viernes, 3 de diciembre de 2010

... Junto al Mar

Al despertar noté cómo aquel frío intenso recorría cada parte de mi cuerpo, rápidamente inyectaron en mí ese veneno que me hacía sentir cada vez más y más cansada, por lo que volví a caer en un profundo sueño en el que todo parecía real, esas voces, a veces lejanas, no dejaba de escucharlas, hablaban entre ellas aunque no entendía sobre qué; el eco de las mismas cada vez se hacía más lejano.

Fue entonces cuando sin que nadie se diera cuenta, salí casi volando de aquella fría habitación; me desplazaba como ave libre, no sé cómo fue que llegué pero en un breve instante me vi en un inmenso cielo azul precioso, era el mar. El zumbido de las pequeñas olas golpeando las rocas, el sonido del agua mezclado con el aroma que desprende cuando ésta toca la arena, hacía que mi vello se erizara, me quedé inmóvil frente aquella maravilla, sentada, observando el baile del agua con el viento, imaginando ser una sirena que recorre cada centímetro de aquél extraño rincón para descubrir sus secretos, donde muy pocas veces había estado y que tanto me gustaba.

 

Ese día, por primera vez lo estaba disfrutando, mi vista se perdía con el horizonte, sentí por un momento una sensación de frío, pero no me quería ir, por una vez me encantaría disfrutar de un bonito amanecer y sentir la brisa de la mañana en mí, como tantas veces había visto en esos documentales.

Cerré los ojos e imaginé a unos niños jugando con la arena y riendo mientras el agua del mar se llevaba la pequeña fortaleza que tanto esfuerzo les había costado construir; imaginé una pareja que paseaba de la mano, ambos con una sonrisa y pisando con sus pies descalzos la arena mojada por el agua con tanta calma y tranquilidad como la que yo sentía estando junto al mar; por un momento abrí los ojos y me pareció que estaba amaneciendo, el sol se veía asomar con timidez por el horizonte, la luz brillante junto al sonido mudo del agua que tantas cosas me decía en esos momentos, y la arena mojada hizo que de mis ojos brotaran unas lagrimas de emoción, un sentimiento indescriptible y que, hasta ese momento, nunca había experimentado.

 

Continuaba con los ojos cerrados, el eco de aquellas voces lo escuchaba otra vez, poco a poco más cercano, ese frío intenso en todo mi cuerpo lo estaba sintiendo una vez más, no era como antes que notaba una brisa cálida que daba placer a mi cuerpo, sino todo lo contrario; me daba miedo volver a ese frío y dejar atrás ese inmenso cielo azul, esos niños jugando en la arena y esa joven pareja paseando descalzos junto a la orilla. Me daba miedo dejar de ser aquella sirena que investiga cada milímetro del fondo del mar, pero todo quedó atrás, volví a ese frío, noté cómo me despertaban, el veneno que me habían inyectado había dejado de funcionar, todo volvía a la realidad.


En ocasiones, cuando cierro los ojos en la soledad, parece que vuelvo por un instante a ese mar que me enamoró, a esa calma que me dio y noto la brisa en mi cara y la luz brillante del sol que da la bienvenida a un nuevo día.

Quién dijo que no todos podemos ser aves libres… yo me siento así, porque nunca me faltará la imaginación para volar en cualquier momento a esos lugares que nunca he visitado, pero que tanto me gustaría, y que en esos instantes los siento tan míos y los disfruto tanto como si en realidad estuviera allí.










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