viernes, 31 de diciembre de 2010

Feliz Año Nuevo

Hoy quería escribir una entrada especial, quería escribir mi última entrada de este año; era un regalo para todos los amigos, que aunque no son muchos, se que me aprecian ( jajaja aunque ellos no lo sepan, en el fondo de su corazón, pero muyyyy en el fondo, al menos eso espero y se que sí) pero he tenido un problema, ¿cómo puedo envolver todo el amor y un gran beso?, no pude.
Así que, el último deseo de este año, va envuelto en una grannnnnn cajita rebosante de Paz, hasta arriba de toda la alegría, llena de la entereza con la que hay que afrontar todos y cada uno de nuestros problemas, envuelta con todo el cariño del mundo y sellada con una gran sonrisa, para después hacerosla llegar con un gran beso, espero que todos la recibáis, y tened cuidado al abrirla que dentro hay otra gran sorpresa.
Un beso y un fuerte abrazo. Feliz año 2011.

domingo, 26 de diciembre de 2010

NAVIDAD

A mí, la Navidad, sinceramente es una fiesta que no me gusta, cada año menos, prefiero otras fiestas, pero si es verdad, que aunque durante todo el año tienes unos sentimientos, durante estas fechas parece que los mismos afloran más.

Quizás en parte sea por la felicidad de quienes les gusta, que a veces es más contagiosa que la tristeza o que en estas fechas siempre se recuerda a los que no están presentes, durante todo el año lo haces, pero ahora más, será ese el motivo por el que no me gustan, no lo sé.

No soy yo de muchas felicitaciones, pero este año, si he dado algunas, por correo electrónico, expresando en ellos sentimientos que en esos momentos afloraron en mí, y que seguramente cara a cara no sería capaz de expresar, ya que a veces me cuesta hacerlo.

De todos los correos que envié, recibí uno de respuesta, al que en ese momento no le pude contestar, pudiera ser quizás de la emoción que me dio, porque eso es algo que no puedo controlar, me emociono de momento, pero hoy lo voy hacer desde aquí, el correo decía lo siguiente:

Que decir, ya sabes lo que pienso de la Navidad, no voy a mandarte cosas como armonía , paz y esperanza paso.
Solo decirte GRACIAS
por estar ahí,
por escucharme cuando lo he necesitado ,
por aguantar mi genio,
por que amigas como tú no las encuentras todos los días ,
y menos en los tiempos que corren.
GRACIAS POR SER MI AMIGA.
Que lo pases muy bien este día y todos los días de tu vida,
que comas , bebas y cantes y que todas tu preocupaciones
se disipen al menos por unos días , así que disfruta la vida son dos días
un besote grande para los tuyos y para ti el más grande.

Desde aquí te quiero decir, gracias a ti por estar tu también, gracias a ti por confiar en mí tus cosas, gracias a ti por dejarme que te escuche, gracias a ti por compartir momentos y sobre todo gracias a ti por dejarme ser tu amiga.



jueves, 23 de diciembre de 2010

Reflejo de un recuerdo

Escuchando la lluvia golpear mi ventana, sentada en la soledad de mi habitación, miré hacia el cristal, vi en él los reflejos de toda una vida.

Cerré los ojos suavemente; en ese momento sentí algo especial: me vino a la memoria aquellos recuerdos... recuerdos de infancia.

Aquel día, todos estábamos reunidos; llovía igual que hoy lo hace, éramos unos niños, y decidimos escaparnos e investigar cómo era todo ese mundo desconocido para nosotros; nos cogimos de la mano y salimos decididos a ello, con paso firme y muy valientes.

Bajamos por el Cotanillo. Recordaba que siempre me decían: No bajéis por ahí, que están los corralones y sale el Marango. Pero eso a nosotros más que asustarnos nos despertaba el interés; llegamos hasta la plaza y nos creíamos perdidos, pero nos dirigimos hacia esa fortaleza que tanto nos llamaba desde siempre la atención. Al llegar nos encontramos a un señor y nos dio risa, pues con su garrota nos quería pegar, pero después nos asustamos y corrimos retrocediendo hacia la plaza.

