jueves, 5 de septiembre de 2013

El secreto (terror en la habitación)

Recientemente me comentaba La Voz que soy una incrédula ¿el motivo? que no termino de creerme las audiciones que llega a tener cada relato mío leído. Creo que el mérito de esas audiciones no es sólo mío por escribirlo sino también de quién lo lee.

Siempre, cuando leo un relato después de escribirlo, lo imagino tal y como se describe provocando en mí diferente sensaciones. Éste lo he escuchado en la tranquilidad, con los ojos cerrados y, por un momento he visto las imágenes que se describen en él llegando e incluso a erizarse mi piel, esas sensaciones se han intensificado.

Comparto la segunda y última parte del relato. 



miércoles, 4 de septiembre de 2013

El secreto (la habitación misteriosa)

Un relato en dos partes. Aquí la primera leída por José Francisco Díaz-Salado en su programa La Voz Silenciosa y que deseo compartir. 



martes, 3 de septiembre de 2013

Siempre estará ahí

José Francisco Díaz-Salado (La Voz Silenciosa) presentaba así éste relato escrito por mi: "un relato con un tema precioso, un final dulce y tierno bueno, realmente, todo el relato lo es".

Pero pienso que su voz, la intensidad con la que lee, la música... en fin... todo el conjunto hace que cualquier relato, por pequeño que éste sea, se engrandezca. 



lunes, 2 de septiembre de 2013

Terror en la habitación

Antes de llegar hasta ella la mujer se desvaneció en un santiamén aumentando, en ese instante, su asombro así como su curiosidad por averiguar quién era; pese a estar inquieta por lo que terminaba de suceder, poco a poco, se fue sumergiendo en un profundo sueño ideando cómo, al día siguiente, continuaría investigando sobre la historia de esa casa, la habitación y la dama misteriosa.

En sus sueños aparecía la imagen de una mujer apenada sentada en la penumbra de la habitación mientras que con su pluma dejaba plasmado sobre el papel todo aquello que sentía, su amor, sus miedos, sus temores... fantaseaba con mil y una historia alrededor de ella, le parecía tan real. Apenas había amanecido cuando comenzó a escuchar el dulce canturreo de los pájaros, como el viento soplaba suavemente casi susurrándole y el agua parecía acariciar el cristal de su ventana resbalando por él, todo aquello la invitaba a permanecer acostada dándole pereza levantarse, sin embargo, no tardó en decidirse a hacerlo pues ansiaba proseguir explorando la habitación así que lo primero que hizo fue dirigirse hacia la puerta de la misma; no entró, no se atrevía, sólo apoyó sus manos sobre ella arrimando su rostro despacio, como si quisiera escuchar lo que sucedía tras ella; se retiró de allí para prepararse el desayuno y tras servirse una taza de chocolate calentito se sentó en el sofá sin apartar la mirada de la puerta y, en ese instante, algo le empujó a entrar y sin pensarlo se levantó agarró el pomo de la puerta y la abrió. Todo estaba tal y como lo había dejado la noche anterior. A pesar de la claridad del día no dejaba de ser una habitación siniestra volviendo a recorrerla admirando cada rincón de la misma, cada libro, cada mueble, cada cuadro... las cortinas que tapaban las ventanas desprendían un extraño olor y parecían que estaban mojadas por la humedad.

Volvió a acercarse a la mesa pasando levemente su mano por ella agarrando entre sus manos una de esas viejas libretas que soltó rápidamente, como si alguien le hubiese dado una manotada, para dirigir su mirada en esta ocasión hacia otra que le fascinó llamando su atención, una vez más, era como si alguien la guiara hasta ella. No dudó en agarrarla y tras pasar su mano por ella, acariciándola, la abrió; en un primer momento se sorprendió pues parecía como si sus hojas pasaran solas hasta detenerse en una que estaba separada de la otra por una antigua foto, casi desgastada, en la que se apreciaba una pareja abrazada en un lugar que le parecía reconocer pero que en ese momento no lograba situarlo, se acomodó en la silla y comenzó a leer:

"Te escribo esta carta después de tanto tiempo sin mantener contacto contigo para decirte todo aquello que siento. Sé que ya es tarde, que no hay marcha atrás, que jamás volverás a mi lado y eso, eso me quema por dentro, me está devorando, a pesar de los años de espera no puedo apartar de mi memoria tu risa, tu voz, tu mirada... No sé si tendrás ocasión de leerla, no lo creo, pues antes de comenzar a redactarla ya está predestinada a no ser enviada al igual que nuestros corazones siempre estuvieron predestinados a no estar juntos, no obstante, si por un capricho del azar algún día llegara a tus manos quiero que recuerdes y que jamás olvides el cariño que siempre te he tenido, te tengo y te tendré e incluso después de mi muerte. Contigo he compartido risas, lágrimas, confidencias... así como instantes juntos que para mi son inolvidables; no imaginas como algo se rompía dentro de mi cada vez que coqueteabas con alguna chica, ahora sospecho que era tan sólo para hacerme enojar; no tienes idea de lo que sufría cuando tenías algún problema por insignificante que éste fuese; como tampoco puedes imaginar como me alegraba cuando todos esos problemas eran solucionados; el dolor que sentí cuando tuviste que marcharte...".


