viernes, 2 de septiembre de 2011

Lo que no me pase a mí

No sé qué será pero… algo ocurre cuando voy a Linares y es feria; quien me conoce sabe que a mí no me gusta dejar todo para última hora, ya que, por el contrario lo realizo siempre con tiempo, esto que he dicho queda muy bien pero no me lo creo ni yo;  como el sábado tengo una boda he decidido, a dos días de la misma, ir a ver si había algún vestido que me gustase para comprarme.

Había un pequeño contratiempo ¿A quién le pedía venir conmigo? Me atreví a pedírselo a mi hermana, la cual aceptó, así pues quedamos para las 17.30 horas.

A la hora fijada, en punto,  estaba  llamando a mi puerta, por supuesto nos íbamos en mi coche el cual reposté de gasóleo antes de salir; el camino lo realizamos perfectamente, charlando y escuchando música, sin embargo la cosa comenzó a fallar cuando llegamos ¿Dónde dejo el coche? Me voy para el parking de San Agustín qué es más amplio o por el contrario nos vamos al qué hay al lado de dónde estaba Simago, le dije yo; no, no, mejor al de Simago, me contesta ella; pues bien en ese caso vamos hacia allá, aunque no me gusta.

Ya en la puerta, estaba medio abierta, miré el cartel luminoso de arriba que indicaba libre, cuando iba a acceder al mismo veo asombrada que la puerta más que medio abierta estaba medio cerrada, con una ligereza a la hora de pensar me dije: ¡pues sí que hace aire que hasta tiene fuerza para cerrar la puerta! Por lo que le refiero a mi hermana: ¡¡coño, coño… nena corre baja del coche que se cierra la puerta!!, a lo que ella muy diligente lo hizo y a la vez me comentó: el parking está cerrado; yo con la música puesta, cosa que no es una excusa lo sé,  le digo: nena, inmoviliza la puerta  leche, que me da en el coche, para que pueda pasar.

Irrumpí en el parking, parecía una cueva e incluso tenía algo de tenebroso, estaba todo tan oscuro que sólo se podía advertir las luces de emergencia y pensé: ¡joder hoy tengo suerte está vacío, sólo hay un par de coches! Así que saqué mi tique y aparqué sin percatarme aún de lo que ocurría, no obstante todo estaba tan extraño, oscuro, sin luz… leches si es que hasta la taquilla donde cobran al salir estaba cerrada.

En ese momento apareció un señor y menos mal que la luz se me encendió, así que le pregunté: oiga, por favor ¿El parking es qué está cerrado? Claro que está cerrado, me dijo; pero… si la puerta estaba abierta, le respondí yo; el señor todo flipado o bien porque yo había entrado o porque me vería la cara de idiota me dice: claro es que arriba viven vecinos y si le das a un botón la puerta se abre para ellos meter sus coches; a lo que yo le respondí: ya, claro pero no es mi caso, no he dado a ningún botoncito.

Por otro lado estaba la del botoncito, mi hermana sujetando la puerta haciendo fuerza para que ésta no se cerrara y pudiera salir. Me dieron ganas de decirle: pero criatura por dónde salgo yo ahora pero dije muy amable, ya que no estaba la cosa para menos: pero bueno y ahora, cómo salgo de aquí, a lo que él, muy cortés, me dice: anda, anda que te abro la puerta de salida sino tendrás que estar aquí hasta mañana. Me puse más roja que un tomate, pero en fin... el caballero bastante atento  así lo hizo, mientras llamé a mi hermana, que parecía un sello pegado en la puerta de entrada para que no se cerrara, para que viniera. Evitaré el episodio de salida del mismo y el espejo retrovisor, debido a los nervios, lo importante es que salimos del parking sanas y salvas; el coche sin un rasguño.

Me hago una pregunta: si se llega a cerrar la puerta de entrada y no está ese señor tan amable que me abrió la de salida ¿qué hubiera hecho hasta mañana encerrada en el parking? Porque mi hermana me dijo que lo tenía claro: en caso de cerrarse la puerta ella se quedaría en la calle y si no lo había hecho era por la nena, que estaba conmigo. Más tarde comentando lo ocurrido me hace mi hermana una observación: el cartel de arriba decía que el parking estaba cerrado a lo que yo le respondí: no, no, ponía libre; sí pero en azul que significa cerrado y le rebatí: no, no, en verde. ¡Calla, que tú eres daltónica, era azul!; ¿… ahora lo dices que estaba en azul? Con lo fácil que sería poner cerrado fuese del color que fuese.

Al final me tuve que ir al otro parking, el que yo decía desde el principio; había un cartel que me pareció gracioso, que decía: ocupen solamente una plaza gracias.







Sería que sabían que iba hacía él y decidieron ponerlo, por si acaso ocupaba dos en vez de una, como dicen: el que avisa no es traidor; más si va el peligro de los parkings.


Para colmo todas las tiendas cerradas, sin embargo me vine con mi vestido para la boda, el Corte Inglés estaba abierto.


Al final, pensándolo, nadie va a querer acompañarme cuando tenga que ir de viaje a algún lugar. Porque lo que no me pase a mí no le pasa a nadie.

4 comentarios:

  1. Bien sabes tu que si no es por que la nena estaba con tigo dentro esa noche duermes en el coche por que el sello se despega....que por tu culpa me tengo que estar tomando pastillas para la garganta de las voces que te daba para que dieras marcha atrás por que no podía soltar la puerta para pasar a decírtelo por que se cerrabaaaa.....so joia.jajajajajajajjajajajja

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  2. Anda....anda... que no andas ná, tú y el sello, el sello y tú, jejejejee.
    Para ir contigo a cualquier lado, primero hay que hacerse un seguro de vida.
    Oye.. ¿¿y a mi que me hubiese gustado que te hubieses quedado hasta el dia siguiente???? pero tú di que sí , que la culpa fué del cartelito que no supo expresarlo bien...
    un beso guapa

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  3. Hoy, todavía me da risa, al recordar el papel que cada cual obtuvo en esta digamos ‘aventura’; tampoco es para ponerse así, qué sería de la vida sin estos momentos “divertidos”. Hubiera sido un viaje aburrido sin más: llegar, aparcar, comprar y volver; sinceramente conmigo un viaje jamás será aburrido. La verdad es que me divertí más recordando para escribir, que en ese preciso momento, pues me daba la risa de ver la situación ya que no es para contarla sino para vivirla, pero claro está estas cosas no le pasan a todo el mundo. Un besito, sellito.

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  4. Te puedo asegurar que conmigo no te aburrirías porque con todo lo tímida que soy, aunque no lo parezca, nunca deja de ocurrir alguna anécdota donde me salen los colores ¡ay, si yo contara!. Cómo es eso qué te hubiese gustado qué me quedara hasta el día siguiente, eso me lo tienes que explicar cuidadosamente, eh. Si es que los linarenses no saben expresarse bien en los carteles. Un beso, Masy.

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