martes, 17 de mayo de 2011

Al calor de la chimenea

Era una fría noche de invierno, estaban reunidos todos los amigos, disfrutando de una dulce velada, reían, charlaban, contaban historias de todo lo que les había sucedido aquel verano; ella sentada junto a la chimenea, escuchaba cuidadosamente todas las correrías de ellos, así mismo, participaba en aquel parloteo contando las suyas propias. En un breve instante comenzó a advertir algo extraño, como si alguien la estuviera reclamando.

Al cabo de un rato decidió salir a comprar tabaco, tal vez quería pasear por aquella noche de niebla o quizá realmente ansiaba encontrarse con aquel extraño presentimiento que no se le quitaba de la cabeza… Se dirigió hábilmente hacia un bar cercano, al entrar apreció como alguien, a quien no reconoció, le clavó su mirada; ella sin reparar demasiado en él compró tabaco y se marchó, aunque esos ojos le hizo sentir algo y esa mirada le inquietó por un momento.

Al salir una intensa niebla ocultaba las calles, encaminó despacio hacia la casa de sus amigos, pensando que éstos la estarían echando en falta; en su camino de regreso no podía evitar dejar de recordar aquél hombre que había visto en el bar. Este recuerdo le llevaba a la memoria aquella inolvidable noche bajo el manto de estrellas y luna llena, quizá sea él pensó; un cúmulo de sentimientos comenzó a embriagarle.

Metida en sus pensamientos comenzó a caminar más ligeramente; de pronto escuchó unos pasos tras ella, algo asustada aligeró discretamente, pero sin darse cuenta justo detrás de ella, notó un susurro: ¿Dónde vas? ¿Tienes prisa? Un escalofrío recorrió todo su cuerpo al notar el calor que desprendía el aliento de su boca, sin tan siquiera contestar continuó su paso, temblando, y la voz le volvió decir: ¿Ya no te acuerdas de mí? ¿Me has olvidado? En aquel momento volvió su cara despacio y lo miró, no podía creerlo, era él, con aquellos ojos penetrantes, su sonrisa picara, pasó su mano dulcemente por su rostro recordando así la suavidad de ellas y sus caricias, con una voz entrecortada y un brillo especial en sus ojos le dijo: cómo poder olvidarte.

Él con la misma dulzura que ella recordaba, le dijo: llevo tiempo buscándote a lo que ella contestó: yo llevo tiempo esperándote. Los dos se fundieron en un tierno beso, lleno de caricias y deseo. La invitó a beber algo y ella olvidándose por completo de la velada con sus amigos aceptó encantada; conversaron largo tiempo, las agujas del reloj no parecían correr cuando estaban juntos. Decidieron ir a un lugar más entrañable.

Al llegar él encendió la chimenea, junto a ella sentados tomando una copa, continuaron hablando, tenían tantas y tantas cosas que contarse. Junto a él sentía una paz que no había experimentado jamás; de pronto se torno alrededor de ellos el silencio; sentados junto al calor de la chimenea sus miradas se encontraron llenas de deseo, con una ingenua sonrisa se fundieron en un desenfrenado beso que les llevaría poco a poco a descubrir sus cuerpos; los dos se rindieron a la pasión que entre ellos existía, entregados por completo y dejando al descubierto los secretos de sus cuerpos.

Los besos, las caricias, los susurros al oído se iban añadiendo, los sentimientos estaban a flor de piel; sus cuerpos unidos parecían sólo uno, entrelazaban sus manos apretando uno contra el otro, la luz que desprendía la chimenea y el calor de la misma los hacía ajenos al frío que en ese momento se hacía sentir en calle; las horas pasaban y ellos no agotaban las caricias. no cesaban de mirarse, besarse y sonreír.

Tumbado junto a ella, despojados de ropa alguna, la acariciaba con la misma ternura de siempre, jugaba con su pelo, besaba su rostro,la abrazaba tan intensamente que parecía que no lo había hecho jamás. Volvían a besarse para llegar así una vez más a unir sus cuerpos en uno sólo; la luz comenzaba a entrar por la ventana, pero los besos continuaban no quería separarse y que todo aquello retornara a un sueño.

Tenía que ser diferente, en esta ocasión él vivía en la misma ciudad que ella, se verían más a menudo quedarían seguramente para continuar conociéndose, conversar y seguir descubriendo todos y cada uno de los secretos de sus cuerpos, sin más preguntas ni más obligaciones que la de amarse….

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