martes, 30 de agosto de 2011

Un olvido lo tiene cualquiera

Hace dos, tres quizá cuatro años que ocurrió pero lo recuerdo como si fuera ayer: Era verano, allá por el mes de agosto y tal día como hoy: feria de linares; yo, muy dispuesta propuse al marido ir a la misma, pero él aún más hábil se negó rotundamente, dije: ¡¡ah pues si tú no vienes me piro así que tú verás!!; en ningún momento se opuso, eso sí tenía que llevarme a los niños así que acepté. Como era con los pequeños hice planes para el día completo. Primero de todo: llamar a una amiga, la cual aceptó; la mañana sería de compras; la comida de tapeo; a continuación la feria; así lo hicimos.

Por supuesto ni que decir tiene que el teléfono estuvo todo el día fuera de cobertura, ¡madre mía este hombre sublevo a media familia!, se pensaría que me había fugado de la casa, ¡con lo a gusto que estaba como desconectada!.

Cansa estar todo el día de feria, sobre todo cuando vas con niños pero… palos con gusto no duelen y echamos buen día.

A las seis de la tarde, un 30 de agosto, se puede imaginar uno el calor que hace, recuerdo el día exacto por diferentes motivos; uno: porque es el santo de alguien a quien no recuerdo muy bien, será porque con ella no me llevo lo suficiente y como dice Joaquín Sabina "me sobran los motivos" ya que, entre su mala cabeza y lo preguntona, hay ocasiones en las que se ve metida en más de un lío; otro: por lo que ocurrió en mi vuelta hacia baños, es decir sería el mismo, la mala cabeza.

Cogí mi coche, siempre digo que rara es la vez que no me ocurre nada cuando lo hago, si no me paso un semáforo me meto en dirección prohibida en fin… si no la doy a la entrada la doy a la salida.

Arranco el coche: musiquita para ambientar, recuerdo que era Joaquín Sabina, suelo llevar siempre música de él; un cigarrito ¡¡ya se que iban niños pero llevaba la ventanilla abierta!!; el cinturón de seguridad ¡muy importante!; todo tiene que estar en regla con el coche porque el peligro va dentro.

Íbamos tan requetebién por la carretera, no había ni un alma, ¡claro a esa hora, nada más que locos!, entre los que yo estaba incluida. Subiendo la cuesta de matacabras el coche ya comenzó a hacer un ruido ¿extraño?, yo dije: ¡joder nena el coche no tira, parece que quisiera pararse!, a lo cual, me contesta mi amiga: pues písale que se ahoga; ¡coño si eso voy haciendo! Dije yo un pelín alterada. A mí me iba cambiando la cara de color porqué: pues veía que el coche no quería tirar más, algo estaba pasando y no era normal; ¡cuando de pronto justo al subir la cuesta! menos mal que no fue en mitad de ella, plof plof plof, el coche dijo: hasta aquí he llegado.

¡Hostias nena! dije yo, ¡madre miaaaaaaaa! ¿qué le pasa a esto?, ¡lo que faltaba!; los nenes de las voces se despertaron; ¡no, sí sólo faltaba que se rompiera ahora el coche!, ¡pero… si todo está bien!, miraba todo como si entendiera.

De repente en mí se encendió una luz que me iluminó, dije: espera que mire algo, ¡no puede ser!, me falto llorar, aunque no recuerdo bien si lo hice, ¡nena que fíjate tú que se me olvido echar gasolina!, la cara de mi amiga era un poema; ¡está el deposito a cero!, menuda papeleta: seis de la tarde en pleno agosto; tiradas en mitad de la carretera con dos niños. ¡No pasa nada, voy a por gasolina! ¡tranquila no perdamos la calma!, yo sola me lo decía todo.

Sólo había unos cuantos metros, muchos diría yo, ¡se veía tan pequeña la gasolinera!, advertí antes de bajarme: las ventanillas subidas sin abrir a nadie, pero a ver quién podía hacer eso si aquello era una sauna. Un coche pasaba a mi lado mientras me dirigía a la gasolinera y de reojo miraba diciendo para mí ¡por dios que no se pare!, pero se paró, eran de baños, me llevaron a la gasolinera y de vuelta al coche para echar la gasolina.

