Cuando la oscuridad llegaba y la noche comenzaba a surgir, aquél pueblo, aparentaba ser diferente: sus calles, sus plazas... entrañaban un misterio que lo hacía encantador. En invierno había momentos en que una fina niebla cubría sus calles, como si de un velo se tratase, dejando entrever la tenue luz que desprendía las farolas, y sin embargo, en verano reflejaba su eminente esplendor. Por otro lado la monotonía se hacía latente en cada uno los vecinos: los mayores se concentraban en pequeños corros chismorreando sobre todo lo acontecido y por acontecer, tanto si hacía frío como calor, siempre en los mismos lugares; las mujeres, en verano, permanecían sentadas en la puerta de la casa de cualquier vecina hasta bien entrada la noche; los hombres, cuando ni siquiera había amanecido, se marchaban a desarrollar las labores del campo y la gente más joven se reunía cada día en cualquier plaza, parque o rincón y mientras tanto, los más pequeños jugueteaban en la calle hasta que ésta era iluminada por la última farola.
Entre todos esos niños se hallaba una niña que era bastante tímida y un poco retraída, eran muchas las ocasiones que salía ahuyentada por cualquier broma que le había dado un niño y que, al sentirse avergonzada, terminaba en cualquier rincón sollozando; lo cierto es que siempre le gustaba jugar con niños de mayor edad que ella, quizá el motivo fuese que junto a los mismos se sentía más protegida.
Esa pequeña niña fue creciendo haciéndose mayor, no había superado su timidez y le costaba abrir sus sentimientos, aun así, en el momento en que acaparaba un poco más de confianza se volvía más extrovertida.
Esa timidez no fue causa jamás para que a lo largo de su vida encontrara buenos amigos, no obstante, había instantes en los que deseaba salir a pasear sola por cada una de las calles que la había visto crecer, de vez en cuando sus paseos se prolongaban más en su recorrido, quedando ensimismada en cualquier rincón mientras observaba con detenimiento todo lo que en ese momento sucedía a su alrededor; le agradaba escuchar el silencio de la noche.

Había noches en las que en ese silencio se detenía a pensar para meditar qué hacer cuando veía que todo se le nublaba, como un día totalmente gris, y el mundo se le venía abajo, de repente, observaba un claro de luna y era como si todo cambiara, hasta su modo de ver lo que le rodeaba, y en ese momento, una sonrisa le iluminaba el rostro.
Ella igual que hacían los jóvenes cuando era niña, le gustaba reunirse con su grupo de amigos para charlar, y ahora veía como los niños jugaban en la calle, algo que le traía recuerdos de su infancia. El lugar elegido para reunirse era siempre el mismo y con los mismos amigos. Quizá en alguna ocasión se pudo percatar de la presencia de un desconocido para ella, algo llamó su atención sobre aquél hombre ya que, jamás lo había visto antes y nadie lo reconocía. Una de esas noches lo vio por un momento en el que cruzaron y mantuvieron sus miradas.
Ella al marcharse a casa y como era su costumbre, antes de irse a dormir, escribió en su diario:
"Hoy lo he vuelto a ver pero en esta ocasión ha sido diferente y nos hemos mirado, pero aunque no hemos hablado, en ese silencio y esa mirada he percibido muchas cosas, las cuales, no sabría explicar. ¿Quién será él?".
Esa timidez no fue causa jamás para que a lo largo de su vida encontrara buenos amigos, no obstante, había instantes en los que deseaba salir a pasear sola por cada una de las calles que la había visto crecer, de vez en cuando sus paseos se prolongaban más en su recorrido, quedando ensimismada en cualquier rincón mientras observaba con detenimiento todo lo que en ese momento sucedía a su alrededor; le agradaba escuchar el silencio de la noche.

Había noches en las que en ese silencio se detenía a pensar para meditar qué hacer cuando veía que todo se le nublaba, como un día totalmente gris, y el mundo se le venía abajo, de repente, observaba un claro de luna y era como si todo cambiara, hasta su modo de ver lo que le rodeaba, y en ese momento, una sonrisa le iluminaba el rostro.
Ella igual que hacían los jóvenes cuando era niña, le gustaba reunirse con su grupo de amigos para charlar, y ahora veía como los niños jugaban en la calle, algo que le traía recuerdos de su infancia. El lugar elegido para reunirse era siempre el mismo y con los mismos amigos. Quizá en alguna ocasión se pudo percatar de la presencia de un desconocido para ella, algo llamó su atención sobre aquél hombre ya que, jamás lo había visto antes y nadie lo reconocía. Una de esas noches lo vio por un momento en el que cruzaron y mantuvieron sus miradas.
Ella al marcharse a casa y como era su costumbre, antes de irse a dormir, escribió en su diario:
"Hoy lo he vuelto a ver pero en esta ocasión ha sido diferente y nos hemos mirado, pero aunque no hemos hablado, en ese silencio y esa mirada he percibido muchas cosas, las cuales, no sabría explicar. ¿Quién será él?".
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