sábado, 8 de febrero de 2014

El frío del acero

Lentamente intentaba sin mucho éxito abrir sus ojos y, a pesar de presentir que no le gustaría lo que iba a descubrir, continuaba en su empeño de hacerlo aunque resultaba fallido. Cuando por fin lo consiguió, no logró hacerlo completamente pues los notaba hinchados, se dio cuenta que casi no podía moverse ya que su cuerpo estaba dolorido y parecía magullado. Un dolor indescriptible recorría cada músculo de él. Percibía que su camiseta estaba mojaba y pegada a su vientre, sin embargo, en la oscuridad no lograba adivinar que podría ser ese cálido líquido que la estaba empapando. Era tan duro el dolor que sentía en el costado y el brazo que su cuerpo se entumecía lo que impedía que éste se moviera y le resultaba casi imposible levantarse. Una tenue luz comenzó a entrar por un pequeño ventanuco que había en la parte superior de la pared y demasiado alto para alcanzar a ver qué había en el exterior. Con apenas fuerza y gran dificultad consiguió ponerse en pie mientras se apoyaba temblorosa en la pared cuando escuchó pasos al otro lado de la gran puerta, atenta y aterrorizada su cuerpo se paralizó y podía escuchar en medio de aquél silencio su agitada respiración y como su corazón bombeaba su sangre a un ritmo demasiado acelerado. La puerta se abrió violentamente de un gran portazo. No conseguía reconocer al tipo que había al otro lado, ni su voz cuando le gritaba pero si sintió como sus fuertes manos apretaban su dañado brazo y movía su cuerpo, debilitado, para sacarla casi en volandas y a empujones de aquél habitáculo. Al llegar al exterior sus ojos se cerraron por impulso al recibir el impacto de la cegadora luz que la deslumbró. Llevó sus manos temblorosas hacia su cara y gradualmente su vista se adaptó de la más grande oscuridad a la brillante luz y fue entonces cuando descubrió por qué estaba mojada. Lo que había en su ropa no era otra cosa que sangre, la misma que su cuerpo derramaba por las heridas ocasionadas en su brazo y su costado. En su cabeza se agolparon imágenes desagradables del instante en el que el frío acero hacían mella en su cuerpo, veía cómo se deslizaba por él, cortante y atrevido. Aquél hombre volvió a sacar un enorme machete y fue cuando reconoció la hoja brillante y afilada de su acero. Casi se reflejaba en ella la cara de satisfacción y crueldad del hombre. Pasó el filo del acero por su pálido rostro, despacio, acariciándolo. Su sonrisa le producía terror y su respiración se agitaba e intentaba contener unas lágrimas. Él, tranquilamente, pasó sus dedos por el pecho de ella y a continuación le seguía el afilado acero de su machete que iba rasgando su cuerpo con unos cortes lo suficientemente profundos como para ver como su sangre emergía de las heridas, volvía a subir sus dedos por sus hombros y repetía con el helado acero para continuar rajando su carne. Llegó a su rostro y lo dibujó con sus manos y tras soltar una gran carcajada el cuerpo de ella tembló, su vista se nubló y liberó de una vez por todas aquellas lágrimas retenidas. "Sabes qué toca ahora, no" le dijo él con voz ronca. Sus miradas se cruzaron en el mismo momento que ella se abandonaba al dolor que le producía sentir como se hundía la fría hoja de acero en su barriga y notar como la sangre brotaba por cada uno de los cortes que ésta le produjo. Su cuerpo flaqueó y se desplomó sobre la tierra de ese lugar. No veía ni tampoco podía moverse pero si advertía unos pasos sigilosos alrededor de ella y cómo él se detenía a su lado para posar sus manos sobre su cuerpo tembloroso y casi desangrado. Abrió sus ojos rebosantes de lágrimas e intentó decirle algo pero notó como él sellaba sus labios con uno de sus dedos. Volvió a cerrar los ojos un momento y ahogó aquellas últimas palabras que nunca saldrían de sus labios. En un instante con su mirada perdida hacia el inmenso cielo, que comenzaba a estar estrellado y resbalando por su rostro un pequeño hilo de lágrimas exhaló la que fue su última bocanada a la vida.

4 comentarios:

  1. Felicidades, Eva. Es como si realmente el lector estuviera ahí en medio de la escena. Y, como bien dices, reído por la Voz Silenciosa aún más intrigante, más real.
    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias María. Así es, La Voz, hace que sea más intrigante. Besos

      Eliminar
  2. Magnífico amiga, como siempre nos haces pasar unos momento muy agradables y en este caso aterradores....

    ResponderEliminar
  3. Gracias Masy me alegro que te guste. Besos

    ResponderEliminar