"Extrañas sensaciones, presentimientos, qué oculta la noche ¿la luna atrae hasta tal punto?" así presenta, en esta ocasión, José Francisco Díaz-Salado (La Voz) mi relato "Impregnada por su aroma" en su programa "La Voz silenciosa".
martes, 25 de marzo de 2014
jueves, 20 de marzo de 2014
Miradas
Dicen que los ojos son el espejo del alma. Soy de las que opinan que las palabras, a veces, pueden esconder o camuflar una verdad, sin embargo, una mirada siempre nos delata ya que es como una ventana a nuestro interior. Una mirada nunca engaña y, además de mostrar sentimientos y nuestro estado de ánimo, dice cómo somos realmente. A mi, particularmente, cuando mantengo una conversación cara a cara me gusta mirar y que me miren a los ojos. Hay miradas inocentes, tímidas, de rencor, profundas, tristes, perdidas, de deseo, alegres, ausentes, cómplices, que dan miedo... siempre observo los ojos de la persona ya sea físicamente, en foto... o por lo menos lo intento; me gustan los ojos porque ellos expresan lo que, en ese momento, puedas callar aunque no quieras desvelarlo. He escogido la mirada de unas amigas, mi hermana y la mía. No viene al caso comenzar a profundizar pero... observando cada una de ellas me he dado cuenta y he confirmado que es cierto que vale más una mirada que mil palabras y que ésta es un reflejo de lo que tenemos en el interior aunque, en ocasiones, no queramos sacarlo. Bueno se me supone de mal gusto describir mi mirada puesto que considero que no soy yo quien debe de hacerlo.
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| Unos ojos preciosos los de Ana Belén |
| Mirada observadora la de Isa |
| Atenta la de Naty |
| Dulce y, a la vez, con carácter la de mi hermana |
| Cansada la de Isa |
| Expresiva la de Raquel |
| Perdida |
| Distraída y pensativa |
martes, 18 de marzo de 2014
Impregnada por su aroma
viernes, 14 de marzo de 2014
Balada del mal genio
Hay días en los que no se debería tener en cuenta lo que decimos porque son de esos que están indicados para pasarlos a solas y, de ese modo, evitar pagar nuestro mal genio con alguien bien porque estás enojado, irritado... o simplemente porque no has tenido un buen día. Días en los que no puedes contar con nadie para hablar y, quizá, sea lo mejor porque esos, esos son los días que más puedes errar al hacerlo.
Hay días en que siento una desgana
de mí, de ti, de todo lo que insiste en creerse
y me hallo solidariamente cretino
apto para que en mí vacilen los rencores
y nada me parezca un aceptable augurio.
Días en que abro el diario con el corazón en la boca
como si aguardara de veras que mi nombre
fuera a aparecer en los avisos fúnebres
seguido de la nómina de parientes y amigos
y de todo indócil personal a mis órdenes.
Hay días que ni siquiera son oscuros
días en que pierdo el rastro de mi pena
y resuelvo las palabras cruzadas
con una rabia hecha para otra ocasión
digamos, por ejemplo, para noches de insomnio.
Días en que uno sabe que hace mucho era bueno
bah tal vez no hace tanto que salía la luna
limpia como después de jabón perfumado
y aquello si era auténtica melancolía
y no este malsano, dulce aburrimiento.
Bueno, esta balada sólo es para avisarte
que en esos pocos días no me tomes en cuenta.Mario Benedetti
miércoles, 12 de marzo de 2014
Una conversación
"Recuerdos. Entrada en una dulce sensación tras una simple conversación". En ésta ocasión así comienza José Francisco Díaz-Salado (La Voz) en su programa La Voz silenciosa mi relato, "Al cerrar los ojos".
Etiquetas:
Audios,
Crónica,
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Mis reflexiones,
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lunes, 10 de marzo de 2014
Al cerrar los ojos
| Terraza de casa de mi madre |
Una de las imágenes que atraje fue mi terraza cuando estaba rebosante de plantas, realmente impresionaba verla de lo bonita que estaba; entre todas esas plantas había una que resaltaba tanto por su valor sentimental, pertenecía a mi abuela que con todo su "dolor" ya que era una maniática de las macetas me la regaló, como por su belleza. Recuerdo a mi abuela sentada en la puerta de su casa y tras saludarla con un beso, a pesar de los años, siempre me preguntaba lo mismo: ¿Cómo está mi hortensia?; Ay si la vieras, mejor que no la veas !!!porque te la querrás llevar¡¡¡ y ella con una sonrisa demostraba su felicidad al pensar que su maceta estaba bien y en buenas manos.
