"Lo leo y tengo la sensación de flotar, de moverme por otra dimensión por otros mundos por otros espacios, emociona, subyuga y convierte en angustia una delicada paz". Así ha presentado el micro relato, Al viento, José Francisco Díaz-Salado en su programa La voz silenciosa. Siempre me da las gracias por dejar que lea mis relatos pero la agradecida soy yo por leerlos él, una gran voz.
martes, 6 de octubre de 2015
domingo, 4 de octubre de 2015
Al viento
Dame tu mano, le dijo con un pequeño hilo de voz, y cuando la sostuvo entre las suyas la acarició suavemente. Pasaba la yema sus dedos lentamente por su piel mientras cerraba los ojos como si quisiera adivinar que expresaban las líneas que recorrían su palma. De repente, la soltó despacio mientras la miraba a los ojos y tras dedicarle una leve sonrisa, ella se lanzó al vacío. Su cuerpo se balanceaba como una pluma al viento. En ese breve instante multitud de recuerdos aparecieron y justo antes de llegar al final del camino una voz le susurró al oído: estaré abajo. Y su cuerpo quedó tendido boca arriba con sus brazos abiertos mirando el inmenso cielo mientras unas lágrimas se deprendían de sus ojos y una sonrisa quedaba dibujada en sus labios. miércoles, 30 de septiembre de 2015
Los sueños
Hacía tiempo que no publicaba nada, por lo que, hace mucho que no escucho un relato mío en la voz de José Francisco Díaz-Salado en su programa, La voz silenciosa. Ya casi se me olvidaba cómo él da vida a un relato mío, escucharlo de su voz, la música que él mismo escoge... como siempre gracias por todo. Cuantos sueños tenemos en nuestra vida y que tristeza cuando al ir cumpliendo años casi todos se van rompiendo unos tras otros... así presenta, en esta ocasión, Sueños rotos.
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lunes, 28 de septiembre de 2015
Sueños rotos
A pesar de todo conservaba sus sueños, sus deseos, sus anhelos... Aún creía, como cuando era aquella pequeña niña de melena larga a la que su mamá siempre le hacía dos grandes coletas mientras le decía "para que se vea tu bonita sonrisa y esos ojos preciosos", que los sueños con el tiempo se podían cumplir. Cuando miraba al cielo y veía como una estrella fugaz lo recorría de un extremo a otro cerraba los ojos y pedía un deseo pues creía que, como una vez le dijeron, éste se cumpliría. Creía que, si cerraba los ojos, al apagar todas las velas de su tarta de cumpleaños a la vez mientras pedía un deseo éste también se cumpliría. Si acertaba en que mejilla estaba posada su pestaña caída el deseo que había pedido sería cumplido... Creía en todo aquello aunque no pudiese verlo ni tocarlo por más misterio que ello encerrara. Cerró los ojos tímidamente, con miedo, despacio... y, mientras lo hacía, elevó sus manos como si con ellas quisiera alcanzar el cielo para tocarlo y parecía que con sus dedos lo rozaba, era como si por fin alcanzara todos sus sueños, todos sus deseos y se fuesen a cumplir. Suspiró hondo. Abrió los ojos lentamente y unas lágrimas caían ligeras por su rostro hasta llegar a la comisura de sus labios y, mientras tanto, dejó su cuerpo resbalar por la pared hasta quedarse sentada y apoyada en ella. Escondió la cabeza entre sus rodillas, como si quisiera ocultarse de todo, de todos, como si deseara desaparecer y perderse del mundo. Pensó entonces que los sueños no siempre se hacen realidad; que todo aquello que alguna vez le habían contando no era cierto. ¿Por qué hay sueños rotos? se preguntó ahogada en una profunda pena. Y en su cabeza retumbaba una pregunta: ¿por qué se rompen los sueños?,sin embargo, al elevar su vista un instante vio como en el oscuro cielo relucía intensamente una estrella y pensó que, quizá, alguna vez sus sueños si podrían hacerse realidad al igual que aquella estrella lucía con fuerza en la más profunda oscuridad. Y continuó allí, sentada en el suelo mientras apoyaba su cabeza en la pared para observar el brillo intenso de aquella estrella y que parecía tan diminuta en el inmenso cielo, entretanto, sus lágrimas recorrían su rostro y se sintió como ella, pequeña, muy pequeña pero con fuerza.
