domingo, 29 de marzo de 2015

Me dueles

He encontrado éste poema, me ha gustado y lo quiero compartir.


Mansamente, insoportablemente, me dueles.
Toma mi cabeza. Córtame el cuello.
Nada queda de mí después de este amor.

Entre los escombros de mi alma, búscame, 
escúchame.
En algún sitio, mi voz sobreviviente, llama,
pide tu asombro, tu iluminado silencio.

Atravesando muros, atmósferas, edades,
tu rostro (tu rostro que parece que fuera cierto)
viene desde la muerte, desde antes
del primer día que despertara al mundo.

¡Qué claridad de rostro, qué ternura
de luz ensimismada,
qué dibujo de miel sobre hojas de agua!

Amo tus ojos, amo, amo tus ojos.
Soy como el hijo de tus ojos,
como una gota de tus ojos soy.
Levántame. De entre tus pies levántame, recógeme,
del suelo, de la sombra que pisas,
del rincón de tu cuarto que nunca ves en sueños.
Levántame. Porque he caído de tus manos
y quiero vivir, vivir, vivir.

                                                                          Jaima Sabines










viernes, 27 de marzo de 2015

Infinitos recuerdos

Es increíble como un aroma puede atraer infinitos de recuerdos. Éste olor del que hablo en mi relato no lo podría describir; es el aroma de una comida que cada vez que ella la cocinaba inundaba la casa de él y que a pesar de hacer más de veinte años que no está aquí, con nosotros, hay instantes que lo percibo. Con su receta he intentado conseguirlo y no lo he logrado ni en sabor ni en olor. Jamás he vuelto a probar una comida así. Para  mi resulta asombroso que me llegue tan intensamente y no me valdría la escusa de que alguien puede estar cocinando porque aparece en cualquier momento, lugar y hora. Hoy quiero compartir éste relato "Un olor especial" en la voz de José Francisco Díaz-Salado en su programa de "La voz silenciosa". Gracias José por tu bienvenida. 



martes, 24 de marzo de 2015

Un olor especial

No sé si, quizá, sea porque hay momentos en los que estoy más sensible. Instantes en los que los sentimientos están más a flor de piel y que, posiblemente, no sea capaz de expresar lo que siento o, simplemente no pueda a ojos de los demás. Momentos en los que sólo se necesita de una palabra, un gesto... pero mientras caminaba rápidamente, observé de pasada a una señora que me recordó a ella y, al llegar a casa un aroma llegó a mi... me he detenido por un momento y he aspirado hondo, muy hondo para percibirlo más intensamente si cabe y sí, era el mismo. Ese olor tan especial que no podría describir y que, a pesar de los años, jamás podré olvidar y que llega a mi, siempre, en los momentos que, posiblemente, más necesito de su presencia. Por extraño que parezca cuando percibo ese olor mis recuerdos se llenan de ella y revivo instantes que estaban guardados en lo más profundo de mi, detalles que por pequeños que parezcan deben de ser importantes cuando vuelven a florecer. Me sonrío mientras escribo estas letras porque recuerdo cuando, desde pequeña, iba a su casa para escribir esas extensas cartas que ella me dictaba y que jamás olvidaré, siempre comenzaba igual: "Querido hermano, espero que a la llegada de ésta te encuentres bien...." y siempre finalizaban de igual modo: "...y sin nada más que decirte se despide de ti, tu hermana que te quiere y nunca te olvida..." claro que no me olvidaba jamás poner el lugar y la fecha; entre el saludo y la despedida siempre había por medio un par de hojas de las que se vendían junto al sobre y que eran de una raya, me gusta escribir en hojas así quizá sea por ese recuerdo. Ella, es como si la estuviera viendo ahora mismo sentada junto a la puerta dictándome cada palabra, cada sentimiento... contaba cómo se encontraba y cómo estábamos todos, es como si la viera mirarme y sonreírme mientras escribía y con esa media sonrisa me pregunta si se le ha pasado algo por contar. Qué alegría le daba cuando días después recibía respuesta a su carta y yo se la leía sentada en el tranco de la puerta mientras ella escuchaba atentamente cada palabra mía. Todo se llena de recuerdos que me hacen sonreír porque los otros, los que hacen que los ojos se enrasen en lágrimas intento apartarlos en cuanto comienzan a llegar. Quizá, en esos momentos, cuando estoy entristecida por cualquier motivo y no tengo una palabra, ni un gesto, ni un abrazo... es cuando ese aroma, por tonto que parezca es como si alguien desde ese otro lugar estuviera a mi lado, envuelve mi cuerpo en un fuerte y cálido abrazo.

martes, 17 de marzo de 2015

Soledad


Ellos tienen razón
esa felicidad
al menos con mayúscula
no existe
ah pero si existiera con minúscula
sería semejante a nuestra breve
presoledad


después de la alegría viene la soledad
después de la plenitud viene la soledad
después del amor viene la soledad
ya sé que es una pobre deformación
pero cierto es que en ese durable minuto
uno se siente
solo en el mundo
sin asideros
sin pretextos
sin abrazos
sin rencores
sin las cosas que unen o separan

y en esa sola manera de estar solo
ni siquiera uno se apiada de uno mismo
los datos objetivos son como sigue

