Era una chica introvertida y muy reservada, tal vez algo acomplejada, tanto por su modo de ser como por su físico; se encontraba hastiada por todo lo vivido en su corta existencia, por lo que tomó la firme decisión de hacer algo de lo que jamás se podría arrepentir, entre otras cosas, porque su presencia no sería tal, sino que dejaría de existir en un reducido plazo de tiempo; ese día decidió redactar la que sería su última carta, en primer lugar dirigida a ella misma y finalmente para quien la encontrara, ya que ignoraba quién sería su destinatario final:
“No sé a quién le pueda llegar mis letras; escribo esta carta sentada en la soledad de mi habitación y agotada por una vida en la que conservo poca energía; me llegan a la memoria viejas historias, de las cuales algunas, me traen amargos recuerdos y otras no tanto. Yo era a mi manera muy ocurrente, me gustaba quizá demasiado, hablar y pasarlo bien siempre y cuando tomara la confiaza suficiente. De pronto un día, sin saber cómo ni porqué, me encontré aislada, tal vez era percepción mía pero yo lo sentía así y ese fue mi mayor error.
Con todos mis amigos siempre me encontraba muy cómoda: salíamos, bebíamos, bailábamos… pero mi manera de ser me hizo sentir en un breve instante que yo no encajaba en ese prototipo de vida; buscaba algo más lejano a mí; no, no buscaba otro tipo de vida más exuberante, sino todo lo contrario, quería encontrar mi propia soledad; deseaba hallarme a mí misma.
Probablemente ese fue mi desacierto, encerrarme en mí misma sin querer comunicarme con nadie, me daba igual todo lo que pasara a mi alrededor; me llamaban y pocas eran las veces que contestaba; me sentía incomoda entre toda esa gente que para mí cada vez era más desconocida.
Comencé a tratar otros temas que a las personas de mi entorno no le interesaba; me atraían los hechos paranormales, espíritus, muerte... pero sobre todo, lo relacionado con la paz interior… mi vida a raíz de aquello empezó a cambiar. La gente que frecuentaba ya no era la misma; en ese otro "yo", consideraba que había encontrado la armonía que necesitaba, sin embargo los demás decían que me sentían extraña y que parecía estar introducida en algo similar a una secta, por mi modo de actuar; con esos comentarios enfurecía. Mis hábitos comenzaron a modificarse en todos los sentidos: mi modo de vestir, de peinarme, maquillarme, hablar…
Poco a poco me fui convirtiendo en otra persona, creí encontrar lo que tanto ansiaba; por fin lo había hallado, quizá me equivoqué pero fue así como sucedió. Perdí todo contacto con mi familia, amistades... con la gente que normalmente trataba y que poco a poco fui perdiendo. Dejó de interesarme todo lo que en mi corta vida me agradaba: música, conversar con amigos, lugares que frecuentaba…
Hoy me he dado cuenta del gran error que cometí, pero también he visto que tal equívoco ya no tiene solución, he hecho mucho daño; hace escaso tiempo intenté recuperar todo pero… fue fallido, aquello que un día abandoné ya no era igual.
Con todos mis amigos siempre me encontraba muy cómoda: salíamos, bebíamos, bailábamos… pero mi manera de ser me hizo sentir en un breve instante que yo no encajaba en ese prototipo de vida; buscaba algo más lejano a mí; no, no buscaba otro tipo de vida más exuberante, sino todo lo contrario, quería encontrar mi propia soledad; deseaba hallarme a mí misma.
Probablemente ese fue mi desacierto, encerrarme en mí misma sin querer comunicarme con nadie, me daba igual todo lo que pasara a mi alrededor; me llamaban y pocas eran las veces que contestaba; me sentía incomoda entre toda esa gente que para mí cada vez era más desconocida.
Comencé a tratar otros temas que a las personas de mi entorno no le interesaba; me atraían los hechos paranormales, espíritus, muerte... pero sobre todo, lo relacionado con la paz interior… mi vida a raíz de aquello empezó a cambiar. La gente que frecuentaba ya no era la misma; en ese otro "yo", consideraba que había encontrado la armonía que necesitaba, sin embargo los demás decían que me sentían extraña y que parecía estar introducida en algo similar a una secta, por mi modo de actuar; con esos comentarios enfurecía. Mis hábitos comenzaron a modificarse en todos los sentidos: mi modo de vestir, de peinarme, maquillarme, hablar…
Poco a poco me fui convirtiendo en otra persona, creí encontrar lo que tanto ansiaba; por fin lo había hallado, quizá me equivoqué pero fue así como sucedió. Perdí todo contacto con mi familia, amistades... con la gente que normalmente trataba y que poco a poco fui perdiendo. Dejó de interesarme todo lo que en mi corta vida me agradaba: música, conversar con amigos, lugares que frecuentaba…
Hoy me he dado cuenta del gran error que cometí, pero también he visto que tal equívoco ya no tiene solución, he hecho mucho daño; hace escaso tiempo intenté recuperar todo pero… fue fallido, aquello que un día abandoné ya no era igual.
