Tras un relajante baño se sirvió una taza de café caliente sentándose en el sofá que había junto a la chimenea mientras leía un libro, inesperadamente, un estruendo ensordecedor debido a la fuerte tormenta que se había desatado le hizo encogerse; el salón se iluminaba completamente con cada relámpago haciendo que, una vez más, se acurrucara en un rincón del sofá hasta que el trueno rompiera. Su mirada, en ocasiones desprevenida, no conseguía apartarla de la puerta que había justo al lado de la estantería que permanecía repleta de libros. Jamás, a pesar de su curiosidad, había traspasado el umbral de la misma desde que vivía allí ya que sus familiares, propietarios de la vivienda, le habían prohibido entrar, por lo que imaginaba cómo podría estar la habitación después de tanto tiempo de abandono. Su cuerpo sentía el impulso de levantarse para penetrar en ese habitáculo teniendo la sensación de que algo más fuerte que ella le empujaba hacía allí, sin embargo, un extraño miedo siempre la retenía pues en su interior algo le decía que no debía entrar.
Se tumbó cerrando los ojos para intentar conciliar el sueño pretendiendo así evitar que su curiosidad le hiciese entrar en la misteriosa habitación; de repente todo se iluminó y sonó un estrepitoso ruido que la hizo despertar en la más profunda oscuridad, temblorosa, sudorosa, con lágrimas en los ojos por la visión que, por un momento, le había parecido ver y que no lograba por más que lo intentaba apartar su memoria. Por un instante se armó de valentía y pensó enfrentar su miedo para conseguir eliminarlo.
Se tumbó cerrando los ojos para intentar conciliar el sueño pretendiendo así evitar que su curiosidad le hiciese entrar en la misteriosa habitación; de repente todo se iluminó y sonó un estrepitoso ruido que la hizo despertar en la más profunda oscuridad, temblorosa, sudorosa, con lágrimas en los ojos por la visión que, por un momento, le había parecido ver y que no lograba por más que lo intentaba apartar su memoria. Por un instante se armó de valentía y pensó enfrentar su miedo para conseguir eliminarlo.
Meditó durante un largo rato hasta que por fin decidió levantarse dirigiéndose muy despacio hasta la puerta; posó su mano temblorosa sobre el pomo de la misma y tras soltar un profundo suspiro cerró los ojos y lentamente comenzó a girarlo; empujó suavemente y el chirrido de la puerta hizo que su miedo se acentuara aún más, la habitación desprendía un fuerte olor a humedad estando totalmente a oscuras, tanteó con su mano la pared hasta que encontró la llave de la luz. Los balcones estaban cerrados a cal y canto y la poca luz que daba la lampara hacía de la habitación una estancia tenebrosa. Por fin se decidió a entrar dirigiéndose hacia los balcones para abrirlos; la luz que penetraba a través de ellos era escasa aunque sí la suficiente para poder advertir todo lo que allí había. Lo primero que llamó su atención fue una mesa que permanecía desordenada con una gran cantidad de papeles, libros, archivadores... viejas libretas de papel amarillento listas para desempolvar y continuar escribiendo pero que se hallaban abandonadas y olvidadas.
Asustada recorrió cada rincón mientras que pasaba sus dedos por cada uno de aquellos muebles que desprendían un olor a madera embriagador, como si quisiera que éstos le contaran la historia vivida allí y porqué en todo ese tiempo habían permanecido encerrados. Cuando llegó a la silla que había junto a la mesa se sentó y, como si alguien guiara su mano, agarró una de esas viejas libretas de papel amarillento para ojearla; parecían ser pequeños diarios clasificados por fechas así que agarró una cualquiera y tras quitar el polvo que lo cubría con su mano la abrió y comenzó a leer una hoja que parecía haber sido arrancada, al comenzar se dio cuenta que era una carta que nunca llegó a su destinatario:
"Sentada en el más estricto silencio de estas cuatro paredes me decido un día más a escribirte; me resulta extraño no recibir respuesta alguna a mis cartas por lo que ya comienzo a preocuparme; de vez en cuando me llegan noticias a través de familiares de compañeros tuyos, las cuales, no son muy alentadoras pero aún así mi deseo de volver a verte no decae, sin embargo, no puedo negar que hay días que al no obtener respuesta quedo sumida en el dolor, la angustia y la desesperación; es como sentir que el mundo se derrumba a mis pies. Por aquí todo continúa igual, los pocos amigos que han quedado en el pueblo no se atreven a salir y las amigas, al igual que yo, permanecen enclaustradas en sus casas pues lo mejor en éstos días es no dejarse ver mucho pero en ocasiones es inevitable tener que ir a algún lugar".
"Sentada en el más estricto silencio de estas cuatro paredes me decido un día más a escribirte; me resulta extraño no recibir respuesta alguna a mis cartas por lo que ya comienzo a preocuparme; de vez en cuando me llegan noticias a través de familiares de compañeros tuyos, las cuales, no son muy alentadoras pero aún así mi deseo de volver a verte no decae, sin embargo, no puedo negar que hay días que al no obtener respuesta quedo sumida en el dolor, la angustia y la desesperación; es como sentir que el mundo se derrumba a mis pies. Por aquí todo continúa igual, los pocos amigos que han quedado en el pueblo no se atreven a salir y las amigas, al igual que yo, permanecen enclaustradas en sus casas pues lo mejor en éstos días es no dejarse ver mucho pero en ocasiones es inevitable tener que ir a algún lugar".
Las palabras cada vez se le hacían más difíciles de leer pues era como si la mano que un día sujetó la pluma para escribir estuviese temblando, además la tinta parecía que se había desprendido por un momento del papel, como si unas lágrimas hubiesen impregnado aquella hoja pero, aún así, su empeño en continuar leyendo le hizo esforzar la vista y prosiguió:
"No sabes cuánto te extraño, anhelo los paseos al atardecer, tu sonrisa... recuerdo las intensas conversaciones contigo... no puedo evitar dejar escapar unas lágrimas al recordarte más aún, si cabe, al no tener noticias tuyas... deseo que ésta despreciable lucha finalice lo antes posible para que vuelvas...".
"No sabes cuánto te extraño, anhelo los paseos al atardecer, tu sonrisa... recuerdo las intensas conversaciones contigo... no puedo evitar dejar escapar unas lágrimas al recordarte más aún, si cabe, al no tener noticias tuyas... deseo que ésta despreciable lucha finalice lo antes posible para que vuelvas...".
No pudo seguir leyendo pues un velo de aire recorrió la habitación, la luz comenzó a parpadear y una voz pareció susurrarle algo al oído y, en ese momento, la oscuridad se volvió a apropiar de la estancia. Su cuerpo comenzó a temblar saliendo despavorida de allí cerrando la puerta. Volvió a sentarse en el sofá con el corazón agitado mientras que advertía al otro lado la figura de una mujer empalidecida que la miraba entretanto permanecía inmóvil.
Con su voz temblorosa murmuró en voz baja: ¿Qué quieres de mí? eres tú quién me ha guiado hasta esa habitación. No esperaba respuesta alguna pues imaginaba que era el propio miedo quién la llevaba a ver alucinaciones pero de repente percibió como esa figura se acercaba a ella, lentamente, sin tan siquiera posar sus pies en el suelo.
Con su voz temblorosa murmuró en voz baja: ¿Qué quieres de mí? eres tú quién me ha guiado hasta esa habitación. No esperaba respuesta alguna pues imaginaba que era el propio miedo quién la llevaba a ver alucinaciones pero de repente percibió como esa figura se acercaba a ella, lentamente, sin tan siquiera posar sus pies en el suelo.