recorriera su cuerpo, era como si alguien la observara desde atrás del espejo; su mirada quedó clavada en las palabras que acababa de escribir en él desviándose ésta hasta un taburete que se reflejaba tras ella volviéndose lentamente hacia él.

Le llamó la atención hallar allí un bloc de notas que agarró delicadamente entre sus manos y sentada frente al espejo comenzó a leer por la última página que había escrita; de vez en cuando desviaba su vista hasta el espejo porque parecía que algo llamaba su atención; agarró un bolígrafo y sin pensar comenzó a escribir en él fluyendo las palabras de tal manera que daba la sensación que le iban dictando:

"Estoy cansada de soñar, agotada de plasmar sentimientos... cada noche termino derrotada de conversar conmigo misma, de la soledad... cansada de querer hablar y no hallar a nadie que me quiera escuchar, de mis recuerdos... de confiar, esperar, pedir disculpas por mis desaciertos... estoy fatigada y me cansa respirar. Quiero dormir en un sueño eterno y no despertar para así descansar y librar a todos del aburrimiento, de mis simplezas y pesadeces, mis meteduras de pata, hablar cuando no debería... Quisiera desvanecerme para liberar a aquellos que me soportan; estoy exhausta y no puedo más. Te necesito y no veo el momento de reunirme contigo...".

Cerró el cuadernillo dejándolo en el mismo lugar donde estaba para sumergirse en la bañera sin retirar de su memoria aquellas palabras escritas. Entornó los ojos y se dejó llevar por la calidez del agua imaginando estar en un inmenso mar y que, mirara adonde mirara no veía nada más que agua, escuchaba el sonido de la misma chocar contra su cuerpo que se dejaba llevar por el placer del instante. Estaba inmersa en un profundo sueño en el que todo parecía real. Su mente comenzó a vagar por cada instante pasado, su respiración parecía agitarse por momentos y de vez en cuando una sonrisa se dibujaba en su rostro pero  de repente, percibió un extraño dolor que hacía que su cuerpo se adormeciera lentamente.


Tenía que hacer un esfuerzo para poder abrir los ojos y, cuando por fin logró entreabrirlos, vio como el agua se había teñido de un tono rojo intenso. Asustada su corazón latía agitadamente, no obstante, observaba como éste se iba relajando. El vacío del baño estaba ocupado por una espesa niebla impidiendo ver lo que había a su alrededor, sin embargo, advertía una luz parpadeante proveniente de su teléfono móvil que, a pesar de sus esfuerzos de salir de aquella bañera para contestar no lo lograba; fue rindiéndose pausadamente mientras continuaba evocando sus mejores recuerdos, imaginando todo aquello que podría haber sido y, esperando, que alguien acudiera a su encuentro en ese momento tan desgarrador para ella.


Su alma estaba abandonando su cuerpo mientras se iba sumergiendo entretanto una lágrima recorría sus mejillas al ver como el agua volvía a ser clara pero un dolor punzante en el pecho le impedía respirar. Lentamente fue cayendo en un sueño no sin antes volver a mirar las palabras que ella escribió en el espejo: "Te necesito"; quedando perpleja al advertir como lentamente iban apareciendo otras letras al lado de las suyas pudiendo leer: "Ya estás conmigo".  Descubriendo que, tras el cristal, alguien le tendía su mano. 

jueves, 29 de septiembre de 2011

Libres para siempre

A pesar que esperaba una respuesta él le sugirió que subiera a su habitación para descansar, diciéndole con voz pausada y sosegada: tras la comida, mientras tomamos un café, hablaremos; al subir hacía el dormitorio se detuvo un instante a su lado, la distancia que los separaba era escasa, clavando sus ojos en los de él que en esa ocasión si le mantuvo la mirada, el silencio en ese instante se apoderó de ellos. Aquel momento pareció eterno manifestando diferentes sentimientos; resultaba extraño ya que surgía una mezcla entre deseo y odio.


