En el mismo instante que cruzó el umbral de la puerta sintió que era observada y, aunque la oscuridad no le permitía ver nada, así lo presentía sin poder evitar sentir un ahogo en su pecho que hacía que su respiración se alterara más de lo habitual; estaba asustada y eso hacía, quizá, que en medio de aquella penumbra percibiera como sombras corrían a su alrededor rápidamente que le hacía sentir como si un suave viento la envolviera. Su corazón, que latía aceleradamente, parecía que de un momento a otro se iba detener. Tenía miedo. En el silencio escuchaba su resuello y todavía más cuando un soplo de aire acarició su rostro aún cuando en aquella habitación no había ninguna ventana abierta. Tenía mucho frío. Su miedo se iba acentuando cada vez más y de sus ojos comenzaron a brotar unas lágrimas que resbalaban por sus mejillas que ardían, de repente, la tenue luz desapareció y aquella habitación quedó en una profunda oscuridad. Un chillido desgarrador salió de su garganta y mientras daba un paso atrás para salir escuchó un fuerte portazo. Agarró firmemente la manivela de la misma pero le resultaba imposible abrirla. Golpeaba con fuerza la puerta una y otra vez mientras que un grito ahogado y apenas sin fuerza surgía de lo más profundo de ella. Había quedado atrapada y no le quedaba otra que quedarse allí, sola, ante la más absoluta oscuridad. El viento comenzó a soplar más y más fuerte. Sintió como alguien se situó tras ella y el pánico hizo que quedara paralizada; casi rozaba su cuerpo, percibía como su aliento parecía quemar su piel al resoplar en su nuca, su respiración la tenía muy próxima... toda aquella situación hacía que estuviera a punto de desmayarse pues no podía soportar más el desconcierto que sentía. De repente notó como la sujetaba desde atrás y rozaba con su mano su cuerpo, siguiendo las curvas del mismo. Cuando apretó su cuerpo al de él sintió como la fuerza de sus brazos la ahogaba, la quemaban. La agarró de la frente y la echó hacia atrás para dejarla caer sobre su pecho y mientras, con su otra mano, acariciaba su vientre y subía por su costado, su cuello y cuando llegó a éste notó un fuerte pinchazo y un intenso frío que la dejó entumecida. Desfallecida cayó al suelo. Inesperadamente despertó sobresaltada, todo aquello había sido un mal sueño que la hizo despertar impregnada en sudor y con los ojos rebosantes de lágrimas. Tras soltar un fuerte suspiro intentó prender la luz de la habitación pero ésta no funcionaba y al posar sus pies desnudos sobre el suelo volvió a sentir ese frío que recorría todo su cuerpo. El mismo que instantes antes había sentido. Al levantarse, temblorosa, observó que un suave viento entraba por la ventana y hacía que el visillo se moviera lentamente; se asomó tras él y vio el inmenso cielo estrellado y una luna radiante que por un momento la hizo sonreír. Sólo por un momento. Pues el miedo volvió ha apoderarse de ella al escuchar, a lo lejos, un estruendo que la sobresaltó y el suave chirrido de una puerta. De repente pensó que, posiblemente, no había sido un sueño o, quizá, aún estaba soñando. Al volverse una fuerte luz la deslumbró, no conocía aquél lugar y tan sólo pudo distinguir la silueta de alguien antes de volver a caer desmayada por el miedo.
Inquietante texto en todo su contenido. Me gustó, Eva. Casi siempre te paseas por los ocultos senderos de la palabras.
ResponderEliminarBesos.
Gracias María. Besos para ti también.
ResponderEliminarMe encantas, sigue así. besos
ResponderEliminarespero tu próxima entrega.
Gracias, eres de las pocas personas que le encanto. Besos para ti también y un abrazo.
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