Como bien dice Jose en su presentación "el recuerdo de lo amado, de lo querido... cuando se pierde, queda tan impreso en nuestro corazón que jamás lo olvidamos". Comparto este micro-relato, Siempre conmigo, en la voz de José Francisco Díaz-Salado en su programa La Voz silenciosa. Gracias Jose.
miércoles, 23 de noviembre de 2016
miércoles, 16 de noviembre de 2016
Siempre conmigo
"Y sin nada más que decir me despido hasta otra..." no sé porqué en este mismo momento me vino esa frase a la cabeza y el instante en que ella siempre la decía. Sentadas junto a su mesa camilla, refugiadas en invierno, al calor del brasero de picón mientras una leve sonrisa, que jamás olvidaré, afloraba en su rostro que dejaba ver el paso de los años e iluminaba sus bonitos ojos. Creo que, por su sonrisa, era conocedora de la simpatía que me provocaba esa despedida. Ahora parece que la veo, sentada junto a mí, mirándome fijamente, como siempre hacía. Y en el silencio de sus palabras me dice tantas cosas que no puedo evitar dejar escapar una pequeña lágrima que ella seca dulcemente con la yema de sus dedos y parece que siento su caricia, el tacto de su piel, la ternura con que lo hace... su sonrisa siempre la llevaré conmigo. Ella siempre está conmigo. Los seres que queremos nunca terminan de partir mientras sigan en nuestros recuerdos y estén vivos en nuestro corazón.
Etiquetas:
Cositas,
Crónica,
Micro relatos,
Mis reflexiones,
Sueños
jueves, 10 de noviembre de 2016
Entre la niebla
Como siempre mi agradecimiento a Jose, la Voz silenciosa. Por todo, ya lo sabe él, y sobre todo por leer éstos, mis sencillos escritos. Gracias a ti, siempre. Aquí dejo y comparto lo último escrito por mi "Vagando entre la niebla" leído por José Francisco Díaz Salado en su programa La Voz Silenciosa.
Etiquetas:
Audios,
La Voz Silenciosa,
Mis relatos
martes, 8 de noviembre de 2016
Vagando entre la niebla
Caminaba lentamente cuando una espesa niebla comenzó a cubrir las calles que en un instante quedaron desiertas; un fino manto de agua empapaba su cuerpo. Respiró hondo para llenarse de aquél olor que se desprendía del ambiente. Le encantaba el aroma a tierra mojada mezclado con las distintas fragancias que a esa hora de la noche se desprendían, como el olor a café recién hecho, la chimenea que humeaba demasiado, seguramente, al estar cargada de leña para combatir el frío, el humo de su cigarro el cual observaba como se desvanecía rápidamente... Observó a lo lejos la silueta de alguien que se aproximaba a ella con paso firme y por un instante retuvo su respiración. Parecía un espectro que vagaba en medio de aquél lugar en busca de una presa a quién atemorizar, eso le dio miedo. Al pasar junto a él palideció. Llevaba sus manos escondidas en los bolsillos de su chaquetón y de su rostro apenas se podía advertir el frío de sus ojos pues llevaba la capucha echada sobre su cabeza. Su cuerpo tembló cuando la miró fijamente y sacó las manos de sus bolsillos para dirigirse a ella y, sin mediar palabra, le empujó fuerte hasta la pared de piedra; sentía como sus dedos apretaban fuerte su cuello, casi no podía respirar, acercó tanto su rostro al de ella que podía sentir su aliento cuando le susurró unas palabras que ella no supo distinguir. Y, en ese momento, cuando ya creía que dejaría de respirar, sintió como el frío del acero atravesaba la carne de su costado. Era un frío muy intenso, sin dolor, pero notaba que su vida se iba al sentir como su sangre brotaba entre el acero y su cuerpo. Sólo atinó a preguntarle "porqué" mientras se desvanecía para dejar su cuerpo desplomado en el suelo. Temblaba, se encontraba helada, notaba como su cuerpo perdía fuerza y cada vez pesaba más y más. Unas lágrimas se desprendieron de sus ojos que permanecían de par en par entre tanto daba su último aliento, se le escapaba la vida y no podía hacer nada. Comenzó a sentir un dolor profundo que deseaba que finalizara y, mientras su agonía terminaba, escuchaba alejarse con paso firme, igual que llegó, a quién le había quitado su vida sin mediar palabra y sin saber porqué; acertó a pensar que era alguien que vagaba entre la niebla para ejecutar sus más crueles impulsos. La encontraron horas más tarde inconsciente, ensangrentada, con apenas un hilo de vida. Al intentar reanimarla, abrió sus ojos un breve instante y se percató de la presencia de él allí; se encontraba parado frente a ella contemplando como intentaban volverla a la vida, con su mirada fría e incluso una leve sonrisa dibujada en sus labios; atinó en su pensamiento. Cerró sus ojos abandonando la vida, deseaba terminar con esa angustia.
sábado, 5 de noviembre de 2016
Balada del mal genio
Hay días en que siento una desgana
de mí, de ti, de todo lo que insiste en creerse
y me hallo solidariamente cretino
apto para que en mi vacilen los rencores
y nada me parezca un aceptable augurio.
Días en que abro el diario con el corazón en la boca
como si aguardara de veras que mi nombre
fuera a aparecer en los avisos fúnebres
seguido de la nómina de parientes y amigos
y de todo el indócil personal a mis órdenes.
Hay días que ni siquiera son oscuros
días en que pierdo el rastro de mi pena
y resuelvo las palabras cruzadas
con una rabia hecha para otra ocasión
digamos, por ejemplo, para noches de insomnio.
Días en que uno sabe que hace mucho era bueno
bah tal vez no hace tanto que salía la luna
limpia como después de un jabón perfumado
y aquello sí era auténtica melancolía
y no este malsano, dulce aburrimiento.
Bueno, esta balada es sólo para avisarte
que en estos pocos días no me tomes en cuenta.
Mario Benedetti-Inventario uno.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)