viernes, 15 de julio de 2011

Vidas truncadas

Su vida era sobradamente sencilla, aun así rebosaba alegría; parlanchina, risueña, chistosa… era lo suficientemente bromista como para ser constantemente el centro de atención en cualquier fiesta, aun cuando no lo deseaba; el mundo era un universo rebosante de misterios, donde quería ir descubriendo uno a uno los secretos que encerraba.

Siempre dispuesta a todo, hasta que un buen día, completamente se quebró en mil pedazos; su corazón se despedazó dejando de ser el mismo. Ya no era esa chica extrovertida que todos habían conocido, su boca pareciera que había sido sellada; sólo estaba dispuesta a confiar en su amigo, su mejor amigo, el que mejor la comprendía. Su diario. Con él sí compartía sus sentimientos más ocultos, no le importaba contarle todo lo que a los demás le avergonzaba que supieran: sus más profundas sensaciones.

“Cuántas cosas echo de menos, si yo pudiera expresar con palabras todo lo que sería capaz de realizar para que todo retornara a lo que nunca debería de haber concluido, te aseguro de verdad, que no me creerías; desearía narrarte tantos recuerdos, aparecen en mi memoria un cúmulo de historias inolvidables, anécdotas vividas con él. Me vienen reflejadas en pequeñas secuencias y cada cual por su lado, mi cabeza está aún confusa y carece de la fuerza suficiente para unir un suceso completo, se mezclan unos con otros.

Durante nuestros paseos, caminábamos unidos, hacia cualquier rincón de cualquier lugar, en ocasiones perdidos, pero a mi no me importaba, era incansable; cierro los ojos y aparezco de su mano, la que sujetaba fuertemente; me fascinaba estirar mis piernas para tomar el sol mientras él, sentado a mi lado, ojeaba una de esas revistas que tanto le gustaba; desearía retomar todo lo que anteriormente hacía pero sobre todo, lo realizado en torno a él.

Me apetece pasear por la orilla del mar y notar como el agua se une a la suave arena, pegándose en mis pies descalzos, salir corriendo por toda ella mientras él me persigue, con sus juegos, sus risas… siempre renegaba de que yo llegara antes a todos sitios, mi velocidad era superior: ¡¡¡ claro eres una canija!!! me decía siempre, con una gran sonrisa que llenaba su cara, mientras sus ojos reflejaban felicidad.

Recuerdo cuando caminábamos por el campo, atravesando por los lugares más complicados, sorteando las piedras, y al tropezar con alguna estaba ahí para sujetarme. Caminar descalza junto a él, ¡como me gustaba!, ya fuese la hierba, el agua, la arena…

Pero sé que eso no podrá repetirse jamás; estoy atada, sujeta para el resto de mi vida a esta detestable silla; aquel maldito accidente me dejó para siempre amarrada a ella. Ella y yo, inseparables amigas, qué haría yo sin ella y ella sin mi. Y él ¿dónde está él? Se quedó tirado en aquel repugnante lugar, todavía conservo en mi retina la cruel imagen. No puedo evitar que mis ojos se colmen de lágrimas. Sigue habitando dentro de mí, jamás lo podré olvidar, su recuerdo está siempre presente.

Porqué nos tocó a nosotros, porqué teníamos que estar ahí ese día, sería el destino, sería la suerte...; ¿suerte? Suerte no se puede llamar a esto, ¿suerte qué un maldito, porque eso es para mí un maldito y malvado personaje, decidiera aquél día coger su coche tras disfrutar de un largo día de exceso? sin pensar en nadie, sin pensar en mí, ni en él, porqué nosotros, porqué.

Un segundo, sólo eso bastó, para que mi vida diera un vuelco, cambiara como de la noche al día o más bien como del día a la noche, porque eso fue lo que ocurrió con mi vida, se tornó oscura; caí en un pozo al cual jamás le veré el fondo. Echo de menos tantas cosas, contonear mi cuerpo al son de la música, bailar, como me gustaba bailar sobre todo con él, correr, saltar, jugar… como una niña, como hacíamos siempre cuando estábamos juntos.

Recuerdo cuando lo veía después de tanto tiempo y salía corriendo a su encuentro para darle el abrazo más grande, que jamás le había dado y él, sonrojado, me devolvía aquel abrazo como si fuese a ser el último.

Pero ya nada de eso puede ser, ya no podré pasear descalza, correr, bailar… salir en su busca como una niña enamorada que sale al encuentro de su chico. Mi vida truncada por un desgraciado accidente, un estúpido sin nombre, un cobarde que salió huyendo, un cobarde”.

Su diario está repleto de acontecimientos ya pasados, así como de sueños que jamás podrán hacerse realidad; colmado de ternura, pasión, dolor, tristeza…

3 comentarios:

  1. Cuanto duele el amor, duele hasta cuando lo tienes a tu lado, no quiero imaginarme si me llegara algún día a faltar.
    un beso y sigue así.

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  2. Es cierto Masy, tiene que doler cuando no lo tienes al lado, pero mientras está no tiene que doler; el amor jamás nos puede hacer daño, cuando eso sucede, dejaría de ser amor.

    En ocasiones queremos conocer hasta el más mínimo pensamiento, que realiza cuando no estamos a su lado, que busca… y poco a poco deseamos hacernos de su vida al completo, si no lo conseguimos nos duele.

    Pues el amor es libre y no se puede sujetar, de ninguna manera; cuando se llega a ese punto y comienza a doler deja de ser amor. Otra cosa es el dolor por lo que pueda ocurrirle a la esa persona, por lo que sería un dolor compartido, que imagino será a esa clase de dolor al que tú te refieres. El amor a cualquier persona ya sea pareja, amigo… un beso

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  3. Querida amiga por suerte o por desgracias sabemos el día que venimos a este mundo, pero no sabemos cuando nos marchamos. La verdad que seria una gran putada saberlo, lo mucho o lo poco que nos queden a las personas por estar en este maravilloso mundo, lo mejor es estar con los que verdaderamente amemos ya sean con los hijos, la pareja, los grandes amigos.Un buen relato un beso guapa

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