No sé si, quizá, sea porque hay momentos en los que estoy más sensible. Instantes en los que los sentimientos están más a flor de piel y que, posiblemente, no sea capaz de expresar lo que siento o, simplemente no pueda a ojos de los demás. Momentos en los que sólo se necesita de una palabra, un gesto... pero mientras caminaba rápidamente, observé de pasada a una señora que me recordó a ella y, al llegar a casa un aroma llegó a mi... me he detenido por un momento y he aspirado hondo, muy hondo para percibirlo más intensamente si cabe y sí, era el mismo. Ese olor tan especial que no podría describir y que, a pesar de los años, jamás podré olvidar y que llega a mi, siempre, en los momentos que, posiblemente, más necesito de su presencia. Por extraño que parezca cuando percibo ese olor mis recuerdos se llenan de ella y revivo instantes que estaban guardados en lo más profundo de mi, detalles que por pequeños que parezcan deben de ser importantes cuando vuelven a florecer. Me sonrío mientras escribo estas letras porque recuerdo cuando, desde pequeña, iba a su casa para escribir esas extensas cartas que ella me dictaba y que jamás olvidaré, siempre comenzaba igual: "Querido hermano, espero que a la llegada de ésta te encuentres bien...." y siempre finalizaban de igual modo: "...y sin nada más que decirte se despide de ti, tu hermana que te quiere y nunca te olvida..." claro que no me olvidaba jamás poner el lugar y la fecha; entre el saludo y la despedida siempre había por medio un par de hojas de las que se vendían junto al sobre y que eran de una raya, me gusta escribir en hojas así quizá sea por ese recuerdo. Ella, es como si la estuviera viendo ahora mismo sentada junto a la puerta dictándome cada palabra, cada sentimiento... contaba cómo se encontraba y cómo estábamos todos, es como si la viera mirarme y sonreírme mientras escribía y con esa media sonrisa me pregunta si se le ha pasado algo por contar. Qué alegría le daba cuando días después recibía respuesta a su carta y yo se la leía sentada en el tranco de la puerta mientras ella escuchaba atentamente cada palabra mía. Todo se llena de recuerdos que me hacen sonreír porque los otros, los que hacen que los ojos se enrasen en lágrimas intento apartarlos en cuanto comienzan a llegar. Quizá, en esos momentos, cuando estoy entristecida por cualquier motivo y no tengo una palabra, ni un gesto, ni un abrazo... es cuando ese aroma, por tonto que parezca es como si alguien desde ese otro lugar estuviera a mi lado, envuelve mi cuerpo en un fuerte y cálido abrazo.
Algo tan insignificante como un aroma cuantos recuerdos puede encerrar dentro de él. un beso
ResponderEliminarPues la verdad es que sí. Y ese olor no lo he conseguido percibir de ningún lugar, ninguna casa, en nadie... sólo lo percibo de vez en cuando y, aunque haya gente, a nadie más le llega, sólo a mi. Tengo alguna anécdota sobre eso. Un beso para ti también.
ResponderEliminarPrecioso Eva. Repleto de bellos sentimientos.
ResponderEliminarUn placer como siempre leerte
Besos.
Gracias María. El placer es mio. Besos de vuelta.
ResponderEliminarGracias María. El placer es mio. Besos de vuelta.
ResponderEliminarHay aromas que se quedan grabados en lo más profundo de nuestro ser. Únicos, exclusivos, que nos transportan.
ResponderEliminarAsí es Ana, grabados fuego... Besos
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