Como una tarde cualquiera se encontraba en casa con la salvedad de que ese día se hallaba totalmente sola; contemplaba como el cielo se estaba nublando cada vez más pudiendo advertir el frío del exterior y tras deambular durante un rato decidió salir a dar un paseo, no sin antes abrigarse bien para que las bajas temperaturas no le impidiera disfrutar de él y, ese debería de ser el motivo por lo que todo parecía deshabitado, para ella era increíble poder transitar tranquilamente por las calles en pleno silencio.
Escuchaba nada más que el taconeo de sus botas al golpear éstas contra el suelo. Distraída con sus pensamientos caminaba cabizbaja con las manos en los bolsillos del abrigo para cobijarse del frío intenso, se daba cuenta que con cada paso se alejaba cada vez más de su casa haciendo el paseo más largo; se despistaba con cualquier imagen o sonido cuando de repente llega hasta ella el del agua y al levantar la cabeza vio una gran fuente ante la que se detuvo un instante para contemplar como el agua caía, notaba su frescor pero eso no le molestaba sino todo lo contrario le gustaba sentirlo y percibir el aroma que desprende la misma. Alzó algo más la vista admirando una vieja iglesia rodeada de grandes árboles elevándose en la misma un campanario desde el que seguramente se podría divisar todos los alrededores; en él unas viejas campanas posiblemente anunciadoras en otros tiempos de buenas y malas noticias, continuó sin escuchar nada más que el sonido del agua de la fuente. Era relajante caminar por un lugar en el que no había nadie sólo silencio así que a pesar de que comenzaba a anochecer y la niebla caía lentamente sobre las calles no detuvo su idea de seguir conociendo los alrededores.
Decide bajar por una larga calle que daba acceso a una gran plaza desde donde se contemplaba una inmensa muralla desconocida para ella pero que su curiosidad hizo que se desplazase un poco más para conocerla; allí permanece un buen rato admirando aquellos viejos muros sabedores de grandes historias, cómplice de muchos acontecimientos... bien iluminada por las farolas que a esa hora comenzaban a encenderse para mostrar todo su esplendor; a través de su luz apreciaba como la niebla traía consigo una ligera lluvia que comenzaba a mojar el suelo a la vez que su cara, su cabello y es cuando recuerda que no había sacado paraguas para refugiarse puesto que en ningún momento pensó en prolongar tanto su paseo, sin embargo, en ese momento no percibe frío alguno y no le importa mojarse así que a pesar de todo resuelve sentarse un instante y su vista se pierde con el horizonte admirando el paisaje en el tiempo que deja correr su imaginación.
Entorna los ojos un segundo y una sucesión de imágenes llegan hasta su cabeza permitiendo que las lágrimas afloren de sus ojos recorriendo su rostro confundiéndose con el agua de la lluvia; sucesos recientes se agolpan en su cabeza realizándose multitud de preguntas a las cuales, en la calma de ese atardecer, cree hallar repuesta mientras otras quedan sin resolver. Examina todo cuanto hay a su alrededor y al ver la luz de la farola se da cuenta que la lluvia cada vez es más densa y es entonces cuando decide retornar sobre su paso.
En su vuelta encuentra las mismas calles deshabitadas con los mismos sonidos comprobando que todo continua igual y durante su pasear piensa si se decidirá a preguntar aquellas cuestiones que no pudo resolver.
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