Apareció de pronto, como un fantasma surgiendo de entre la niebla; con un vestido oscuro y el rostro pálido… poseía un caminar lento, apenas rozaba suavemente el suelo con sus pies; sus ojos, reflejaban una tristeza la cual, jamás había visto en nadie; su cuerpo se paralizó sin poder llegar a reaccionar, en ese instante, le vino a la memoria una vieja historia que en una ocasión le contaron:
“Trataba sobre un chico del pueblo que procedía de una familia humilde y trabajadora, era alto, fuerte y sano; sostenía una vida sencilla, por lo que nunca imaginó que le podía llegar a ocurrir las cosas tan extrañas, que más tarde le sucedieron.
Normalmente, cuando finalizaba su trabajo en el campo, se reunía con sus amigos en la plaza del pueblo; echaban unas cartas, bebían unos chatos… habitualmente se reunían sólo hombres, aunque de vez en cuando, aparecía algún grupo de señoritas que se unían a ellos.
Un buen día, mientras esperaba a sus amigos, se le acercó una mujer, su rostro era tan blanco que llamaba la atención; vestía elegantemente con un vestido negro, su caminar, no era como el de todas las mujeres con las que él estaba acostumbrado a tratar, sino que, era más lento y dulce… sus ojos le transmitía una extraña sensación, de ellos percibía una mirada triste. No llegaron a intercambiar palabra alguna aun así, desde ese día él comenzó a cambiar, por lo que sus hábitos dejaron de ser los mismos; no mostrando el mismo interés, ni en su trabajo ni fuera de éste, estando cada vez más ausente.
Los extraños encuentros con esta bella dama, se sucedían repetidamente, había ocasiones que llegaba a verla incluso en su trabajo; jamás llegaron a emprender conversación alguna, tan solo, intercambiaban tímidas miradas; en alguna ocasión él, se lo comentó a sus amigos, pero éstos siempre decían lo mismo: nunca habían visto a ninguna mujer así, por lo que sería su imaginación, a la vez, le comentaban el mal aspecto que últimamente tenía; su delgadez cada vez era más latente y su cara se iba quedando más desvaída…
Los extraños encuentros con esta bella dama, se sucedían repetidamente, había ocasiones que llegaba a verla incluso en su trabajo; jamás llegaron a emprender conversación alguna, tan solo, intercambiaban tímidas miradas; en alguna ocasión él, se lo comentó a sus amigos, pero éstos siempre decían lo mismo: nunca habían visto a ninguna mujer así, por lo que sería su imaginación, a la vez, le comentaban el mal aspecto que últimamente tenía; su delgadez cada vez era más latente y su cara se iba quedando más desvaída…
Él, en ningún momento hacía caso a los consejos que, tanto amigos como familiares le ofrecían, aun así le resultaba extraño que nadie hubiera visto a la bella mujer, tan solo él, y que ésta jamás le dirigiese la palabra, sino sólo extrañas miradas, que no llegaría nunca a comprender.
Ese día él salió de su casa más temprano de lo común, las calles estaban cubiertas por una espesa niebla; tras cruzar una esquina se encontró con ella de frente, allí estaba con su melena larga, su rostro cadavérico, aquél vestido negro y con un paso tan lento que parecía sacado de ultratumba; la miró y se atrevió a sonreírle, ella levantó su cabeza y lo miró muy fijamente.
La mirada la tenía fría como el hielo y en sus ojos, no se apreciaba el mismo brillo que en otras ocasiones, nunca la había mirado tan fijamente, daba terror ver su imagen; jamás se había atrevido a sonreirle. Un escalofrío recorrió su cuerpo, como si algo le estuviera rajando.
Ese fue el último día que lo vieron por el pueblo, nadie se explica aún su desaparición, no obstante, los más mayores siempre comentan que, no es la primera vez que eso sucede ya que ha pasado en otras ocasiones, con otra gente; extrañas desapariciones sin sentido de los que nadie volvía a saber nada más.
Algunos llegaron a comentar que esa bella dama era la muerte disfrazada, pero claro… nadie podía creer tal cosa, aunque saben, que quien ve a esa señora le queda poco tiempo para desaparecer, ya que, poco a poco te va robando el alma, según cuentan, no se le puede mirar a los ojos fijamente y menos aún sonreírle”.
Esa historia nunca la había creído, era una de tantas que le narraban para no salir a la calle a ciertas horas. Pero… ese día al cruzar aquella esquina y toparse tan de cerca con aquella señora, no pudo hacer otra cosa que recordar esa vieja historia, la dama le parecía tanto, sus andares, su pelo… todo le recordaba a ella. Sobre todo sus ojos, esos ojos negros brillantes y llenos de tristeza pero con una intensa mirada haciendo que no apartara la vista de la suya. No se atrevió a sonreírle, no dejó su mirada penetrante fija hacia ella… pero… ¿Sería ella su próxima víctima?