Corría por un camino oscuro y tenebroso. Las ramas de los árboles que lo bordeaban eran zarandeadas por el fuerte viento que soplaba y las hojas caídas crujían al pisarlas. Comenzó a llover copiosamente lo que hizo que su cuerpo se empapara en escasos segundos. Aquél individuo continuaba persiguiéndola cuando se agazapó tras una gran piedra, aunque, su desasosegada respiración delató su posición. Podía escuchar el crepitar de las ramas a cada paso que éste daba y el sonido de su respiración excitada; cada vez estaba más cerca. Ella, asustada, permanecía en silencio. Cerró los ojos y lo hizo tan fuerte que sus parpados le dolían y, a la vez, tapó sus oídos con las manos como si con esos gestos él ya no la fuese encontrar.
De repente notó el peso de una mano sobre su hombro y una ronca voz que le decía "por qué corres, pensabas que no te alcanzaría". Se levantó y volvió a correr, sin embargo, tropezó y cayó de bruces sobre la tierra mojada del camino y ya, ya no podía levantarse. Sintió cómo la suela de una bota aprisionaba su cuerpo contra el suelo. Su intento por escapar era en vano, así que, se dejó vencer y cuando éste la agarró fuerte del brazo para levantarla del suelo y agarraba su cuello para ahogarla ella, decidida, traspasó su costado con lo primero que tenía a su alcancé y que había cogido del suelo antes de levantarse, una rama afilada. Notaba el calor de la sangre al mojar su mano.Volvió a correr adentrándose en un espeso manto de olivos y entre dos luces y ya casi entrado el día llegó hasta una casa derruida.
Al entrar tuvo una aterradora sensación. El tejado había desaparecido y la naturaleza se había apoderado de su interior. Pequeños roedores acampaban a sus anchas, lagartijas paseaban por los viejos palos de madera tirados en el suelo, las arañas habían tejido sus telas por cada rincón de la misma... pero iba tan agotada y asustada que se cobijó en una esquina y se quedó dormida. Entre sueños le parecía escuchar el lejano sonido del viento que soplaba cada vez más fuerte y que al entrar entre aquellas cuatro paredes provocaba algo semejante a voces de ultratumba, sentía como si alguien la observara y pasos acercándose a ella. Se hizo un ovillo y cerró los ojos más fuerte, no quería abrirlos. Sentía mucho miedo. Un fuerte estruendo la hizo abrir los ojos de par en par. Su respiración agitada delataba su terror. Cubría su cabeza con sus manos ensangrentadas, las miró y lloraba. Cómo he podido hacer eso. Escuchó un ruido y se sobresaltó. Miraba por cada uno de los huecos de las ventanas y alzaba su vista hacia el derruido tejado por el que veía un espléndido cielo azul. Se levantó despacio y fue hacia una de las habitaciones en ruinas. Observaba como la hierba se había apoderado de ella, los viejos palos de madera estaban esparcidos por el suelo, quizá, eran los mismos que años atrás cubrían el tejado.
Contemplaba las paredes casi hundidas, viejas, sucias y entonces se dio cuenta que en una de ellas había algo escrito, sonrío, pensó que posiblemente serían mensajes de algunos visitantes que se habían topado con aquél lugar y se acercó sigilosa. Su rostro empalideció, quería leer en voz alta pero las palabras no pasaban más allá de su garganta. En apenas un susurro y casi tartamudeando pudo leer: "también tu perecerás". El vello de su cuerpo se le erizó cuando al terminar de leer aquella frase escuchó los pasos de alguien que se situó tras ella y con su voz ronca le dijo: "pensabas que escaparías". Y fue entonces, ahí, en ese momento, cuando se dio cuenta que todo ese tiempo había estado vigilando su sueño y no podría escapar. Él era el fantasma de los sueños
De repente notó el peso de una mano sobre su hombro y una ronca voz que le decía "por qué corres, pensabas que no te alcanzaría". Se levantó y volvió a correr, sin embargo, tropezó y cayó de bruces sobre la tierra mojada del camino y ya, ya no podía levantarse. Sintió cómo la suela de una bota aprisionaba su cuerpo contra el suelo. Su intento por escapar era en vano, así que, se dejó vencer y cuando éste la agarró fuerte del brazo para levantarla del suelo y agarraba su cuello para ahogarla ella, decidida, traspasó su costado con lo primero que tenía a su alcancé y que había cogido del suelo antes de levantarse, una rama afilada. Notaba el calor de la sangre al mojar su mano.Volvió a correr adentrándose en un espeso manto de olivos y entre dos luces y ya casi entrado el día llegó hasta una casa derruida.
Al entrar tuvo una aterradora sensación. El tejado había desaparecido y la naturaleza se había apoderado de su interior. Pequeños roedores acampaban a sus anchas, lagartijas paseaban por los viejos palos de madera tirados en el suelo, las arañas habían tejido sus telas por cada rincón de la misma... pero iba tan agotada y asustada que se cobijó en una esquina y se quedó dormida. Entre sueños le parecía escuchar el lejano sonido del viento que soplaba cada vez más fuerte y que al entrar entre aquellas cuatro paredes provocaba algo semejante a voces de ultratumba, sentía como si alguien la observara y pasos acercándose a ella. Se hizo un ovillo y cerró los ojos más fuerte, no quería abrirlos. Sentía mucho miedo. Un fuerte estruendo la hizo abrir los ojos de par en par. Su respiración agitada delataba su terror. Cubría su cabeza con sus manos ensangrentadas, las miró y lloraba. Cómo he podido hacer eso. Escuchó un ruido y se sobresaltó. Miraba por cada uno de los huecos de las ventanas y alzaba su vista hacia el derruido tejado por el que veía un espléndido cielo azul. Se levantó despacio y fue hacia una de las habitaciones en ruinas. Observaba como la hierba se había apoderado de ella, los viejos palos de madera estaban esparcidos por el suelo, quizá, eran los mismos que años atrás cubrían el tejado.
Contemplaba las paredes casi hundidas, viejas, sucias y entonces se dio cuenta que en una de ellas había algo escrito, sonrío, pensó que posiblemente serían mensajes de algunos visitantes que se habían topado con aquél lugar y se acercó sigilosa. Su rostro empalideció, quería leer en voz alta pero las palabras no pasaban más allá de su garganta. En apenas un susurro y casi tartamudeando pudo leer: "también tu perecerás". El vello de su cuerpo se le erizó cuando al terminar de leer aquella frase escuchó los pasos de alguien que se situó tras ella y con su voz ronca le dijo: "pensabas que escaparías". Y fue entonces, ahí, en ese momento, cuando se dio cuenta que todo ese tiempo había estado vigilando su sueño y no podría escapar. Él era el fantasma de los sueños 
Otro texto envuelto en los sueños aterradores, esos sueños que, nos invaden cuando creemos estar desprotegidos. Cuando nuestro subconsciente juega al libre albedrío. Me gusta Eva. Felicidades. Las imágenes no menos enriquecedoras
ResponderEliminarBesos.
Hay dulces sueños y sueños que son pesadillas y éste podría se una de ellas. Gracias María por tu comentario. Besos de vuelta para ti.
ResponderEliminarJo, qué fantasma más terco!, jejej.
ResponderEliminarGracias por el regalo.
Besotes!
Gracias a ti por las fotos, sin ellas no habría relato. Besos.
Eliminar(Oime, ésto no será premonitorio, no?. Mirá que yo tengo que volver por ahí...y si no vuelvo, te vengo a buscar, eh?!)
ResponderEliminarAhhhh!!! Si vuelves allí, cualquier cosa, a mi no me busques. Besitos.
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