Al llegar al dormitorio vio que estaba tal y como lo había dejado aquel día, con la salvedad, de descubrir sobre el escritorio un precioso ramo de flores que parecía recién cortadas del jardín. ¿Cuánto hace que me fui de aquí? se preguntó dudosa.

Ensimismada en su pensamiento comenzó a divagar por las más aventuradas situaciones, mientras tanto, no conseguía borrar la imagen de él; tan sólo rememorarlo le hacía enternecerse, lo imaginaba paseando por el jardín escogiendo las flores más bonitas para brindárselas como prueba de cariño; lo concebía en su lado más tierno proporcionándole sus caricias, sus besos… estaba totalmente agitada, su corazón latía aceleradamente.

Se iba aproximando la hora de comer cuando él la avisó para bajar; el silencio durante la comida producía en ella un nerviosismo excesivo, tan sólo se advertía el escaso sonido de los cubiertos cuando rozaba la vajilla, en ese momento ella le preguntó: ¿cuándo vamos a hablar? él le lanzó una mirada desafiante y no le respondió.


Cuando finalizaron de comer se acomodaron junto a la chimenea, la conversación en un principio era limitada, ella esperaba con recelo que él comenzara a hablar y así fue: hoy voy a intentar resolver algunas de tus dudas comenzando por la última cuestión; de ti no deseo nada en especial pero a la vez lo quiero todo, sé que te resultará irónico pero es así, quiero tu silencio, tu cuerpo, tu corazón… tu vida me pertenece desde que osaste a invadir la mía, sí, la invadiste ya que no tuviste que estar ahí pero en cambio estabas ¿el motivo por el cual estabas? eso ahora no importa, igual que tampoco te concierne porqué sucedió aquello, o al menos por ahora, ya que cuanto menos entiendas mejor; no, no me mires así que sabes perfectamente a qué me refiero. Nunca te haría daño pero si me comprometes no dudes en que lo haré, esta casa lleva consigo miles de historias y los misterios que pesan sobre ella nos ha llevado siempre tanto a mi familia como a mí vivir alejados del resto del mundo, es cierto, algunas de esas leyendas son espeluznantes pero no te voy a negar que son verdaderas, no en todo porque siempre las cosas se magnifican, pero si en parte.

Todo lo que ves aquí me pertenece, cada libro, cada cuadro, cada adorno, cada flor… y ahora tú estás en esta casa. Ella lo miraba con asombro por todo lo que estaba escuchando, no dejaba de hacerlo cada vez más, cuanto más escuchaba más atónita se quedaba. Así y todo había algo en él que la atraía, el entorno, su voz, sus gestos, ansiaba rozar su piel… no entendía nada de todo aquello y de sus ojos afloraron unas lágrimas que recorrieron sus mejillas y, él se acercó con lentitud hacia ella y mientras las secaba y acariciaba, le susurró al oído: no tengas miedo todo lo peor ha pasado y lo podemos olvidar, la comenzó a besar lentamente y ella correspondió dejándose llevar en cada uno de sus abrazos, de sus besos... la tarde y la noche fue muy especial para ambos ya que, aquella vieja casona albergó en su totalidad y por unas horas todo el amor que se demostraron.

A la mañana siguiente continuaba con las mismas incógnitas que días anteriores y el pánico le sobrevino decidiendo hacer algo que no sabía si llegaría a arrepentirse. La habitación estaba en penumbra se acomodó para escribir las que serían sus últimas palabras:

"No entiendo nada de lo que está ocurriendo, no sé tan siquiera el motivo por el cual estoy aquí. ¿Qué te pertenezco? Podría ser que sí pero… quizá sea porque yo quiero y no por una imposición tuya. Siento por ti el mayor deseo que por alguien ha surgido en mí, sin embargo, no entiendo el motivo del mismo; no puedo estar en cautividad, encerrada siempre entre cuatro paredes, soy libre y como tal me encanta la libertad; me gusta caminar, salir y entrar, conocer gente, aun así podría aguantar este encierro si obtuviera una explicación, pero no, no es así y sé que nunca la habrá, al menos, como yo la deseo. Por lo tanto prefiero despedirme para siempre aunque quiero que sepas que te acompañare allá donde tu estés, eso sí, con total libertad para vagar por donde quiera.


