jueves, 3 de marzo de 2011

Esencia

Y el sol comenzó a asomar, retornó más resplandeciente que nunca; centelleante, como hacía tiempo no lo había contemplado, probablemente jamás había advertido su grandiosa magnificencia, brillaba como siempre lo había soñado. Su luz iluminaba la sonrisa de aquellos niños que se divertían en el parque, escoltaba a la pareja que alegremente mostraba su amor en la orilla del mar inmenso. Su fuego abrasador incineraba mi piel, me ubicaba tan próximo a él que casi lograba palparlo con las manos.

Todo parecía distinto: mi cuerpo se agitaba como en una nube blanca y sedosa, aquella liviana sonrisa aún la retenía grabada en mi retina, e incluso aquella desolada mirada que de ningún modo podría ignorar. Advertía cómo el mundo se iba distanciando, mi cuerpo comenzaba a experimentar calor, de un momento a otro parecía evaporarse, volverse energía. Ya no habitaba mi cuerpo pero permanecía mi esencia.

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