Hay quien nos atrae aunque, a veces, ignoremos la causa
exacta; cualquier cualidad, por insignificante que ésta sea nos puede llamar
la atención y esa misma, que a nosotros nos despierta el interés, para otros
podría pasar inadvertida. Un gesto, una palabra, una mirada... cualquier cosa,
o todo unido. No todo el mundo ve las mismas cualidades en las personas, por
ese motivo, no a todos nos atraen las mismas. Y siempre habrá quien sólo vea un defecto donde hay algo
bueno; a veces hay que
mirar un poco más allá, más profundamente. En nosotros mismos, con excepciones,
no vemos atributo alguno que resulte interesante para los demás y, sin embargo, seguramente lo habrá. Además,
siempre hallaremos quien busque el defecto más insignificante donde, quizá,
resalte más lo bueno que cualquier otra cosa.
"Bueno, ¿y qué era? Todavía no lo sé. Me atraían sus ojos, su voz, su cintura, su boca, sus manos, su risa, su cansancio, su timidez, su llanto, su franqueza, su pena, su confianza, su ternura, su sueño, su paso, sus suspiros. Pero ninguno de estos rasgos bastaba para atraerme compulsiva, totalmente. Cada atractivo se apoyaba en otro. Ella me atraía como un todo, como una suma insustituible de atractivos, acaso sustituibles.”
Mario Benedetti
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