Poco a poco las plantas fueron desapareciendo; se iban secando lentamente con el paso de los meses y creo que no duraron más de un verano. Pero mi abuela continuaba diariamente con su misma pregunta y yo le seguía dando la misma respuesta: Ay si la vieras, mejor que no la veas porque te la querrás llevar. Si ella hubiese sabido que de aquella preciosa hortensia sólo quedó el tiesto... Pues recuerdo su genio, era una mujer arisca y tenía un carácter muy fuerte, pero me quedo con su sonrisa. Rememoro con dolor sus últimos meses y me llega con transparencia, por increíble que ello sea, muchos de los momentos vividos en ese periodo pese al tiempo transcurrido.
No entiendo porqué las plantas se marchitaron con tanta rapidez pues yo sólo hacía lo que me dijeron: riégalas, cuídalas y háblales. A todas les hacía lo mismo regarlas y cuidarlas. ¿Porqué se secarán todas mis plantas? Admito que soy la única de toda la familia que no tiene "mano" para ellas y eso que pongo todo mi empeño en cuidarlas. Y recuerdo ese dicho que hay por aquí de "cállate ya que aburres hasta a las plantas" quizá fuese eso, que las aburrí.
viernes, 7 de marzo de 2014
En el silencio con la Voz
Un relato más leído por José Francisco Díaz-Salado (la Voz) en su programa 1946 de La Voz Silenciosa y que, leído por él y con la música, lo hace más profundo. En este programa además de participar con un relato lo he hecho con una selección que, de un modo especial, nos hizo deleitarnos con la música.
lunes, 3 de marzo de 2014
En el silencio
El cielo comienza a oscurecer y las blancas nubes de algodón se vuelven grisáceas. Las ramas de los árboles se agitan bruscamente al compás del viento que sopla violentamente originando un dulce silbido. Los nubarrones que cubren el cielo sueltan el agua con furia, como si jamás lo hubieran hecho sobre la tierra de aquél lugar. Ella, mientras tanto, despreocupada y ajena a todo lo que sucedía en el exterior se preparaba una taza de café caliente entretanto fuma un cigarro. El dulce aroma del café se entremezclaba con el agradable olor de la tierra húmeda que comenzaba a penetrar por la ventana de la cocina. Inspiró hondo. Le encantaba. Agarró la taza humeante entre sus manos y mientras daba las últimas caladas a su cigarro bebía los últimos sorbos. Abstraída en sus pensamientos le sobrevenían agradables recuerdos de un pasado no muy lejano y una sonrisa se dibujaba en su rostro si bien, inesperadamente, sus ojos se nublaron. Humedece sus labios y enjuga una tímida lágrima cuidadosamente con la yema de sus dedos mientras libera un profundo suspiro. Se acomoda en el sillón que hay junto a la chimenea sosteniendo entre sus manos un libro que había comenzado a leer unos días antes y absorta en la lectura no presta atención alguna a todo lo que sucede fuera. De repente, un fuerte trueno la hizo salir de su embelesamiento y tras girar su cara hacia la ventana se levantó para asomarse. Su mirada se perdió en el vacío del exterior. Parecía ausente y triste mientras observaba como un gran arrollo se abría camino entre las piedras; el aire azotaba bruscamente las ramas de los árboles; un perro corría para refugiarse bajo su pequeña casa... contemplaba las ondas que el agua de la lluvia hacía en los enormes charcos que se habían formado y como pequeñas gotas caían sobre el cristal y parecían bailar cuando escurrían por él y se desvanecían dejando los surcos del camino recorrido. Apoyó la frente sobre el frío cristal y cerró los ojos un instante y, sin poder evitarlo, atrajo unas imágenes a su cabeza. Abrió sus ojos y apoyada sobre el cristal observó durante un rato la tormenta mientras unas lágrimas recorrían su rostro. Se volteó para sentarse en el sillón junto a la chimenea y reanudar la lectura cuando pasó junto al gran espejo que había en la pared del salón. Vio su reflejo. No solía detenerse a contemplar su imagen pero ésta vez lo hizo. Observó su mirada en él y se contempló detenidamente; se quedó pensativa. Volvió a sentarse frente a la chimenea y agarró el libro que dejó caer sobre su pecho entretanto miraba fijamente el fuego. Su mirada estaba perdida en él y abstraída por completo recordaba instantes y momentos sin poder evitar sentir entristecimiento. Suspiró. Dejó el libro para coger una pluma y su diario del que lentamente pasaba sus hojas, acariciándolas, hasta llegar a su última página escrita. Respiraba agitada pues deseaba plasmar tantas cosas que todas se le agolpaban y no se decidía. Se echó hacia atrás, sus parpados pesaban demasiado, cerró los ojos y, mientras escuchaba la tormenta junto al calor de la chimenea se sumergió en los recuerdos del ayer, entrando en un profundo sueño.
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