Nadie me trataba de igual modo y me sentía aislada, cuando hablaba no parecían escucharme o se hacían los desinteresados, en realidad los entiendo, andaba como perdida en un mundo que ya no conocía, no podía esperar que me recibieran como si nada hubiera ocurrido.
Hoy no quiero esa soledad que tanto he buscado; anhelo todo lo perdido, los juegos, conversaciones, salidas… pero es demasiado tarde. Quizá he cometido otro gran error: no pedir perdón a todos por el daño causado a ellos con mis desprecios, palabras mal sonantes, desplantes… pero no es por orgullo no pedirlo sino por miedo; sí, miedo al rechazo una vez más.
Así que he decidido desaparecer, esfumarme, ausentarme… de este mundo incomprendido para mí; he intentando mil y una manera de hacerlo pero mi cobardía es tal que jamás he llegado a consumarlo, pero sé que en esta ocasión no cometeré tal desacierto.
Hoy no quiero esa soledad que tanto he buscado; anhelo todo lo perdido, los juegos, conversaciones, salidas… pero es demasiado tarde. Quizá he cometido otro gran error: no pedir perdón a todos por el daño causado a ellos con mis desprecios, palabras mal sonantes, desplantes… pero no es por orgullo no pedirlo sino por miedo; sí, miedo al rechazo una vez más.
Así que he decidido desaparecer, esfumarme, ausentarme… de este mundo incomprendido para mí; he intentando mil y una manera de hacerlo pero mi cobardía es tal que jamás he llegado a consumarlo, pero sé que en esta ocasión no cometeré tal desacierto.
Me gustaría hacer saber a todos los que un día consideré mis amigos que los quiero demasiado, que todo lo que en su día hice desearía borrarlo para siempre, sin embargo, eso no puede ser y algún día quizá no muy lejano vuelva a encontrar el modo de hacerles ver el amor que por ellos siento.
Mañana ya no estaré en este repugnante mundo seré libre por fin, libre para sentir, pasear mis sentimientos… por fin estaré sola de verdad como yo quería; no molestaré más, ni fastidiaré con mis torpezas, no agobiaré con mis incompetentes comentarios..., no continuare haciendo daño.
Me despido para siempre, me desintegraré en el abismo y sólo quedará de mí un recuerdo más de alguien que pasó por esta vida, inadvertida para la mayoría.
Con esta carta de despedida os dejo acaso un motivo más para vuestras burlas, aun así espero que con mi partida alguien me eche de menos.”
Al día siguiente su teléfono no dejó de sonar en toda la mañana, no lo veían extraño, pues era normal en ella, aun así decidieron ir a su casa a verla; no contestaba a sus llamadas y decidieron entrar por una de las ventanas que encontraron abierta; allí se hallaba tumbada en su cama, parecía dormir placidamente, a su lado la carta que había escrito la noche anterior. Los amigos no sabían como reaccionar, por supuesto que sintieron bastante su marcha, aun más el modo de hacerlo y su despedida; les dolió que ella pensara que era motivo de burla entre ellos ya que jamás había pasado inadvertida para ninguno.
Mañana ya no estaré en este repugnante mundo seré libre por fin, libre para sentir, pasear mis sentimientos… por fin estaré sola de verdad como yo quería; no molestaré más, ni fastidiaré con mis torpezas, no agobiaré con mis incompetentes comentarios..., no continuare haciendo daño.
Me despido para siempre, me desintegraré en el abismo y sólo quedará de mí un recuerdo más de alguien que pasó por esta vida, inadvertida para la mayoría.
Con esta carta de despedida os dejo acaso un motivo más para vuestras burlas, aun así espero que con mi partida alguien me eche de menos.”
Al día siguiente su teléfono no dejó de sonar en toda la mañana, no lo veían extraño, pues era normal en ella, aun así decidieron ir a su casa a verla; no contestaba a sus llamadas y decidieron entrar por una de las ventanas que encontraron abierta; allí se hallaba tumbada en su cama, parecía dormir placidamente, a su lado la carta que había escrito la noche anterior. Los amigos no sabían como reaccionar, por supuesto que sintieron bastante su marcha, aun más el modo de hacerlo y su despedida; les dolió que ella pensara que era motivo de burla entre ellos ya que jamás había pasado inadvertida para ninguno.
A mi parecer: Renunciar al dolor sin soportarlo, suicidarse para disminuirlo, es abandonar la guerra sin llegar a luchar; hay que combatir hasta el final y superar todos los obstáculos, comprender los actos de quienes tenemos cerca por muy malos que en ese instante nos parezca, admirar las cosas bonitas que nos rodean, no envidiar lo que nadie tiene, y sobre todo ser nosotros mismos con nuestros fallos y nuestros éxitos. Pero por encima de todo hay que aprender a pedir perdón, cuando creamos que tenemos que hacerlo; nosotros, a veces percibimos las cosas alteradas y pensamos lo que no es, por lo que ese "error" nos lleva a ejecutar las más dispares situaciones.
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