lunes, 3 de diciembre de 2012

Anocheciendo

Sentada tras la inmensa vidriera del restaurante fumaba un cigarro mientras en la calle veía deambular a la gente de un lado hacia otro; cada cual llevaba su camino sin fijar la vista en la persona que transitaba a su lado. Observaba como un hombre se detenía junto al semáforo encendiendo un cigarro entre tanto éste se pone en verde; a su lado una señora que habla por el móvil cruza la calle como ave que vuela por el cielo moviendo sus alas alegremente, contoneando sus caderas; un niño saboreando una piruleta agarrado de la mano de su padre... durante ese tiempo ella permanece sentada contemplando todo lo que ocurre a su alrededor cuando de repente el agua comienza a caer fuertemente formándose en un breve momento grandes charcos de agua, se queda pasmada mirando como  cada gota forma un pequeño círculo a su alrededor al caer en éstos y ahí, en ese mismo instante, comienza a divagar en sus pensamientos.

Las calles quedaron desiertas debido a que llovía copiosamente, el cielo estaba oscureciendo y la niebla se apropiaba de cada rincón; decidió marcharse dando un lento paseo bajo la lluvia, abstraída en sus pensamientos mientras que ésta mojaba su cuerpo, cuando sin darse cuenta había llegado a su casa; empapada, sentía como el frío se apoderaba de ella y temblorosa se dirigió hasta la cocina para prepararse algo caliente mientras se daba un buen baño.

Se sentó en el sofá sosteniendo entre sus manos una taza de café humeante, tenía el cabello húmedo y vestía ligeramente mientras ojeaba por la ventana como la lluvia continuaba cayendo intensamente y apreciaba el frío que hacía fuera; el sonido del teléfono interrumpió el silencio y su sorpresa fue enorme al escuchar la voz que había tras él. Tras colgar se recostó con los ojos cerrados para rescatar de su interior situaciones vividas y dejó escapar una ligera sonrisa acompañada de un suspiro al recordar los momentos que pasaban juntos; sus largas conversaciones intercambiando diferencias sobre cualquier tema, sentarse durante horas para compartir una tranquila tarde... y, como no, rememoraba aquellos instantes en que le hacía transformarse en un volcán haciéndole vibrar cuando sentía sus caricias.

Ya estaba anocheciendo y aún continuaba sumida en sus recuerdos cuando sonó el timbre de la puerta y allí estaba él totalmente mojado sosteniendo entre sus manos un pequeño paquete. Lo invitó a entrar y le ofreció pasar al baño para que pudiese secarse, le sirvió una copa y se sentaron cómodamente en el sofá donde comenzaron una agradable charla que fue interrumpida por un gran estruendo que se produjo en el exterior unido a un apagón.

No dudaron en asomarse a la ventana donde comprobaron que en las calles también reinaba la oscuridad y todo quedaba iluminado nada más que por la luz que desprendían los rayos que atravesaban el negro cielo; el único sonido que podían escuchar era el retumbar de los truenos, el silbido del viento y el golpeteo del agua contra los cristales.

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