sábado, 12 de abril de 2014

La tregua

Hay quien nos atrae aunque, a veces, ignoremos la causa exacta; cualquier cualidad, por insignificante que ésta sea nos puede llamar la atención y esa misma, que a nosotros nos despierta el interés, para otros podría pasar inadvertida. Un gesto, una palabra, una mirada... cualquier cosa, o todo unido. No todo el mundo ve las mismas cualidades en las personas, por ese motivo, no a todos nos atraen las mismas. Y siempre habrá quien sólo vea un defecto donde hay algo bueno; a veces hay que mirar un poco más allá, más profundamente. En nosotros mismos, con excepciones, no vemos atributo alguno que resulte interesante para los demás y, sin embargo, seguramente lo habrá. Además, siempre hallaremos quien busque el defecto más insignificante donde, quizá, resalte más lo bueno que cualquier otra cosa.


"Bueno, ¿y qué era? Todavía no lo sé. Me atraían sus ojos, su voz, su cintura, su boca, sus manos, su risa, su cansancio, su timidez, su llanto, su franqueza, su pena, su confianza, su ternura, su sueño, su paso, sus suspiros. Pero ninguno de estos rasgos bastaba para atraerme compulsiva, totalmente. Cada atractivo se apoyaba en otro. Ella me atraía como un todo, como una suma insustituible de atractivos, acaso sustituibles.”

                                                                                             

                                                                                                      Mario Benedetti

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