... como la sombra al cuerpo ¿no? Creo que es así el refrán; quiero decir que siempre que alguien destaca un poco en cualquier tema siempre tendrá a alguien detrás para criticar sus méritos. Supongo que habrá quien, a falta de mirarse, observa a los demás y, siempre, el observador tiene algún defecto que reprochar a quien contempla. Por gracia o por desgracia, son muchos los que tengo, probablemente demasiados diría, sin embargo, carezco de muchos también, pero... visto lo visto... he pensado que, quizá, a lo mejor, quién sabe, no sé... si después de ¿cuánto tiempo? Uno, dos... o casi tres años alguien continúa aconsejando, dando clases de literatura, animando a escribir... para que no cese mi empeño por hacerlo medianamente bien eso es por algo ¿no? supongo que es por algún motivo (afecto, amistad, cariño, apego... envidia, rencor, celos, rabia...) Querid@ anónim@, o no tan anónim@, gracias por estar siempre ahí leyendo cada entrada que escribo, por cada comentario tuyo a sabiendas que no será publicado (en alguno me has comentado que sabías que no lo haría), por la fe que tienes en mi al pensar que algún día por mi tenacidad lo haré bien. Me alegra, no sabes cuanto, que te gusten mis fotos, mis letras, mis audios... Tú me conoces y yo sé que también a ti, por lo tanto, después de todo éste tiempo tras mis pasos... ¿Qué te parece si charlamos cara a cara sobre ésto? Quizá así, no sé, tus clases sean más productivas. En ti está que así sea. Mmmm se me olvidaba decir que una crítica siempre es provechosa, sobre todo, cuando proviene de alguien que a mil leguas se ve que no tiene ni pajolera idea porque... dime de que presumes y te diré de que careces.
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| Un árbol mustio, con el tiempo, florece |

Ay, la envidia, la envidia... qué cosa tan fea la envidia, y, sobre todo, qué agotadora, porque nada exige más derroche de energía que pasarse el día acechando y conspirando. Ay, la envidia. Decía el señor Borges (el que escribía, no el de los frutos secos) que cuando alguien en castellano quería significar el valor de una cosa, en vez de calificarlo como excelso, lo tildaba de "envidiable". Lo que no sabía el señor Borges, ni yo, ni probablemente la titular de este blog, es si en dialecto catalán se hace lo mismo, porque de ser así, el título de esta entrada no debería insistir en la "envidia" sino en la "enveja". Ay, la envidia, la envidia, qué cosa más fea la envidia.
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