Desde entonces siempre intento y digo intento porque he estado en más de una ocasión con el depósito en reserva, llevarlo lleno; más bien medio lleno o medio vacío, según con las ganas que lo mire. Menos mal que no estaba por ahí la benemérita, sino lo que hubiera faltado.

La otra papeleta venía después, explicar lo sucedido pues ya imaginaba las reacciones: ¡si esto lo sabía yo! ¡no sé! ¿para qué vas?, ¡pero… claro!, ¡mira que nunca la sacas en limpio!... ; ¡leches pues hubieras dicho que no querías que fuera!, aunque claro, ¿hubiera hecho caso de las recomendaciones de no ir? Pues… seguro que no, pero… ahí queda en el aire, quién sabe. Todavía hoy cuando veo a los que me socorrieron aquél día me da risa, a ellos también les asoma una sonrisa de cierto ¿cachondeo?, pero siempre estaré agradecida, porque lo mismo todavía estaría camino de la gasolinera.

Iba a invitar a mi amiga a pasar un día de feria pero seguro que surgiría la típica excusa: ¡no puedo estoy trabajando! ¡es que estoy cansada! joder dí que no se te ha olvidado aquel día y que juraste que no volverías a montarte conmigo en un coche, porque ahora que lo pienso me hago unas preguntas: ¿cuánto hace que no se monta conmigo en el coche dos, tres o quizá cuatro años?; ¿cuánto hace que se ha sacado el carnet dos, tres o quizá cuatro años?.


Son muchas las cosas que me han pasado al volante y muchas personas las que han sufrido de mis peripecias al mismo, eso sí jamás he sufrido un percance, ni grande ni pequeño, pero... eso son otras historias.

viernes, 26 de agosto de 2011

Detener el mundo

Era un día habitual donde todo transcurría con calma, presentía algo extraño aunque no podía imaginar lo que más tarde le iba a acontecer, aun así lo que percibía le llegaba al corazón. Sabía que él andaba muy cerca y que no sería capaz de llamarle la atención cuando lo viera, pero anhelaba tanto estar con él que no dejaba de soñar con ese momento.

Permanecía sentada en aquél solitario banco donde todo parecía deshabitado; nadie paseaba por aquél lugar algunas veces tan transitado, pero tan vacío en ese instante.

En ese momento decidió escribir todas y cada una de las cosas que haría con él si estuviera junto a ella; si alguna vez tuviera esa oportunidad:

“Me gustaría verte una vez más y sentir tu respiración cerca de mí, notar tus manos sobre mi cuerpo, tus caricias, tus besos… escuchar tu voz, la cual imagino igual de sensible que tú cuando me miras; esa mirada que cuando se posa en mí me hace estremecer; me encantaría caminar contigo, descalzos, por los caminos más duros y también por los más bonitos; beber del mismo veneno para vivir y morir junto a ti; me gustaría olvidar el tiempo y que no existieran los relojes; me complacería que cuando tú y yo estuviéramos unidos el mundo se detuviese”.

Cuando llegó a ese punto, ‘me complacería que cuando tú y yo estuviéramos unidos el mundo se detuviese’, se paralizó; no podía continuar y pensó: ¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué estoy soñando? Nunca sabré de él y de hecho no sé quién es. Su mirada permaneció fija en un punto ficticio, la tristeza le embargó en ese instante y una lágrima humedeció sus mejillas.

Ella continúo escribiendo todo lo que le manifestaba su corazón, sin embargo esa premonición de que alguien la estaba observando aún la conservaba. Ella sólo lo presentía sin saber que al otro lado de aquella calle estaba él.

Le llamó la atención verla tantas horas sentada sola en ese frío banco sin alzar la vista, escribiendo, tan solo alguna vez la vio mirar sobresaltada hacía los lados, pensado él en ese momento que lo había visto, llevaba horas contemplándola con atención por lo que le daban ganas de salir y llamar su interés pero no se atrevía.

