Querido mío: Aquí estoy, en mi isla, que no es exactamente eso, ya que no está rodeada de mar sino de vegetación, de árboles, de campo propiamente dicho. Pero es una isla en sentido espiritual. Aunque tampoco es eso, ya que estoy rodeada de lejanas presencias y cercanas ausencias, del recuerdo de otros y de las corrientes de mi propia memoria. ¿Te parezco complicada? Puede ser. Bien sabés que de un tiempo a esta parte sentía la necesidad de aislarme, de reencontrarme con mi soledad perdida (Marcel Proust viejo y peludo¡). Por suerte lo entendiste y te confieso que esa compresión aumentó mi amor (y también mi respeto) hacia vos. Estoy convencida de que el respeto por la soledad del ser amado es una de las menos frecuentes pero más entrañables formas del amor, ¿no te parece?
Terapia de soledad - fragmento
Mario Benedetti
Precioso fragmento.
ResponderEliminarBesos para ti.
Besos de vuelta, María.
ResponderEliminarNo hay nada peor que la soledad en compañía... frase de la que es autor nuestro amigo José Franciso y me parece apropiada a este texto.
ResponderEliminarRecibe mi abrazo más cálido para que puedas sentirte un poco menos en soledad desde la otra orilla de la isla.
Recibido ese abrazo que como también dice nuestro amigo José Francisco es inmenso e intenso. Besos
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