martes, 29 de julio de 2014

Triste N1

Cierto es que siempre cuando estamos alegres tenemos un punto de tristeza por algún motivo y, por el contrario, en los peores días algo puede ocurrir en algún instante que, aunque sea por un segundo, nos hace sonreír. Hoy, mientras leía y paseaba por la red, encontré ésto de Mario Benedetti que me gustó.



"No sé si soy una persona triste con vocación de alegre, o viceversa, o al revés. Lo que sí sé es que siempre hay algo de tristeza en todas mis momentos más felices, al igual que siempre hay un poco de alegría en mis peores días"





Por la memoria vagamos descalzos

seguimos el garabato de la lluvia
hasta la tristeza que es el hogar destino
la tristeza almacena los desastres del alma
o sea lo mejorcito de nosotros mismos
digamos esperanzas sacrificios amores.


A la tristeza no hay quien la despoje

es trasparente como un rayo de luna
fiel a determinadas alegrías.


Nacemos tristes y morimos tristes

pero en el entretiempo amamos cuerpos
cuya triste belleza es un milagro.


Vamos descalzos en peregrinación

triste tristeza llena eres de gracia
tu savia dulce nos acepta tristes.


El garabato de la lluvia nos conduce

hasta el hogar destino que siempre has sido
tristeza enamorada y clandestina


Y allí rodeaba de tus frágiles dogmas

de tus lágrimas secas / de tu siglo de sueños
nos abrazas como anticipo del placer.


                                                                        Mario Benedetti

miércoles, 23 de julio de 2014

El mar

El mar que cuando te marchas de él deja impregnado en ti su aroma; te deja el recuerdo de las caricias del agua, mientras te adentras en él, y ésta balancea tu cuerpo que se deja llevar por ella; el murmullo de las olas mecidas por el suave viento, el mismo, que te roza y hace que tu piel se erize... todo ello parece embriagador. Desde luego es una maravilla sentirlo, contemplarlo... poder mirar más allá, más lejos, donde el horizonte se pierde en una fina línea que lo separa del cielo y con él, tú mirada. Disfrutar de unas horas de ese mar que a veces se muestra bravío y otras, sin embargo, en calma. Es relajante escuchar el sonido de las olas, recibir los rayos del sol calentando la piel... pasear con los pies desnudos por la arena mojada... Alguna vez, espero poder disfrutar de un atardecer y un amanecer junto al mar porque tiene que ser mágico.











martes, 15 de julio de 2014

Entre nubes

Se tumbó bajo la gran arboleda para admirar el cielo azul. Por un instante cerró los ojos. Se sumergió en un sueño en el que se hallaba allí, entre nubes blancas de algodón; caminaba por ellas, sentía su aroma, su suavidad... como un ligero viento envolvía su cuerpo a la vez que pequeños rayos de sol lo acariciaba dulcemente. Se sumergió tan profundamente que las sensaciones le llegaban de tal modo que pareciera que las estaba viviendo realmente. En ocasiones los sueños son tan reales que los puedes tocar y sentir. En ese instante podía rozar el cielo con sus manos pero aquello fue sólo eso, un sueño, el cielo estaba demasiado alto para poder ni tan siquiera rozarlo. Abrió los ojos y, en ese momento, se sintió insignificante.

miércoles, 9 de julio de 2014

La noche y su magia


"La noche y su magia. La noche y su encanto. La noche... ¿os parece poco?". Así da paso José Francisco Díaz-Salado a mi relato "Recuerdos en la noche" en su programa La Voz Silenciosa. Un relato que al escucharlo de su voz y con la música de fondo me ha parecido fantástico. Merece la pena escucharlo. Te invito a cerrar los ojos y escuchar. 




lunes, 7 de julio de 2014

Recuerdos en la noche

Caminaba solitaria por rincones perdidos de estrechas callejuelas y suelos empedrados ya desgastados por el pasar de los años. Callejas en las que sólo una antigua farola que pendía del gran muro de piedra gastada de la vieja casona y otras que se suspendían levemente en las viejas paredes encaladas, sucias y derruidas apenas daban la luz suficiente para distinguir la figura de algún caminante, como ella, despistado. Un perro atado a una vieja y desgastada reja ladraba a su paso y una anciana, al escuchar el alboroto formado por éste, se asomaba tras el visillo de la ventana y con una leve sonrisa forzada la saluda con un gesto de cabeza para a continuación volver adentro y seguir con sus quehaceres. Un aroma a viandas recién hechas en el fuego de la chimenea invadía la noche y el humo, que salía en exceso, impregnaba cada rincón. El cielo estaba negro y en él relucía como pequeñas bombillas cientos de estrellas de las que algunas brillaban tan intensamente que resaltaban sobre las demás. La luna resplandecía bella.




Un golpe seco sobre la madera de una puerta se escuchó de repente y tras dar un respingo hacia atrás, quizá asustada, se volteó y allá, a lo lejos, vio la sombra de una figura a la espera de que alguien le abriera. Continuó caminando hasta la pequeña plazuela donde se sentó en un banco y mientras hacia humear un cigarro su mirada quedó perdida en el insondable cielo entretanto le llegaban recuerdos de instantes vividos con tanta intensidad que, aún después del tiempo, hacia que su piel se erizara. Observó a su alrededor. No había nada ni nadie y tan sólo se podía apreciar una tenue luz en algunas de las ventanas. Y allí, sentada en la tranquilidad de aquella noche, escuchaba el silencio ensimismada en sus recuerdos, admiraba el cielo estrellado y la belleza que la luna llena le brindaba esa noche.  





sábado, 5 de julio de 2014

El cielo


La belleza que presenta el cielo en cualquier momento, a veces, me sorprende. Con sol, nublado, en un atardecer, estrellado... Si te tumbas sobre el césped de cualquier parque, en la arena de una playa... todos, cuando nos detenemos por un instante, observamos el mismo cielo aunque cada cual recibe una diferente percepción; hay, sin embargo, quien ni siquiera se para un segundo para admirar esos pequeños detalles. Nos cubre la misma bóveda celeste, vemos la misma  luna, nos calienta el mismo sol... aún en distintas zonas cuando salimos y miramos hacia arriba sabemos que vemos lo mismo. Cierro los ojos e imagino estar en otros lugares y la calma y tranquilidad que puede ofrecer; con la belleza que muestra, sinceramente, no me molesta que en algún momento me digan que ando en la nubes.