Cuando notes un soplo de aliento seré yo que te estaré dando un beso, en el momento que aprecies que el vello se te eriza seré yo que te estaré entregando mi más preciada caricia, si alguna vez ves como se abre una ventana, no, no la cierres, pues seré yo que quiero que te aproximes a la luz para que estés a mi lado…" así  continuo escribiendo hasta que decidió terminar con su vida.

Tomó de un frasco unas pastillas y se quedó dormida plácidamente, durante el crepúsculo de su vida creyó conseguir no ser asustadiza y consumar su mayor deseo, su libertad; a la mañana siguiente apareció en la cama, parecía reposar serenamente; él con lágrimas en los ojos no lograba ocultar que su despedida lo había dejado destruido. Se había arrebatado la vida, sin embargo, consiguió la felicidad ya que como espectro vagaba en total libertad por todos los rincones, como siempre había deseado.


Incluso pasaba por la vieja casona y daba un suspiro ante él ofreciéndole un beso, el cual siempre era correspondido; y él notaba como su vello se le erizaba cuando recibía una caricia suya que aceptaba con placer;  y se dirigía hacia la luz con lágrimas en los ojos para quedarse a su lado.


En uno de esos momentos él decidió formar parte de esa otra vida y ser un espectro para acompañarla, en libertad para toda la eternidad, abandonando así  aquella casona que lo obligaba a continuar manteniendo los misterios de la misma y de su familia, finalmente él era una víctima más. Y por fin fue libre como ella para deambular juntos eternamente como ambos deseaban. 

martes, 27 de septiembre de 2011

Desconcertada

Se dispuso a abrir  cuando entró su madre echa una energúmena mientras le decía: pero chiquilla… ¿Tú te crees que éstas son horas para continuar durmiendo?  Llegarás tarde al trabajo, claro por la noche si te gusta quedarte hasta altas horas y, te la pasas deambulando de un lugar a otro de la casa ¡sin prisas! pero por la mañana ¡ay por la mañana! hay que estar llamándote una y otra vez ¡venga rápido que vas con la hora justa y después de tantos días sin ir verás!.

Impresionada por la irrupción de su madre en la habitación se quedó inmóvil, aflorando de pronto en ella una sonrisa, y fue cuando se preguntó: ¿Será posible que haya estado soñando todo este tiempo con la misma situación, me estaré volviendo loca?. Quién será el caballero de mis sueños. La madre entretanto la observaba y con un tono irónico le dijo: no, si sigue la nena tan tranquilita ella ¡vamos qué te crees que vas sobrada de tiempo y todo!.

Era una chica tímida; se relacionaba perfectamente con todo el mundo pero era huidiza a la hora de conocer a otras personas, ya que le costaba trabajo sincerarse y en algunos casos no lograba conseguirlo. De repente meditó sobre lo que su madre acababa de decirle ¿Cómo qué llevaba días sin ir a trabajar? Quería recordar sus días anteriores, no obstante, sólo llegaban a su memoria recuerdos de esos sueños motivo por el que comenzaba a sospechar que algo extraño ocurría y no lo recordaba, causa por la que se encontrada afligida.

Se duchó y desayunó rápido saliendo despavorida a la calle para coger el autobús, en el trayecto hacia el trabajo, no dejaba de pensar en los extraños sueños que había tenido y que parecían tan reales, no era capaz de apartar de su pensamiento a aquel hombre y su mirada… se preguntaba si realmente existiría; quizá se lo había podido cruzar en alguna ocasión en cualquier calle, bar, pub… o era tan sólo un espectro en sus sueños. Los recuerdos le iban llegando dosificados y cuando menos se lo esperaba.

