martes, 27 de septiembre de 2011

Desconcertada

Se dispuso a abrir  cuando entró su madre echa una energúmena mientras le decía: pero chiquilla… ¿Tú te crees que éstas son horas para continuar durmiendo?  Llegarás tarde al trabajo, claro por la noche si te gusta quedarte hasta altas horas y, te la pasas deambulando de un lugar a otro de la casa ¡sin prisas! pero por la mañana ¡ay por la mañana! hay que estar llamándote una y otra vez ¡venga rápido que vas con la hora justa y después de tantos días sin ir verás!.

Impresionada por la irrupción de su madre en la habitación se quedó inmóvil, aflorando de pronto en ella una sonrisa, y fue cuando se preguntó: ¿Será posible que haya estado soñando todo este tiempo con la misma situación, me estaré volviendo loca?. Quién será el caballero de mis sueños. La madre entretanto la observaba y con un tono irónico le dijo: no, si sigue la nena tan tranquilita ella ¡vamos qué te crees que vas sobrada de tiempo y todo!.

Era una chica tímida; se relacionaba perfectamente con todo el mundo pero era huidiza a la hora de conocer a otras personas, ya que le costaba trabajo sincerarse y en algunos casos no lograba conseguirlo. De repente meditó sobre lo que su madre acababa de decirle ¿Cómo qué llevaba días sin ir a trabajar? Quería recordar sus días anteriores, no obstante, sólo llegaban a su memoria recuerdos de esos sueños motivo por el que comenzaba a sospechar que algo extraño ocurría y no lo recordaba, causa por la que se encontrada afligida.

Se duchó y desayunó rápido saliendo despavorida a la calle para coger el autobús, en el trayecto hacia el trabajo, no dejaba de pensar en los extraños sueños que había tenido y que parecían tan reales, no era capaz de apartar de su pensamiento a aquel hombre y su mirada… se preguntaba si realmente existiría; quizá se lo había podido cruzar en alguna ocasión en cualquier calle, bar, pub… o era tan sólo un espectro en sus sueños. Los recuerdos le iban llegando dosificados y cuando menos se lo esperaba.

Lo que sí sabía realmente es que se estaba acumulando en su cabeza una serie de imágenes asombrosas para ella que, manifestaban unos sentimientos hacia ese hombre que jamás había sentido por ningún otro, era un enigma todo aquello que le proporcionaba curiosidad deseando averiguar quién era él.

Llegó al trabajo ya agotada mentalmente de tanto meditar sobre lo que estaba experimentando y de tantas y tantas cuestiones que le sobrevenían y de las que no hallaba respuesta alguna, así que el día se le hizo irresistible deseando que llegara por fin la hora para salir de allí. Se encontraba envuelta en mil papeles, escritos, correos… no imaginaba la hora de salir de aquel atolladero, se le estaba haciendo eterno.

Era tarde cuando salió del trabajo y unos compañeros se ofrecieron a acercarla hasta su casa pero se negó, ya que le apetecía volver caminando. Las calles comenzaban a quedar desiertas aunque todavía permanecían algunos niños jugando y correteando por las mismas; sus risas y juegos llenaban de alegría aquellos rincones. La noche se tornaba estrellada y en el cielo comenzaba a relucir una luna radiante, su caminar era lento y pausado, recreándose en cada paso, entreteniéndose con cualquier cosa por insignificante que ésta fuera.

No llevaba mucho camino recorrido cuando se topó con un gran muro de piedra que dejaba mostrar un espléndido jardín, percibía un amalgama de aromas que la dejó extasiada, su curiosidad llegó a más e hizo que se acercara lo suficiente para disfrutar aún más de él, era verdaderamente precioso; árboles frutales, flores de todo tipo, plantas que ni siquiera ella reconocía llenaba lo que parecía un oasis. Miró entusiasmada cada rincón del mismo y entonces fue cuando sin pretenderlo vio algo que la dejo embobada, en una de las ventanas se ocultaba alguien tras las cortinas, éste la observa pero al darse cuenta que ella lo había visto se retiró rápidamente.

Sin más ella continúo su camino pero cuál fue su sorpresa que al retirarse de aquella casa la reconoció, sí, era la misma que aparecía en sus sueños, ¿Porqué nunca la había visto y era ahora cuando lo hacía por primera vez? Había escuchado referirse a ella como una casona abandonada y siniestra con mil historias de misterio en torno a la misma, pero sólo en sus sueños la había visitado o al menos eso creía. Quién era la persona que la observaba.

Llegó fatigada por el duro día por lo que decidió irse directamente a dormir. Repentinamente sonó el teléfono y un número desconocido para ella relucía en él, cuidadosamente contestó y al escuchar la voz se quedó perpleja: Por fin te has decidido, ¿Te ha gustado el jardín? sí, sé que sí te ha gustado, ya sé que no lo recuerdas pero es normal nunca te dejé salir al mismo, pero… ¿No echas de menos todo lo demás? Los libros, la chimenea, los cuadros… y por qué no, a mí también, tampoco me he portado tan mal contigo; ella hizo el intento de hablar pero él le susurro: calla, tú sabes que es cierto que me echas de menos tanto o más que yo a ti; con un tono amenazador le continúo diciendo: sabes que tienes que volver sino entenderás que tendré que ir a por ti, ese fue el trato, yo te dejaba arreglar los asuntos y tú volverías y si no lo haces descubrirás lo que puede ocurrir, no, no me hagas enojar sabes que no me gusta.

Tras colgar el teléfono se encontraba totalmente desconcertada, aunque eso no la privó en caer en un profundo sueño debido al cansancio acumulado durante todo el día, eran muchas las situaciones extrañas que se habían producido a lo largo de él. Aquel sueño no era igual que todos los demás, durmió plácidamente durante el resto de la noche, a la mañana siguiente se levantó temprano y salió a caminar realizando la misma ruta que el día anterior; cuando llegó a la gran casona algo le empujó a acercarse a ella y llamar a la puerta, ansiaba averiguar todo y esa actitud le sorprendía; algo le atraía de allí.

No transcurrió mucho tiempo cuando la gran puerta del jardín se abrió y entró, el mismo desde allí se veía más hermoso aún que desde el otro lado, se detuvo para disfrutar de la visión y a continuación  se dirigió hacia la casa, la puerta estaba entreabierta, empujó y decidió entrar. Allí estaba él, soberbio y con una sonrisa que le llenaba el rostro mientras se dirigía a ella: sabía que vendrías y no me defraudarías ya no hay marcha atrás entra y cierra. En ese momento hizo  ademán de huir una vez más pero… algo le retenía allí; en aquel momento se volteó y con los ojos rebosantes de lágrimas le hizo una sola pregunta: ¿Me puedes explicar qué quieres de mí?.    

No hay comentarios:

Publicar un comentario