Se detuvo un momento para coger aire pues parecía que junto a ella permanecía esa mujer sentada transcribiendo todo lo que su corazón le dictaba sabiendo que jamás él podría leer sus letras, advirtiendo en su pálido rostro unas lágrimas que lo quemaban, la veía desmoralizada, sin apenas ganas de seguir viviendo e incluso hubo un instante que le pareció escuchar su voz mientras escribía; era una voz dulce, suave, entrecortada por el dolor, llena de sufrimiento...; no podía evitar crear sus propias hipótesis sobre su historia; de sus ojos brotaban unas tímidas lágrimas que tras secarlas con la yema de sus dedos, respiró hondo y continuó leyendo:

"Recuerdo cuando comentabas que sabías qué me unía a ti, que conocías qué sentía por ti además de la amistad pero siempre pensé que lo decías para bromear conmigo, sin embargo, tu insistencia en ello me llevó a pensar en todo aquello que decías. Había veces que me daba miedo mirarte a los ojos pues no quería que en mi mirada notaras el deseo que sentía por ti. Sí, ansiaba más de ti, quería que envolvieras mi cuerpo con tus caricias, jugar contigo entre tus sábanas, sentir tus caricias... 

Finalmente lo descubrí, sí, y no voy a negar que me sorprendí por ello. Tuviste que marcharte lejos para que me diese cuenta de mi cariño hacia ti, he tenido que perderte para reconocer que para mi eres como el aire que respiro, que tengo ganas de ti, que te recuerdo más que nunca. Lo sé, ya es tarde, sin embargo, sé cómo podemos estar juntos, sé que volverás, sé que lo harás y espero ansiosa compartir contigo más momentos...".

Ahí terminaban las letras y quedó desconcertada al seguir pasando las hojas y no encontrar nada; no había nada más, las demás libretas estaban vacías, rebuscaba sobre la mesa sin hallar ni tan siquiera más fotos ¿sería esa su última carta? ¿ a qué se refería cuándo decía que sabía cómo podían estar juntos? tenía rabia porque se había quedado con muchas incógnitas sin resolver; qué fue de ella, porqué todo aquello estaba abandonado, por qué...

Repentinamente el frío se apoderó de ella queriendo salir de allí pero no podía pues la puerta parecía estar cerrada con llave ¡qué extraño, ésta puerta jamás ha tenido pestillo! pensó comenzando a asustarse mientras tiraba fuerte del pomo, sin embargo, le era imposible abrirla; escuchó un ruido tras ella y se quedó inmóvil, se volvió pausadamente, sintió como su cuerpo se paralizaba quedándose atónita, su piel se le erizó frotándose sus ojos fuertemente para ver si así desaparecía lo que estaba viendo; en el suelo junto a la mesa aparecieron unas gotas que parecían ser de sangre, antes no las había visto, cerró los ojos y al abrirlos le llegaron una sucesión de imágenes que hicieron que su corazón se agitara aún más y de sus ojos brotaran lágrimas llenas de angustia; observó como la mujer colocó tranquilamente la pluma en un tintero y antes de cerrar la libreta abría el cajón que había a la derecha de la mesa, ella apoyada en la puerta contemplaba boquiabierta cada movimiento, sacaba una foto que besó dulcemente antes de introducirla entre las hojas para a continuación agarrar un objeto que se hallaba junto a unos libros y que parecía un abrecartas, en ese momento quería gritar para detenerla pues estaba sintiendo una opresión en el pecho, pero la señora sin mediar palabra alguna lo clavó firmemente en su pecho cayendo desplomada sobre la alfombra que cubría el suelo, su cuerpo convulsionaba obteniendo sus ojos un brillo a causa de las lágrimas que comenzaron a emerger abundantemente de ellos; acaba de quitarse la vida y de sus labios pudo escuchar las que fuesen sus últimas palabras: "Ahora estaré contigo eternamente".


No podía evitar estar sobresaltada pero lo hizo aún más cuando observó que junto a la mujer había alguien más y aunque no lo distinguía bien le parecía al caballero que momentos antes había visto en la foto, perpleja vio como él le dirigía su miraba sonriendo entretanto abrazaba a la dama; ambos se miraron a los ojos y tras sonreírse unieron sus labios; sin poder articular palabra alguna observaba atenta junto a la puerta cuando la señora dirigió la mirada hacia ella mientras le decía: "Te hice venir para que transmitas que lo hice por él, sólo por él, para estar con él, lo hice porque lo quiero, le arrebataron la vida en una absurda lucha y yo me la quité para vivir siempre juntos... sé que defraudé a mi familia pero no fue esa mi intención sólo quería finalizar la agonía que llevaba tiempo soportando y ahora soy feliz; deseo que mi habitación quede abierta pues no queremos continuar encerrados, que nadie se sienta culpable por lo ocurrido".


Ella miró a la pareja y tras una leve sonrisa salió de aquella habitación agotada. No terminaba de entender todo aquello que acababa de ocurrir, sin embargo, sí percibió que tras aquello al volver a entrar a aquella habitación no era tan siniestra como antes; si bien todo en ella permanecía intacto cada libro, cada libreta, cada mueble...  ahora era diferente pues se respiraba tranquilidad y sosiego. Ya no sentía miedo al entrar a esa estancia de la casa, olvidó el terror que pasó ese día, por lo que la escogió para pasar sus horas de recogimiento y, desde la que a veces, le parecía contemplar a la pareja deambular por la casa, reír y charlar en el sofá junto a la chimenea, el mismo desde el que un día ella sintió la inquietud de averiguar qué había tras la puerta de la habitación misteriosa.