Hay diez centímetros de silencio
entre sus manos y mis manos
una frontera de palabras no dichas
entre tus labios y mis labios
y algo que brilla así de triste
entre tus ojos y mis ojos

claro que la soledad no viene sola

Si se mira por sobre el hombro mustio
de nuestras soledades
se verá un largo y compacto imposible
un sencillo respeto por terceros o cuartos
ese percance de ser buena gente

Después de la alegría
después de la plenitud
después del amor
viene la soledad

conforme
pero
qué vendrá después
de la soledad

a veces no me siento
tan solo
si imagino
mejor dicho si sé
que más allá de mi soledad
y de la tuya
otra vez estás vos
aunque sea preguntándote a solas
qué vendrá después
de la soledad.

                                                                    Mario Benedetti-Poemas de otros









miércoles, 11 de marzo de 2015

La plaza

Me encanta sentarme en un banco de esa plaza que tanto me gusta y tantos recuerdos me trae. Hace años, muchos años que la visito tantos que, los más atrevidos, por llamarlos de algún modo, osan a preguntar si ese banco lo tengo en propiedad; después de todo diría que llevo media vida visitándola. (Mis primeras visitas comenzaron cuando, siendo casi una niña, me reunía para hablar sobre la que entonces era la única banda de cornetas y tambores que había en el pueblo... Recuerdo cuando allí pusimos por primer vez la Oficina de Turismo, sí, en mitad de aquella plaza, tanto si hacía frío como calor, daba igual, allí recibíamos a nuestros primeros visitantes... Después, durante unos años más, mi trabajo como autónomo en la que pasó a ser la Oficina de Turismo me hizo seguir pasando allí buenos momentos. Continúe trabajando en correos por lo que no dejé de visitarla...) Algunas veces sola, otras acompañada me gusta sentarme allí y charlar con alguna amiga, pensar, soñar, leer... si ese u otro banco de aquella plaza hablara, seguramente, podría contar mil y una historia de lo que allí ha podido ocurrir. Si ese banco contara todos y cada uno de los pensamientos de quienes se han sentado allí, incluidos los míos, no terminaría jamás de hacerlo y, posiblemente, habría más de una sorpresa. "Ya estamos todos, ya está aquí la nena" me dice algunas veces algún señor de los que habitualmente allí me encuentro.







Acompañada, sobre todo con esa chica que casi siempre suele llevar una sonrisa dibujada, Ana Belén, he pasado muy buenos momentos, risas, nos hemos contado muchas confidencias, hasta hemos llorado... 







De noche, cuando permanece casi desierta, sobre todo en las noches de verano se puede disfrutar de ese silencio que sólo es roto por el sonido del agua al caer en la fuente. Es relajante.









Al sol, en la tranquilidad, cuando a penas hay gente e incluso se encuentra vacía es un buen lugar para leer...





Para soltar la creatividad y dibujar...


Lo  mismo nos da que sea fiesta, fin de semana, o cualquier día entre la misma para sentarnos allí. Y cómo nosotras mismo nos decimos: "a quién no le guste que no mire". Que sabemos que son muchos quienes, de reojo nos mira, al vernos un día cualquiera allí sentadas pensará cualquier cosa... en los pueblos...






Para tomar un refresco mientras compartimos los momentos.






Ya tenemos una nueva compañera a la que hemos acostumbrado, porque lo ha hecho pronto, a estar con nosotras allí y con a penas diez meses de vida ya va por su segundo verano.





"Refrescarse", por decir algo, en verano con el agua de la fuente.





Fumar un cigarro.




Mientras el pensamiento se va a no sé dónde, o sí?







Charlar también, por qué no, con los amigos que están al otro lado.






Poder admirar la monumental fortaleza que abandera el pueblo.




A veces, los pensamientos son profundos y, como se suele decir, el santo se va al cielo. 






Su primera visita a la plaza con unos días de vida. Lo que se puede llegar a querer a una cosita tan pequeña.






Ponernos morenitas... que otro sol no nos va a dar.



























