lunes, 3 de marzo de 2014

En el silencio

El cielo comienza a oscurecer y las blancas nubes de algodón se vuelven grisáceas. Las ramas de los árboles se agitan bruscamente al compás del viento que sopla violentamente originando un dulce silbido. Los nubarrones que cubren el cielo sueltan el agua con furia, como si jamás lo hubieran hecho sobre la tierra de aquél lugar. Ella,  mientras tanto, despreocupada y ajena a todo lo que sucedía en el exterior se preparaba una taza de café caliente entretanto fuma un cigarro. El dulce aroma del café se entremezclaba con el agradable olor de la tierra húmeda que comenzaba a penetrar por la ventana de la cocina. Inspiró hondo. Le encantaba. Agarró la taza humeante entre sus manos y mientras daba las últimas caladas a su cigarro bebía los últimos sorbos. Abstraída en sus pensamientos le sobrevenían agradables recuerdos de un pasado no muy lejano y una sonrisa se dibujaba en su rostro si bien, inesperadamente, sus ojos se nublaron. Humedece sus labios y enjuga una tímida lágrima cuidadosamente con la yema de sus dedos mientras libera un profundo suspiro. Se acomoda en el sillón que hay junto a la chimenea sosteniendo entre sus manos un libro que había comenzado a leer unos días antes y absorta en la lectura no presta atención alguna a todo lo que sucede fuera. De repente, un fuerte trueno la hizo salir de su embelesamiento y tras girar su cara hacia la ventana se levantó para asomarse. Su mirada se perdió en el vacío del exterior. Parecía ausente y triste mientras observaba como un gran arrollo se abría camino entre las piedras; el aire azotaba bruscamente las ramas de los árboles; un perro corría para refugiarse bajo su pequeña casa... contemplaba las ondas que el agua de la lluvia hacía en los enormes charcos que se habían formado y como pequeñas gotas caían sobre el cristal y parecían bailar cuando escurrían por él y se desvanecían dejando los surcos del camino recorrido. Apoyó la frente sobre el frío cristal y cerró los ojos un instante y, sin poder evitarlo, atrajo unas imágenes a su cabeza. Abrió sus ojos y apoyada sobre el cristal observó durante un rato la tormenta mientras unas lágrimas recorrían su rostro. Se volteó para sentarse en el sillón junto a la chimenea y reanudar la lectura cuando pasó junto al gran espejo que había en la pared del salón. Vio su reflejo. No solía detenerse a contemplar su imagen pero ésta vez lo hizo. Observó su mirada en él y se contempló detenidamente; se quedó pensativa. Volvió a sentarse frente a la chimenea y agarró el libro que dejó caer sobre su pecho entretanto miraba fijamente el fuego. Su mirada estaba perdida en él y abstraída por completo recordaba instantes y momentos sin poder evitar sentir entristecimiento. Suspiró. Dejó el libro para coger una pluma y su diario del que lentamente pasaba sus hojas, acariciándolas, hasta llegar a su última página escrita. Respiraba agitada pues deseaba plasmar tantas cosas que todas se le agolpaban y no se decidía. Se echó hacia atrás, sus parpados pesaban demasiado, cerró los ojos y, mientras escuchaba la tormenta junto al calor de la chimenea se sumergió en los recuerdos del ayer, entrando en un profundo sueño.

2 comentarios:

  1. Cuando menos se espera nos inspiramos en una sola frase que completa la historia. Felicidades amiga

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