Lo que sí sabía realmente es que se estaba acumulando en su cabeza una serie de imágenes asombrosas para ella que, manifestaban unos sentimientos hacia ese hombre que jamás había sentido por ningún otro, era un enigma todo aquello que le proporcionaba curiosidad deseando averiguar quién era él.

Llegó al trabajo ya agotada mentalmente de tanto meditar sobre lo que estaba experimentando y de tantas y tantas cuestiones que le sobrevenían y de las que no hallaba respuesta alguna, así que el día se le hizo irresistible deseando que llegara por fin la hora para salir de allí. Se encontraba envuelta en mil papeles, escritos, correos… no imaginaba la hora de salir de aquel atolladero, se le estaba haciendo eterno.

Era tarde cuando salió del trabajo y unos compañeros se ofrecieron a acercarla hasta su casa pero se negó, ya que le apetecía volver caminando. Las calles comenzaban a quedar desiertas aunque todavía permanecían algunos niños jugando y correteando por las mismas; sus risas y juegos llenaban de alegría aquellos rincones. La noche se tornaba estrellada y en el cielo comenzaba a relucir una luna radiante, su caminar era lento y pausado, recreándose en cada paso, entreteniéndose con cualquier cosa por insignificante que ésta fuera.

No llevaba mucho camino recorrido cuando se topó con un gran muro de piedra que dejaba mostrar un espléndido jardín, percibía un amalgama de aromas que la dejó extasiada, su curiosidad llegó a más e hizo que se acercara lo suficiente para disfrutar aún más de él, era verdaderamente precioso; árboles frutales, flores de todo tipo, plantas que ni siquiera ella reconocía llenaba lo que parecía un oasis. Miró entusiasmada cada rincón del mismo y entonces fue cuando sin pretenderlo vio algo que la dejo embobada, en una de las ventanas se ocultaba alguien tras las cortinas, éste la observa pero al darse cuenta que ella lo había visto se retiró rápidamente.

Sin más ella continúo su camino pero cuál fue su sorpresa que al retirarse de aquella casa la reconoció, sí, era la misma que aparecía en sus sueños, ¿Porqué nunca la había visto y era ahora cuando lo hacía por primera vez? Había escuchado referirse a ella como una casona abandonada y siniestra con mil historias de misterio en torno a la misma, pero sólo en sus sueños la había visitado o al menos eso creía. Quién era la persona que la observaba.

Llegó fatigada por el duro día por lo que decidió irse directamente a dormir. Repentinamente sonó el teléfono y un número desconocido para ella relucía en él, cuidadosamente contestó y al escuchar la voz se quedó perpleja: Por fin te has decidido, ¿Te ha gustado el jardín? sí, sé que sí te ha gustado, ya sé que no lo recuerdas pero es normal nunca te dejé salir al mismo, pero… ¿No echas de menos todo lo demás? Los libros, la chimenea, los cuadros… y por qué no, a mí también, tampoco me he portado tan mal contigo; ella hizo el intento de hablar pero él le susurro: calla, tú sabes que es cierto que me echas de menos tanto o más que yo a ti; con un tono amenazador le continúo diciendo: sabes que tienes que volver sino entenderás que tendré que ir a por ti, ese fue el trato, yo te dejaba arreglar los asuntos y tú volverías y si no lo haces descubrirás lo que puede ocurrir, no, no me hagas enojar sabes que no me gusta.

Tras colgar el teléfono se encontraba totalmente desconcertada, aunque eso no la privó en caer en un profundo sueño debido al cansancio acumulado durante todo el día, eran muchas las situaciones extrañas que se habían producido a lo largo de él. Aquel sueño no era igual que todos los demás, durmió plácidamente durante el resto de la noche, a la mañana siguiente se levantó temprano y salió a caminar realizando la misma ruta que el día anterior; cuando llegó a la gran casona algo le empujó a acercarse a ella y llamar a la puerta, ansiaba averiguar todo y esa actitud le sorprendía; algo le atraía de allí.

