martes, 9 de junio de 2015

Como si fuéramos inmortales

Todos sabemos que nada ni nadie habrá de ahorrarnos el final
sin embargo hay que vivir como si fuéramos inmortales
sabemos que los caballos y los perros tienen las patas sobre la tierra
pero no es descartable que en una noche buena se lancen a volar

sabemos que en una esquina no rosada aguarda el ultimátum de la envidia
pero en definitiva será el tiempo el que diga dónde es dónde y quién es quién

sabemos que tras cada victoria el enemigo regresa buscando más triunfos
y que volveremos a ser inexorablemente derrotados vale decir que venceremos
sabemos que el odio viene lleno de imposturas
pero que las va a perder antes del diluvio o después de carnaval
sabemos que el hambre está desnuda desde hace siglos
pero también los saciados responderán por los hambrientos

sabemos que la melancolía es un resplandor y sólo eso
pero a los melancólicos nadie les quita lo bailado
sabemos que los bondadosos instalan cerrojos de seguridad
pero la bondad suele escaparse por los tejados
sabemos que los decididores deciden como locos o miserables
y que mañana o pasado alguien decidirá que no decidan

sintetizando/todos sabemos que nada ni nadie habrá de ahorrarnos el final 
pero así y todo hay que vivir como si fuéramos inmortales

                                                      Mario Benedetti-La vida, ese paréntesis.








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domingo, 7 de junio de 2015

Misterio y realidad

A veces los sueños parecen tan auténticos que los llegamos a vivir como si verdaderamente ocurrieran. A través de los mismos nos pueden llegar multitud de sensaciones que las percibimos como si realmente sucedieran. Distinguimos aromas, escuchamos los sonidos, vemos las imágenes... en ocasiones son sueños bonitos y en otras se llegan a transformar en las peores pesadillas. Quién alguna vez no ha despertado en mitad de un sueño con una amplia sonrisa o, por el contrario, con sus ojos enrasados en lágrimas, sudoroso, agitado... Éste podría ser un bonito sueño o una pesadilla, quizá, no sea nada de eso y es real ¿por qué no?. A mí, por si acaso, no me gustaría que me ocurriese porque tan sólo escuchar ésta historia el vello se me ha erizado. De la voz de José Francisco Díaz-Salado en su programa La voz silenciosa. Lo comparto.






martes, 2 de junio de 2015

Extrañas historias

Aún no ha amanecido y una espesa niebla cubre cada rincón de las solitarias calles. Parecía un pueblo fantasma, abandonado... las viejas paredes encaladas de las viejas casas dejaban ver, tras el blanco sucio y detrás de los enormes desconchones, la piedra con los restos de lo que podían haber sido grandes casas señoriales de la época y que, posiblemente, tras los duros enfrentamientos de años pasados habían sido abandonadas por miedo a los tristes acontecimientos sucedidos en algunas. Ella se encontraba alojada por unos días en una de esas casas en la que su historia, como en la mayoría de las que había en la villa, estaba bañada en sangre. Permanecía tumbada sobre la cama, una noche más no podía dormir pues aquél olor a rancio no le proporcionaba la comodidad suficiente para su descanso. Aquella habitación, como casi todas las de la casa, estaba llena de muebles antiguos, cortinas anticuadas y era presidida por un gran cuadro que representaba la imagen de un santo que sostenía en sus brazos un niño, que parecía ser el Niño Jesús, rodeado de ángeles y que por la noche parecía que todos la observaba. Todas las estancias eran muy semejantes y aquella, a pesar de todo, le pareció de las más acogedoras. Sólo se escucha el silencio que era roto, de vez en cuando, por el ruido del viento y el suave tintineo del agua al caer y chocar contra los cristales. Dirigió su vista hacia el cristal y entre las gotas de agua que resbalan por él pudo ver el oscuro cielo. Se levantó de un pequeño brinco de la cama y al posar sus pies desnudos sobre el suelo el frío de éste le recorrió todo el cuerpo. Agarró su cabello con una pinza y se frotó suavemente los ojos. Intentó prender la luz pero ésta no funcionaba, posiblemente la tormenta era la culpable, así que en la oscuridad buscó algo con lo que cubrir su cuerpo pero no lo encontró. Tímidamente se asoma a la ventana y observa, a través de la luz de la farola, como un suave manto de agua cae; dejada caer en el frío cristal ve como la noche da sus últimas coletadas. "Qué extraño, cómo hay luz en la calle y no en casa" piensa mientras se sonroja. El silencio se ha apropiado de todo y la luz del día asoma tímidamente mientras la vida parece que le cuesta comenzar. Mientras tanto su pensamiento se aleja por un momento de aquella habitación y aún parece que está medio dormida cuando escucha un extraño ruido que hace que vuelva otra vez. Tras la puerta parece que hubiera alguien y se queda paralizada un instante. Agudiza sus oídos y le parece escuchar el lamento de alguien y un fuerte grito que hace que su corazón lata tan fuerte que se puede escuchar en toda la habitación y su respiración, agitada, delata que está muy asustada. Avanza despacio hacia la puerta y con la respiración cortada agarra la manivela para abrirla lentamente y un suave chirrido se escucha. Tímidamente se asoma, no hay nadie, todo está oscuro y un rotundo silencio invade el largo pasillo pero aún así su corazón late rápido. De repente observa como una leve niebla se levanta del suelo y descalza se adentra entre ella. La misma sube por sus piernas y rodea su cuerpo, ésta se torna espesa. Un escalofrío recorre todo su cuerpo. Al final del pasillo visualiza una pequeña luz. Por un momento lo duda pero al fin se decide ir hacia ella. Cuando por fin parece que va a llegar un voz ronca y cansada, pronuncia su nombre y al volver su mirada, tras ella, se encuentra con una silueta que la dejó paralizada por la impresión, la misma en un instante desaparece al igual que aquella niebla que había invadido el pasillo. Temblorosa se dirigió hacia la cocina y mientras aspiraba el aroma del café recién preparado y hacía humear un cigarro no podía retirar de su cabeza la brillante luz y aquella imagen que le recordaba a alguien. En ese momento se levantó y corrió hacia una de las habitaciones en la que había un gigantesco cuadro en el que detuvo su mirada, sí, era la misma imagen que había visto. El señor mayor del cuadro era el que estaba frente a ella, era quién la había llamado... según la fecha del mismo ese retrato era del año 1914. A la mañana siguiente preguntó a algunas de las señoras mayores que por allí vivían quién habitó aquella casa y la historia de la misma. Sólo alcanzaron a decirle que el caballero que allí vivió había fallecido en trágicas circunstancias pero que algunas noches, según contaban algunos de los inquilinos que por allí habían pasado y los vecinos más cercanos, se escuchaban ruidos, sollozos, lamentos... y se podía observar la figura de alguien vagar por la casa.