Se hallaba sumida en un dulce y profundo sueño cuando de un pequeño brinco saltó de la cama pensando que se había dormido y se le había hecho tarde. Al posar sus pies desnudos sobre el frío suelo un escalofrío recorrió su cuerpo. Caminó de puntillas hasta el balcón y al deslizar el visillo para contemplar el día que hacía vio que aún no había amanecido; el cielo continuaba estrellado y un silencio absoluto llenaba cada rincón de las calles. Aprovechó la soledad que le brindaba el momento para salir fuera y dejarse caer sobre la baranda del balcón; aspiró hondo hasta llenar sus pulmones al máximo de aire que soltaba lentamente en un profundo suspiro. Una mezcla de aromas le llegaban, de los cuales algunos reconocía, como ese olor a tierra mojada que tanto le gustaba. Encendió su primer cigarro que hacía humear, casi jugando, mientras observa el vacío del que parecía ser un pueblo fantasma. Examina cada detalle buscando algún cambio, sin embargo, todo aquello parecía un cuadro, nada se movía, nada se escuchaba... Sólo un suave viento parecía acariciar su rostro. Cerraba los ojos para sentirlo más. Se hallaba sumida en su pensamiento cuando, de repente, el ruido de una moto lo irrumpió, un portazo de alguien que sale con prisa, el vendedor de hortalizas que se acomoda en su lugar de siempre, la voz de una señora que se despide del tendero al salir... Miró al cielo y vio que estaba amaneciendo, los pájaros parados en uno de los cables que cruzan la fachada, el tejado mojado por la humedad de la noche, el señor que barre chiflando la misma melodía de cada día, mujeres que van a comprar el pan y se detienen a hablar... el día acaba de comenzar. Y ella que todavía continua embelesada en lo suyo acaba el que posiblemente será su segundo cigarro. Antes de irse miró al cielo y lo vio azul, diferente, lleno de caminos blancos, aviones que lo cruzan como, seguramente, harían cada día... vuelve a coger aire desde lo más profundo de ella para soltarlo poco a poco en un suspiro que llena el pequeño espacio mientras dice con un fino hilo de voz: un día más o, un día menos.
jueves, 30 de octubre de 2014
martes, 28 de octubre de 2014
Con los más pequeños
Hoy he estado con los niños de infantil del colegio. Me comentó mi hermana si podría ir a explicar a los peques de 5 años cómo surge la tradicional fiesta de los Santos en Baños. Una mañana entretenida con ellos. Ellos me han escuchado a mi y, por supuesto, yo he escuchado las aventuras de éstos peques en lo que para ellos son los santos.
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| Ellos me escuchan |
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| Yo les escucho |

Los niños rebaten cualquier cosa que les dices. Siempre suelen decir: "¡No, porque yo....! y lo malo no es que lo diga uno sino cuando son todos a la vez.
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| Y no queda otra que reírte con ellos |
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| Con todo el grupo |
En fin... como he dicho anteriormente una mañana entretenida. Un niño nunca deja de sorprender y, creo, que todos deberíamos de conservar dentro de nosotros un poco de ese niño que fuimos. Yo, a veces, creo que guardo demasiado de esa niña que fui...
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| Diploma hecho por mi sobrino en el colegio para mi. |
lunes, 20 de octubre de 2014
Calidez
Dejar plasmado lo que en un instante pude sentir y que, a la vez, otras personas te digan que han percibido ese calor, la paz y la tranquilidad... quizá, en cierto modo haber transmitido un sentimiento, me puede llegar a emocionar. ¿Exagerada? sí, posiblemente. Pero también es cierto que hay momentos en los que tal vez cualquier palabra te anima. La calidez en la que, a veces, recibes un comentario a mi, al menos, me arranca una sonrisa.
Gracias, como siempre, a José Francisco Díaz-Salado por leer mi comentario en su programa La Voz Silenciosa.
viernes, 17 de octubre de 2014
El sol
Los rayos del sol bañaban mi cuerpo entre tanto disfrutaba de tan majestuosa puesta de sol en un paraje, casi desconocido para mi. Me sentí como una pequeña mota de polvo o, una resbaladiza gota de agua o, quizá, como uno de esos rayos que se desvanece cuando el sol se pierde en el inmeso cielo... El suave viento mecía las hojas de las ramas, diferentes aromas inundaban el lugar y el sol, mientras brindaba sus últimos rayos, se perdía tras los montes ajeno a que en algún rincón de aquél lugar, alguien, se hallaba cautivada por la belleza del momento en el más absoluto silencio de ese atardecer.
martes, 14 de octubre de 2014
Hagamos un trato
Siempre habrá ocasiones en las que necesitaremos contar con alguien. Saber que si algo va bien lo tenemos ahí para poder contarlo y que si, por el contrario, va mal estará también. Que por poco se preocupa. Nos escucha. Que si no tenemos ganas de hablar está a nuestro lado en silencio, si lloramos lo hace con nosotros e intenta sacarnos una sonrisa y si reímos está ahí... alguien, al fin y al cabo, que nos entienda. Sin más preguntas, sin más interés que el de hacernos sentir bien. Porque no hay nada mejor que una persona que sepa sacarte una sonrisa en el momento que más lo necesitas. Aunque en ocasiones sea difícil encontrarla.
Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo
si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo
si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo
pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.
Mario Benedetti
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