No transcurrió mucho tiempo cuando la gran puerta del jardín se abrió y entró, el mismo desde allí se veía más hermoso aún que desde el otro lado, se detuvo para disfrutar de la visión y a continuación  se dirigió hacia la casa, la puerta estaba entreabierta, empujó y decidió entrar. Allí estaba él, soberbio y con una sonrisa que le llenaba el rostro mientras se dirigía a ella: sabía que vendrías y no me defraudarías ya no hay marcha atrás entra y cierra. En ese momento hizo  ademán de huir una vez más pero… algo le retenía allí; en aquel momento se volteó y con los ojos rebosantes de lágrimas le hizo una sola pregunta: ¿Me puedes explicar qué quieres de mí?.    

jueves, 22 de septiembre de 2011

Rozando los limites del deseo

Apartó lo que aseguraba la puerta para evitar que él entrara y enfurecido le recriminó lo que había hecho; no le pidió ninguna explicación más, pero le advirtió que aquello no estaba bien y que no quería que se volviera a repetir; en aquel momento, se adentró en una oscuridad absoluta, el miedo se comenzó a apoderar de ella deambulando por su cabeza las más dispares ideas mientras permanecía en aquella habitación que, cada vez, le parecía más siniestra.

Los días se iban sucediendo lentamente y no había salido aún de aquella habitación que, sin embargo, con el paso de los mismos le estaba comenzando a agradar. De vez en cuando, él irrumpía en la misma y, sin interceder palabra alguna le entregaba una bandeja con alimentos y bebidas; por mucho que ella pretendiera conseguir una mirada su esfuerzo era en vano, él se alejaba rápidamente de allí.

En una de las ocasiones que entró al dormitorio se dirigió a él reclamándole la oportunidad de salir por un momento a alguna estancia de la casa, al menos le dijo, a la biblioteca. Él no le respondió pero a la mañana siguiente con un gesto le expresó el propósito de que lo siguiera, conduciéndola hasta la misma.

Se encontraba envuelta en un velo de misterio entre tantos estantes, entretanto contemplaba como él permanecía en el salón; sentado junto a la chimenea, en silencio, mientras sostenía entre sus manos un libro, parecía absorto en la lectura del mismo; por un instante le sobrevino la intención de huir, no obstante descartó la idea ya que, sabía que sería inútil y lo único que lograría sería volverlo a enojar. Agarró un libro y dirigiéndose hacia el salón se detuvo frente a él, diciéndole: tengo frío ¿puedo sentarme junto a la chimenea?; asintió con la cabeza y lo hizo frente a él. Lo miraba disimuladamente analizando cada gesto, cada movimiento; su respiración era sosegada, la de un hombre totalmente pacífico y amable, le  hizo meditar y no  lograba a admitir que fuese el mismo que aquella noche vio cometer una atrocidad.

Él se dio cuenta que lo observaba y con una sonrisa se dirigió a ella: ¿no te cansas de mirarme? Qué esperas descubrir en mí. Su voz y aquellas palabras la hizo sonrojarse y él continuó con una gran carcajada: pero porqué te sonrojas, estoy  completamente seguro que acumulas para mí miles de preguntas y que, en cuanto tengas la menor oportunidad las realizarás, creo que ya es demasiado tarde por hoy, así que, lo mejor será que nos vayamos a dormir.

Ella miró a su alrededor liberando un fuerte suspiro; mirándolo a los ojos le asomó una tímida sonrisa y le dijo: es cierto ya es tarde creo que me iré a dormir y hoy, supongo, que lo haré mejor; gracias por dejarme salir de las cuatro paredes y te agradezco que por un momento hayas cedido a que esté acompañada y sí, es cierto, tengo miles de preguntas para realizar pero... no, no te creas que son sólo de lo que ocurrió la otra noche, ni porqué me tienes encerrada aquí, sino otras, que cada día que paso encerrada a tú lado me van surgiendo.

