Miró su reloj mientras paseaba y decidió prolongar su recorrido. Caminaba despacio entretanto contemplaba todo lo que había a su alrededor y disfrutaba de cada una de las cosas que descubría. El llanto de un niño empapado después de caer en un charco con la natural reprimenda de su progenitora que, anteriormente, le había advertido lo que podía ocurrir. El dulce aroma que, unido al de la tierra mojada, desprenden las rosas y los distintos árboles y flores que ocupaban el extenso jardín de la misteriosa casa de grandes verjas y que, a pesar de parecer abandonaba, siempre resplandecían las más bellas flores. Un pequeño arroyo que recorría la calle era lo más evidente que indicaba la fuerte tormenta que poco antes había finalizado. El sonido del agua al romper contra el empedrado, y que era una melodía para sus oídos, la incitaba a cerrar los ojos para adentrarse en sus recuerdos más intensos. Sentía el suave viento rozar su rostro sin poder evitar imaginar que era una caricia que él le dedicaba y, esa sensación, hacía que su cuerpo se agitara y su corazón latiera tan rápido que parecía que iba a salir de su pecho. Se detuvo a descansar junto a los bancos que había en el mirador y todo el entorno y su serenidad le inducía a la calma. Su mirada se perdía con el horizonte y embelesada en su pensamiento escuchaba distante el sonido del viento al mecer las hojas de las ramas, el piar de los pájaros enjaulados en la terraza de una casa cercana, el suave vaivén del agua... y disfrutaba de los últimos rayos de sol del atardecer. Las farolas comenzaban a iluminar el lugar y hacía de éste el rincón adecuado para abandonarse a cualquier fantasía. Cerró los ojos un instante e inspiró profundo y, en ese momento, reconoció el aroma de su perfume; su piel se erizó a la vez que algo vibró en su interior cuando advirtió que se acercaba aún más. Lo miró y observó como su sonrisa llenaba su rostro y no pudo evitar sonrojarse cuando sus miradas, llenas de deseo, quedaron fijas la una en la otra y en ella afloró una tímida sonrisa.
Él le ofreció su mano y ella la aceptó para seguidamente él tirar de ella con delicadeza y, mientras él retiraba el cabello de su rostro, le dio un beso en la mejilla y rodeó su cuerpo entre sus brazos. Con sus labios rozó su cuello y ella, al notar el cálido aliento en su nuca, se estremeció. Sus intensas miradas manifestaban el deseo que sentían por recorrer sus cuerpos y descubrir cada uno de sus secretos. La abrazó desde atrás, ambos miraban el inmenso cielo estrellado, ella sintió como sus manos rodeaban su cintura y la calidez de las mismas al acariciar la piel de su vientre bajo la tela de su blusa mientras apretaba su cuerpo al de él que advertía como temblaba y, tras morder con sus labios su nuca y besarla, le susurró al oído "shhh tranquila" y de ella surgió un
gemido ahogado al escuchar las palabras que a continuación le dijo. Se volvió despacio y se fundieron en un abrazo. Ella se cobijó en su pecho y él rozaba con sus labios su cuello, su barbilla y, despacio, acariciaba su rostro para rozar con la yema de sus dedos su boca. La besó. Sus cuerpos estrechados parecían uno y los latidos de sus corazones se advertían muy acelerados. Él, rozó con su lengua sus labios entreabiertos y se fundieron en un beso cálido y húmedo. Ella, rodeaba con sus brazos la cintura de él y apretaba su cuerpo al de ella y, lentamente, subía por sus brazos mientras lo acariciaba hasta llegar a su nuca y entrelazar sus dedos en su cabello para estrechar su cabeza a la de ella y hacer su beso más profundo. El jugueteo de sus lenguas en sus bocas era indicio de lo que alcanzarían. Él introdujo sus dedos en la cinturilla de su pantalón y estrechó el cuerpo de ella al suyo. Sus manos ascendían por su espalda, acariciándola, hasta su cuello que apretó dulcemente. Rozó sus labios con el pulgar, y ella, mientras miraba a sus ojos, lo introdujo en su boca. Su mano volvía a descender hasta rozar la piel de su escote y, mientras le desabrochaba un botón de la camisa, acariciaba su pecho. Retiró la tela de su blusa lo suficiente para dejar su hombro descubierto y acariciarlo primero con su mano y seguidamente con sus labios. Ella sentía como su lengua paseaba delicadamente por su cuello que mordisqueaba, sus hombros y continuaba el camino hacia sus pechos que acariciaba y mordía con sus labios. Ella acariciaba sus brazos y sus hombros y entre pequeños jadeos apretaba su cabeza suavemente contra sus senos. Ambos estaban muy excitados y aquellas caricias los invitaba a continuar explorando sus cuerpos en un lugar más intimo.
Ella abrió sus ojos. Su respiración era alterada. Miró a su alrededor y sin apenas voz murmuró unas palabras. Se sentó en uno de los bancos y su mirada volvió a dirigirse hacia el horizonte mientras aún sentía el temblor en su cuerpo. Unas lágrimas que brotaron de sus ojos recorrían su rostro para depositarse en la comisura de sus labios que todavía guardaban el calor de los besos y un hondo suspiro llenó el lugar. Un sueño, sólo había sido un sueño del que despertó al abrir los ojos, sin embargo, le pareció tan real que aún sentía la suavidad de su piel, la calidez de sus caricias, el sabor y la sensación de sus besos, el sonido de su voz, sus ahogados gemidos, sus palabras... y el lugar aún mantenía el aroma de su perfume. Los cerró una vez más pues quería volver a percibir todas y cada una de las sensaciones y, al hacerlo, escuchó como una voz llamaba su atención. Volteó su cara poco a poco y no podía salir de su asombro. En su rostro se dibujo una leve sonrisa a la vez que se sonrojo pues por un instante, además de deseo, se sintió avergonzada.