Los rayos del sol bañaban mi cuerpo entre tanto disfrutaba de tan majestuosa puesta de sol en un paraje, casi desconocido para mi. Me sentí como una pequeña mota de polvo o, una resbaladiza gota de agua o, quizá, como uno de esos rayos que se desvanece cuando el sol se pierde en el inmeso cielo... El suave viento mecía las hojas de las ramas, diferentes aromas inundaban el lugar y el sol, mientras brindaba sus últimos rayos, se perdía tras los montes ajeno a que en algún rincón de aquél lugar, alguien, se hallaba cautivada por la belleza del momento en el más absoluto silencio de ese atardecer.

Bello pensamiento de interior.
ResponderEliminarBesos.
Gracias María. Besos para ti.
EliminarPor más atardeceres como los días: siempre los mismos y siempre distintos. Un placer compartirlo con vos
ResponderEliminarEl placer es mío. Un besito.
ResponderEliminar