Se dejó caer sobre la baranda que rodeaba el mirador. El vestido que cubría su cuerpo se pegaba a él y dejaba marcada su silueta que aún, a pesar de los años, conservaba. Su mirada, estaba perdida en aquel abismal cielo que se unía en una fina línea al horizonte que delimitaba el mar. La luna se reflejaba intensamente en el agua y el cielo relucía radiante, lleno de estrellas. Respiró hondo, cerró los ojos mientras escuchaba el vaivén de las olas que chocaban contra las rocas y soltó el aire a través de un fuerte suspiró que llenó aquél lugar. Sentía como unos brazos rodeaban su cuerpo por la cintura y acariciaba su vientre, mientras, lo apretaba al cuerpo de él haciéndole sentir el calor que desprendía. Él acarició su cabello suavemente y lo retiró para dejar su cuello libre y pasar sus humedecidos labios. Ella se estremeció y un escalofrío recorrió todo su cuerpo al sentir el cálido aliento y la suavidad de su boca en su piel. Volvió la cara y unieron sus bocas en un profundo beso. Allí estaban los dos, solos, para dejarse llevar por ese impulso que sus cuerpos tenían de cumplir todos y cada uno de sus deseos y así revelar cada secreto de los mismos. Rompieron en caricias para dejar que sus dedos recorrieran cada milímetro de ellos. Querían detener el tiempo en ese mismo momento en que se estaban amando, allí, en mitad de aquél océano. El cuerpo de ella comenzó a temblar y, de repente, al abrir los ojos estaba sola. Una tímida lágrima recorrió su mejilla. Se había estremecido al sentir unas caricias que tan sólo habían sido un espejismo, o no. Por que en ese momento apareció él con dos copas de vino y una amplia sonrisa dibujada en los labios mientras que en sus ojos se reflejaba el deseo que sentía por hacerla suya. Dejó las copas sobre la mesa que había junto a la baranda y se acercó a ella, despacio, acarició suavemente su cara y mientras acercaba el cuerpo de ella al de él y sus labios a los de ella le susurró "te apetece tomar un vino o seguimos dónde lo dejamos". Se fundieron en un intenso beso que les llevó a explorar sus cuerpos con un deseo y una pasión irrefrenable ante la inmensidad del mar. Ahora era la silueta de sus cuerpos unidos la que se contemplaba ante el mar.