Escuchando la lluvia golpear mi ventana, sentada en la soledad de mi habitación, miré hacia el cristal, vi en él los reflejos de toda una vida.
Cerré los ojos suavemente; en ese momento sentí algo especial: me vino a la memoria aquellos recuerdos... recuerdos de infancia.
Aquel día, todos estábamos reunidos; llovía igual que hoy lo hace, éramos unos niños, y decidimos escaparnos e investigar cómo era todo ese mundo desconocido para nosotros; nos cogimos de la mano y salimos decididos a ello, con paso firme y muy valientes.
Bajamos por el Cotanillo. Recordaba que siempre me decían: No bajéis por ahí, que están los corralones y sale el Marango. Pero eso a nosotros más que asustarnos nos despertaba el interés; llegamos hasta la plaza y nos creíamos perdidos, pero nos dirigimos hacia esa fortaleza que tanto nos llamaba desde siempre la atención. Al llegar nos encontramos a un señor y nos dio risa, pues con su garrota nos quería pegar, pero después nos asustamos y corrimos retrocediendo hacia la plaza.
Allí estaban ellos; tú dijiste: parece la guardia civil, y yo con una sonrisa te contesté: ya, pero parecen cabreados. Nosotros pensamos que no notarían nuestra ausencia, pero claro, cómo no notarla si eramos una bomba los dos juntos, como siempre nos decían. Con cara de inocentes los miramos, pero claro, ya nos conocían, en fin... nuestra aventura finalizó donde empezó, eso sí, con el pequeño susto que nos dio aquél señor, la aventura de haber conocido nuestra fortaleza y una tremenda regañina por parte de nuestros padres.
Hoy en ese reflejo del cristal me he visto salir, caminar bajo la lluvia; no me importaba mojarme, que el agua recorriera mi rostro, así no se me notaría las lágrimas derramadas en esa noche. Sentí que me dabas la mano, el calor que desprendías, pero ya no éramos unos niños, nadie nos buscaba, y podíamos salir a investigar el mundo que ya sí conociamos, hacer lo que quisieramos... pero al abrir los ojos tú no estabas, continuaba sentada en aquella habitación, el agua habia cesado, pero mis mejillas aún estaban húmedas; mi mano continuaba caliente, son sólo recuerdos, era sólo un sueño.
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