miércoles, 4 de enero de 2012

Amanecer juntos

Durante el trayecto hacia la casa, por aquella estrecha carretera, el paisaje que contemplaba a su alrededor le parecía encantador. Deseaba llegar rápido a su destino puesto que, preveía un fin de semana singular debido al tiempo que hacía que no disfrutaba de unos días de relax.

Nada  más llegar el entorno le sorprendió, se respiraba una calma que le producía una paz desconcertante; entró en la casa y, tras dejar su bolso en el dormitorio, mientras se aproximaba donde estaban todos reunidos para compartir la velada escuchó una voz, aquella voz, esa voz... que sonaba como una melodía para sus oídos y que jamás podría olvidar; continúo hasta llegar a ellos y cuando lo vio a él se sonrojó, sin embargo, una enorme sonrisa poco disimulada se dibujó en sus rostros al encontrase una vez más. Uno de sus amigos se levantó y los presentó, era su primo.

Mientras charlaban él no cesaba de observarla, mientras tanto ella, se daba cuenta que en ningún momento le apartaba su mirada y era algo que, aunque le agradaba, le desconcertaba. Ya era tarde cuando terminaron la cena y tras compartir una breve conversación se fueron retirando a sus habitaciones. Cuando todo estaba en silencio ella salió fuera para dar un paseo; su caminar era lento y pausado, disfrutando a cada paso de todo aquel paraje queriendo dejar grabado en su retina cada detalle de todo lo que le rodeaba en ese instante.

Su cuerpo estaba cubierto por un fino vestido blanco que dejaba entrever sutilmente su figura; permanecía casi recostada sobre la hierba humedecida por el rocío, sus manos apoyadas sobre la misma con la cabeza ligeramente hacia atrás mientras entrecruzaba levemente sus piernas manteniéndose totalmente relajada; se hallaba tan absorta ante aquel manto de estrellas que cubría el cielo que, ni siquiera se percató que alguien la estaba observando; su respiración era suave pero profunda, estaba disfrutando de ese momento de reposo que la naturaleza le estaba brindando.

En ese preciso instante él se acercó a ella y rozando levemente su rostro le susurró al oído: "veo que tienes insomnio igual que yo, te molesta qué te acompañe"; ella, con una mirada rebosante de ternura mientras se incorporaba ligeramente y, teniendo cerca su imagen le respondió con voz temblorosa: "me complacería enormemente que me acompañaras en esta noche tan bonita". Se recostó a su lado apenas rozando su piel, sin embargo, era suficiente para advertir el calor que éstas desprendían a pesar de la frialdad que estaba comenzando a manifestarse.

Sus miradas no cesaban de encontrarse mientras charlaban animosamente y, poco a poco, sus cuerpos se fueron aproximando más; él comenzó a acariciarle el rostro suavemente, mientras se iba acercando, su nariz rozaba levemente su cara mientras sus labios acariciaban su mejilla, sus bocas entreabiertas deseaban fusionarse explosionando en un beso que provocó una sucesión de caricias.

Tendidos bajo el cielo estrellado abrazados, comenzó a acariciar sus muslos subiendo lentamente, mientras apretaba su cuerpo al de él; ella totalmente rendida a ese cúmulo de sensaciones que estaba experimentando  se dejaba llevar por él mientras su cuerpo se agitaba cada vez más y, su piel se le erizaba con cada beso y cada mimo que le proporcionaba. Notaba como sus manos exploraba cada centímetro de su cuerpo; ella lentamente le desabotonó la camisa y mientras que con su lengua recorría su pecho y con sus labios lo pellizcaba la fue dejando caer al suelo para acariciar su espalda, primeramente con las yemas de los dedos, con timidez, pero poco a poco comenzó a acariciar sus brazos, sus hombros, su cuello, su cara... pasaba su lengua y mordisqueaba su oreja mientras gemía en su oído; sentía su resuello y la calidez que éste desprendía en él haciéndole perder la serenidad y que su respiración se agitara cada vez más; bajaba por su cuello subiendo una vez más por su barbilla hasta su boca buscando su húmeda lengua, para jugar, provocando que sus cuerpos se apasionen aún más.

Estaba a punto de amanecer y ello les incitaba a continuar moldeando sus cuerpos con caricias; sus besos, sus gemidos, los arrumacos, la pasión... comenzaba a exaltarles olvidando, por un momento, que no estaban solos en aquel lugar; abrazados y cubriendo sus cuerpos de besos vieron, por primera vez juntos, un amanecer. Resolvieron retirarse de allí para recogerse en la intimidad de su habitación y manifestarse, dejando fluir sin retraerse, el amor y la pasión que en ese instante sentían.

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