martes, 9 de junio de 2015
Como si fuéramos inmortales
Todos sabemos que nada ni nadie habrá de ahorrarnos el final
sin embargo hay que vivir como si fuéramos inmortales
sabemos que los caballos y los perros tienen las patas sobre la tierra
pero no es descartable que en una noche buena se lancen a volar
sabemos que en una esquina no rosada aguarda el ultimátum de la envidia
pero en definitiva será el tiempo el que diga dónde es dónde y quién es quién
sabemos que tras cada victoria el enemigo regresa buscando más triunfos
y que volveremos a ser inexorablemente derrotados vale decir que venceremos
sabemos que el odio viene lleno de imposturas
pero que las va a perder antes del diluvio o después de carnaval
sabemos que el hambre está desnuda desde hace siglos
pero también los saciados responderán por los hambrientos
sabemos que la melancolía es un resplandor y sólo eso
pero a los melancólicos nadie les quita lo bailado
sabemos que los bondadosos instalan cerrojos de seguridad
pero la bondad suele escaparse por los tejados
sabemos que los decididores deciden como locos o miserables
y que mañana o pasado alguien decidirá que no decidan
sintetizando/todos sabemos que nada ni nadie habrá de ahorrarnos el final
pero así y todo hay que vivir como si fuéramos inmortales
Mario Benedetti-La vida, ese paréntesis.
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domingo, 7 de junio de 2015
Misterio y realidad
A veces los sueños parecen tan auténticos que los llegamos a vivir como si verdaderamente ocurrieran. A través de los mismos nos pueden llegar multitud de sensaciones que las percibimos como si realmente sucedieran. Distinguimos aromas, escuchamos los sonidos, vemos las imágenes... en ocasiones son sueños bonitos y en otras se llegan a transformar en las peores pesadillas. Quién alguna vez no ha despertado en mitad de un sueño con una amplia sonrisa o, por el contrario, con sus ojos enrasados en lágrimas, sudoroso, agitado... Éste podría ser un bonito sueño o una pesadilla, quizá, no sea nada de eso y es real ¿por qué no?. A mí, por si acaso, no me gustaría que me ocurriese porque tan sólo escuchar ésta historia el vello se me ha erizado. De la voz de José Francisco Díaz-Salado en su programa La voz silenciosa. Lo comparto.
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martes, 2 de junio de 2015
Extrañas historias
Aún no ha amanecido y una espesa niebla cubre cada rincón de las solitarias calles. Parecía un pueblo fantasma, abandonado... las viejas paredes encaladas de las viejas casas dejaban ver, tras el blanco sucio y detrás de los enormes desconchones, la piedra con los restos de lo que podían haber sido grandes casas señoriales de la época y que, posiblemente, tras los duros enfrentamientos de años pasados habían sido abandonadas por miedo a los tristes acontecimientos sucedidos en algunas. Ella se encontraba alojada por unos días en una de esas casas en la que su historia, como en la mayoría de las que había en la villa, estaba bañada en sangre. Permanecía tumbada sobre la cama, una noche más no podía dormir pues aquél olor a rancio no le proporcionaba la comodidad suficiente para su descanso. Aquella habitación, como casi todas las de la casa, estaba llena de muebles antiguos, cortinas anticuadas y era presidida por un gran cuadro que representaba la imagen de un santo que sostenía en sus brazos un niño, que parecía ser el Niño Jesús, rodeado de ángeles y que por la noche parecía que todos la observaba. Todas las estancias eran muy semejantes y aquella, a pesar de todo, le pareció de las más acogedoras. Sólo se escucha el silencio que era roto, de vez en cuando, por el ruido del viento y el suave tintineo del agua al caer y chocar contra los cristales. Dirigió su vista hacia el cristal y entre las gotas de agua que resbalan por él pudo ver el oscuro cielo. Se levantó de un pequeño brinco de la cama y al posar sus pies desnudos sobre el suelo el frío de éste le recorrió todo el cuerpo. Agarró su cabello con una pinza y se frotó suavemente los ojos. Intentó prender la luz pero ésta no funcionaba, posiblemente la tormenta era la culpable, así que en la oscuridad buscó algo con lo que cubrir su cuerpo pero no lo encontró. Tímidamente se asoma a la ventana y observa, a través de la luz de la farola, como un suave manto de agua cae; dejada caer en el frío cristal ve como la noche da sus últimas coletadas. "Qué extraño, cómo hay luz en la calle y no en casa" piensa mientras se sonroja. El silencio se ha apropiado