Y cuando nos marchamos. Allí, solo, se queda nuestro banco. A la espera de la llegada de otro día para volver a escuchar nuestras cosas, adivinar nuestros sueños, nuestros deseos... 




martes, 10 de marzo de 2015

Transmisión de pensamientos

Como dice José, en su entrada de presentación a éste micro relato, sí podría ser que seamos muchos quienes nos sintamos pequeñas mota de polvo. Quiero compartir dicho micro relato "pequeña mota de polvo" leído en el programa La voz silenciosa por José Francisco Díaz-Salado.



domingo, 8 de marzo de 2015

Pequeña mota de polvo

Y alzar la vista al inmenso cielo se sintió una pequeña mota de polvo. Alguien sin importancia que pasaba inadvertida sin nada interesante que ofrecer y que merodeaba cada día por el mundo. Posiblemente, cometía errores, muchos. Suponía que igual tendría algunos aciertos. Alguien que cuando se equivocaba sabía pedir disculpas, quizá, a veces tarde y otras, tal vez no las pedía porque ni si quiera se daba cuenta del error. Tal vez también sean muchas las ocasiones en que esperaba esa disculpa por parte de los demás, o unas palabras que le confortaran y le hicieran sentir bien y nunca llegaban. Alguien a quien las lágrimas se le escapaban con tanta facilidad que, a veces, tenía que ausentarse con cualquier escusa para que no la vieran llorar. Alguien que en las noches, cuando estaba sola, cuando nadie la observaba, cuando el mundo dormía y ella aún continuaba vagando por la noche se desahogaba y limpiaba el alma con esas lágrimas que, a veces, le ardían en sus mejillas pero que dejaba correr libres. Alguien que, a pesar de su sonrisa casi siempre dibujada en su rostro, en su interior albergaba la tristeza. Alguien que, en algún momento, seguía sintiendo que era esa pequeña mota de polvo.

martes, 3 de marzo de 2015

Con intensidad

Como dice José Francisco aquí estoy de nuevo, en ésta ocasión sin fotos pero con la misma intensidad de siempre. Gracias José por la narración de mis relatos y por todo, ya sabes. Siempre es agradable saber que hay quien te tiene cariño y se preocupa. Hoy quiero compartir mi relato Miedo, leído por José Francisco Díaz-Salado en su programa La voz silenciosa. 


domingo, 1 de marzo de 2015

Miedo

En el mismo instante que cruzó el umbral de la puerta sintió que era observada y, aunque la oscuridad no le permitía ver nada, así lo presentía sin poder evitar sentir un ahogo en su pecho que hacía que su respiración se alterara más de lo habitual; estaba asustada y eso hacía, quizá, que en medio de aquella penumbra percibiera como sombras corrían a su alrededor rápidamente que le hacía sentir como si un suave viento la envolviera. Su corazón, que latía aceleradamente, parecía que de un momento a otro se iba detener. Tenía miedo. En el silencio escuchaba su resuello y todavía más cuando un soplo de aire acarició su rostro aún cuando en aquella habitación no había ninguna ventana abierta. Tenía mucho frío. Su miedo se iba acentuando cada vez más y de sus ojos comenzaron a brotar unas lágrimas que resbalaban por sus mejillas que ardían, de repente, la tenue luz desapareció y aquella habitación quedó en una profunda oscuridad. Un chillido desgarrador salió de su garganta y mientras daba un paso atrás para salir escuchó un fuerte portazo. Agarró firmemente la manivela de la misma pero le resultaba imposible abrirla. Golpeaba con fuerza la puerta una y otra vez mientras que un grito ahogado y apenas sin fuerza surgía de lo más profundo de ella. Había  quedado atrapada y no le quedaba otra que quedarse allí, sola, ante la más absoluta oscuridad. El viento comenzó a soplar más y más fuerte. Sintió como alguien se situó tras ella y el pánico hizo que quedara paralizada; casi rozaba su cuerpo, percibía como su aliento parecía quemar su piel al resoplar en su nuca, su respiración la tenía muy próxima... toda aquella situación hacía que estuviera a punto de desmayarse pues no podía soportar más el desconcierto que sentía. De repente notó como la sujetaba desde atrás y rozaba con su mano su cuerpo, siguiendo las curvas del mismo. Cuando apretó su cuerpo al de él sintió como la fuerza de sus brazos la ahogaba, la quemaban. La agarró de la frente y la echó hacia atrás para dejarla caer sobre su pecho y mientras, con su otra mano, acariciaba su vientre y subía por su costado, su cuello y cuando llegó a éste notó un fuerte pinchazo y un intenso frío que la dejó entumecida. Desfallecida cayó al suelo. Inesperadamente despertó sobresaltada, todo aquello había sido un mal sueño que la hizo despertar impregnada en sudor y con los ojos rebosantes de lágrimas. Tras soltar un fuerte suspiro intentó prender la luz de la habitación pero ésta no funcionaba y al posar sus pies desnudos sobre el suelo volvió a sentir ese frío que recorría todo su cuerpo. El mismo que instantes antes había sentido. Al levantarse, temblorosa, observó que un suave viento entraba por la ventana y hacía  que el visillo se moviera lentamente; se asomó tras él y vio el inmenso cielo estrellado y una luna radiante que por un momento la hizo sonreír. Sólo por un momento. Pues el miedo volvió ha apoderarse de ella al escuchar, a lo lejos, un estruendo que la sobresaltó y el suave chirrido de una puerta. De repente pensó que, posiblemente, no había sido un sueño o, quizá, aún estaba soñando. Al volverse una fuerte luz la deslumbró, no conocía aquél lugar y tan sólo pudo distinguir la silueta de alguien antes de volver a caer desmayada por el miedo.