Allí estaban ellos; tú dijiste: parece la guardia civil, y yo con una sonrisa te contesté: ya, pero parecen cabreados. Nosotros pensamos que no notarían nuestra ausencia, pero claro, cómo no notarla si eramos una bomba los dos juntos, como siempre nos decían. Con cara de inocentes los miramos, pero claro, ya nos conocían, en fin... nuestra aventura finalizó donde empezó, eso sí, con el pequeño susto que nos dio aquél señor, la aventura de haber conocido nuestra fortaleza y una tremenda regañina por parte de nuestros padres.

Hoy en ese reflejo del cristal me he visto salir, caminar bajo la lluvia; no me importaba mojarme, que el agua recorriera mi rostro, así no se me notaría las lágrimas derramadas en esa noche. Sentí que me dabas la mano, el calor que desprendías, pero ya no éramos unos niños, nadie nos buscaba, y podíamos salir a investigar el mundo que ya sí conociamos, hacer lo que quisieramos... pero al abrir los ojos tú no estabas, continuaba sentada en aquella habitación, el agua habia cesado, pero mis mejillas aún estaban húmedas; mi mano continuaba caliente, son sólo recuerdos, era sólo un sueño.

martes, 14 de diciembre de 2010

La niña de la luna

Era una persona tranquila; daba la impresión de ser alguien con miedo a todo; le costaba mucho trabajo expresar sus emociones... Aquel día, sentada junto a un árbol en la orilla del río, recordó aquella breve pero intensa noche de amor y pasión.

Aún era joven, su piel morena brillaba bajo el sol ardiente de aquél día, sus ojos tenían todavía ese brillo de la inocencia de una niña… Llevaba un vestido dejando entrever sus bellos encantos, su cuerpo aunque no era igual que el de una chica de revista aún llamaba la atención.

Ese día, al igual que otros muchos, quedó con sus amigas para ir a una fiesta. Allí fue donde lo conoció a él, al verlo sintió como su cuerpo se derretía por dentro, su corazón latía como pocas veces lo había hecho. Él era alto, parecía sacado de una película, quizás algo mayor que ella, sus ojos tenían un brillo especial de los que no podía separar su vista, su sonrisa pícara la estaba hipnotizando.

Él la miró y con una sonrisa conquistadora se acercó lentamente a ella, él notaba sus nervios, con dos suaves besos en la mejilla le susurró al oído: ¿dónde te has metido todo este tiempo?, ella lo miró a los ojos, como embrujada, y con voz temblorosa le contestó: te he estado buscando.

Con una sonrisa le dió la mano y la apartó de todo el grupo, le pidió dar un paseo, al que ella no pudo negarse, pasearon bajo aquel precioso manto de estrellas; hablaron sin parar, como dos desconocidos queriendo saber todo sobre ellos, y con miedo a que si llegaba el silencio toda aquella magia desapareciera, quedando todo en un dulce sueño.

Mientras hablaban, sin darse cuenta cómo, se fundieron en un tierno beso, se rozaban con miedo, las caricias se fueron encadenando unas con otras y los besos cada vez eran más y más apasionados. Sus cuerpos se entrelazaban sin dejar de separar en ningún momento sus cuerpos, las palabras sobraban, sólo se escuchaba los gemidos, susurros, los besos de pasión y el silencio de aquella noche de estrellas y luna llena.
Los dos quedaron tendidos, continuaban abrazados, mirándose a los ojos. A ella aún se le podía ver sus pechos descubiertos. Ella tumbada mirando al cielo, quizás pidiendo que no terminara nunca esa noche junto a ese chico tan especial, que no saliera más el sol, él echado junto a ella, mirándola a los ojos sin dejar en ningún momento de acariciar sus piernas, su ombligo, sus pechos, viendo como se le erizaba el vello con cada caricia suya, pasando sus suaves manos una y otra vez sobre su cuerpo desnudo.
Se abalanzó otra vez sobre ella y besándola con toda la dulzura de sus labios, insaciable y sin dejar de apartar en ningún momento las manos de su cuerpo ardiente, le susurró: no te dejaré escapar.