de todo y la luz del día asoma tímidamente mientras la vida parece que le cuesta comenzar. Mientras tanto su pensamiento se aleja por un momento de aquella habitación y aún parece que está medio dormida cuando escucha un extraño ruido que hace que vuelva otra vez. Tras la puerta parece que hubiera alguien y se queda paralizada un instante. Agudiza sus oídos y le parece escuchar el lamento de alguien y un fuerte grito que hace que su corazón lata tan fuerte que se puede escuchar en toda la habitación y su respiración, agitada, delata que está muy asustada. Avanza despacio hacia la puerta y con la respiración cortada agarra la manivela para abrirla lentamente y un suave chirrido se escucha. Tímidamente se asoma, no hay nadie, todo está oscuro y un rotundo silencio invade el largo pasillo pero aún así su corazón late rápido. De repente observa como una leve niebla se levanta del suelo y descalza se adentra entre ella. La misma sube por sus piernas y rodea su cuerpo, ésta se torna espesa. Un escalofrío recorre todo su cuerpo. Al final del pasillo visualiza una pequeña luz. Por un momento lo duda pero al fin se decide ir hacia ella. Cuando por fin parece que va a llegar un voz ronca y cansada, pronuncia su nombre y al volver su mirada, tras ella, se encuentra con una silueta que la dejó paralizada por la impresión, la misma en un instante desaparece al igual que aquella niebla que había invadido el pasillo. Temblorosa se dirigió hacia la cocina y mientras aspiraba el aroma del café recién preparado y hacía humear un cigarro no podía retirar de su cabeza la brillante luz y aquella imagen que le recordaba a alguien. En ese momento se levantó y corrió hacia una de las habitaciones en la que había un gigantesco cuadro en el que detuvo su mirada, sí, era la misma imagen que había visto. El señor mayor del cuadro era el que estaba frente a ella, era quién la había llamado... según la fecha del mismo ese retrato era del año 1914. A la mañana siguiente preguntó a algunas de las señoras mayores que por allí vivían quién habitó aquella casa y la historia de la misma. Sólo alcanzaron a decirle que el caballero que allí vivió había fallecido en trágicas circunstancias pero que algunas noches, según contaban algunos de los inquilinos que por allí habían pasado y los vecinos más cercanos, se escuchaban ruidos, sollozos, lamentos... y se podía observar la figura de alguien vagar por la casa.
lunes, 13 de abril de 2015
De nuestros miedos
De nuestros miedos
nacen nuestros corajes
y en nuestras dudas
viven nuestras certezas.
Los sueños anuncian
otra realidad posible
y los delirios otra razón.
En los extravíos
nos esperan hallazgos,
porque es preciso perderse
para volver a encontrarse.
Eduardo Galeano. (De: El libro de los abrazos).
domingo, 29 de marzo de 2015
Me dueles
Mansamente, insoportablemente, me dueles.
Toma mi cabeza. Córtame el cuello.
Nada queda de mí después de este amor.
Entre los escombros de mi alma, búscame,
escúchame.
En algún sitio, mi voz sobreviviente, llama,
pide tu asombro, tu iluminado silencio.
Atravesando muros, atmósferas, edades,
tu rostro (tu rostro que parece que fuera cierto)
viene desde la muerte, desde antes
del primer día que despertara al mundo.
¡Qué claridad de rostro, qué ternura
de luz ensimismada,
qué dibujo de miel sobre hojas de agua!
Amo tus ojos, amo, amo tus ojos.
Soy como el hijo de tus ojos,
como una gota de tus ojos soy.
Levántame. De entre tus pies levántame, recógeme,
del suelo, de la sombra que pisas,
del rincón de tu cuarto que nunca ves en sueños.
Levántame. Porque he caído de tus manos
y quiero vivir, vivir, vivir.
Jaima Sabines
viernes, 27 de marzo de 2015
Infinitos recuerdos
Es increíble como un aroma puede atraer infinitos de recuerdos. Éste olor del que hablo en mi relato no lo podría describir; es el aroma de una comida que cada vez que ella la cocinaba inundaba la casa de él y que a pesar de hacer más de veinte años que no está aquí, con nosotros, hay instantes que lo percibo. Con su receta he intentado conseguirlo y no lo he logrado ni en sabor ni en olor. Jamás he vuelto a probar una comida así. Para mi resulta asombroso que me llegue tan intensamente y no me valdría la escusa de que alguien puede estar cocinando porque aparece en cualquier momento, lugar y hora. Hoy quiero compartir éste relato "Un olor especial" en la voz de José Francisco Díaz-Salado en su programa de "La voz silenciosa". Gracias José por tu bienvenida.
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