Ella cansada se levantó y se fue alejando de aquél lugar, él mientras la observaba pensaba qué pasaría si la seguía y la buscaba; ansiaba hablar con ella.

Cuando ella llegó a aquél lugar: un mirador desde donde divisaba toda la sierra; su vista se le perdía con el horizonte. Ya comenzaba a refrescar y se sentó acurrucada en aquél frío muro de piedra, por un momento se le paso toda su vida por la memoria, la tristeza le abrumaba, entonces volvió a sacar sus anotaciones y continúo escribiendo:

“Sé que tan solo eres un sueño para mí, pero aún sin conocerte y sin saber quién eres te necesito, sin conocerte anhelo un abrazo tuyo, una caricia, una sonrisa, una palabra con ternura… no te he encontrado aún y ya te comienzo a echar de menos, sé que existes y en algún lugar de este mundo tienes que estar, yo te encontraré y cuando lo haga sé sin lugar a dudas que te reconoceré…”.

En ese momento paró de escribir, notaba como alguien se acercaba lentamente, comenzó a inquietarse. Él que había decidido salir en su busca la vio sentada con la mirada perdida. Se dispuso a hablarle acercándose a ella y le dijo:

“Hola, llevo toda la tarde contemplándote y me ha llamado la atención lo que has estado haciendo todo este tiempo”; ella levantó la mirada y descubrió sus ojos, en ese preciso instante pensó: ‘no me puedo equivocar, eres tú a quien yo estoy esperando’; ella le dijo: “No hago nada simplemente me entretengo con algunas bobadas”.

Él interesándose le dijo: “¿Me dejas leer lo que estás escribiendo?”.

Ella le entregó su libreta y él comenzó a leer en silencio, ella no dejaba de observarlo mientras lo hacía; cuando finalizó sentado junto a ella, con delicadeza en la mirada, le dijo: “¿Me dejas que sea yo quién te dé un abrazo?

En ese momento algo surgió entre ellos, él le dijo: “Yo creo que te he encontrado ¿Podría ser yo quién tú buscas?”; ella sin que las palabras le salieran del cuerpo le contestó: “desde que ésta tarde noté que me observabas, sabía que eras a quien yo estaba esperando”. Hablaron durante un largo rato cuando comenzó a anochecer y él se atrevió acariciar su pelo respondiendo ella con una sonrisa, fundiéndose en un largo beso lleno de deseo.

Ninguno de los dos había jamás imaginado que se encontrarían, aunque ambos se estaban buscando, sin saberlo; deseando que en ese instante el mundo se detuviese.

domingo, 21 de agosto de 2011

Nube de Verano

El tiempo es como la vida misma, imprevisible, nunca sabes lo que puede suceder de un momento a otro.

El día de hoy comenzaba como otro cualquiera, con la disimilitud de que es sábado; por lo demás el día suele transcurrir semejante a otro de la semana: tareas domésticas, compras, ropa… bien es cierto que hoy ha habido una variación significativa, al menos para mí claro: he recibido gratas visitas, dos chicos bien guapos, al menos para mí claro está, la primera de ellas mi querido primo y ahijado, el benjamín de los Aliaga, siempre que viene a Baños me visita y hacía bastante que no lo veía; otra visita la de mi Jesús, otro benjamín, que antes veía todos los días pero desde que se marchó a trabajar fuera sólo lo veo los fines de semana, lo echo mucho de menos. Raquel ¡qué no esperabas tú eso en mi casa un día como hoy!.

Bueno a lo que iba, hacia un calor impresionante cuando nos dispusimos a salir para comer, hoy comimos fuera; no, no en la terraza, no, fuera de casa y estábamos a 43 grados, sí como lo digo ¡43 grados ni más ni menos!. Yo creo que casi me derrito, no, no por ser un bombón, como me dice Raquel, sino por el calor; Raquel es que necesita gafas de hecho las tiene ¡nunca las lleva puestas! por eso la vista en ocasiones le juega malas pasadas o es eso o bien me mira con muy buenos ojos.

