En ocasiones, por no decir que constantemente lo hacemos así, nos pasamos todo el día acelerados de acá para allá, así un día, otro y otro, sucesivamente; sin pretenderlo siquiera, llega un instante en el que te das cuenta que ha pasado el tiempo y te preguntas: ¿qué he hecho en todo este periodo? Te sitúas cómodamente a reflexionar y pensar; contemplando toda una etapa vivida como si de una película se tratase, en ella suelen venir imágenes de diferentes situaciones, unas pesarosas y otras divertidas.
Pero casi siempre suelen faltar algunas muy importantes, las que no hemos vivido por ir siempre apresurados, no pararnos un momento a disfrutar de las cosas más sencillas que se nos presentan, porque no siempre las cosas urgentes son las más primordiales.
| Un paseo por los alrededores del castillo Bury Al-Hamma Mayo 2011 |
Las prisas, como suelen decir por aquí, no son buenas ni para trillar; hay quien no se para a disfrutar de esas cosas tan sencillas que te ofrece la vida; por mencionar un ejemplo: yo nunca había visto un amanecer, aunque un día me levante más temprano y vi lo que tanto ansiaba, me detuve por un momento a sentir el calor que éste te da mezclado con el viento fresco de la mañana y pensé que estaba siendo un regalo poder admirarlo y disfrutarlo (no era el momento de detenerme a ello tenía muchísima prisa) pero pensé: si he tenido tiempo de todo porqué no pararme un instante a disfrutar de ello así que las prisas las dejé para luego más tarde.
Seguro que para muchos el ejemplo expuesto es una tontería pero… lo que me paré a disfrutar es algo tan sencillo, que seguro estoy en lo cierto que muchos no se han parado a disfrutarlo. Existen cosas asequibles de las que todos podemos disfrutar: un amanecer, un atardecer, una tranquila conversación, la soledad también porqué no, la lectura de un libro, un tranquilo paseo, una canción…
Hay algo que es muy urgente en la vida y que muchos no hacen caso: ser un poco más persona, más humano, dejar a un lado los resentimientos, los malos rollos, los reproches…
Hay una frase de Cicerón que dice: No hay cosa que los humanos traten de conservar tanto, ni que administren tan mal, como su propia vida.
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