Marchó hacía su habitación y se tumbó en la cama; no discernía sus sentimientos ya que, comenzaba a experimentar diferentes y extrañas impresiones que jamás sospechó que en ella sucederían. No comprendía nada de lo que estaba ocurriendo ni porqué aparecían esas sensaciones pero… le estaba sucediendo aun sin entender porqué; cuando estaba junto a él un nudo le sobrecogía en su interior y no, no era miedo era otra cosa pero... qué cosa.


Reflexionando sobre todo lo acontecido se quedó dormida plácidamente y de repente notó como él se acercaba; sentado junto a ella le ofreció un objeto y al extender su mano para alcanzarlo sus dedos se rozaron, su vello se le erizó, sus miradas se cruzaron por un instante y en ese momento sintió como si la envolvieran en el más tierno abrazo, el placer que obtuvo con aquella mirada era inmenso, el deseo se percibió al instante; él acarició ligeramente su rostro y ella le correspondió; el acercamiento entre ellos era cada vez más profundo hasta que, las caricias comenzaron a llenar aquella habitación y se fusionaron en un dulce beso; apreciaba como sus manos la acariciaba con ternura y delicadeza, algo que en ese momento le hacía falta experimentar, el deseo entre ambos era mutuo y estaban llegando al limite del mismo, aquella habitación por un momento dejo de ser siniestra.

Repentinamente golpearon la puerta, se sobrecogió y al incorporarse se dio cuenta que estaba sola. Una vez más comenzó a elaborar infinitas preguntas de las que seguramente tardaría bastante en hallar la respuesta de varias de ellas. ¿Había sido todo un sueño o por el contrario él había pasado la noche con ella?; ¿Se estaba enamorando del qué era su secuestrador y por eso lo situaba en sus sueños?; ¿era él realmente quien la tenía retenida allí o había alguien más a quien encubría?. No, él no podía ser aquel ser aterrador que empuñaba un cuchillo. Contempló ensimismada todo lo que se hallaba a su alrededor y no salía de su asombro.


Durante ese tiempo alguien continuaba golpeando la puerta requiriendo entrar a la habitación. 

lunes, 12 de septiembre de 2011

Recluida

Al despertar examinó detenidamente el lugar en el que se ubicaba pero no lo reconocía, por lo que comenzó una vez más a alterarse; la estancia donde se hallaba permanecía en penumbra así que buscó un interruptor para encender la luz, al hacerlo y en un principio, su fascinación fue inmensa: descubrió ante ella una gran habitación de amplios muros encalados en los que algunos de ellos mostraba la piedra; sobre los mismos pendían diferentes cuadros, todos ellos de una gran delicadeza; los muebles eran de puro estilo renacentista; había un gran balcón oculto tras unas exageradas y oscuras cortinas; el lugar le parecía agradable y de buen gusto, no obstante, le impresionaba por su siniestralidad.

Intentó abrir el balcón pero éste estaba cerrado con llave y no había modo alguno de forzarlo, por su cabeza comenzaron a rondarle diferentes preguntas, algunas de las cuales, ella misma le daba la solución aunque la respuesta no le gustara: dónde estoy, quién vive aquí, será esta la vieja mansión del pueblo, y si es así, cómo he llegado hasta aquí y quién me ha traído… se sentó sobre la cama, estaba deshecha por todo lo que estaba aconteciendo, su cuerpo agotado no soportaba tanta incertidumbre.

En un breve instante vio como la puerta de aquella siniestra habitación se comenzó a abrir, su corazón parecía que se le iba a detener en cualquier segundo de tan rápido como le estaba latiendo.  Fue cuando apareció él, su semblante era la de una persona sencilla con rasgos de hombre duro y cruel, mostraba en su rostro una expresión de cansado, tenía una extraña mirada que a ella le impresiono bastante pues parecía ocultar en la misma una delicadeza que no revelaba en la primera impresión, sin embargo, no lograba identificarlo con el caballero de la noche anterior ni con nadie que le resultara familiar.