Pues bien no eran aún las seis de la tarde cuando todo se tornó nublado: truenos, relámpagos; ¡con lo que me gusta este tiempo! y para colmo ¡¡¡se ha puesto a llover!!!, seguro que esto traerá más calor pero ahora mismo estoy disfrutando como suelen decir como un ‘enano’; escuchando el agua caer y el viento soplar, golpeando el cristal de mi balcón mientras percibo desde lo lejos los truenos; eso sí con el aire acondicionado encendido ¡porque hace un calor!.





Ahora cuando pase esta simple nube de verano tendré que recoger el agua que ha entrado por los demás balcones que permanecían abiertos y arreglar los daños colaterales sufridos por la misma, bajar los grados de aire acondicionado por el calor que vendrá más fuerte... es decir que después de disfrutar de una sosa nube hay que ponerse a trabajar. En fin todo sea por esos minutos de disfrute.



Bueno por algo dicen que este es el mes de las cabañuelas ¿no, o eso creo?, porque de esto yo no es que entienda poco, más bien no entiendo nada, yo sé que las cabañuelas están por llegar ¿cuándo? no sé y ahora que lo pienso tampoco sé que es, aunque si sé que algo tiene que ver con el tiempo.

Para complementar la tarde por si me faltaba algo, así de repente el cristal de la puerta del salón ha hecho: plof, plof haciendose mil pedazos; dice la niña que ha sido solo, ¡bueno me ha pillado en calma! y por un momento la creeré, aunque me da a mí que es mucha casualidad que justo cuando pasa ella el cristal caiga pero en fin...

sábado, 20 de agosto de 2011

Esencia de sensaciones

Las lágrimas son la esencia de las más dispares sensaciones albergadas por cualquier persona y que no a todos los sujetos les asoma, no por falta de sensibilidad sino más bien porque no están hechas a ello o quizá sean más fuertes a la hora de controlarlas, aun así se encuentra a quien les aflora con mucha facilidad y a la primera de cambio ya las tienes con el lagrimón corrido; puede ser de risa o pena, por recordar instantes vividos echándolos de menos…

A ella el lloro le surgía fácilmente, tanto en momentos tristes como alegres siempre le acababa recorriendo una lágrima por su mejilla, eso le causaba complejo y le costaba mucho asimilarlo ya que nunca podía guardar sus sentimientos, dándolos siempre a conocer. Ese día estaba especialmente triste, su chico se había marchado lejos y por primera vez se había separado de él, lo que le hizo confinarse por unos días y huir de todo.

Sentada junto a una minúscula luz y mientras fumaba un cigarro destinó a su chico unas palabras que dejó plasmadas en forma de carta en un trozo de papel:

Ay, mi vida, ya estoy en el momento remilgado del día, no te has marchado todavía y ya te comienzo a echar de menos, es la primera vez que vamos a estar separados y no sé cómo lo voy a sobrellevar, mi corazón está sin ganas de latir, mis ojos no quieren ver nada que no sea a ti, mis oídos sólo quieren escuchar tu voz y mi piel nada más que quiere encontrarse con la tuya.

El llorar sabes que en ocasiones me hace daño y me gusta hacerlo en silencio, ya sea por un motivo u otro siempre terminan brotando de mis ojos las lágrimas, aunque siempre y cuando tú no llores yo seré dichosa; quisiera que nunca estuvieses lejos de mí estando permanentemente a mi lado. El aire, cuando no te tengo presente, se me agota ya que tú eres mi sol, mi luz, mi aire, mi luna y mis estrellas… las palabras se me van escapando y se debilitan al no estar conmigo, pero… qué le voy a hacer ¡sabes que soy así!.