El día comenzó a abrir igual que una flor florece, del mismo modo que ella dejó escapar todas sus emociones hacía él. Sentada junto a la orilla de aquel río, casi desnuda, continuaba vibrando con los recuerdos de aquella bonita noche, esperando que él volviera para acariciar su cuerpo, y sentirse una vez más deseada como aquel día, quizás como en aquel sueño.


















viernes, 3 de diciembre de 2010

... Junto al Mar

Al despertar noté cómo aquel frío intenso recorría cada parte de mi cuerpo, rápidamente inyectaron en mí ese veneno que me hacía sentir cada vez más y más cansada, por lo que volví a caer en un profundo sueño en el que todo parecía real, esas voces, a veces lejanas, no dejaba de escucharlas, hablaban entre ellas aunque no entendía sobre qué; el eco de las mismas cada vez se hacía más lejano.

Fue entonces cuando sin que nadie se diera cuenta, salí casi volando de aquella fría habitación; me desplazaba como ave libre, no sé cómo fue que llegué pero en un breve instante me vi en un inmenso cielo azul precioso, era el mar. El zumbido de las pequeñas olas golpeando las rocas, el sonido del agua mezclado con el aroma que desprende cuando ésta toca la arena, hacía que mi vello se erizara, me quedé inmóvil frente aquella maravilla, sentada, observando el baile del agua con el viento, imaginando ser una sirena que recorre cada centímetro de aquél extraño rincón para descubrir sus secretos, donde muy pocas veces había estado y que tanto me gustaba.

 

Ese día, por primera vez lo estaba disfrutando, mi vista se perdía con el horizonte, sentí por un momento una sensación de frío, pero no me quería ir, por una vez me encantaría disfrutar de un bonito amanecer y sentir la brisa de la mañana en mí, como tantas veces había visto en esos documentales.

Cerré los ojos e imaginé a unos niños jugando con la arena y riendo mientras el agua del mar se llevaba la pequeña fortaleza que tanto esfuerzo les había costado construir; imaginé una pareja que paseaba de la mano, ambos con una sonrisa y pisando con sus pies descalzos la arena mojada por el agua con tanta calma y tranquilidad como la que yo sentía estando junto al mar; por un momento abrí los ojos y me pareció que estaba amaneciendo, el sol se veía asomar con timidez por el horizonte, la luz brillante junto al sonido mudo del agua que tantas cosas me decía en esos momentos, y la arena mojada hizo que de mis ojos brotaran unas lagrimas de emoción, un sentimiento indescriptible y que, hasta ese momento, nunca había experimentado.

 

Continuaba con los ojos cerrados, el eco de aquellas voces lo escuchaba otra vez, poco a poco más cercano, ese frío intenso en todo mi cuerpo lo estaba sintiendo una vez más, no era como antes que notaba una brisa cálida que daba placer a mi cuerpo, sino todo lo contrario; me daba miedo volver a ese frío y dejar atrás ese inmenso cielo azul, esos niños jugando en la arena y esa joven pareja paseando descalzos junto a la orilla. Me daba miedo dejar de ser aquella sirena que investiga cada milímetro del fondo del mar, pero todo quedó atrás, volví a ese frío, noté cómo me despertaban, el veneno que me habían inyectado había dejado de funcionar, todo volvía a la realidad.


En ocasiones, cuando cierro los ojos en la soledad, parece que vuelvo por un instante a ese mar que me enamoró, a esa calma que me dio y noto la brisa en mi cara y la luz brillante del sol que da la bienvenida a un nuevo día.

Quién dijo que no todos podemos ser aves libres… yo me siento así, porque nunca me faltará la imaginación para volar en cualquier momento a esos lugares que nunca he visitado, pero que tanto me gustaría, y que en esos instantes los siento tan míos y los disfruto tanto como si en realidad estuviera allí.