Al entrar, ella se echó a temblar mientras él, la miraba con sonrisa irónica, y con voz suave le dijo: te he traído algo de comer, tienes que alimentarte, si eres buena lo mismo dejo que salgas un poco de estas cuatro paredes. Ella intentaba hablar pero la voz no le salía del cuerpo, el miedo continuaba dibujado en su rostro, ya que fue cuando lo reconoció, era él no le cabía duda alguna, le volvió a hablar: no, no tengas miedo, por ahora no quiero hacerte daño pero… porqué tuviste que estar presente cuándo todo sucedió, lo que viste tiene una explicación aunque estoy seguro que tú no la entenderías, aun así no pienso dártela jamás, ya te he dicho antes que si te portas adecuadamente te permitiré evadirte de estas cuatro paredes por un momento, pero si no es así quizá y te puedas arrepentir el resto de tu vida, no obstante supongo que ya te estás lamentando de haber curioseado anoche dónde no debiste; le dio la espalda y salió de la fría habitación mientras soltaba una gran carcajada.

Ella no podía contener el llanto, respiró profundamente y se dispuso a urdir el modo de escapar de aquél encierro, sus nervios se iban acrecentando a medida que transcurría el tiempo. Sobre la mesa él había dejado una bandeja con comida y bebida; no quería comer ya que desconfiaba, pero decidió tomar de la bebida que le había dejado, no había pasado mucho tiempo cuando volvió a sentir un sueño impresionante. Cayó en la cama introduciéndose en un profundo sueño:

“Bajaba por una gran escalinata sujetándose a una baranda de madera oscura, se dio cuenta que iba descalza pero no sabía por qué motivo, al llegar al final de la escalera había un largo pasillo, a un lado y otro del mismo había puertas que daban acceso a las diferentes estancias, al final, se accedía a un gran salón a través de una gran puerta de madera y cristal; entró y vio una enorme chimenea que permanecía encendida, de la misma colgaba un enorme lienzo con el retrato de un distinguido señor, una mesa larga sobre la que se encontraba un adorno floral delicado y sencillo, y alrededor de la misma se encontraban colocadas varias sillas, las cuales, no se paró a contar pero le parecían excesivas, cerca de la chimenea había un gran sillón y una banqueta sobre una  bonita alfombra, los cuadros eran innumerables parecían retratos familiares y otros eran de bellos paisajes.

Al final del salón había una gran puerta de madera y tras ella se encontraba una biblioteca rebosante de libros, algunos de los cuales, parecían ser muy antiguos, la mesa se encontraba desordenada, los papeles hechos un lío, una pluma y un tintero, entre multitud de objetos extraños para ella; una sonrisa le afloró en ese momento pues estar allí parecía ser habitar en otra época. Pasó bastante tiempo allí contemplando, palpando, ojeando los libros y aunque todo aquello le parecía genial no dejaba de ver algo siniestro, pues todo se encontraba oscuro, las ventanas cerradas no dejaba que la luz del día se introdujera en ningún rincón de la casa.

Salía de aquella biblioteca cuando se topó con él y, al mirarla con asombro por verla allí se levantó, ella salió corriendo y subió las escaleras tan rápidamente que casi resbala. En ese momento él llamó agitadamente a la puerta y con voz fuerte le dijo que abriera sino quería tener problemas.”

Repentinamente dio un inmenso suspiro y con respiración agitada se incorporó en la cama.
Dónde estoy, se volvió a preguntar una vez más; se encontraba desorientada, no cesaba de mirar a su alrededor pero no distinguía nada, estaba nerviosa con el pulso acelerado; qué le había ocurrido pues no entendía nada. Continuaba escuchando como golpeaban la puerta, el ruido era ensordecedor, en ese instante el pánico una vez más se apoderó de ella.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Misterio tras los muros

Extenuada por todo lo acontecido durante el día decidió echarse para descansar durante un momento; su nerviosismo era un problema a la hora de dormir, sin embargo, tras un largo rato se quedó adormilada entrando en un estado de reposo total. De pronto entró en un sueño profundo:


“Desorientada y con el rumbo perdido vagaba por las calles como un alma en pena. No sabía qué hacía ni qué ocurría, aun así caminaba por ellas totalmente desiertas; mientras lo hacía sus recuerdos se iban desvirtuando,  provocando un alejamiento de la realidad para dar paso a una irrealidad que le producía  pavor.