Se me forma un nudo en la garganta cuando no te veo que me impide gritar, gritar al mundo entero que eres mío y yo soy tuya, mío en corazón, cuerpo y alma. Me gustaría ser el aire que respiras, para así vivir y descubrir lo que albergas dentro de ti. El viento roza las palabras que tú pronuncias, tu rostro, tu mirada, tu cuerpo; quisiera robar ese aire para hacerme pasar por él, y de ese modo ser yo quien roce tu cuerpo en cada instante. Por otro lado me daría miedo que eso sucediese, por no saber aprovecharlo y hacerme pequeñita a tu lado. Me encantaría que en mi vida pudiera caminar, no guiada, sino acompañada por ti para llevarte aquí conmigo siempre ¿será que soy egoísta? Sí, quizá lo sea porque me encantaría de algún modo abarcar toda tu atención aunque en realidad sé que eso no puede ser así.

Que idiota me pongo, cuando en la soledad y en voz alta hablo de ti diciendo lo que pienso mostrando mis sentimientos, pero me da igual que sea así es lo que siento y no lo puedo ocultar aunque en ocasiones quisiera hacerlo, ya que siempre se me escapan porque mis sentimientos son libres, libres porque me gusta dejarlos volar aunque en ocasiones sean dispares; sé que hay veces que te molesta que lo haga pero es algo que va conmigo.

Cuando vuelvas te demostrare con cariño y pasión todo el amor que atesoro dentro de mí aunque sé que tú lo sabes. Hoy mis palabras son mudas, mi fantasía va más allá y no sólo recuerdo los instantes vividos junto a ti sino que además imagino todo lo que juntos podríamos vivir.

Querido mío ¡que cursi me pongo verdad! Pero es que para mí eres mi amado, mi amor, mi vida... espero que vuelvas pronto porque si no mi corazón dejará de palpitar, ya que noto como el aire que respiro me va faltando, porque tú para mi eres eso el aire que respiro.

viernes, 19 de agosto de 2011

No abandonar jamás

Se hallaba abandonada y vacía, en una vida miserable en la que no veía nada positivo y de la que pensaba que no le pertenecía, por lo que decidió por fin rendirse y abandonar la misma para trasladarse a lo que vaticinaba su fallido descanso final.

De pronto una luz iluminó todo su alrededor no pudiendo advertir de dónde y cómo surgió, no obstante era espléndida y fulgurante, de la misma brotaban chispeantes destellos de colores; resurgió poco más o menos de la nada algo parecido a una ninfa, su voz calmada y serena le susurró durante un corto espacio de tiempo.

Ella, perpleja por los acontecimientos, no dejó de observar y escuchar a aquella apacible visión, fue entonces cuando unas lágrimas recorrieron sus mejillas al percatarse del que quizá podía haber sido su mayor error, sin embargo, probablemente fuese demasiado tarde, ya que había dado ese paso y no había marcha atrás, se estaba produciendo el desenlace final.

Su cuerpo se desvaneció exactamente como cae una diminuta roca por un gran arrecife; sí, allí cayó ella, en un abismo infernal del que no lograba reunir la fuerza suficiente para salir de él; por más que vociferaba, sollozaba, se arrastraba hacía fuera del mismo nadie la escuchaba, su esfuerzo era en vano. Ya quedaría para siempre encerrada en ese averno.

Había irrumpido en un letargo por no saber o quizá no querer entender lo que le estaba sucediendo. La negrura de aquel instante era tal que se sucedieron momentos en los que no supo distinguir entre realidad y ficción, por lo que ahora estaba pagando un coste demasiado alto.

Momentos tristes fueron los vividos en aquellos instantes de desesperación, pero esa quizá habría sido la mayor lección que en su vida había aprendido y de la que no cabía arrepentimiento alguno: por querer ausentarse antes de tiempo y morir antes de que la vida le regalara todo lo bueno que quedaba por sucederle, estaría albergando la muerte durante el resto de sus días, algo que nunca podría perdonarse.

Y es que en la vida hay que instruirse de los fracasos y de los momentos malos; de las caídas hay que aprender a levantarse para seguir hacía adelante, mas no hay que derrumbarse a la primera, sino persistir hasta conseguir el objetivo marcado. No dejarse abatir por nada ni nadie sino seguir con tus propias vivencias, llevar tus sentimientos con ternura, dolor, afecto, alegría o tristeza… pero siempre vivirlas por ti mismo y nunca dejarse llevar por un momento mal vivido.