Siempre, desde que era niña, soñaba con encontrar a alguien que, desde la primera vez que lo viera, le hiciera sentir algo especial y la enamorara desde el primer momento; eso, ya con la edad, supo que era un imposible; se había llevado muchos desengaños en su vida, olvidándose por completo de buscar a alguien que la colmara de felicidad. .
Ella nunca podía imaginar que ese día y ese hombre lo iba a encontrar en aquel momento de su vida.
Una amiga la llamó para tomar unas cañas antes de arreglarse para ir al baile, ella aceptó y quedaron para la tarde; cuando entraron en aquel bar se sintió extraña, pero no imaginaba que su destino se había desatado y que no iba a frenar. En todo momento estaba inquieta, como si alguien desde algún rincón de aquel pequeño bar la estuviera observando; al salir vio aquel hombre, los dos se miraron y él le regalo una sonrisa, porque así la recibió ella, como un regalo.
Al salir le preguntó a su amiga: ¿conoces al chico que había en la barra? Ante la negativa de su amiga pensó que ya jamás lo volvería a ver, pero en su corazón se quedó clavado esa sonrisa y esa mirada.
Esa noche ella se arregló con la esperanza de volver a ver aquellos ojos, aunque en su interior se decía que eso era un imposible, lo veía un hombre demasiado atractivo para ella, además era la fiesta grande y había muchos sitios donde ir… y en el caso de que así fuera, había chicas mucho más jóvenes y guapas que ella en las que se podía fijar. Pero una vez más se equivocó, al entrar en aquella caseta donde había quedado en reunirse con sus amigas, se encontró de frente con él.
Él estaba con un grupo de amigos, pero en el momento que la vio entrar no dudo ni un segundo en dirigirse a ella; se dieron dos suaves besos en las mejillas, él le dijo: desde que esta tarde te vi no he podido dejar de pensar en ti, y ella, aún temblándole la voz, le contestó: gracias por regalarme una sonrisa, a mí me ha pasado lo mismo.
El corazón les latía a un ritmo acelerado, entre ellos había miradas de complicidad y deseo. Ella no podía explicar qué es lo que le pasaba, nunca había sentido lo que en ese momento. Decidieron dejar cada uno a sus amigos y salir a dar un paseo los dos juntos, hablaban y hablaban sin cesar, se contaban toda clase de cosas, como si de toda la vida se conocieran, bajo un árbol del paseo se sentaron, continuaron hablando, pero de pronto se torno alrededor de ellos un silencio, sólo basto una mirada para fundirse en un tierno beso, sus labios se unieron con el mismo deseo que lo hacían sus miradas, un beso lleno de ternura, lento, saboreando el momento; él la abrazaba con sus robustos brazos en los que ella sentía toda la protección del mundo, y ella le pasaba la mano por su pelo acariciándole la cara.
Le pidió si quería ir con él a la habitación de su hotel, pero ella le sugirió ir a su casa, lo cual él aceptó. Al llegar, ella le ofreció tomar algo, subieron arriba a la buhardilla, ella le explicó que allí era donde pasaba la mayor parte de su tiempo, tenía un billar donde jugaba siempre con sus amigas, una barra del estilo de un bar, un pequeño rincón donde tenía la chimenea con unos sillones, y al otro lado del gran salón tenía lo que ella llamaba su lugar de retiro: un habitáculo donde ella pasaba las horas leyendo, escribiendo, escuchando música... era el lugar donde ella se evadía de todo; él la escuchaba sin apartar la mirada de ella, le gustaba escuchar su voz, sus gestos, su mirada mientras hablaba, estaba sintiendo por ella algo que nunca pensó que podía sentir por una mujer, algo que él siempre había intentado eludir.
Se sentaron cómodamente frente a la chimenea, donde se pasaron las horas hablando, tomándose unas copas y sin parar de reír, las miradas, los besos y las caricias llenaban aquel gran salón. Cuando se dieron cuenta, los reflejos del sol comenzaron a entrar por las ventanas, el tiempo había pasado sin ni siquiera darse cuenta de ello.
Decidieron quedar para salir otra noche más, él la invitó a cenar y ella encantada aceptó. Él se fue pensando que aquella chica le había hecho cambiar algo dentro de sí, aquella chica le había gustado de verdad, pensó que por primera vez había estado con alguien que le despertaba unos sentimientos que él creía que ya no sentiría jamás y no había intentado llegar más allá en esa su primera cita, la deseaba tanto que no quería imaginar que sería sin ella, sabía que quizás exageraba en sus sentimientos, pero era lo que en ese momento sentía y no lo podía controlar.
Ella por su parte, se quedó pensando en él, era la primera vez que había estado con un hombre que le hubiera hecho pasar una velada como la que había tenido, no podría olvidar aquellos besos, aquellas caricias… como nunca podría olvidar aquellos ojos parados en su cuerpo, el brillo que tenía en ellos y el deseo con el que parecía mirarla... no olvidaría todo lo que esa noche habían hablado.
No dejaba de soñar e imaginar como sería su segundo encuentro con él, qué pasaría, si todo sería igual… pero tendría que esperar para saberlo, ya lo echaba de menos y pensaba si él también sentiría lo mismo. No quería ilusionarse, no quería una vez más volver a sufrir, pero en ese momento no podía pensar en otra cosa. Se estaba enamorando, pensaba si él también se podría llegar a enamorar de ella, eso le daba miedo, miedo a enamorarse y no ser correspondida.
La hora del segundo encuentro se iba acercando, los nervios de los dos se iban acrecentando. La noche estaba volviendo.
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