Todos reunidos, acomodados alrededor de una gran hoguera, comenzaron a contar historias, recordando momentos vividos en sus vidas; la noche estaba templada y el viento soplaba suavemente, la luna, iluminaba con una suave luz todo el paraje a la vez que se reflejaba en el lago; ese reflejo le hizo recordar la que quizá fuese una de las noches más especiales de su vida.
Le vino a la memoria un recuerdo, como si lo estuviera viviendo; sentada en una piedra junto al lago, alejada del grupo, con la mirada perdida en él, veía pasar unas imágenes como si se tratara de una película, en la que ella era la protagonista. Rememoró el momento en el que conoció a esa persona tan especial por el que aún sentía lo mismo que aquel día, recordó su primer encuentro con él.
“Todo sucedió un fin de semana, ella, junto a una amiga se fueron a la playa, pasaron todo el día tumbadas bajo aquel sol abrasador, entrada ya la tarde se marcharon hacia el apartamento para arreglarse, salir a pasear y cenar en la playa; habían visto un pequeño restaurante a orillas del mar, el cual les pareció bastante acogedor y tranquilo. Bajaron por una gran escalinata que llevaba hasta el mismo restaurante. Tenía una gran terraza, cubierta por un especie de velos blancos que invitaba a deleitar de una buena comida frente al mar, sin más ruido que el sonido de las olas cuando chocan contra las rocas; al entrar en la misma, sentados en una mesa del fondo, había dos hombres, cuando ellas pasaron delante de ellos uno les llamó la atención, conocía a su amiga, resultó ser una antigua pareja suya, con la que habían quedado como muy buenos amigos, estos las invitaron a sentarse con ellos.
La cena transcurrió con total normalidad, ella y el amigo de él comenzaron a hablar, se daban cuenta que tenían muchas cosas en común; terminada la cena decidieron pasar a un chiringuito que había al lado del restaurante, tomaban unas copas animadamente, su amiga entusiasmada charlando con el que tiempo atrás había sido su pareja, y ella había conectado bastante bien con el amigo de éste, así que también hablaban y reían como si se conocieran de toda la vida, tomando tanta confianza, que a ambos les parecía extraño; él le propuso llevarla a un lugar muy especial, quería mostrarle su rincón preferido, donde pasaba las horas reflexionando y encontraba la paz que algunas veces necesita… ella aceptó.
Subieron por unas escaleras bastante estrechas que conducían hasta un mirador, desde él se podía divisar toda la belleza que les rodeaba, la vista se perdía en el horizonte; a sus pies el mar y sobre ellos un cielo inmenso totalmente estrellado, y una luna que parecía brillar esa noche de un modo especial reflejándose en el mar como si de un espejo se tratara. En ningún momento le extraño que ese lugar le hiciera sentir tan bien, en él se experimentaba una increíble paz. Ella escuchaba atentamente todo lo que él le decía, lo miraba detenidamente, pensaba que era un chico muy especial y aunque aparentemente daba la impresión de ser un hombre duro, en ese momento ella lo sentía como alguien tan sensible, quizá como quien siente la necesidad de ser escuchado; en el fondo presentía que era igual que ella, le contaba con todo entusiasmo historias de cada una de las constelaciones estelares, de la luna, del mar… le decía mil y una aventuras, quizá en ese momento inventadas, por lo increíble de las mismas para impresionarla, pero ella no dejaba de escucharlo, veía en su cara un reflejo de sinceridad y emoción, hacía tiempo no veía esa expresión en nadie.
En un momento en el que él estaba hablándole sus miradas se cruzaron, en sus ojos vio la expresión de un niño en el cuerpo de un hombre, se dijeron tantas cosas, él le acarició el rostro con una suavidad que a ella le produjo una sensación nunca vivida, sus miradas continuaban fijas, ella le acarició su mano que aún estaba sobre su cara, en ese momento unieron sus labios en un profundo beso, con una dulzura que querían saborear; juntaron sus cuerpos por un instante, tímidamente, mirando hacia el mar, con el reflejo de la luna en él, el horizonte tan lejano como las estrellas, abrazados, con unas leves pero intensas caricias, susurros, sonrisas y porqué no, abrumados de felicidad por el momento que estaban viviendo”.
Ella continuaba sentada en esa piedra, contemplando el lago, con su mirada perdida en él mientras una lágrima recorría sus mejillas; aun no sabía cuanto tiempo le quedaba para volver a encontrarse con él. En un breve instante volvió a ver una imagen reflejada como en un espejo; no, no era la de una película, era la imagen de un hombre, en ese momento giro cuidadosamente, allí estaba de pie tras ella, con su apariencia de hombre duro, su mirada de niño dulce y sensible, su sonrisa conquistadora… se levantó y se fundieron en un fuerte abrazo y en un dulce beso; ahora el reflejo en el lago no era la de una chica solitaria sentada en una triste piedra junto al reflejo de la luna, recordando historias vividas, sino la de una pareja amándose y que en ese instante brillaba más que la propia luna.
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