En cada esquina, cada rincón, presagiaba algo misterioso. Su paso por algunas calles oscuras y tenebrosas hacía que un escalofrío recorriera su cuerpo; su mente, en ocasiones permanecía bloqueada por sus recelos sin saber qué hacer; de repente a lo lejos y ante aquella oscuridad observó una luz que brillada en todo su esplendor, sin pensarlo intentó acercarse a ella pero veía que cuanto más se aproximaba ésta parecía alejarse, fueron muchos los metros que recorrió cuando por fin la alcanzó, la luz venía de detrás de una gran puerta sujetada por dos grandes muros de piedra, intentó abrirla pero su peso se le hacía insoportable. Cuando consiguió su objetivo quedó asombrada al ver que había tras ella.

La visión que provocaba la escena era espeluznante: un hombre alto y fuerte sujetaba un cuchillo de gran dimensión, acababa de sacarlo del cuerpo de una mujer de la que no lograba reconocer su rostro, él no se dio cuenta de que ella estaba tras la puerta por lo que continuó atravesando aquella hoja afilada una y otra vez en el cuerpo, ya inerte, de aquella mujer. Ella con rasgos de terror dibujados en su cara salió corriendo muerta de pánico, era tal el espanto que le provocó ese suceso  que no se percató que alguien la podía seguir. Su cuerpo tembloroso casi le impedía correr pero al fin consiguió llegar a su casa. Se duchó y decidió acostarse, aunque sabía que no podría dormir ya que, la representación que había presenciado se le quedaría grabada para siempre y sería imborrable para su memoria, la apariencia de aquel hombre con aquella mirada en la que reflejaba  todo el odio inimaginable era difícil de olvidar, así como la hoja de ese cuchillo atravesando un cuerpo ya inmóvil.”

La mañana siguiente, al despertar, esperaba atormentada cualquier  noticia de aquella espantosa noche, pero la misma no llegó, por lo que le comenzaron a rondar por su cabeza las más dispares reflexiones e interrogantes:


Habrá huido el perverso hombre a algún lugar insospechado ocultando el cuerpo de aquella chica; sé daría cuenta de qué ella vio esa atrocidad y en el caso de que así fuera ¿la habrá reconocido e irá en su busca? El temor se iba apoderando cada vez más de ella pero de pronto se hizo otra pregunta: habrá sido todo un sueño o mejor dicho: una pesadilla. Qué misterios encierran los vastos muros de piedra de la vieja casona del otro lado del pueblo.

Pero si era un sueño, porqué sentía su cuerpo cansado cómo si hubiera estado toda la noche deambulando de un lado hacia otro; su temor al sonambulismo era excesivo hasta el punto que le hacía titubear entre lo auténtico y los sueños.


En en esta ocasión esperaba que todo hubiera sido un sueño, sin embargo, en ese instante alguien hizo sonar el llamador de la puerta, el miedo se apoderó de ella y su cuerpo se inmovilizó al ver quien llamaba, era él y la había encontrado; su corazón le palpitaba tan rápido que parecía que le iba a salir del cuerpo, su respiración se agitaba cada vez más, él había ido a por ella y ese sería su fin. Sus miradas se cruzaron ya no podría escapar y su desenlace se acercaba, en ese momento él la agarró fuerte y mirándola con una sonrisa sarcástica le dijo: no vas a escapar.


En ese momento y con los ojos enrasados en lágrimas se incorporó sobresaltada en la cama, la mirada perdida, sudorosa y temblorosa… tras un breve momento se fue tranquilizando, no obstante el lugar no era reconocido para ella.Todo había sido un sueño o por el contrario era ella la qué ahora estaba tras esos gigantescos muros de piedra.